DESEO A MI SOBRINO

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Sabiendo que mi hermano y mi cuñada se irían a Valencia, me decidí a llamar a eso de las cuatro de la tarde al móvil de mi hermano.

La cosa era llamarlo y que me pasase a su mujer, porque eso de llamarle a su móvil, hacer que se lo pasase a mi cuñada para hablar con ella y no con él, para que fuese ella quien decidiese es una cosa que siempre hay que hacer, porque así, pidiéndole que te la pase, le estás diciendo a la mujer indirectamente que con quien quieres hablar es con ella porque ella manda y así, el hecho de que decida a favor tuyo es mucho más probable.

Lo importante era que yo llamaba algo tarde (a las cuatro) para preguntarle a mi cuñada si habían salido ya (suponiendo que sí que habrían salido, por eso llamaba a las cuatro y no antes) y tanto si era así como si no lo era, decirles que tenía un problemilla informático con el ordenador y que a ver si se podría acercar mi sobrino para echarme una mano con ello.

Al suponer yo que habrían comido antes para irse antes y llegar con tiempo a la playa, pues mi sobrino podría venir antes a mi casa. Pero si daba la casualidad de que no habían salido aún, le podía decir lo mismo a mi cuñada y además decirle la chorrada de que si querían que les fuese a echar una mano, sabiendo que diría que no, que muchas gracias etc. lo único que cambiaría, sería que mi sobrino vendría algo más tarde. Como veis, las mujeres pensamos en todo y lo tenemos todo previsto.

De esa forma cogí el teléfono y llamé al móvil de mi hermano,

– Hola Pilar, ¿cómo va eso? -dijo mi hermano al cogerlo- (esto de que salga el número en el móvil antes de cogerlo me toca las narices lo suyo) – Holaaaaa… esto, bien, bien, por aquí andamos… oye, ¿está tu mujer por ahí? ¿me la podrías pasar? – Sí, sí que está, espera un momento que se está metiendo en el coche… es que vamos saliendo ya para Valencia… (vale, así que todavía no habían salido pero estaban subidos ya en el coche)

Entonces se puso mi cuñada al aparato,

– Hola Pilar -dijo mi cuñada cuando se puso al cabo de unos segundos- ¿qué pasa, quieres algo? – No, no, tranquila, no es nada, solamente llamaba para ver si encontraba a tu hijo por ahí para preguntarle una cosa del ordenador, es que no sé si no funciona o si solamente hay que darle a un botón… así que tranquila que si estáis en el coche, pues ahora le llamo yo a él a casa y se lo pregunto ¿vale?

– Ah, pues sí, sí que está, acaba de ayudarnos con las maletas y se ha subido para casa otra vez… (y antes de que mi cuñada pudiese seguir la interrumpí) – Ah, vale, pues ahora mismo le llamo a casa; bueno y vosotros ¿qué, ya estáis en ruta? ¿a qué hora queréis llegar? (evidentemente cambio de tema raudo y veloz para que arrancaran de una vez, se olvidasen del tema y se fueran ya, porque de haber dejado seguir a mi cuñada, a lo mejor se hubiese bajado del coche para darle el móvil a mi sobrino en el ascensor o algo así y haberlo subido al coche para llevarlo ellos mismos hasta mi casa, con lo que todo habría pasado muy de prisa y mi sobrino no vendría con la tranquilidad y la calma con las que yo lo necesitaba)

– Pues mira, ahora mismo estamos saliendo… (entonces se oyó un ruido inequívoco: la puerta del coche se había cerrado) y de llegar, pues no sé porque han dicho en las noticias que hoy va a haber muchísimo tráfico en las carreteras… (y entonces se oyó cómo mi hermano arrancaba el coche y empezaban a andar), así que iremos despacito y cuando lleguemos pues ya está, sin prisas. Además iremos parando por ahí para tomar algo así que…

– Ah, pues muy bien -dije yo notando por el auricular el motor del coche ya en macha- así está bien, vosotros id con calma, tranquilidad y despacito… bueeeeeeeno, pues no os entretengo más, ahora llamo a tu hijo a casa y le pregunto eso del ordenador que seguro

que es una tontería… creo que este hijito mío con los dichosos jueguecitos le ha hecho algo al cacharro este, a ver si tu hijo sabe cómo ponerlo (mi cuñada ni se imaginaba lo que yo quería que el chavalote "me pusiese" realmente).

– Pues sí Pilar, tú llámale ahora mismo y que te lo mire, porque igual es una cosa que él sabe cómo va y así no tienes que llamar a nadie…

– Vengaaaaaa, eso haré (a ver si me lo mira bien mirado que lo necesito de verdad), hasta luego y buen viaje… ¡ah! y cuando lleguéis llamad ¿valeeeeee? – Muy bien Pilar -dijo mi cuñada- hasta luegooooo

Eso último siempre queda muy bien, que llamen cuando lleguen. Esperé un cuartito de hora y entonces llamé a casa donde estaba mi sobrino solo,

– ¿Diga? – Hola soy la tía, ¿está tu madre por ahí? – Pues no, se acaban de ir ahora mismo (¡qué me vas a contar, si acabo de hablar con ella! solamente quería tu confirmación guapetón) – Ah, vaya, bueno ya la llamaré… oye mira, ahora que estás por ahí, ¿tú sabes algo del windows y el office y los rollos esos verdad? – Sí, un poco, ¿qué pasa? ¿qué has roto? ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja (esas risas me sabían a gloria) – Oye, no te pases con tu tía… es que hay unas carpetas que han desaparecido y no me sale la regla (eso era verdad en todos los aspectos) del word, ni esos dibujitos del excel donde sale el disquete, la carpeta amarilla (tenía que mostrarme todo lo ingenua que pudiese en el plano informático ya que como él no sabía los conocimientos que yo tenía, pues ni se daría cuenta) – Bueno… sí… supongo que sí lo podía mirar, claro…

– Pero cuando tú tengas tiempo ¿vale? no te preocupes, de momento no me urge para nada… (le dije sabiendo que querría venir cuanto antes para quitárselo de encima) – No, si no pasa nada tía… ¿vas a estar en casa esta tarde? ¿cuándo te va bien que me pase? – Ah, pues no sé… cuando tú puedas… (no le dije que no hacía falta que fuese inmediatamente porque con una vez ya valía ya que lo que quería es que viniese inmediatamente, claro) – Bueno, a ver, ¿te va bien esta tarde, ahora dentro de un rato? -me preguntó para concretar- – Pues… sí, yo hoy no voy a salir, así que si te pasas por aquí entre las cinco y las seis (tenía que echarle una manita y decirle alguna hora) para no ir con todo el calor, pues… yo estaré aquí leyendo o viendo la TV…

– Vale pues entonces… ¿a las cinco y media? – Muy bien, como quieras

Y nos despedimos hasta entonces.

Uffffffffff, qué nerviooooooooooooos, la verdad es que me sentía como una jovencita de quince años, qué barbaridad, hasta me tuve que ir a mi habitación donde me quedé por unos instantes apretujando un peluche que tenía adornando mi cama, quizá con la esperanza de que me consolase. Bueno, ya estaba todo hecho, ahora lo que pasase ya era cosa del azar.

Este verano ya sabeis que ha hecho un calor de muerte, así que yo estaba poco menos que sudando después de haber limpiado un poco la cocina y de recoger algo de plancha que tenía… vamos, tenía tanto calor que me fui al baño y me dispuse a ducharme y a prepararlo todo para la llegada de mi sobrino. Fui a mi habitación y saqué del armario un vestidito de estos de verano, estampado, de colores vivos y con tirantitos finos, de estos que se ajustan a la cintura y que en cuanto que una se agache, son tan generosos que lo dejan ver todo estupendamente, que a ellos estas cosas les suelen gustar.

Entré en el baño, me quité la camiseta amplia que llevaba y me quedé solamente con las braguitas puestas y mirándome al espejo… las gotitas de sudor caían por los laterales de mi rostro y desde detrás de las orejas, resbalaban por mi cuello. Notaba cómo algunas de esas gotitas recorrían mi espalda y mirándome al espejo podía ver cómo algún que otro reguero de sudor seguía el camino que le marcaban mis pechos y se me colaba entre ambos por el canalillo. Unos pechos y un canalillo que sudorosos también por el calor que hacía estaban casi, casi, exhaustos… a ver si mi sobrino me echaba una mano con ellos cuando llegase.

Me miraba al espejo y veía mi melenita estilo afrancesado pelirroja, mi rostro y mi cuerpo casi pálido puesto que aún no había podido ir ese año a tomar el sol a ninguna parte (acababa de llegar de un viaj

e de un mes por el norte) y el resto de mi cuerpo deseoso y necesitado de placer… contemplaba mis formas y mis curvas ya que soy una mujer delgada y mi cuerpo aún gira por donde tiene que girar, contemplaba los generosos pechos que me dio la madre naturaleza… no es que tenga una 110 ni una 120 de pecho, pero tampoco son enanos… son, para entendernos, grandes pero sin pasarse y sin ser algo más de lo normal y lo más importante, aún tienen parte del tacto que tenían cuando era jovencita, aunque, claro está, sin la firmeza de antes ya que estaban en fase de caída, lo cual hacía parecer que eran un poquito más grandes, pero bueno, no están mal y son bastante apetecibles.

Contemplaba también mis excitados pezoncitos rosados, mi culete, mis piernas… recorría todo mi cuerpo con la mirada y entonces me metí en la bañera y me dispuse a remojarme un poco.

Me entraron ganas de masturbarme y de tocar mi cuerpo pero me contuve para estar así mucho más caliente para cuando llegase el guapetón de mi sobrino. Acabé de remojarme, me sequé, puse un ventilador en marcha para no empezar a sudar otra vez como una guarra, ya habría tiempo para eso otro más adelante… y me quedé dando vueltas desnuda por la casa hasta que llegase mi sobrino.

Y entonces, a eso de las cinco y veinticinco sonó el timbre del portal. Yo me acerqué despacio para darle al botón y abrirle la puerta de abajo… era mi sobrino. Mientras cogía el ascensor y subía, yo fui a mi habitación y dejé caer mi vestido por encima de mi piel, ahora suave y fresquita después del baño y del ventilador, y en cuestión de segundos lo tenía puesto como un guante. Me sentaba como un guante, estaba fenomenal, me veía guapa y eso me hacía sentir estupenda. Fui hasta la puerta y le abrí… nos saludamos,

– Ven aquí hombre… -le dije mientras le ponía mi pecho contra el suyo y le daba dos besos- – Hola tía -dijo él- ¿qué? ¿qué es lo que has roto? -siguió él sonriente- – Pues nada hombre, pasa y a ver qué encuentras…

Y entonces ocurrió algo inesperado… todo lo que había estado yo preparando el asunto y se me descontroló: yo tenía la tele puesta y entonces empezaron a hablar de deportes, no sé si era de fútbol o de tenis o algo de eso pero mi sobrino que lo oyó y que ya se venía conmigo hacia la habitación donde yo tenía el escritorio y el ordenador, se quedó parado y se embobó con las noticias deportivas. ¡Me cago en la mar! dije yo para mi misma, esto me va a costar más de lo que pensaba, y poniendo mi mano en su cintura y acercándole mi pecho a su espalda de nuevo… si no notaba mis pezones es que no tenía espalda, porque para mi que los tenía afilados como cuchillas… y le dije que se sentase a ver aquello mientras yo iba a la cocina a hacer limonada o a sacar una botella de horchata fresquita.

Le miré y vi un chorro de sudor en su cuello como el que tenía yo antes de bañarme y entonces puse el ventilador al lado del sillón y le dije que así se le pasaría el sofoco del calor. Él aceptó y mientras tanto me fui a la cocina.

Me cago en la madre que me parió, me dije a mi misma, ¿por qué narices no habría apagado la tele? bueno, ahora había que improvisar. Saqué un par de refrescos helados de la nevera y una lata de galletas y los llevé a la mesita del comedor, donde él estaba… mientras iba hacia allá vi sobre el mueble un paño de esos de limpiar el polvo por ahí sin guardar y se me empezaron a ocurrir ya algunas cosillas que hacer. Pero aunque yo aún no lo sabía, no iba a hacer falta…

Al ir a poner los refrescos y las galletas sobre la mesa, pasé por delante de la tele tapando la visión y me puse frente a él, entonces medio agachándome, medio no, me semi-incliné lo suficiente como para que se pudiesen ver mis pechos, pero sin hacerlo de forma exagerada y además como mirando para otra parte para que así él pudiese desviar la vista hacia su tía por un momento, si es que le parecía interesante lo que veía… ¡y vaya si me miró! yo le estaba viendo inclinar la cabeza por el rabillo del ojo y me hacía la remolona colocando los vasos una y otra vez sobre unas revistas para que no me manchasen el cristal y mientras desde el mismo cristal de la mesa y dado el ángulo que tenía, podía ver cómo mi sobrino lanzaba su mirada sobre mi escote

y sobre mis pechos.

Era algo sensacional, yo allí colocando los vasos y mi sobrino desplomando su mirada en el precipicio que le abría mi vestido y yo viéndolo todo en el reflejo del cristal. Entonces decidí atacar:

Le miré a los ojos así semi agachada como estaba, me miré los pechos y le dije:

– Qué, ¿qué te parecen? ¿te gustan?

Pero ojo, lo hice de manera que quedó bien clarito que yo no le había pillado mirándome, sino que lo hice sonriendo, como sin darle importancia, de forma que él viese que se lo preguntaba por la posición que tenía yo en ese momento y… lo más importante, en un tono de lo más normal, como si le hubiese preguntado algo así como "¿tienes cambio de 10 euros?". Y es que eso del tono es lo más importante, porque si se lo hubiese preguntado con un tono de esos que tenemos las mamás a veces, en plan superioridad, en plan saberlo todo o le hubiese dicho eso haciéndole ver que le había pillado mirándome… entonces no podría funcionar lo que me proponía.

Para figuras autoritarias ya estaba su mami, yo quería ser una figura femenina que le atrajese, no que le pillase "in fraganti", que le intimidase por mi superioridad, etc. o sea, si quería follármelo, no debía ser superior a él sino tratarle como a un igual, que es lo que era. El dármelas de lista, el "alzar pecho" y ponerme como que lo sabía todo, que le había descubierto y que por eso yo era la mejor, no me iba a servir de nada en esa situación, porque lo único que conseguiría es ponerlo colorado como un tomate, que se callase y que apagase todo lo que pudiese surgir allí. Y otra cosa importante era mi reacción a su respuesta, porque si él me seguía el juego y a mi me daba por reírme, pues pasaría tres cuartos de lo mismo.

Ningún chico que se vea como el hombre adulto que era mi sobrino y que te mire en un "descuido" los pechos con el deseo de tenerlos en su boca para él solo, con el que me estaba mirando mi sobrino, ningún chico que te conteste tímidamente y siguiéndote el rollo, va a seguir por ese camino si te ríes de él de cualquiera de las maneras que lo hagas. Es que eso sería lo peor que yo podría hacer si me seguía el juego. Es que como se me ocurriese siquiera sonreír en tono: "ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, qué bribón, pues no que me estaba mirando las tetas el niñito este", como lo hiciese, se acabaron todas mis posibilidades de hacer nada porque lo que estaría haciendo sería faltarle al respeto. Y es lo que decía antes, para figuras autoritarias o superiores, etc. ya estaban otras, yo ahora lo que quería era follar con él. Y para follar con él lo que tenía que hacer era tratarlo como a mi me gustaría que me tratasen, con respeto, con complicidad y de igual a igual.

A un chico de veintitantos años no le puedes hablar como si fueses su jefa o mirándolo por encima del hombro como diciéndole que tú eres más que él, que lo sabes todo y que eres la persona adulta mientras que él sigue siendo un crío. Y no lo puedes hacer así, primero porque no es cierto y segundo porque al faltarle el respeto con ese tono (que lo nota enseguida), pierdes tus opciones. Por lo tanto y como yo intuía esto muy bien, actué como debía para mis fines y cuando él contestó a mi pregunta se me abrió el cielo.

– Qué, ¿qué te parecen? ¿te gustan? (en tono normal, amable, de igual a igual…)

Él me miró por un instante, pero como yo no lo miraba para no intimidarle, se sintió bien y dijo:

– Bueno… no están nada mal… y esos tirantitos las hacen irresistibles… (dijo él alargando las palabras por los nervios)

¡Madre mía! mira, si ahora que el chico se había soltado un poco y que lo tenía a punto de caramelo, me da por reirme de él o por ponerme a ser una "mamá" en el aspecto ese negativo que comentaba antes… os lo juro, me quedo sin follar. Así que, no pudiendo creerme aún cómo se sucedían os acontecimientos, y escuchando la palabra "irresistibles" saliendo de su boca, me acerqué a él, le agarré de un brazo y como con sorpresa y dejando ver lo que me había gustado ese comentario le dije:

– ¿De verdad crees que son bonitas? ¿en serio te gustan? – Sí -dijo él mirándome-, y además tía

, las tienes muy bien puestas.

Joder, no me lo podía creer. Y continué…

– Ya -dije yo- irresistibles ¿no? – Sí -dijo él sonriendo- irresistibles – Y si son así de irresistibles… -dije yo decidida a atacar mientras le cogía la mano- ¿qué es lo que hace que te resistas? (y entonces, mientras decía eso, acompañé su mano hasta que la puse sobre una de mis tetas, por encima del vestido)

Y viendo su cara de sorpresa y notando su mano temblorosa sobre mi, me acerqué más a él y lo besé en los labios de forma continuada. Ahora no podía parar hasta que él hiciese algo. Tenía un miedo atroz por si me decía que no, claro, pero tenía que esperar su reacción. Yo lo besaba en los labios, ponía mis manos en su cara, acariciaba su rostro… y él en principio se quedó quieto, pero después de un breve momento, me devolvió un beso. Yo estaba muy excitada, tenía que seguir besándolo y así lo hice. Y entonces fue cuando él me abrazó y me rodeó con sus brazos y comenzó también a besarme en el cuello y a apretarme contra su pecho.

Nos besamos millones de veces, no me acuerdo pero fueron millones, me abrazaba, me besaba el cuello, acariciaba mi melena y mi pelo suavemente y por fin me besó en los labios… me besó una vez, me miró y le sonreí, luego le devolví el beso y entonces él continuó con sus caricias y sus besos por todo el rostro, el cuello, mis orejas…

Entonces yo me incorporé un poco y desabrochándome el vestido por los botones de atrás, me lo quité de cintura para arriba dejando al descubierto mis tetas y mis afilados pezones que le desafiaban y lo retaban de forma valiente.

– Me muero de ganas de que me las chupes -le dije- con cara de asustada

Él, sin esperar más, acercó su lengua a mis tetas y comenzó a chupármelas con avidez. Me tocaba, me sobaba, sentía el calor de su lengua sobre mis pechos… estaba excitadísima y me estaba empezando a humedecer. Él saboreaba mis pezones uno a uno y pasando rápidamente del uno al otro y pasaba su lengua por todo mi pecho, me besaba las tetas, las acariciaba, las apretujaba… mmmmmmm, yo me sentía en la gloria. Su lengua bajaba y subía por mi canalillo mientras yo le atusaba el pelo y le animaba a que continuase así.

Entonces noté el estado en el que estaba el chico, tenía un bulto que estaba a punto de estallar en el pantalón corto que llevaba puesto. Y en uno de los momentos en que se tomó un respiro para coger aire en su tarea de chuparme las tetas, me levanté y lo cogí de la mano para llevármelo a mi habitación. Fuimos por el pasillo y cuando lo tuve de pie y frente a mi cama, le bajé los pantalones y los calzoncillos, lo empujé para que cayese sentado sobre el lecho y cuando lo tuve delante de mi en esa posición, me agaché a la altura de su polla.

Desde que le hice parar, lo levanté del sillón y lo llevé a la cama, noté que su estado de excitación había aumentado y tenía una mirada muy característica en la cara. El chico no iba a durar mucho más así, así que, me fui desesperadamente a por su verga y la engullí literalmente hasta los mismísimos huevos para empezar a mamársela durante todo el tiempo que me durase así mi sobrino, que no sería mucho. "Córrete en la boca de tu tía", le dije antes de tragarme su mástil duro y erecto. Y en efecto, al momento de subir y bajar una sola vez sobre su tranca, mi sobrino llenó el interior de mi boca con su semen.

Yo, que tenía unas ganas increíbles de disfrutar de un momento así desde hace mucho tiempo experimenté un, llamémoslo mini orgasmo, al notar cómo se derramaba la semilla de mi sobrino en el interior de mi boca. Pero claro, ahora había que ser delicada con el chico y no darle importancia al hecho, ya todo había pasado muy deprisa. Así que, después de limpiarle con sumo gusto las rebabas que su corrida había dejado sobre su glande, mis labios, su vello púbico, etc. me eché a su lado en la cama diciéndole lo que me había gustado aquello y proponiéndole el repetirlo.

– ¿Te ha gustado cariño? -le pregunté- – Joder tía, ¿hablas en serio? pues claro – Es que desde hace algún tiempo cariño -empecé a decirle mientras le quitaba la camiseta que llevaa y acariciaba su pecho- he estado

deseando esto con todas mis ganas y me encantaría tenerte todo para mi -continué yo abriéndome ya totalmente y abrazada a su pecho-

– Yo también siento lo mismo tía… siempre he querido disfrutar de ese pedazo de cuerpo que tienes, pero… bueno… ya has visto lo que ha pasado… no sé si… bueno, no sé si tardando lo que he tardado… pues… eeeee… no sé si podría darte lo que… tú necesitas…

– Tranquilo cariño, no te preocupes -le dije tras escuchar sus dulces y sinceras palabras de culpabilidad por haberse corrido tan pronto- tenemos mucho tiempo y esto es una cosa que les pasa a todos al principio, el que realmente tiene un problema, sigue así siempre, pero el resto se van habituando y con la práctica esto desaparece.

– Joder, eso espero tía, porque si no… entonces, ¿has notado que es la primera vez que me hacían esto o que estoy con una mujer? -me dijo, ya sin ninguna vergüenza- -Claro, cariño, pero esto lo vamos a solucionar tú y yo este verano y si te parece vamos a empezar ahora mismo -le dije yo- – Pues claro que me parece bien, tía… eeee, ¿podemos empezar ahora? -me preguntó mostrándome su polla de nuevo en alto para la ocasión- – Vamos para allá cariño, creía que no me lo dirías nunca -le contesté deseosa de él como una perra en celo-

Entonces ambos nos quitamos la ropa y le hice extenderse en la cama boca arriba, me deslicé hasta él a gatas y muy despacio introduje su pollón (por lo menos tendría unos 18 ó 19 cm además de ser también estupendamente gruesa) dentro de mi húmeda cavidad vaginal, estaba mojadita pero a base de bien, así que el asunto entró de miedo. Era la primera vez que mi sobrino metía su verga donde una verga tenía que estar y además era la primera vez que yo la sentía dentro de mi después de haber fantaseado tanto con ello desde hace tanto tiempo.

Yo empecé a moverme y empecé a cabalgar a mi sobrino, mientras él magreaba mis pechos que se desplomaban ante su boca, dándoles un lengüetazo en cuanto podía. Yo me clavaba su polla hasta adentro y hacía fuerza para clavar más mi cuerpo en ese mástil que sobresalía de la cama para darme placer y mirándolo advertí de nuevo esa expresión en su cara que era a la vez de placer, pero también de tristeza porque estaba viendo que se iba a correr de nuevo. Y en efecto, el chico se corrió y llenó de nuevo mi cuerpo de semen, esta vez en el interior de la vagina.

Un nuevo y débil orgasmo algo más intenso que el anterior me invadió cuando sentí ese chorretón de semen en mi chochete. Esta vez había durado algo más que antes, tanto mi orgasmo como mi sobrino y al acabar él con sus espasmos fruto de la corrida que se acababa de pegar dentro de mi, me eché sobre su pecho volviendo a acariciarlo y a besarlo. Muchas de las veces que leo relatos en esta web o en otras, me extraña que nunca se cuenten estas cosas, porque lo más normal es que pasen así, pero bueno, por ahí los tíos se creen que son unos fieras cuando en realidad… esto es lo más normal, pero bueno, allá ellos.

Yo continué animando a mi sobrino para que no pensase que había estado tan mal, porque es que resulta que yo ya había tenido dos orgasmos… cortitos y poco intensos, pero dos orgasmos al fin y al cabo, y así se lo dije, tal cual.

– Lo ves cariño, ahora ya ha sido algo más largo, además a mi también me ha llegado un par de veces, no ha sido a tope, pero me han llegado dos orgasmos pequeños -le dije- – ¿Ah si?¿de verdad? – me preguntó él-

Y entonces yo se lo conté tal cual pasaba, a ver, el chico no era tonto, se había ido dos veces seguidas antes de casi hace nada y lo sabía, y si yo le decía que había tenido los dos orgasmos más grandes de mi vida pues no se lo iba a tragar ni de coña. Así que tenía que decirle la verdad, que había estado bien y que me había hecho sentir placer, pero no al cien por cien.

Como eso era algo que él ya sabía por lo que había pasado, pues eso le iría dando confianza, y en cuanto tuviera toda la confianza y seguridad en sí mismo que necesitaba, entonces el sexo sería todo lo satisfactorio que ambos necesitábamos. ¿Quién si no le podría enseñar eso a mi sobrino? ¿una jovencita impaciente y pedorra que se hubiese cansado después del p

rimer intento? de eso nada, hasta que mi sobrino estuviese más o menos listo allí habría mucho trabajo que hacer y eso había que hacerlo con paciencia y delicadeza. Y eso era lo que yo me proponía.

A todo esto, su polla seguía en mi interior más o menos morcillona y yo seguía recostada sobre el pecho de él. Ambos nos besábamos y nos acariciábamos acaramelados y fundiéndonos en abrazos dulces de verdad. Noté cómo su polla volvía a endurecerse dentro de mi indicándome que ese portento de chico ya estaba otra vez listo para el combate y entonces me dijo algo que me sorprendió.

Me dijo que ahora, en esa nueva ocasión que probásemos una cosa, en cuanto que yo notase que él se corría en mi interior, si es que le pasaba lo mismo, que no parase de moverme y que siguiese follándomelo, que no parase por nada para ver si él podía enchufar dos seguidas… yo me quedé sorprendida por ese vocabulario y por eso que me pedía, pero bueno, si con eso era capaz de mantenerla dura ahí dentro y se corría dos veces, ahora seguro que duraríamos más.

Y así sucedió. Fue una de las pocas veces en mi vida que aprendí algo nuevo. Mi sobrino empezó a embestirme desde su posición, yo me la clavaba todo lo que podía, nos besábamos, me chupaba las tetas que le caían al lado de la boca, me magreaba los pezones, yo lo cabalgaba, me la metía una y otra vez, yo notaba esa masa de carne dura y caliente recorriendo mis entrañas y notaba el éxtasis en el que lo tenía sumido… follábamos como posesos, como auténticos desesperados y entonces, algo más tarde que la vez anterior, él se corrió dentro de mi otra vez, a mi me faltaba aún un poco más de tiempo, pero noté cómo se corría de nuevo en mi interior.

Entonces hice lo que me dijo, yo seguí cabalgándolo como si no hubiese pasado, seguía con el "mete-saca" y su polla, aún habiéndose corrido no se desvanecía sino que seguía ahí. Mi sobrino echó la cabeza atrás por el enorme placer que le estaba proporcionando el que yo continuase dándole caña al asunto y ponía una cara impresionante de gusto que me asombraba.

Y entonces fue cuando a mi me fue llegando el auténtico, ahora sí que notaba que me venía el grande, ése que veía yo que ba a venirme ahora, ése sí que era el bueno. Él recuperó fuerzas y parece que ya estaba como al principio, yo estaba ahora en un momento delicado, me estaba viniendo, iba a llegar, iba a correrme como una perra, era delicioso, brutal. La tranca de mi chico allí dentro entrando y saliendo y yo cabalgándolo con un orgasmo de los buenos a medio venirme.

Me iba a correr, aquello era inminente y lo que no había hecho antes hasta ahora con nadie, lo hice con él; empecé a jadear y a gemir si importarme en absoluto quién estuviese en los pisos de arriba, de abajo o en el de al lado. La sensación de placer era tan increible que yo le pedía más y más a mi sobrino entre jadeos, gemidos y gritos de lujuria cada vez más fuertes… menos mal que estaban todos de vacaciones…

La situación era ya incontenible y entonces mi sobrino, con su verga dentro de mi, me dio la vuelta de modo que yo quedé con la espalda sobre la cama él encima y empezó a metérmela y sacármela con más fuerza que nunca, me dio una primera convulsión de gusto indescriptible y en unos segundos, mientras él me follaba el coño como un salvaje sin parar de meterle caña, me corrí y tuve un orgasmo sensacional, pero vamos, algo absolutamente sensacional.

Cuando pegué el grito que pegué de puro gusto que me había dado el jodío nene, él paro un poco y yo le dije que se corriese en mis tetas. Sacó su polla del coño, yo me incorporé un poco y tomando su polla entre mis manos comencé a hacerle una paja colocándonos para que su leche cayese sobre mis pechos.

Después de unos instantes el empezó a retorcerse y finalmente conseguí mi premio. Mi sobrino se me corrió en las tetas llenándomelas de leche calentita.

Después de eso nos acostamos hechos polvo de tanto follar el uno a lado del otro y a los pocos minutos nos turnamos para darnos una ducha en el aseo. Madre mía que noche nos esperaba…

(Continuará con dos polvos, el que tuvimos en la ducha y el

de la noche)

Autor: María Pilar

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Escrito por Marqueze

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