Desde la ventana

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Valentina marca el ritmo, lento, piano a piano, ella quiere disfrutar cada minuto, hace que el chico la penetre poco a poco, quiere sentir cada centímetro del viril miembro del joven macho, siente como primero se introduce la cabeza, la que va abriendo camino al resto del cuerpo del miembro masculino, siente los testículos rozar su cuerpo, indicativo que llegó al fondo, se siente llena.

Observando al chico a hurtadillas desde la ventana de su habitación, Valentina pensaba en lo rutinaria y solitaria que se había convertido su vida, casada y fiel desde hacía 18 años, abogada, con un hija cursando estudios en una universidad en otra localidad, un esposo que a pesar de no tener quejas de él, en los últimos años había abandonado su responsabilidad conyugal, ya no era aquel fogoso amante de los primeros años de casados, el trabajo la había desplazado a un segundo plano, frecuentemente se ausentaba de la ciudad.

Valentina una mujer moderna de 38 años, ejecutiva, elegante, coqueta, cuidaba su cuerpo como la mayoría de las mujeres de hoy día, podía exhibir una espectacular figura que dejaba boquiabierto a más de uno, no presumía de su belleza, pero tampoco ignoraba de poseerla.

Desde la ventana llevaba tres días observando a Ramón, un joven obrero que realizaba la reparación de las tuberías de la piscina, fantaseaba con encuentros eróticos entre el chico y ella, luego en la intimidad del baño se masturbaba recordando las fantasías, jamás había sido infiel a su marido, no se atrevía a dar ese paso a pesar de estar tentada, la falta de sexo a veces la tentaban a cometer una locura, candidatos de sobra, pero siempre terminaba descartándolos por temor a que Federico su esposo se enterara.

Una tarde, al regresar del bufete, Valentina entra a su habitación, se desviste, solo queda con su brasier y su braguita, se asoma cautelosamente a la ventana y observa a Ramón sin camisa recogiendo sus herramientas presto para retirarse, mañana culminaba el trabajo, el chico luego de terminar la jornada se duchaba y cambiaba de ropa, Valentina no dejaba de detallar el varonil cuerpo del muchacho que se perdía en la sala de baño cercana a la piscina.

En la ventana mientras se acariciaba los pezones por encima de la tela del brasier, Valentina se inyectaba valor para dar un paso trascendental en su vida, se decidió a darlo, era hoy o nunca, su deseo era desbordante, podía sentir la humedad en sus labios vaginales, tocó con su dedo para confirmar lo que ya sentía, un coñito húmedo, deseoso de carne.

Se dirigió al clóset, tomó un vestido volado, ancho a medio muslo, de botones en el pecho y tiras en los hombros, escotado, se quitó el brasier y colocó el vestido, se observó en el espejo, se abotonó el pecho dejando los dos últimos botones abiertos, exhibiendo el inicio de sus hermosas, redondas y firmes tetas, se hizo una cola en el cabello, se acarició los pezones que estaban firmes y apuntando al frente y bajó hacia la cocina.

La cocina daba justamente a la terraza, de allí podía observar la puerta del baño donde se encontraba Ramón duchándose, esperó pacientemente a que el muchacho terminara de ducharse y vestirse, preparó un té para ofrecerle a Ramón.

Al rato vio como se abría la puerta del baño y aparecía el joven de 24 años, causante de sus últimas fantasías eróticas, causante de ese hormigueo en su bajo vientre, causante de la humedad entre sus piernas, causante de que se impusiera el deseo por encima de la razón, salió a su encuentro, Ramón al ver a la dama acercarse, se preocupó, nunca antes habían cruzado palabra, más que un ¿Cómo está? o un hasta mañana desde lo lejos, observaba como al trasluz se dibujaba la silueta de las piernas de la mujer a través del vestido.

Ya frente a frente, su preocupación pasó a sorpresa, cuando Valentina le pidió que le acompañase a tomarse un té, sin poder evitar posar su vista en los protuberantes pechos de la mujer que se mostraban en el escote del vestido y de sus pezones que se marcaban sin ninguna vergüenza en la tela del mismo, contestó afirmativamente la invitación.

Una vez dentro, mientras Valentina servía el té, Ramón no perdía detalle de cada movimiento de la dama, él al igual que ella, también tenía sus fantasías, más de una masturbada se hizo a su nombre y más de una vez se folló a su pareja pensando que lo hacía con Valentina.

Sentados frente a frente, Valentina con las piernas cruzadas, no dejaba de mover la pierna que le colgaba, ese movimiento le hacía frotar la entrepierna y aumentaba su excitación, conversaban de temas banales, de repente Ramón dio un giro a la conversación señalándole lo hermosa que era, Valentina quien durante toda la conversación pensaba en cómo insinuarse sin quedar en evidencia ante el chico, quedó desbalanceada, nerviosamente recogió las tazas para lavarlas, no sin antes agradecerle al joven el piropo.

Ramón a pesar de su juventud no era nada ingenuo, durante la conversación pudo notar que los pezones de Valentina se mantenían erectos desde que se vieron en la piscina, tampoco dejó de notar el rostro lujurioso que mostraba la dama que por más que hubiera tratado de disimularlo no hubiera podido, también intuía que la sorpresiva invitación a tomar el té, escondía otra razón.

Decidido a jugársela, se incorporó de la silla y se plantó detrás de la dama, quien lavaba o simulaba hacerlo, la vajilla del té, ella sintió el cuerpo masculino a su espalda, pero no se inmutó, podía sentir el roce de algo duro en sus nalgas, imaginaba de que se trataba, sintió las manos del chico posarse en sus caderas y lo caliente de su respiración en el cuello, tuvo un conato de orgasmo, sus piernas apenas podían sostenerla, su respiración se hizo más profunda

Ramón podía sentir el cuerpo tembloroso de la dama, sintió como Valentina pegó sus nalgas a la ingle, el pene de Ramón estaba como una salchicha entre el pan (hot dog), una mano se posó sobre el seno por dentro del vestido y con sus dedos índice y pulgar tomó el pezón, con la otra se introdujo por dentro del vestido y la deslizó hacia la entrepierna, causando un suspiro en Valentina

Ella consciente de que no habrá vuelta atrás, se voltea, se coloca frente al joven y posa sus labios sobre los de él, sus cuerpos intentan fundirse en uno solo, sus lenguas compiten entre si, para ver cual recorre más espacios bucales, sus salivas se mezclan entre si, él la toma por las nalgas, ella coloca una mano detrás de la nuca y otra a la espalda.

Ramón separa sus labios de la boca de la dama y quita las manos de las nalgas, dejando la parte del pubis fundido al de ella, termina de desabotonar los pocos botones que quedan de la parte alta del vestido, descubriendo dos hermosas tetas, acerca sus labios a una de ellas y la chupa con deleite, Valentina echa la cabeza hacia atrás, se siente de maravillas, su entrepierna es una hoguera deseosa de leña, siente que Ramón poco a poco va bajando a su barriga, besándole por encima del vestido, ahora siente sus manos en la piel de su cadera, siente como el hilo trasero de su braga sale de entre sus nalgas y se desliza hacia sus tobillos, levanta la pierna para completar la acción.

La cabeza de Ramón se introduce dentro de la falda del vestido y con sus manos separa suavemente las piernas de ella, quien no pone resistencia alguna, ni tendría porqué hacerlo, Valentina siente la humedad de la lengua del chico en sus húmedos labios vaginales, se le eriza la piel, Ramón sacia su sed con los jugos que emanan de la profundidad de la gruta, Valentina comienza a gemir, Ramón se sostiene de las nalgas de la mujer, ella aprieta sus senos, está gozando como desde hace tiempo no lo hacía.

Valentina con sus brazos incita a Ramón a reincorporarse, ella desea otra cosa, su coño más que una lengua desea algo más duro, lo besa, siente el sabor de sus jugos, mezclados con la saliva de ambos, los saborea, toma a Ramón de la mano y se dirige a su habitación, la misma desde donde fantaseaba con este momento.

En la habitación cada cual se desviste, Valentina al tener menos prendas, toma la delantera y se acomoda desnuda en la cama a observar al joven macho hacer lo propio, al concluir muestra airoso su virilidad, tiene buen tamaño similar al de Federico piensa ella, a diferencia, que el de su marido es un soldado de mil batallas presto a pasar a retiro, un guerrero poco asiduo al campo de batalla, mientras que el del chico, es un soldado ansioso de batalla en busca de campo en donde ejecutarla.

Apresurado casi se lanza encima de la dama, no puede creer que esté a punto de devorar ese espectacular cuerpo, su pareja a sus veinte años no podría exhibir una figura como esa, Valentina al notar la premura del chico, lo apacigua, toma ella el control, no dio ese paso para que un jovencito desesperado lo eche por la borda.

Con el control de la situación, Valentina marca el ritmo, lento, piano a piano, ella quiere disfrutar cada minuto, hace que el chico la penetre poco a poco, quiere sentir cada centímetro del viril miembro del joven macho, siente como primero se introduce la cabeza, la que va abriendo camino al resto del cuerpo del miembro masculino, siente los testículos rozar su cuerpo, indicativo que llegó al fondo, se siente llena.

Ramón deja que la dama tome el control y sigue al pie las indicaciones, va introduciendo su pene poco a poco, siente como este es abrazado por las paredes vaginales, no hay espacio entre las pieles de ambos contendientes, pareciera el corcho de una botella de vino.

Valentina comienza un movimiento lento de caderas, quiere disfrutar cada penetración o cada salida del viril miembro del macho, pasan varios minutos, su cuerpo le indica la inminente llegada del orgasmo, ella en vez de apurar el movimiento, mantiene el ritmo lento, como si quisiera alargarlo eternamente, silenciosamente lo disfruta, no quiere compartir con nadie este momento, aprieta sus nalgas, tensa sus piernas, es su momento, solo su rostro da indicios del gozo que acaba de vivir, una sonrisa a flor de labios, un brillo en sus ojos y una calma interna, está satisfecha, agradecida, siente como su vulva es inundada por el líquido varonil, muestra de que el joven macho también llegó a su destino.

Ramón siente como el cuerpo de Valentina se tensa, sabe que es indicativo de la llegada del orgasmo, sabe que es el momento de ella, deja que ella marque el ritmo, trata de aguantar hasta lo imposible, tantos deseos hacen la tarea difícil, lo inevitable llega, suelta abundante líquido, no recuerda haber acabado con tanta abundancia, está satisfecho, un buen polvo, su rostro triunfalista indica su victoria, cae sobre el cuerpo sudado de Valentina, la besa en los labios, se echa a un lado.

Valentina sabiendo que su marido no llega sino al mediodía del día siguiente, deseosa de otro polvo, le pide a Ramón que se quede, este hace una llamada, para informar que no llegaría a casa, vivía con sus padres, y complace a la dama.

Autor: Barmelia

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Escrito por Marqueze

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