Después de trabajar

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Se metió la polla en la boca y empezó a hacerme una mamada. Con una mano acompañaba su boca y con la otra me tocaba los huevos, pero yo necesitaba que me tocara mi dilatado agujero y le pedí me lo tocara, no tardé en correrme dentro de su boca, no le avisé, pensé que era el precio que tenía que pagar por haberme desvirgado el culo, se tragó toda la leche sin protestar.

Nunca olvidaré aquel día, después de un duro día de trabajo tenía que volver a casa en metro, el coche se había estropeado. Hacía bastante tiempo que no montaba en el metro y recordé lo “agradable” que seguía siendo. Los empujones, las aglomeraciones, en fin lo de siempre. Decidí bajarme un par de estaciones antes y hacer el resto del camino andando, me apetecía dar una vuelta y atravesar el parque que hay desde esa estación de Metro hasta mi casa.

Cuando salí a la calle respiré por fin aire limpio y me dirigí al parque, era ya de noche cuando entré en él y fue en ese momento cuando me di cuenta que alguien me seguía de cerca, hasta ese momento no me había fijado porque por la calle había mucha gente, pero ahora en la soledad del parque no era normal que fuera tan pegado a mi. Al principio no le di importancia, me giré un poco y vi se que se trataba de un hombre joven, quizás algo más que yo. Aceleré un poco el paso para despegarme de él, pero no lo conseguía, el también lo aceleraba. Me estaba empezando a mosquear y me estaba poniendo algo nervioso, no sabía que pensar.

Aceleré aún más mis pasos pero no conseguía distanciarme de él, lo intenté un par de veces más sin conseguirlo. Dentro del parque había poca luz y empecé a asustarme un poco, pero decidí hacerle frente. Me paré en seco y me giré…

– ¿Por qué me sigues? -le pregunté. – ¿Tú…tú entiendes? – Joder, no sabes el susto que me has dado. Pensé que querías atracarme o algo así. – Perdona, no quería asustarte, pero te he visto en el metro y me has gustado y no sabía si tú también…

Ahora resulta que después de todos estos años en los que ninguna tía me ha entrado resulta que ligo con un tío. La verdad es que pensé en mandarlo a la mierda pero la curiosidad pudo más y decidí esperar un poco.

– Mira la verdad es que a mí me gustan las tías y nunca he estado con un tío, francamente creo que no… – ¿Lo has probado? -me interrumpió. – No, ya te he dicho que nunca he estado con un tío y jamás lo había pensado. Aunque no me importaría hablar contigo un rato sobre todo esto. Tengo curiosidad.

Aceptó hablar conmigo, la verdad es que tenía ganas de conocer y charlar de sexo libremente con una persona con gustos diferentes… Nos sentamos en un banco y empezamos a charlar libremente, le pregunté que era lo que le había gustado de mi, que si hacía muy a menudo eso de entrar a desconocidos. El caso es que durante la conversación noté que me estaba excitando, sobre todo cuando me contó como se lo había hecho con un vecino, en la cocina de este mientras la mujer se estaba duchando. No lo quería reconocer pero se me había puesto morcillona y me estaba excitando hasta que me hizo la pregunta definitiva.

– ¿Te gustaría que te masturbara aquí? Solo eso y si no te gusta te vas…

Me quedé pensativo, después del susto que me había dado y las historias que me había contado decidí probar, seguro que si había pasado todo esto era por algo. Le dije que si, pero que yo a él nada de nada, no pensaba tocarle ni un pelo, y nada de besos, por supuesto.

– De acuerdo -me dijo- verás como te gusta. – Y ahora qué? -le pregunté- ¿donde vamos?

Me llevó a un sitio un poco más escondido, donde el banco daba la espalda a la senda por la cual paseaba la gente.

– Aquí solo verán a dos amigos charlando -me dijo.

Nos sentamos y antes de que pudiera hacer o decir nada más me puso su mano sobre el pantalón, la verdad es que ya la tenía dura de pensar que me la iba a tocar un desconocido…

– Veo que ya estás listo…la tienes muy durita….me gusta…

Según me iba tocando me iba diciendo cosas y francamente me estaba gustando y mucho. Después de darme un buen masaje por encima del pantalón me bajó la cremallera y metió su mano dentro, liberó mi polla y los huevos de su opresión y me la saco fuera. Cuando noté el contacto de su mano directamente sobre mi polla creí morir de gusto. Lo hacía con mucha delicadeza y sin duda tenía mucha experiencia.

Se chupó un dedo y empezó a frotarme en la punta lo cual me estaba excitando muchísimo, me agarró con la otra manos y me los empezó a masajear, a la vez que con la otra agarró la polla firmemente y empezó a masturbarme muy lentamente.

– ¿Te gusta? -me preguntó. – Si, ¿y a ti? – Mucho -contestó.

Empezó a acelerar le movimiento y yo creí morirme, estaba en el parque, de noche, solo se oían algunos pájaros y a lo lejos el ruido de los coches.
Cerré los ojos y empecé a disfrutar del momento, jamás pensé que aquello me gustara tanto.

– Así relájate -me decía.

No se la razón por la que hice aquello pero lo hice, deslicé mi mano y la puse sobre su polla, que también estaba erecta. Note un escalofrío que recorría mi cuerpo y mi mente me decía que estaba haciendo, pero mi cuerpo me decía que tenía que continuar.

Le bajé la cremallera y se la agarré por dentro, cuando sentí la piel de su polla en contacto con mi mano me di cuenta de lo que iba a hacer. Se la saqué fuera del pantalón y empecé a masturbarle lentamente como el hacía conmigo. Era la primera polla que tocaba y me gustó, tenía la piel suave y estaba muy caliente y dura. Estuvimos varios minutos masturbándonos mutuamente hasta que me preguntó:

– ¿Quieres que vayamos a mi casa?, no vivo a más de cinco minutos de aquí.

No lo pensé, le dije que si. Nos pusimos de pie y nos guardamos nuestras respectivas pollas en los pantalones. El camino hasta su casa se hizo eterno, tenía la polla completamente erecta, pero necesitaba desnudarme por completo y disfrutar de aquel momento. No hablamos nada durante el camino, solo cuando llegamos a su casa dijo:

– Es aquí.

Subimos a su piso y pasamos al salón.

– Ponte cómodo, voy a por algo de beber.

Me quité la gabardina y la chaqueta y me senté en el sofá. Apareció con dos cervezas. Seguía completamente excitado y no sabía como iba a acabar aquello pero no podía pensar con claridad, estaba demasiado excitado. Se sentó a mi lado y me preguntó.

– ¿Estás seguro? ¿Quieres que sigamos?

Mientras volvía a poner su mano sobre el pantalón y comprobaba mi erección. No tuve que responderle, el estado de mi polla respondió por mí. Volvió a realizar la misma operación que en el parque, me sacó fuera la polla y los huevos y empezó a masturbarme, pero a los pocos minutos empezó a soltarme el cinturón, el botón del pantalón y me dijo:

– ¿Por qué no nos ponemos más cómodos?

Nos levantamos y empecé a desnudarme delante de él, mientras el hacía lo mismo. Nos sentamos los dos completamente desnudos y volvió a realizar la misma operación, su mano a mi polla y a masturbarme.

– ¿Te gustaría que te la chupara? – Si -le contesté.

Se agachó sobre mi polla y empezó a hacerme una mamada espectacular, creí que me deshacía en su boca. Extendí mi brazo y agarre su polla con su mano, seguí dura y empecé a masturbarlo de nuevo. Me estaba dando mucho placer, su cabeza subía y bajaba sobre mi polla que entraba y salía de su boca proporcionándome un inmenso placer.

La mano con la que me tocada los huevos fue lentamente bajando hasta que llegó a mi agujero trasero, en el que hasta la fecha solo había entrado el dedo de alguna mujer que le gustaba meterme un dedo mientras me lo comía. Me gustaba mucho lo que me hacía y aquel lubricado dedo entro con facilidad, no opuse ninguna resistencia pues ya estaba acostumbrado.

Cuando me metió el segundo noté algo de escozor pero la mamada que me seguía dando daba sus resultados. Levantó su cabeza y continuó masturbándome con una mano y metiéndome dos dedos por el culo. Sabía lo que iba a intentar pero no opuse ninguna resistencia. Su puso de rodillas en el suelo entre mis piernas y me fui deslizando hasta que mi culo quedó a la altura de su polla, estaba prácticamente tumbado sobre el sofá con el culo totalmente expuesto.

Me deslicé hasta que noté que algo duro entraba en contacto con mi agujero, sin duda era su polla. Él seguía masturbándome con una mano, con la otra trabajaba mi agujero y colocaba su polla en posición, se lubricaba la polla con saliva. Yo notaba como aquel intruso quería abrirse camino en mis entrañas, jamás nada tan grande, caliente y duro había entrado por allí. Al principio opuse algo de resistencia, contraía el esfínter, pero poco a poco me fui relajando, sus consejos me ayudaron bastante, me decía que me relajara y disfrutara del momento y así lo hice.

Notaba como su cabeza iba entrando lentamente, abriéndose camino para que el resto del mástil entrara sin dificultad, me dolía un poco pero no era exagerado, la paja que me estaba haciendo ayudaba a que el dolor no fuera insoportable. Noté cuando entró por completo su capullo porque bajó la tensión, pero inmediatamente lo sentí entrar dentro de mi. Notaba como entraba cada centímetro de aquella caliente, gorda y dura polla en mi culo, y no me disgustaba aunque debo reconocer que aquel momento no fue el más placentero de mi vida.

Llegó un momento en que sentí que ya la tenía toda dentro y así me lo confirmó él, mientras no paraba de masturbarme. Entonces empezó a entrar y salir de dentro de mi muy lentamente al principio, pero poco a poco aumentó el ritmo. Aquello era muy distinto a todo lo que había experimentado con anterioridad.

Aquella polla me estaba penetrando sin compasión alguna y así estuvo durante un buen rato, hasta que me la sacó y me dijo que me pusiera de pie, así lo hice, me hizo girar y apoyar las manos en el sofá doblándome por la cintura y abriendo mis piernas con las suyas. Esa postura ya la conocía perfectamente pero siempre estaba detrás, nunca delante.

Apoyó de nuevo su polla en mi culo y esta vez entró sin mucha dificultad, tardó un poco hasta que consiguió la postura adecuada, tuve que doblar un poco las rodillas para que me penetrara con facilidad, pero una vez que estuvo bien situado me empezó a penetrar cada vez más fuertemente, sus embestidas iban en aumento y tuve que soportar algún que otro azote en mis nalgas.

Mi polla había perdido su rigidez pero estaba excitadísimo, sus embestidas seguían en aumento y así estuvo durante algunos minutos, castigando mi ya dilatado agujero que aguantaba perfectamente aquellos ataques.

Después de unos minutos noté que se iba a correr porque sus manos se agarraron fuertemente a mi cintura, sus embestidas se hicieron aún más potentes y noté como su polla creció un poco más dentro de mi, llegue a soltar algún gemido de placer mientras me daba de aquella forma hasta que note como eyaculó dentro de mi culo. Se fue relajando muy despacio y sus acometidas bajaron en intensidad. Mis piernas empezaron a temblar fruto de la tensión que había tenido que sufrir, cuando sacó su polla de mi culo noté como un hilo de su semen caía a lo largo de mis muslos. Él pasó sus manos por delante y me empezó a tocar de nuevo la polla, la cual no tardó en reaccionar y de nuevo se puso dura.

Me hizo sentarme en el sofá y de nuevo se puso de rodillas entre mis piernas, se metió la polla en la boca y empezó a hacerme una mamada. Con una mano acompañaba su boca y con la otra me tocaba los huevos, pero yo necesitaba que me tocara mi dilatado agujero y le pedí me lo tocara.

De esa forma no tardé en correrme dentro de su boca, no le avisé, pensé que era el precio que tenía que pagar por haberme desvirgado el culo. No le importó, se tragó toda la leche sin protestar. Me dejó la polla completamente limpia con su boca y se sentó a mi lado.

– ¿Te ha gustado? -me preguntó

Yo no supe que contestar en ese momento pero tenía cierto remordimiento, mi excitación había bajado notablemente después de mi eyaculación y creí que era el momento de marcharse, pero no me podía vestir así, estaba manchado de semen por todas partes y le pedí que me dejara ducharme. No me puso ninguna pega y me dio una toalla mientras me acompañaba al servicio, cuando entré cerré la puerta y eché el pestillo, pero me di cuenta de la tontería que estaba haciendo, ¿me iba a esconder de un tío que me acaba de dar por el culo?

Abrí la puerta y me metí en la ducha, en mi interior era una oferta para que él se metiera conmigo, estaba volviendo a ponerme cachondo porque a mi mente venían las imágenes que solo unos momentos antes había vivido.

Supongo que él también se dio por invitado al ver la puerta abierta y me preguntó si se podía bañar conmigo. Le dije que si claro, una vez dentro me preguntó:

– ¿No te ha gustado? ¿Te he hecho daño? – No, no es eso – le dije – pero me siento extraño aunque he disfrutado mucho, te lo aseguro.

Estábamos tan juntos en la ducha que noté como su polla, que de nuevo estaba erecta, se apoyaba contra mi muslo. No quería que de nuevo me diera por el culo, con una vez era bastante, pero sentía que le debía algo, me agaché y me la introduje en la boca. Imité los movimientos que el había hecho conmigo antes y por primera vez en mi vida supe lo que era tener una polla en la boca, no pensé si estaba bien o mal, si me gustaba o no, pero tenía que devolverle la mamada que momentos antes me había dado. No tardó en correrse y me tragué parte de su semen, aunque no todo.

Nos acabamos de duchar y cuando nos estábamos duchando me dijo que si quería más sexo porque mi polla estaba morcillona, le dije que no, que era más que suficiente por hoy. Me vestí y nos acabamos las cervezas mientras él seguía desnudo, me acompañó hasta la puerta y antes de marcharme le toqué la polla por última vez.

Me pidió mi número de teléfono, mi dirección, alguna forma de contacto y le dije que mejor le buscaba yo a él. Llamé al ascensor y me fui.

Esa ha sido la primera y única vez que he tenido relaciones sexuales con un hombre. Puedo decir que me gustó y mucho, me he masturbado muchas veces pensando en lo ocurrido. Pero para que volviera a hacerlo tendrían que darse unas circunstancias parecidas, algo inesperado sin planearlo. En alguna ocasión he pensado en ir a un local de ambiente o algo similar pero al final no me he atrevido.

Autor: Tomasbrentano

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Escrito por Marqueze

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