Despacho nocturno

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Hetero, Anal. Esta historia contiene mucha acción anal!!

La nueva despachadora me cae mal. ¡Un día de estos voy a entrar a su oficina y le voy a romper ese culo tan grande y nuevecito que ella tiene! Esta mujer si tiene bolas!!  Me hace levantarme a las 3:00 de la mañana,  me obliga a  revisar toda la base de la comandancia en el campamento  -lo cual me toma 30 minutos, no joda! … ¿y saben para qué? Para nada. Conduje mi auto hasta ese lugar y la bendita grúa ni siquiera había llegado.

Puse  la marcha en primera y me dirigí de nuevo hacia el despacho. Yo  estaba bien enojado. Ayer hizo que me quedara después que terminó mi turno: había mucho que hacer pero estaba lloviendo. Esta jefa me llamó la atención y hasta me gritó por no haber lavado la camioneta.. Pero, ¿para qué, si estaba lloviendo?!

También me increpó por no colocar la cubeta en el lugar correcto después de terminar. Esa desgraciada!!… luego cuando llegué a casa una hora tarde, mi esposa ya estaba en la casa, y me amargó la vida por no haberla llamado… y ahora… aquí, despierto a las cuatro de la mañana! Claro, tenía que presentarme, yo lo se, pero me arrecha tener que levantarme a las 3:00 de la mañana para no hacer nada.  Por alguna razón, la puerta de afuera de la oficina no estaba cerrada con llave.

-¡Epa! Me dijo esa culona, mi jefa.  -Yo se que eres nuevo y todo lo demás, pero no seas tan estúpido. Esta parte de la ciudad es muy peligrosa y tienes que dejar la maldita puerta cerrada con llave durante la noche.  Nunca se sabe cuándo puede entrar alguien…!!!

-Vi que entraste sin problemas. Cierra la puerta con llave, ya te lo he dicho mil veces!-   me comentó la bendita mujer.

Jackeline estaba sentada en silla en el escritorio de la esquina. Una sábana amarilla que se había amontonado sobre las piernas para permanecer caliente se había caído al piso. Pasé frente a ella  y le di vueltas a la llave para cerrar bien la cerradura.

“¿Ahora si estás contenta?”

Se le notaba  enojada, como si  hubiera pasado una mala noche.”

Le contesté:

-Mira, Jackeline, yo no se por qué te enojas, pero a mi me hacen parar de mi cama  para presentarme aquí, y cuando llego la maldita camioneta no esta para remolcarla. Estoy perdiendo mi salud en este trabajo, no joda!!

“Gracias por hacérmelo saber.” Contesto ella.

Esto no funcionaba. Me habían enviado al lugar equivocado. Lo único que hace esa culona  es  hacerme enojar, la estúpida puta.

Se oyó un zumbido en la radio. La mujer se inclinó en la silla para contestar la llamada al 212. Anotó algo en varias hojas de papel, introdujo una contraseña en el computador y contestó al 212.

-Ya tiene permiso.

La computadora señalaba que todo estaba al día y ya no quedaba nada mas que hacer.

-¿Puedo a regresar a mi casa? ¿O es que vengo aquí solo para hacerme sentir mal?  No, joda, no soy ningún robot. No me aprieto un botón en el cuello y automáticamente me quedo dormido. Ahora que estoy despierto   ¡que bueno porque afuera está lloviendo!, y es muy probable que otra vez todo se vuelva puro pantano.

-Mira- contestó. -Yo no soy quien da las órdenes aquí. Solo hago mi trabajo. Yo no fui el que llamó, no joda. Te envié a donde pensé que te necesitaban, y allí estas. Esta mierda pasa a veces, no me  jodas mas! -dijo la culona.

Parecía mas cansada de lo normal. Siempre estaba así, a la defensiva. ¿Comerme ese culo no me haría sentir mejor?

-Ahora no te voy a dejar dormir?-  me dijo.

-Ven acá, acércate.

Di dos pasos hacia ella y extendió la mano para desabrocharme la correa. Ya me habían hablado de ella y no se si lo que decían era verdad. La gente dice todo tipo de cosas y basura, puro chisme, que no se si siempre es verdad.

Me bajó el cierre del pantalón y agarró la polla. Hacía días que no me lo restregaban, o manoseaban, por lo menos en esa forma, y yo ya estaba necesitando alivio por tanta tensión.  Seguramente por eso yo actuaba así, por sentirme tan tenso y necesitaría cierto alivio, algún consuelo, algún bálsamo, tal como una buena mamada de huevo.

-Ven acá-  insistió de nuevo.

Me acerqué mas y ella se dejó caer de rodillas frente a mi. Se metió mi polla totalmente dentro de la boca, hasta el punto que su barbilla me tocaba las bolas. Yo sentía como lamiditas de su lengua contra la cabeza del pene, en las puntita, y luego se lo mamaba y chupaba hasta metérselo bien adentro.  Solamente cuatro lamidas y ya lo tenía bien tieso como cohete.  ¿Ahora que seguirá?

Extendió una sábana sobe la alfombra de goma. Le dio una palmadita al centro y dijo: “Acuéstate aquí.”

Inmediatamente obedecí.  Mi mamá no parió a un estúpido y ya sabía que me lo iba a dar. Me acosté en el suelo. Mi huevo se puso tan parado dentro de los pantalones, como riel de ferrocarril.  Ella tenía puesta una pequeña blusa negra y una falda falda que se subió alrededor de la cintura. No tenía pantaletas. Se montó a  caballito sobre mis caderas y colocó un pie de lleno sobre el piso en ambos lados. Luego se plantó bien acomodada en el suelo sobre mi, mirándome fijamente a mis ojos, con la cuca bien alineada con mi machete. Su falda estaba fabricada de rayón.

La cuca la tenía mojada. Restregándose la totona razurada con mi pene comenzó a moverse ella encima de mi, en un estilo llamado vaquera. Parecía que conocía bien su oficio porque  lo estaba haciendo muy bien. Se notaba también que ejercitaba con frecuencia el músculo pélvico el cual está unido la pelvis. Con ese músculo, con el cual ella controlaba el flujo de orina, me apretaba el pene.

Apretó los músculos alrededor de mi cintura y se colocó apoyada sobre los dedos de los pies.  Justo cuando la cuchara llegó a la cabeza de mi polla, se dejó bajar. Apretaba para bajar y aflojaba para subir. Cuando bajaba apretaba el musculo de la vagina, luego lo aflojaba para subir, de nuevo. Dominaba muy bien los músculos vaginales.

Por fin pude igualarme con ella y traté de darle metidas cuando ella bajaba pero era ella  quien controlaba todo, no me dejaba. Era sorprendente como apretaba y aflojaba aquella cuca.

“Tienes una polla deliciosa,” me dijo.

-Conoces bien tu oficio-  le contesté.

-Gracias.

Apuró el paso y en cierto momento me apretó demasiado  con la vagina. Ya casi me hacía acabar. Ya casi acabo, ayyyyy!!!!

Se puso de pie para cambiar de posición y volvió colocándose en posición invertida (vaquera al revés). Colocó aquel enorme culo grasoso dentro de la V que formaban mis piernas. Yo solo le observaba la espalda y el culo, ella totalmente sentada con la polla metida hasta el fondo. Se subió mas la falda para mostrarme aquel enorme culo. Era bonito y redondo, el cual rebotaba deliciosamente. Lentamente se introdujo mi polla dentro del culo. Era el tipo de culo al que no me importaría darle duro porque aquellas nalga amortiguarían las metidas sin que le hiciera ningún daño:  Flap, flap!!

Esta vez cuando por fin se instaló bien su nueva posición de vaquera al revés, se movía en círculos apoyándose en los pies. Luego se abría las nalgas, se las agarraba, se las abría otra vez para meterse la polla bien honda. Ya me habían dicho que a ella le gustaba por el culo!!

No le importaba ni tenía vergüenza hacer esto. Quedó atrapada en mi polla cuando bajó con unos músculos que parecía haber sido diseñados para apretar y empujar, luego se meneaba hacia arriba y hacia abajo recorriendo todo mi palo. Se veía como entraba y salía, pero no le podía ver su cara.

“¡Ay, ay, que rico!” Yo suspiraba debajo de aquella hembra.

Con los dedos buscó debajo de la tela de la falda y comenzó a acariciarse el clítoris. Yo podía sentir como en forma repentina  pegaba  entre mis  piernas y volvía a subir y las bolas sonaban con el movimiento cuando bajaba y se hundía. Sube baja, sube baja.

“¿Te gusta?” preguntó.

“¡Coño, claro que si!” le contesté dándole metidas para coincidir cuando el culo bajara. “Coño, esta vaina si está divina!!”

Utilizó los músculos de su trasero para moverse en círculos, se torcía como en espiral  y aquel ano me apretaba el palo,  el ano parecía un hula hoop en miniatura. ¡Coño! Se mantuvo la falda levantada para que yo pudiera ver. Luego apretó con las manos los labios menores que le colgaban de la cuca, restregándoselos de una manera excesiva y formando círculos, con mi machete bien metido dentro de aquel fundillo. Ella misma se follaba deliciosamente y se dedeaba la panocha.

“¿Te gusta mi culo?”  Me imagine que era una pregunta retórica, tan elocuente. Coño, ya estaba a punto de acabar. Ya casi, ya casi, ya casi… ay voy a acabar!!

¡Coño, no! Mierda, no voy a acabar todavía.

Se puso de pie de nuevo,  para dejarme allí temblando de frío ¿que estará planeando?

-¿Cambiamos?- me preguntó.

Jackeline estaba consciente de cuáles eran sus intenciones. Me quería destrozar el palo. Nunca me habían tratado así en muchos años.  Se arrodilló sobre la sábana, echándome hacia un lado. Luego se inclinó poniendo el culo bien parado, sus codos reposando sobre el suelo, se arremolinó la falda sobre la cabeza. Todo lo que se podía ver era una montaña de tela pero con un culo pelado en la parte de arriba. Aquel hueco del culo se veía en la parte de arriba, de un color rosado brillante. Luego escupió en su mano y se restregó el culo. Ya el ano le brillaba, listo para la penetración.

-¡Cógeme duro!,”  me dio instrucciones. -Lo quiero dentro del culo pero que me des bien duro.

En esa posición tenía que encontrar la manera: -¡Metedmelo bien-  me dijo.  Ella estaba demasiado abajo, y yo tendría que doblarme. Apunté la polla hacia abajo y corriendo se lo metí adentro. Que sabroso se sentía aquello, bien sabroso.  Estuve así durante cierto tiempo. Yo ya casi estaba sentado con las rodillas dobladas y mi trasero ya me tocaba los talones. Primero le daba golpecitos solamente con la cabeza del huevo, luego se lo sacaba. Le volvía a meter la cabeza, luego se lo sacaba de nuevo. Los músculos del esfínter  ya me maltrataban el palo y no sabía si debía parar.

Luego se lo metí por completo y ella echó el culo hacia atrás para asegurarse de que lo tenía metido completo. -¡Cógeme bien duro!”

Comencé a bombearla.

-¡Dale! ¡Dame nalgadas!- me gritó.

Le di mas duro. Ya mis bolas le estaban golpeando las nalgas: ¡flap, flap, flap!

¿Sería así que ella lo quería? Me pregunté.

-¡Con la mano, dame palmadas con la mano, papito, cachetéame el culo!

Se lo saqué y le di un golpe en el culo: ¡Whap!

“Mas duro… mas duro,”  me pedía.

¡Slap!!!

-Otra vez, síguele dando…

Bueno, le daba palmadas y también le besaba el culo: ¡Muack!!. Esto me había dado tiempo para pensar en algo,  antes de que yo acabara. No se cómo pude mantener el equilibrio sobre los tobillos, guiar mi palo y metérselo, se lo sacaba y al mismo tiempo le daba nalgadas, tres veces mas.

-¡Dame en la otra nalga. Cambia para la otra!

En la parte derecha de la nalga ya tenía un área bien roja, luego le di en la izquierda, otra vez a la derecha.  Miraba aquel culo brillante y rosado, y en un momento no sabía si le tenía metido el huevo o no. Se lo saqué. La falda ya se le había subido hasta la cabeza así que estaba muy tapada, menos el culo. Otra vez lo empinó mas alto: “¡Dale duro, dale, dale!”

Tenía la punta de los dedos metidos por  debajo de la cuca restregándose ese clítoris, el cual se proyectaba, sobresaliendo como una pequeña uva color morado. Se lo maltrataba demasiado.  Le di tres nalgadas mas mientras la veía masturbarse. De los dedos le corrían unos jugos y se oía como chapaleaba, chapoteaba y salpicaba como  pantano;  llegó con los dedos  mas lejos hasta que trazaba círculos alrededor del ano. Luego se agarró las nalgas y se abrió mas el hueco del culo. Me guiño un ojo aquel culo.

“¡Otra vez, otra vez vuélvemelo a meter!!”  me dijo. “¡Hazme acabar!”

Se lo metí bien y podía ver como se contraía. Lo tenía demasiado apretado y aquello se sentía delicioso. Que ricooooo!!

Cuando se bajó un poquito tuve dificultades para mantener el pene adentro, Me  estaba doliendo la parte de mi pierna entre la rodilla y el pie, digo, las pantorrillas, por la mala posición!

Respiraba aquella mujer en forma desesperada, entrecortada.

“¡Cógeme, cógeme, cógeme más…!!” su voz parecía mas gruñidos. “¡Ay, ay, coño, ay!!”

Les debo decir que un orgasmo anal es un poco diferente. El orgasmo le hizo subir su cuerpo y se arqueó para comenzar a gemir:  “¡Ay, ah, ay, rico!.”

En medio de aquel orgasmo anal la mujer  producía sonidos guturales y profundos. Ya mis pernas no aguantaban. ¡No, no me abandonen en este momento! Le rogué a los dioses que me dieran cinco minutos mas para acabar. Ya no faltaba mucho.

Ella por fin dio la última acabada bien fuerte y hundió la cabeza dentro de la sabana amarilla. Sus dedos no dejaban de acariciarle el clítoris y lentamente se los metía y sacaba de la cuca. Sentía como me tocaba el palo con los dedos. Esto estaba bien bueno, coño, caliente,  la mujer. Yo seguí allí mismo y en este momento se quedó enganchada: era ella un receptáculo en donde yo tenía metido mi pene.  Se metió tres dedos mas dentro de la estrecha cuca y yo sentía a todo lo que hacía cuando se acariciaba.

-!Ahhh, ayyyy, UNHG!! ¡Acábame dentro del culo!

Miré como la cabeza del pene apretaba contra su ano. Le di una última metida. Los chorros de leche le cayeron adentro. “¡Ay coño!!”  grite. ¡ay, coño, coñooooo!! Cógeme, desgraciado!

Un chorro de lo que parecía orina salió de adentro de la cuca.  Me bajé de encima de ella y la mujer se colocó a un lado de la sábana con el culo bien parado.

-¡Dale otra vez!!

El huevo se me había bajado pero dentro de unos minutos ya tendría otra erección.  Me hundí detrás de ella. Los músculos de las piernas me temblaban.  Tenía muchísimo tiempo que no me ponía en esa posición tan difícil. Se lo saqué. Ya el huevo que antes palpitaba, ahora estaba flácido. Un hilo de semen parecía unir nuestros cuerpos.  Ella se acomodó la falda y se acurrucó contra mi.

-Creo que ahora si te puedes  ir a dormir?

No le contesté. Cuando el teléfono sonó veinte minutos después, ni siquiera lo oí. No me despertó hasta que llegó el momento para el siguiente turno.

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