Depilación

¡Comparte!

La mano de Juan se puso sobre mi coño en muchas ocasiones siguiendo las instrucciones que recibía, yo estaba disfrutando cada vez que me tocaba por poco que fuera. Toda la depilada de mi coño me la hicieron estando desnudos, por supuesto nunca nadie me había depilado de esta manera y me pareció una excelente manera de hacerlo, pensé que quizá podía ser un buen negocio si alguien lo montara.

Mi nombre es Ana, muchos de vosotros ya me conocéis de otros relatos que he firmado como “ana30730” o simplemente como “ana” o sea que no voy a aburriros con las típicas descripciones.

El otro día pedí hora para depilarme. Como siempre llamé a Eva, una señora de unos cuarenta años que atiende en un pequeño piso que tiene montado para llevar adelante su negocio. Me gusta que me depile ella ya que hace varios años que la conozco y es una persona que me da suficiente confianza para desnudarme totalmente ante ella y que me vaya depilando diferentes partes de mi cuerpo sin que me sienta incómoda por estar desnuda. Además tengo que reconocer que cuando me depila el pubis me lo deja siempre perfecto y que no deja ni un solo pelo en donde no deba de haberlo, lo cual encanta a mi marido.

EVA: No puedo darte hora Ana, lo tengo todo lleno, hoy viernes y siendo verano te lo puedes imaginar como lo tengo.

YO: Dame aunque sea a última hora, cuando hayas acabado con todos, me gustaría estar presentable para mi marido el fin de semana.

EVA: Bueno, pues ven a las ocho, pero es posible que te haga esperar un poco.

Tras agradecerle que me fuera a atender colgué el teléfono y faltando media hora para la cita fui hacia allí.

Cuando llegué faltando diez minutos para las ocho me di la desagradable sorpresa de que todavía tenía a una chica delante además de la que debía de estar atendiendo en la habitación, la faena se le había atrasado y me tendría que esperar un buen rato. A las ocho y cinco salió la persona que estaba dentro e hizo pasar a la chica que iba delante de mí. Ella atiende únicamente a mujeres y no depila ni una ceja a hombres, es una norma suya que mantiene desde el día que la conocí.

EVA: Ana por favor, si viene mi marido dile que me falta un rato, que me espere.

YO: No te preocupes, yo se lo digo.

Leí las pocas revistas que había, ya no sabía que hacer, el tiempo pasaba muy lento y yo estaba esperando sola en la salita de espera, me sentía tremendamente aburrida. Estuvo hasta cerca de las nueve con la chica que había entrado y cuando por fin salió me hizo pasar a la habitación.

EVA: ¿Qué quieres hacerte?

YO: Como siempre, piernas pubis y axilas.

EVA: Pues venga, desnúdate. Perdona el retraso, se me ha acumulado la faena. Ha sido una tarde de mucho trabajo.

YO: Ya me lo imagino, todo el mundo quiere ir a la playa.

La habitación donde depila es una estancia bastante pequeña, debe de medir cuatro por tres metros aproximadamente y la camilla está centrada en ella. En una de sus paredes largas tiene una ventana que permanece siempre con una cortina corrida de manera que entra la luz natural pero no se ve nada desde fuera, en la pared de enfrente hay dos perchas y una silla bajo ellas. En la pared que hay junto a la cabecera de la camilla mantiene una estantería con varios productos relacionados con su trabajo y a los pies, ligeramente a la izquierda tiene una pequeña mesa con los diferentes aparatos e instrumentos que utiliza. A los pies también pero un poco a la derecha está la puerta de acceso.

Mientras me iba desnudando ella fue preparando la cera en cantidad suficiente para lo que le había pedido. Fui dejando la ropa en las dos perchas de la pared y en la silla que hay junto a la camilla.

Cuando ya me quedé totalmente desnuda me tumbé boca arriba en la camilla, dispuesta como siempre, a soportar la tortura que significa depilarse.

EVA: ¿Por dónde quieres que empiece?

YO: Por las axilas.

Me depiló las axilas mientras íbamos hablando de cosas banales. Para poder depilarme las axilas me coloco boca arriba en la camilla y mis brazos debajo de la cabeza, de esta manera la piel queda lisa y tirante para que ella pueda trabajar. Luego continuó por las piernas, para eso me quedo boca arriba con una pierna estirada y la otra doblada aunque tumbada, de manera que la planta del pie casi toca el muslo de la pierna que ella está depilando y la rodilla sobresale por el lateral de la camilla. En esta postura mi chocho queda totalmente expuesto ante ella, pero como ya he mencionado anteriormente no me representa ningún problema por la confianza que inspira y el buen trato que siempre tiene.

Entonces sucedió lo que nadie se esperaba. En ese momento se abrió la puerta de la habitación y apareció su marido, Juan.

Yo estaba tumbada totalmente desnuda en la camilla boca arriba con mis pechos al aire y las piernas separadas mostrándole mi coño en primer plano, nada le impidió contemplarme en esta postura. Se quedó tan parado por la situación que ni siquiera fue capaz de moverse para salir ni para cerrar la puerta, se quedó como una estatua en el marco de la puerta sin decir ni una palabra y con su mirada clavada en mi entrepierna. Yo tampoco me moví, me quedé tan sorprendida que no fui capaz de reaccionar, me quede petrificada mirándole directamente a los ojos que estaban fijos sobre mi coño. La primera en reaccionar fue Eva que le pegó un grito.

EVA: ¿Qué haces? Cierra la puerta.

El grito le hizo reaccionar, se puso tan rojo de vergüenza que parecía que su cara iba a estallar.

JUAN: Lo siento, pensé que estabas recogiendo y que no había nadie, lo siento.

EVA: Vete, espérame fuera y ten más cuidado la próxima vez.

Dio un paso hacia atrás y cerró la puerta muy apurado. Como mi mirada seguía fija en él, pude darme cuenta de que aprovechó mientras la cerraba para darme un último vistazo, supongo que fue un acto reflejo que no pudo evitar.

EVA: Lo siento Ana, perdóname, no debía de haber pasado esto, es la primera vez que sucede. Perdónalo, es un bruto, ya me ocupo yo de él cuándo salgamos, no te preocupes que no volverá a suceder, no debería haber entrado sin picar antes a la puerta.

Pensé que para ellos la situación había sido peor que para mí, al fin y al cabo la gente también me ve desnuda cuando voy a una playa nudista. Ya sé que no es lo mismo, en las playas nudistas hay más gente desnuda y todos estamos en igualdad de condiciones, en esta situación el ambiente es diferente, estamos en un piso donde la única persona que está desnuda soy yo, todo ha sucedido de una manera imprevista y repentina, y además yo me encontraba con las piernas exageradamente abiertas y mostrándole mi coño en primerísimo plano. Me sorprendí a mí misma cuando me oí decir:

YO: No pasa nada Eva, si a ti no te molesta déjalo que pase, ya me ha visto y no pasa nada porque me vuelva a ver, no le hace daño a nadie. Si tu quieres dile que no se preocupe y que por mi no hace falta que se vaya. Que entre, aparte mis cosas de la silla y se siente, piensa que ya no queda nadie más y así no tiene que quedarse solo en la sala de espera.

Eva se quedó sorprendida, lo cierto es que yo también, no estaba muy segura de que realmente hubiera dicho lo que acababa de decir. ¿Cómo se me pudo ocurrir decir algo así?

EVA: ¿Estás segura que quieres que entre?

Me replanteé la situación durante un par de segundos, era realmente algo poco común que Eva me estuviera depilando estando su marido delante y yo totalmente despelotada sobre la camilla, además mientras te depilan has de ponerte en posturas más o menos “comprometidas”. Pero por otro lado nunca había hecho algo así y pensé que podía ser muy morboso para los tres, sobre todo para mí. No es que quisiera tener sexo, pero me pareció excitante la experiencia que podía tener. Finalmente le respondí.

YO: Mira Eva, ya me ha visto desnuda o sea que no va a ver nada nuevo, además siempre que voy a la playa voy a playas nudistas por lo que estoy más que acostumbrada a que los hombres me vean desnuda, y por último, yo me he tenido que esperar más de una hora en la salita y eso es muy aburrido, aquí dentro se distraerá un poco más y no se aburrirá tanto. Supongo que preferirá verme a mí que ese montón de revistas aburridas que tienes.

EVA: Seguramente si que lo preferirá, jajaja, bueno pues tú misma.

YO: Pero si para ti es un problema lo entiendo perfectamente.

EVA: No, no, no, por mi no hay problema, la única que podría tener problemas eres tú y si tú no los tienes seguro que él tampoco. Ahora le aviso.

Eva abrió la puerta y desde el marco le hizo un gesto a Juan para que pasara a la habitación.

EVA: Venga Juan, pasa y siéntate en la silla. Dice Ana que no le importa que pases y que así no te aburrirás tanto.

Juan entró caminando muy despacio, se le notaba que estaba haciendo un auténtico esfuerzo para no desviar su mirada hacia mi cuerpo y tras apartar mi bolso y alguna prenda de ropa de la silla se sentó en ella. La silla estaba en un lateral y a la altura de mi pecho, si alargaba el brazo podía tocarme las tetas ya que la distancia no era mayor de un metro.

JUAN: Buenas noches. Lamento lo que ha sucedido antes.

YO: No te preocupes, no le des más vueltas. Supongo que prefieres estar aquí que en la salita esperando.

JUAN: Pues estoy un poco nervioso, no es una situación muy habitual estar delante de una chica joven mientras la están depilando.

Lógicamente ahora Juan no podía mirar para otro lado que no fuera mi cuerpo desnudo, no tenía ningún otro sitio hacia donde desviar su mirada ya que mirara hacia donde mirada mi cuerpo siempre estaba delante. Entonces Eva empezó a darle conversación a su marido.

EVA: Ana es la chica de la que te he hablado alguna vez.

JUAN: Ya me lo he imaginado, realmente es muy hermosa.

Tenía girada mi cabeza hacia él y pude ver como su mirada recorrió todo mi cuerpo de arriba abajo mientras decía esto. Su voz era un poco tímida, supongo que la situación le tenía un poco nervioso. Me empecé a sentir un poco excitada, me entraban ganas de juntar y apretar mis piernas por el cosquilleo que empezaba a invadir mi vagina, pensé que era posible que estuviera empezando a lubricarla y que eso me podía poner en una situación un poco embarazosa ante Eva a la que todavía le faltaba toda esa zona por depilar. Intenté entrar en la conversación para desviar mis pensamientos.

YO: Gracias por el piropo, ya veo que habéis hablado de mí, espero que bien.

EVA: Varias veces le he comentado a Juan que viene una chica muy guapa y con muy buen cuerpo y que debes de ser la envidia de las demás chicas.

YO: No creo que sea para tanto.

JUAN: Vaya que no, es mejor de lo que imaginaba, y eso que imaginaba mucho.

Eva y yo nos reímos, Juan estaba embobado mirándome mientras su mujer terminaba de depilarme las piernas, primero la izquierda y luego la derecha. Al cabo de unos veinte minutos acabó con las dos.

EVA: Date la vuelta que te daré una pasadita por la parte de atrás de las piernas.

Me dí la vuelta sin bajarme de la camilla y me apoyé en los codos dejando mis pechos sin aplastar contra la camilla y ante los ojos de Juan. Tengo que decir que casi no me cuelgan nada ya que los tengo muy firmes. Mi silueta debía de ser como la de los anuncios ya que tengo un culo un poco respingón y pensé que Juan debía de estar disfrutando un rato largo con lo que tenía ante él.

Eva me depiló las piernas por la parte de atrás mientras seguimos hablando de banalidades los tres. Al cabo de quince minutos terminó.

EVA: Date la vuelta, ¿cómo quieres el pubis?

Me hizo esta pregunta porque ya sabe que hay veces que le pido que me lo depile totalmente, otras veces me dejo unos pocos pelillos en línea recta sobre mi chocho como si fuera una prolongación de la rajita, otras veces le pido un triangulito, nunca le pido lo mismo dos veces seguidas.

Me giré de nuevo quedando boca arriba con la mayor naturalidad, me iba poniendo en las posturas que me pedía Eva exactamente igual a como lo habría hecho si Juan no hubiera estado presente.

YO: Pues la verdad es que no lo había pensado ¿Qué me propones? Dame tú alguna idea.

Separé mis piernas para que pudiera trabajar dejando que colgaran de rodillas para abajo una por cada lado de la camilla. Mi sexo estaba expuesto ante ella pero no ante Juan ya que la situación de la silla no le permitía poder vérmelo de frente.

EVA: Lo que quieras, yo quizá lo depilaría todo, hace tiempo que no te lo depilas entero.

YO: ¿Tú que opinas Juan? Si fuera para ti ¿Cómo te gustaría verlo?

Se hizo de nuevo un silencio de pocos segundos hasta que Juan decidió contestar.

JUAN: Pues no se, no he visto como ha quedado otras veces y no sé lo que te gusta a ti.

YO: Pues mala respuesta me estás dando. Me gustaría conocer la opinión de un hombre o sea que si no te importa levántate y dime como te gustaría que quedara si fuera para que tú lo disfrutaras. Imagínate que eres mi marido, o mejor aún, imagínate que eres mi amante ¿cómo te gustaría que me arreglara el chocho?

Me volví a sorprender de mis palabras, pensé que era posible que Eva se enfadara conmigo pensando que intentaba ligarme a su marido y que me dijera cualquier cosa o que me insultara, pero no lo hizo y reaccionó de una manera muy natural.

EVA: Venga Juan, danos tu opinión de hombre. ¿Cómo le gustaría a un hombre ver el coño de esta chica?

Juan se levantó, se situó entre mis piernas, se agachó ligeramente y me miro el chocho desde pocos centímetros de distancia. Yo me quedé pensando por un instante en la situación. Estaba tumbada desnuda sobre una camilla, sin nada que me tapara ni un poro de mi piel y con mis piernas colgando por los laterales de la camilla de manera que mi sexo estaba perfectamente ofrecido. Eva y su marido estaban los dos ante mi coño mirándolo en primer plano y con mis tetas en segundo, ellos estaban vestidos y me miraban el coño con total naturalidad. Pensé que en esta postura era posible que mi chocho quedara muy bajo y eso dificultara su visión así que levanté las piernas, puse los pies sobre la camilla con las piernas dobladas y separé mis rodillas lo máximo que pude hasta que quedaron prácticamente en la misma horizontal que la camilla. De esta manera mi vagina se debía de estar viendo perfectamente sin que quedara nada para la imaginación y seguramente se me veía hasta el agujero del culo.

En ese instante noté claramente como mi vagina empezó a lubricarse, la excitación me subió de golpe y no pude evitar que mi sexo se mojara.

JUAN: Yo creo que estaría bien que lo sacaras todo hasta aquí.

YO: Desde aquí no veo nada, no sé hasta donde te refieres. Traza una línea con el dedo para que yo sepa lo que quieres decir. Pon el dedo sin miedo que no muerde.

EVA: Buenooooo …parece que la cosa se está poniendo calentita, venga Juan, hazle caso y enséñale lo que quieres decir.

Juan acercó su dedo a mi entrepierna y me dibujó un triángulo en la parte superior de mi raja.

JUAN: Yo dejaría un triángulo minúsculo aquí.

YO: Y ¿qué quitarías?

JUAN: Pues…… lo demás.

YO: Hasta donde, toca todo lo que quitarías para que yo lo sepa.

Juan me miró con una mirada diferente a la que tenía hasta ahora, sus ojos cambiaron y su mirada en estos momentos cambió de golpe, ahora era de auténtico deseo, se le notaba que estaba excitado y que estaba deseándome.

JUAN: Pues mira, yo quitaría todo esto.

Pasó su dedo sobre los labios de mi sexo y por toda la raja entreteniéndose mientras sobaba mi coño y mientras iba diciendo cosas como “estos pelos también habrá que quitarlos, y estos también”. Me encontraba muy excitada y notaba como mi vagina no paraba de lubricar, estaba empezando a descontrolarme, deseaba tener sexo y cada vez lo necesitaba más. Los dedos de Juan recorrían mi rajita una y otra vez, la sensación era muy gustosa, quería que siguiera tocándome, quería que no dejara nunca de tocarme.

YO: Y por el interior de mis labios ¿no hay pelos?

JUAN: Espera que lo miro.

Juan separó los labios de mi sexo y al instante pude notar otro chorretón de flujo por el placer que me daba la situación que estaba viviendo, Juan me iba diciendo cosas como “si, por aquí hay pelos, y por aquí también” ”por aquí parece que no hay, aunque habrá que asegurarse” mientras me iba pasando sus dedos por el interior de mis labios. Me sentía terriblemente excitada, mi sexo no paraba de lubricar pidiendo una buena sesión de sexo a gritos, y yo no podía evitar moverme pausadamente subiendo y bajando mi cadera como si estuviera follando con alguien. Me estaba comportando como nunca imaginé que pudiera haberlo hecho, pero estaba disfrutando mucho de lo que estaba haciendo y sintiendo. El movimiento incesante de mis caderas les estaba dejando bien claro a los dos mi enorme estado de excitación.

Eva no perdía detalle de todo lo que hacía su marido y miraba mi coño con una sonrisa.

EVA: ¿Y por aquí?

Ahora el dedo de Eva se sumó a los de Juan y yo no pude evitar un enorme gemido.

YO: ahhhhhhhhh, seguir buscando, no vaya a ser que se te olvide alguno, buscar bien por dentro ahhhhhhhhhhhhh.

Juan introdujo uno de sus dedos en el interior de mi vagina y eso terminó de volverme loca del todo.

YO: ahhhhhhhhhh busca bien, busca ahhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhh

Mis caderas no paraban de subir y bajar, ahora a un ritmo más acelerado. Miré a Eva y ella me miró a mí con una sonrisa de satisfacción.

EVA: No te preocupes nena que vamos a buscar por todos los rincones. Los dos repasaremos todo para estar seguros que no queda ni un pelo. Tú sólo preocúpate de disfrutar como la buena puta que estás hecha.

Pude notar como Juan me metió un segundo dedo y empezó a frotarme la pared delantera del interior de mi vagina, estaba a punto de correrme, no quería hacerlo, deseaba alargar este instante lo máximo posible, el placer era inmenso y no deseaba que se acabara tan pronto. Juan sacó los dedos de mi interior.

JUAN: Perdona un momento, no puedo más.

Se desabrochó rápidamente el pantalón y se lo sacó dejándolo tirado en el suelo, luego hizo lo mismo con los calzoncillos y con la camisa y se quedó desnudo igual que lo estaba yo. Me quedé mirando su polla erecta, no era nada del otro mundo pero tampoco tenía nada que envidiar a ninguna otra, en ese momento me pareció hermosa, muy hermosa. Me volvió a meter dos dedos en mi interior y a la vez se empezó a masturbar. Se había colocado en el lateral de la camilla para que yo pudiera verle como se tocaba la polla. Alargué mi brazo y se la agarré obligándole a que la soltara él.

YO: Déjame que te lo haga yo. ahhhhhhhhhh tu sigue buscándome pelos y yo te hago un buen masaje a ti ahhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhh

EVA: Y por cerca del agujero trasero también habrá que mirar si hay pelos.

Y diciendo esto me empezó a sobar el esfínter trasero. Primero me lo acarició por fuera y al cabo de unos segundos pude notar como hacía fuerza para lograr introducir un dedo. No tuvo que esforzarse mucho y en el mismo momento que lo logró un enorme chorretón de flujo salió de mi vagina.

YO: ahhhhhhhhh no puedo más ahhhhhhhhhhh seguir ahhhhhhhhhh no paréis ahhhhhhhhhhhhhh

La situación se me había descontrolado del todo. Tumbada en la camilla totalmente abierta de piernas, con dos dedos de Juan en el interior de mi vagina y un dedo de Eva metido por mi agujero trasero mientras yo le acariciaba la polla a Juan era demasiado. Para terminar de descontrolarme del todo sólo me faltó que ahora Juan me empezara a tocar las tetas, me acariciaba los pezones con cuidado y a ratos me cogía toda la teta con la palma de su mano. Ya no era capaz de decidir lo que quería y lo que no quería, estaba totalmente dominada por la situación. No quedaba ni un centímetro de mis partes “privadas” que no estuviera siendo tocada o perforada a su antojo.

EVA: Vamos a ponernos todos en igualdad de condiciones.

Diciendo esto se desnudó completamente en un instante, se colocó entre mis piernas y tras separar mis labios con sus manos se puso a chuparme el coño con auténtica maestría, por como lo hacía creo que no era la primera vez que chupaba el sexo de una mujer, tenía un cuerpo hermoso, más viejo que el mío pero no por eso dejaba de estar bien conservado. Sus tetas eran más grandes que las mías y colgaban ligeramente, su coño estaba muy bien depilado y aunque tenía bastante pelos estaban todos sobre su raja de manera que se le veía la raja totalmente libre.

Continué sobando la polla de Juan hasta que noté que se puso dura como una piedra, sabía que estaba a punto de correrse y aceleré el ritmo de mi mano.

JUAN: Me voy a correr ahhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhh me corro ahhhhhhhhhhhhh no puedo evitarlo ahhhhhhhhhhh me he corrido ahhhhhhhhhhhhhh.

En el momento que se corrió se giró para no tirar su leche encima de mí y sacó los dos dedos de mi vagina involuntariamente.

EVA: Cariño, ayúdame con esta putica, vamos a hacer que ahora se corra ella.

Eva volvió a dedicarse a mi agujero trasero y Juan me introdujo de nuevo dos dedos en el interior de mi coño a la vez que me sobaba y me chupaba las tetas.

JUAN: Disfruta todo lo que puedas, piensa en que nos tienes a los dos sobándote hasta el último poro de tu piel.

EVA: Disfruta Ana, nos gusta tocarte y darte placer, ánimo Ana piensa en como estás, estás desnuda ante mi marido y estamos los dos disfrutando de tu cuerpo a nuestro antojo, te tocamos y te chupamos lo que nos de la gana, disfruta Ana, piensa en esto y date cuenta de que te estás portando como una puta. Hacemos lo que queremos con tu cuerpo.

Por un instante sus palabras me hicieron sentir totalmente utilizada y usada pero lejos de desagradarme me gustó y pude notar como ya estaba al borde mismo del orgasmo. Me estaba encantando la sensación de sentirme utilizada y manoseada sin poder hacer nada para evitarlo.

EVA: Venga Ana, piensa en lo que te estoy diciendo. Aquí abierta de piernas delante de nosotros y los dos tocándote todo lo que queramos. Juan, chúpale el coño sin dejar de tocarla y sin sacarle los dedos.

Juan le hizo caso y se puso a frotarme su lengua en el clítoris, eso ya fue demasiado, no pude contenerme más.

YO: ahhhhhhhhh cuanto placer ahhhhhhhhhhh noto que me sube el orgasmo ahhhhhhhhhh no puedo pararlo ahhhhhhhhh me llega, me llega, no puedo ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

Mi cuerpo se agitó de una manera exagerada, Juan no dejó de chuparme el clítoris mientras me agitaba y no dejó de mover sus dedos en el interior de mi coño, Eva tampoco sacó su dedo de mi culo. Intenté cerrar las piernas mientras sentía el orgasmo pero la cabeza de Juan no me lo permitía, el placer era inmenso, estaba sintiendo un orgasmo realmente largo ya que mi clítoris mi vagina y mi esfínter trasero no paraban de ser sometidos a la más dulce de las torturas. Me agitaba de un lado a otro lo poco  que me permitía el ancho de la camilla, ellos no dejaban de chuparme y de mover sus dedos.

YO: ahhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhh basta, no puedo más ahhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhh por favor, parar, no puedo, no puedo ahhhhhh ahhhhhhh ahhhhh ahhhhhhh ahhhhh.

JUAN: Todavía un poco más.

Dejó de chuparme pero sus dedos empezaron a acelerar el ritmo en el interior de mi coño, estaba siendo perfecto, me estaba excitando de nuevo sin haberse apagado todavía mi orgasmo anterior. Juan era un maestro y sabía como dar placer a una mujer. Me agarré de su polla nuevamente y empecé a pajearlo con auténticas ganas, enseguida su polla volvió a estar erecta de nuevo y yo tan pronto le estaba pajeando como que le descubría su capullo y le sobaba la punta con toda la mano, eso le estaba gustando mucho y yo no paraba de combinar los dos movimientos mientras él continuaba dándome placer con sus dedos.

JUAN: Sigue así, sigue. Ahhhhhhhhhhhhh, me gusta como lo haces, sigue así ahhhhhhhhhhhhh.

YO: No pares, no pares ahhhhhhhhhhh ya noto como me sube otro ahhhhhh.

JUAN: Me voy a correr, ahhhhhhhhhhhhhh no pares ahhhhhhhhhhh, sigue, sigue no pares ahhhhhhhhhhhh, voy a tirar toda mi leche sobre ti ahhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhh… toma leche puta ahhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhh.

Nunca había experimentado el que me insultaran durante una sesión de sexo, pero la verdad es que me gustaba cuando le oía llamarme puta, me sentía así, como una puta y tengo que reconocer que me gustaba esta sensación.

YO: Yo también, ahhhhhhhhhh me sube ahhhhhhhhhhhh ya llega, ya llega no te pares ahhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhh

Los dos nos corrimos prácticamente a la vez, esta vez él tiro todo su semen sobre mi cuerpo lo cual no me importó nada, el placer fue enorme y lo habíamos disfrutado mucho los dos. Durante un buen rato yo no solté la polla de Juan ni él sacó los dedos de mi coño aunque no nos movíamos.

YO: ¿Y tú Eva? Tú no te has corrido.

EVA: Yo estoy trabajando, no debo de beber ni tener sexo mientras trabajo, luego llegará mi turno. Bueno, y tras este receso espero que estés más tranquila y que podamos terminar con la depilada, Juan tú me ayudarás.

Me terminó de depilar el pubis como si no hubiera pasado nada. Le pidió a Juan que le fuera aguantando tirante la piel de mis labios mientras ella colocaba y estiraba la cera por lo que las manos de Juan me volvieron a sobar el coño todo lo que quiso y un poco más, desde luego me sobó mucho más de lo que era estrictamente necesario pero por supuesto no hubo ni una queja por mi parte ni por parte de su mujer.

EVA: Estira este labio. Así no, cógelo bien, eso es, estira hacia ese lado.

Eva le fue dando instrucciones y Juan me estuvo estirando el chocho hacia un lado y hacia otro durante más de veinte minutos.

EVA: Cada vez que yo saque la cera has de poner la palma de tu mano plana sobre la zona para que le alivie el dolor.

La mano de Juan se puso sobre mi coño en muchas ocasiones siguiendo las instrucciones que recibía, yo estaba disfrutando cada vez que me tocaba por poco que fuera. Toda la depilada de mi coño me la hicieron estando desnudos, por supuesto nunca nadie me había depilado de esta manera y me pareció una excelente manera de hacerlo, pensé que quizá podía ser un buen negocio si alguien lo montara.

EVA: No imaginaba yo que fueras tan puta, me has sorprendido.

JUAN: No es puta, sólo disfruta de las cosas buenas de la vida.

YO: Vaya si lo he disfrutado, y si tengo que ser sincera continúo disfrutando. Por mi podéis seguir colocando y sacando cera toda la noche.

Los dos se rieron por lo que acababa de decir.

EVA: Lo de puta era como expresión, no era ningún reproche.

Mientras hablábamos terminó de depilarme y luego me vestí, cuando fui a pagar Eva no quiso cobrarme. Ellos seguían desnudos, me imagino que iban a tener más sexo en cuanto yo saliera por la puerta.

EVA: Hoy invita la casa, pero no te acostumbres.

YO: Gracias por todo a los dos.

JUAN: De nada, aquí estamos para servirte.

Me despedí de Eva con dos besos, en el momento que le daba los dos besos pasé mi mano por su coño y pude notar que estaba empapado.

YO: Buenooooooo, ya veo por que no os vestís, espero que lo disfrutéis mucho, tanto como me lo habéis hecho disfrutar a mi.

JUAN: No te preocupes que lo haremos.

Me acerqué a Juan y me despedí de él agarrándole la polla mientras le daba un ligero beso en los labios.

Salí contenta de la sesión de depilación a la que había sido sometida, esta vez no fue tanta tortura como acostumbra a ser, quizá tendré que depilarme más a menudo. A partir de ahora cuando llame para pedir hora le diré a Eva que la quiero a última hora y que quiero la sesión completa, supongo que ella me entenderá.

Autora: Ana

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

2 Comentarios

Dejar un comentario
  1. Es uno de los mejores relatos que he leido; Ana tienes mucha imaginación y seguro que tu misma te habras escitado al escribirlo; al menos ami me has puesto como una moto.Me encanta y me da mucho morbo tu relato. Un beso

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.