DESCUBRIENDO NUEVOS PLACERES

descubriendo placeres

Llamaron a la puerta y, al abrirla, apareció Armando. Estaba allí, sonriente y guapo, como él era, con sus 1.76 de estatura y su complexión atlética. No pude evitar bajar la mirada… no era capaz de asimilar lo que había sucedido la anoche anterior. Pero lo invité a pasar, y mientras me saludaba seguí haciendo la maleta (pues dentro de una hora debía abandonar la pensión): – ¿Qué tal estás?- Me preguntó.

– Bien, ¿y tú? – Mmmm… Me he despertado genial… anoche estuve jugando con un gatito… ¿te acuerdas? – Este… pues no… no sé a lo que te refieres…

– Vamos, nene, déjate de tonterías, que anoche lo pasamos estupendamente…

Yo no dejaba de hacer la maleta, yendo de un lado para otro y tratando de que aquel atractivo muchacho no notase la turbación que sentía. Efectivamente habíamos disfrutado mucho aquella noche… pero a mí nunca me había pasado algo así antes y no podía creer que aquello hubiese sido posible.

– Vamos, nene, ven aquí… -me dijo acariciando mi cabeza cuando pasé por su lado.

– Estoy ocupado Armando… no tengo tiempo de conversaciones profundas ni de pensar en cosas que pasan con dos copas de más.

Y al decir esto él se molestó… y con razón. Insinuar que lo ocurrido en la noche anterior había sido producto del alcohol, era mentir. Así que endureció su rostro y se mostró inquisitivo: – Así que lo de anoche son cosas que pasan con dos copas de más… vaya, pues yo te vi bastante sobrio cuando besabas mi pecho o gemías pidiendo más.

– Bueno… yo… este… tú sabes que yo tengo novia, lo de anoche fue… fue algo inexplicable.

Tratando de escapar de la conversación me dirigí al baño y me puse a guardar mis enseres en una bolsa, sin advertir que Armando se aproximaba furioso hacia a mí. Se puso tras de mí y me apretó contra el lavabo, agarrando mis manos con fuerza y restregando su paquete por mi culo: – ¿Inexplicable? ¿Inexplicable dices? Y una mierda. Lo único cierto es que anoche gozaste como una putita cuando sentiste una polla incrustada en tu culito.

– Armando… Armando suéltame… esto… esto no está bien…

– Esto es lo que te gusta, nene, y lo sabes…

Esas últimas palabras fueron un susurro en mi oído, y precedieron a una serie de besos y mordiscos en mi cuello que acabaron con mi resistencia. Abría mis ojos y veía en el espejo a aquel atractivo chico de mi edad devorándome, deseándome y apretando contra mí ese miembro que, la noche anterior, había chupado como un auténtico poseso.

A continuación me arrancó la camiseta y se quitó la deshacía de mis boxers y de los suyos, y mis piernas se abrían intuitivamente. Me agaché lentamente hacia el lavabo, y sentí su miembro colándose entre mis nalgas y acariciando mi ano que, en la noche anterior, ya había sido previamente desvirgado.

«Toma» creí oírle decir mientras comenzaba a entrar su polla en mi culo, y un «siiii…» de puro placer se escapó de mi boca. Entonces él introdujo su dedo índice entre mis labios: «Vamos, chúpalo… chúpalo como anoche chupabas mi polla… como cuando tratabas de tragártela toda entera, y la lamías y exprimías como un auténtico experto en mamadas…». Y chupé. Con los ojos cerrados lamí aquel dedo que, en mi mente, era su miembro duro y enhiesto, el mismo nabo que me estaba clavando en el culo y que me tenía en vilo de puro gozo. Si hubiese sido posible, habría recibido su corrida en mi boca y en mi culo al mismo tiempo.

Mordió mi cuello, se apretó contra mí, me abrazó… «Toma… toma… ojalá estuviese viendo tu novia lo que te gusta una polla…» me decía al oído. Y yo gemía poseído, ansioso, deseoso de más, aferrado al lavabo y notando aquel maravilloso miembro entrar y salir de mi trasero. «Otro día te daré el biberón… pero hoy te voy a llenar el culo de leche como lo hice anoche. ¿Eso es lo que quieres, verdad?». Y afirmé primero con la cabeza y luego con palabras: «Mmmmm… dámela… dámela toda… la quiero toda…». Y Armando aceleró, y nuestros gemidos crecieron y aumentaron, y apretamos más y más y más: «Vamos… vamos… aaaaahhh… no pares… no pares, no paaaaaa…paaaaaa… paaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhh…» y no pude decir más. Nuestros cuerpos se convulsionaron y, mientras su polla me inundaba de aquel semen blanco y caliente, mi miembro lanzaba chorros de leche sobre el lavabo.

Al cabo de unos minutos nuestra respiración se fue relajando. Me besó… nos besamos… nos abrazamos: – Prométeme que no volverás a negar lo nuestro… prométeme que, aunque sea a escondidas, vendrás a verme y lo disfrutaremos tanto como hoy…

Y no pude negarme. Sonreí y le prometí lo que me pidió. A fin de cuentas aquello me gustaba, me encantaba, me maravillaba… y, aunque no lo dijese, iba teniendo ganas de más y más.

Autor: Joss joss617 ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Relatos Marqueze

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