Desahogo

¡Comparte!

-Joder, las nueve de la noche pasadas… ¡Estupendo Javi! ¡ESTUPENDO! Hoy ni tan solo veras a los niños- Me gritaba a mí mismo en el coche mientras aparcaba en el parking de casa.

Había sido un día especialmente jodido.

Sí, era una putada que mi jornada laboral se alargase hasta tan tarde, pero ya tenía asumido desde hacía mucho tiempo que cuando un cliente venía a auditar la fábrica mi horario de trabajo comprendía tantas horas como fuesen necesarias.

Al menos podía escaparme de las cenas de negocios y los compañeros asumían el último sacrificio del día sin mí.

Aquel era un pequeño privilegio que el director tuvo a bien concederme desde que dos años atrás me había quedado solo con los niños.

Tampoco podía quejarme ya que mi trabajo de ingeniero me proporcionaba los ingresos suficientes para que no les faltase de nada a pesar de estar los tres solos.

No, no había sido mi maratoniana jornada de trabajo lo que tanto me había tocado los cojones aquel día.

Perdonad por el taco, pero es que realmente me habían tocado mucho, pero muchísimo los cojones.

A medio día había recibido una llamada de la innombrable.

Sí, la innombrable es la madre biológica de mis hijos y digo innombrable porque hace dos años la muy puta, vaya al final la he nombrado por su verdadero nombre, dejo una nota en casa explicando que había conocido a otro hombre y que su vida no tenía sentido sin él, que si plin y que si plan y no sé qué más jilipolleces … y así, sin más, dejo abandonados a dos niños de dos y cuatro años junto a su marido.

Me dolió mucho más por mis hijos que por mí.

En fin, una pareja puede separarse, pasa a diario, pero una mujer que abandona a sus hijos pequeños por irse con un tío…  Dos años sin saber nada de sus hijos, sin preocuparse por ellos en ningún aspecto ya fuese económico o emocional.

No me diréis que no tengo derecho a llamarla puta.

Y no me mal interpretéis, mi opinión sería exactamente la misma si es un hombre quien hace estas cosas.

Abandonar a mis hijos es del todo inconcebible para mí.

En fin, la vida tenía que seguir y yo puse todo mi empeño en sacar adelante a mis renacuajos.

El tiempo paso y yo me acostumbre a mi nueva vida de total dedicación a mis hijos y al trabajo.

Se podría decir que encontré cierta estabilidad emocional en mi nueva situación, hasta que aquel día recibí la fatídica llamada que consiguió sacarme de mis casillas.

La innombrable, voy hacer el esfuerzo de llamarla así, decía que ahora estaba arrepentida de haber abandonado a sus hijos, que los echaba mucho de menos y que quería volver a retomar el contacto con ellos, que quizás con el tiempo incluso podíamos intentar la custodia compartida y que bla bla bla, no os aburriré más con lo que dio de sí aquella conversación, o más bien discusión.

Supongo que ahora ya podéis comprender cuál era mi verdadero estado emocional aquella noche cuando llegue a casa.

Si lo tuviese que describir con una emoción sería ira, si fuese con un estado de ánimo colérico.

Una vez aparcado el coche tome el ascensor al tercer piso, continuaba refunfuñando y maldiciendo a la innombrable cuando avance por el rellano hasta llegar a mi puerta e introduje la llave en la cerradura.

No llegue a girar la llave, la puerta se abrió desde dentro.

-Ssss, no hagas ruido Javi, ya están acostados y dormidos.

– ¿Cómo has sabido que llegaba?- Pregunte  tras cerrar la puerta y mientras avanzábamos por el pasillo en dirección al salón.

-Se te escucha refunfuñar desde el ascensor.

-¿En serio?- Volví a preguntar sarcásticamente y con una mueca de disgusto.

-Sííí, ¿Qué te pasa?

Quien había abierto la puerta y me preguntaba por lo que me sucedía era un pequeño ángel que incomprensiblemente le había caído del cielo a un descreído como yo.

Mi pequeño ángel se llama Laura y es literalmente pequeña pues a sus recién cumplidos diecinueve superaba por escasos centímetros el metro y medio de estatura.

Su pequeña estatura sin embargo no le impide ser una autentica preciosidad de niña pues su bello cuerpo está perfectamente proporcionado y su linda carita es angelical haciéndole sin duda justicia.

Notareis que he dicho niña, y es que para mí eso es lo que exactamente era hasta aquella noche.

Laura vive con sus padres en la segunda planta, justo debajo de mi piso.

De carácter dulce, cariñosa, educada y atenta completa sus cualidades con una gran inteligencia a la que saca buen provecho en los estudios habiendo llegando a la universidad con una media de matrícula de honor en bachillerato.

En definitiva es la niña perfecta que todos los padres deseamos y para mí se había convertido en toda una hermana mayor de mis hijos ya que a pesar de sus estudios encontraba siempre el tiempo necesario para ser mi niñera cada vez que lo necesitaba.

Para que os hagáis una idea del tipo de niña que Laura es, os diré que tuve que enfadarme con ella y obligarla a que aceptase que le pagase las horas que pasaba con mis hijos ya que se negaba rotundamente a aceptar el dinero aduciendo que para ella también eran sus niños y su familia.

 

 

-Nada Laura, no me pasa nada- Le conteste con un tono seco -¿han cenado los niños?- Pregunte entrando a la habitación del pequeño para darle un beso.

 

 

-Claro que han cenado, ¿crees que los iba a acostar sin darles de cenar? Pau no quería comer pero jugando con el he conseguido que se termine la cena y Ana no quería acostarse antes de que llegase su padre, pero finalmente ha caído rendida hace quince minutos.

 

 

-Gracias Laura, no sé qué haría sin ti- Conteste entrando en la habitación de Ana para darle también a ella su beso de buenas noches.

 

 

-Ya sabes que no tienes que darlas.

Y ahora ¿me vas a decir que es lo que te pasa?

 

Mi gesto se volvió a tornar hosco al oír su pregunta, la visión de mis niños durmiendo plácidamente me hizo olvidar por unos segundos mi enfado.

 

 

-En serio Laura, no es algo que te afecte a ti- Dije saliendo de la habitación de mi pequeña Ana y cerrando la puerta detrás de mí.

 

 

-Javi, confía en mí, prácticamente somos familia y sé que hoy te pasa algo grave, puedo verlo en tus ojos.

 

 

Me deje caer sobre el sofá y los noventa kilos de peso de mi cuerpo hicieron que este temblase quejándose por el impacto recibido.

Laura se sentó junto a mí y tomo mi manaza entre las suyas, pequeñas y delicadas, me miro a los ojos con dulce gesto e insistió.

 

 

-Venga Javi, dime que te pasa.

 

 

-Te he dicho que lo dejes estar niña- Mi tono de voz era realmente brusco.

 

 

-No soy ninguna niña, por si no te habías dado cuenta- Frunció el ceño en señal de disgusto.

 

 

-Joder Laura, es ella, ella que se acuerda ahora de golpe de que tiene hijos.

De verdad no me apetece hablar de ello.

 

 

En su rostro se dibujó la preocupación.

 

 

-Pero no la necesitamos Javi, ¡NO!, no puede venir ahora… no la necesitamos…no.

Estamos bien sin ella…

 

-Laura, Laura, chss… tranquila Laura.

Estoy bien sin ella, YO, estoy bien sin ella.

No es tu problema, tranquila no voy a dejar que vuelva  a hacer daño a los niños.

 

 

-No digas eso, no lo digas.

Sí es mi problema, es nuestro problema- Tomo mi mano, y llevándosela a la cara, puso su mejilla contra la palma para  comenzar a acariciarse.

 

 

-Joder Laura, me estas asustando- Dije retirando mi mano y tras levantarme emprendí el camino de mi habitación- Es hora de que vuelvas a casa, tus padres te estarán esperando.

 

 

-Mis padres no están, han alquilado una suite en un hotel para celebrar su aniversario.

¿Por qué me echas? Déjame quedarme contigo.

 

 

Laura me siguió hasta el dormitorio cerrando la puerta tras de si.

 

 

-Déjame quedarme esta noche, no quiero ser más una niña en tu casa, déjame ser una mujer esta noche.

 

 

-Joder… joder… joder, lo que me faltaba, ¿pero tú sabes lo que estás diciendo?

 

Comencé a caminar de un lado a otro de la habitación, como si fuese un oso enjaulado, sin dar crédito a mis oídos mientras me frotaba las manos nerviosamente y me preguntaba cómo podía haber pasado aquello.

 

 

-Se perfectamente lo que estoy diciendo Javi- Laura se interpuso cortándome el paso, levanto su mano para acariciar mi cara y mirándome a los ojos dijo- He dicho que no quiero irme, que quiero quedarme aquí contigo, como una mujer.

No soy una niña, no soy tú niñera quiero ser más, quiero compartirlo todo contigo.

 

 

Los nervios acumulados terminaron por explotar y en un gesto de furia la agarre de la mano para arrastrarla frente al espejo y sujetándola fuertemente con una mano en la nuca y la otra en barbilla la obligue a mirarnos en él.

 

 

-¿Estás loca? Míranos, te saco veintidós años Laura.

Tienes toda la vida por delante.

 

 

-¡Ay! me haces daño.

Sí, si se lo que quiero.

 

 

Acerque mi boca hasta su oreja y comencé a hablarla mientras la tenía sujeta en un intento de que se acobardase y saliese corriendo.

 

 

-¿Y qué es lo que quieres eh Laura? ¿Qué es lo que quieres? ¿Quieres que te lleve a mi cama ahora mismo? ¿Quieres que haga una locura? ¿Eso es lo que quieres?

 

-No sería ninguna locura- dijo bajando su ojos hacia el suelo- Puedes hacer lo que quieras conmigo, soy tuya.

 

 

-Nooo, Laura No, seré malo contigo, hare lo que haga falta para que cambies de opinión.

 

 

Puedes ser todo lo malo que quieras conmigo Javi, pero yo sé que no lo eres… desahógate conmigo si es lo que necesitas.

 

 

Lleve mis manos a su vestido y en un gesto violento tire con fuerza haciendo que los botones, que lo cerraban por la parte delantera, saltasen dejando a la vista gran parte de su bonito cuerpo.

 

 

– Mira lo que estas provocando, no soy como crees que soy Laura, deberías temerme, deberías huir.

Mírate Laura, mírate en el espejo, mira tu cuerpo.

Eres solo una niña, no serías más que un juguete roto en mis manos.

 

 

-No soy una niña Javi.

 

 

Deslizo su vestido roto dejándolo caer por su pequeño cuerpo y a continuación desabrocho su sujetador que igualmente término por caer al suelo quedando tan solo vestida con sus braguitas y sus deportivas converse con unos pequeños calcetines blancos.

Me miro a la cara a través del espejo y con gesto desafiante volvió a repetir:

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.