Dos hombres al mismo tiempo

Sentí como Susy llegaba al orgasmo, que delicia, dos vergas en mi cuerpo, no se detengan sigan así. Sin dejar de embestirla, la nalgueaba, acariciaba su clítoris con fuerza, mis dedos sentían el miembro del amante de mi esposa, y su clítoris, que durito, también ansiaba mis caricias. Susy tuvo otro largo orgasmo.

Mi amorosa esposa Susy llegó a mi estudio a avisarme que el arquitecto que me había recomendado un amigo para remodelar la casa, había llegado. Miguel -Me dijo- Ya llegó el arquitecto, ven para que le digas lo que queremos que haga. Por tu sonrisa, tu actitud y tus movimientos coquetos, se nota que te gustó. Le dije al tiempo que le tocaba su entrepierna. Sí, es muy guapo, me dijo abriendo las piernas y alzando los pechos.

– Putita hermosa, se nota que estás caliente. -Sí, hoy me siento cachonda, ven, vamos para que le platiques que hemos pensado, dijo. -¿Le vas a proponer nuestra fantasía, o lo hago yo? -Yo, déjame ver cómo se desarrollan las cosas. Me dijo.

Me presenté con el arquitecto que me cayó muy bien desde el principio, se llama Carlos y es como lo dijo Susy, guapo, alto, atlético, bien vestido. Susy me avisó que se iba a cambiar pues se sentía fachosa. Después de platicar unos minutos con Carlos, llegó Susy, se había cambiado y lucía una blusa roja muy escotada sin sujetador que resaltaba sus grandes pechos y dejaban ver la forma de sus pezones. La minifalda que escogió también roja y apretada, dejaba ver sus hermosas piernas y resaltaban su curvilíneo cuerpo. Parecía una puta de primera. -Te ves guapísima mujer, te ves súper sexy, muy hermosa, -le dije- Estoy seguro que Carlos opina lo mismo que yo, te ves muy guapa. Ven dame un abrazo mujer hermosa.

Mientras nos abrazábamos, Carlos dijo que se veía muy bonita.- Bueno, tengo que trabajar. -Dije- Susy, por favor enséñale la casa y platícale que quieres tú y que nos proponga otras mejoras, pero que yo tengo que terminar un trabajo en el estudio. Al pasar junto a ella, le agarré la nalga y le dije: Atiende bien a Carlos como tú sabes Susy, cuando terminen me llamas para que me digan en que quedaron.

Ya en mi estudio pensé que quizás Carlos fuese el hombre que nos ayudaría a cumplir nuestra fantasía de un trío en la cama, de tan solo pensarlo tuve una erección. Sabía que Susy estaba contenta y coqueteando con el arquitecto, me imaginaba que se le acercaba y chocaba con él, que pedía perdón por haber chocado su teta contra él, que se le acercaba y sus cuerpos se tocaban como si fuesen muy naturales esos contactos. Trataba de concentrarme en mi trabajo pero lo único que tenía en la mente era a Susy disfrutando su calentura con Carlos. Quería que lo conquistara y sedujese, cosa fácil para ella ya que es preciosa, abierta, alegre, hermosísima para mí.

Carlos aparenta unos 40 años, la misma edad de Susy, yo tengo 46. Y parece que con el paso de los años nuestra sexualidad ha aumentado, hacemos sesiones de fotografía al desnudo, inventamos juegos sexuales, platicamos más abiertamente y nuestra relación es cada día más firme. Este juego lo hemos platicado muchas veces y hoy lo vamos a disfrutar, bueno, eso yo quiero. Una hora después Susy me llamó, estaban en la sala, sentados en un sofá, Carlos dibujaba sobre una hoja de papel, Susy sentada muy juntita a él veía lo que él trazaba en el papel, su pecho recargado en el brazo de Carlos y su mano sobre su pierna. Unas copas y una botella de tequila sobre la mesa, movió su mano de su pierna y me señaló el asiento a su lado.

-Mi vida, mi amor, me gusta mucho lo que Carlos nos sugiere, también a él le gustaron nuestras ideas y va empezar el trabajo la próxima semana. -Me dijo- y me señalaba con su mano libre el papel en que Carlos escribía. Me senté al lado de Susy, coloqué mi mano sobre su muslo, Carlos me explicó sus ideas y acordamos que así se hiciera. -Muy bien, así se hará, confío en lo que tú haces y piensas y como yo ya terminé mi trabajo, me voy a servir un tequila, ¿Quieren otro? –Les pregunté. Ambos asintieron, así que serví copas para todos.

-Salud, por que todo salga como Susy quiere.- Dije. -Salud.- Contestó Carlos. -Sí, que salgan como yo quiero.- Dijo mi esposa en un tono pícaro y alegre. -¿Qué dijo Carlos de la otra propuesta que queremos?-Pregunté. -Le da pena contigo.- Susy me respondió. -Carlos, de verdad queremos los dos tener esta experiencia, la hemos pensado por mucho tiempo, estoy seguro que todos la vamos a disfrutar, no tengas temor.- Le dije mirándolo a los ojos.

-¿Qué se siente Susy bonita tener un hombre a cada lado? –le pregunté a Susy. -Muy bien, se siente una admirada y atractiva. – Me contestó. – También caliente.

Carlos sonreía pero no decía nada. Yo puse mi mano sobre la teta de mi mujer.

-Que rico se siente tu teta mujer, ¿sientes tú rico? -Muy rico, pero no lo hagas, pobre Carlos, no comas delante del hambriento. -Yo lo invito al banquete.- Dije mientras desabrochaba su blusa y dejaba al descubierto sus hermosos, grandes y bien redondeados senos, con mi boca empecé a lamer y chupar su teta, mi mano entre sus piernas buscaba su vagina que toqué sin dificultad porque no traía bragas, húmeda y suave, abrió más las piernas para facilitar el trabajo de mis dedos y puso su mano sobre mi verga que ya tenía una buena erección. Me di cuenta que no tan solo a mí me estaba agarrando la verga, su otra mano tenía bien agarrado el bulto que tenía Carlos entre las piernas y lo masajeaba con fuerza.

-Que rico me haces Miguel, me tienes bien mojadita. -Me parece que ya estabas mojadita desde hace rato. -Bueno si, ya me había calentado un poquito- Me dijo Susy suspirando. -No tengas miedo Carlos, anímate y disfruta el momento.- Le dije a Carlos. -¿No te molesta de veras Miguel?- Me preguntó. -No, lo voy a disfrutar mucho, aprovecha esta hermosa mujer caliente Carlos.- Le dije.- a mí me gusta verla caliente, infiel, teniendo orgasmo tras orgasmo -Bueno Miguel, ya que te gustaría ver como la complacen y a ella ser complacida, voy a aprovechar esta oportunidad para disfrutar esta hermosa hembra- me contestó Carlos.

-Susy, ¿Ya le enseñaste que bien mamas? pregunté. -Ya, y vieras que hermosa lanza tiene este hombre, está muy bien dotado, ¿quieres ver como se la mamo? -Sí, y también quiero ver cómo te la mete en tu agujerito. -Ya sabes que yo hago todo lo que me pidas, marido mío, déjame complacerte. Decía mientras sacaba la verga de Carlos de su pantalón.

Cuando la tuvo en su mano, la admiró y volteándome a ver con una sonrisa en su boca me preguntó: -¿Verdad que es hermosa? Grande y dura como roca, se siente como la sangre caliente la llena, sus venas son bonitas, su ancho es muy grande para mi agujerito, a ver como me va. Pero yo me la voy a comer, su cabeza coloradita me invita a chupar, ¡que verga tan hermosa!

Carlos tiene una verga más grande y más gorda que el promedio y que yo, como de 20 centímetros y muy ancha, la mano de Susy no alcanzaba a abarcarla por mucho para complacencia de ella, Susy se hincó entre las piernas de Carlos, se quitó su blusa y excitadísima empezó a mamar su verga. Ella se excita mucho mamando, puede tener varios orgasmos haciéndolo, quizás piensa que domina y tiene el control. Para mi es excitante verla tan caliente y contenta, Me ha contado que cuando joven y tomó en sus manos la verga de su novio, sintió un cambio en su sensualidad, desde entonces se volvió una mujer muy ardiente, muy sexual. Y que lo ha hecho con los hombres que le agradan, sean sus novios, patrones, subordinados, compañeros de trabajo, amigos o una conquista casual, pero esta era la primera vez que yo la veía haciéndolo.

Susy trataba de meter toda la verga en su boca, era un reto, con las dos manos la sujetaba y las movía de arriba abajo, también movía su cabeza y poco a poco fue logrando meterse la verga más y más. Carlos le acariciaba su cara y le sujetaba por los cabellos, por momentos cerraba los ojos y suspiraba, su respiración era muy agitada, con sus manos, acariciaba sus pechos sujetaba su nuca, la tomaba de sus orejas y le marcaba un ritmo lento al movimiento de la cabeza de mi mujer. Carlos me volteaba a ver ocasionalmente y yo le animaba con sonrisas de aprobación, yo ya me había sacado mi pene y me lo acariciaba al ritmo de la cabeza de Susy. Que excitante ver a mi esposa casi desnuda mamar con tanto ahínco la verga de otro hombre, verla tan excitada y tan contenta, llena de deseo y lujuria, satisfecha de lograr lo que quería; sexo diferente, variado, sin responsabilidades, solo por placer. No sentía celos ni nada que se le parezca, sentía orgullo de tener una mujer tan plena, tan mujer y además bella y conquistadora.

No pude resistir la situación, me acerqué a ella por atrás, yo también me hinqué, le levanté la minifalda y empecé a acariciar sus nalgas y sus senos, mis manos recorrían todo su cuerpo. Sabía que ella no podía moverse ya que estaba atada por la boca a una gran verga que no quería soltar y aproveché la situación para disfrutar su cuerpo; la nalgueaba a veces fuerte, otra quedito, acariciaba su clítoris, lo soltaba para introducir mi dedo en su agujerito, lo sacaba. Tomaba su teta y la acariciaba con fuerza, pellizcaba su pezón, volvía a nalguearla. Colocaba mi pene duro como roca entre sus nalgas, lo llevaba hasta su vagina, lo retiraba; lo frotaba a su culito y lo trataba de introducir, hacía lo mismo con su vagina, volvía a las nalgadas, a sus tetas y mi mente gritaba:

-Que hermosa putita, que dichoso poder disfrutar esto tan excitante, tan diferente, tan dominante. Sabía que ella ya había tenido varios orgasmos pues sus jugos llenaban mis manos, las llevé a mi boca para saborear el sabor del placer. Mi verga parecía a punto de explotar, hacía mucho tiempo que no sentía lo que ahora sentía.

Susy, mi amada esposa, separó su boca de la gran verga pero sin soltarla para decirme: Miguel, amor mío, me vas a vaciar, ya me vine tres veces, pero no te detengas, que placer, me siento putísima, rico, muy rico.

-Viciosa hermosa, ¿ya estás contenta, tienes lo que querías?- Pregunté. -Estoy contenta, pero quiero más, voy a acabar con estas vergas, los voy a exprimir a los dos, cabrones ricos.- Ella me contestó. – Quiero todo, quiero montarme en esta verga de caballo.

Susy se levantó y ayudó a que Carlos se desvistiera completamente, yo me desvestí también, le quité su falda tratando todo el tiempo de agarrar alguna parte de su cuerpo. Susy no soltaba a Carlos, lo tenía bien agarrado por su miembro. Volvió a sentar a Carlos en el sofá, así encuerados los tres nos mirábamos, disfrutando lo que veíamos, Susy parecía estar como drogada por sexo, su voz sonaba anhelante, su mirada como perdida, sus manos buscaban tocar y disfrutar toda la piel, la de ella, la de Carlos, la mía. Yo tenía que guardar estos momentos felices para siempre y me apresuré a mi estudio por la cámara para tomar fotografías, no me tardé más que unos momentos pues ya la tenía preparada.

En la sala, Susy no había perdido el tiempo, montada sobre Carlos de frente a él, metía su gran miembro en su coñito poco a poco, en pequeños empujes de su cuerpo hacia abajo, respiraba hondo y empujaba logrando introducirlo cada vez más, se levantaba un poco buscando el mejor acomodo para la verga y volvía a bajarlo de nuevo. El gran tamaño de la verga dificultaba el acoplamiento aunque los líquidos lubricantes de mi mujer son muy abundantes. Pero esto no parecía molestar a Susy, de hecho lo disfrutaba, en cada acometida lanzaba un gritito de satisfacción, gruñidos de deseo salían de su garganta, su mano sujetaba el pecho de Carlos apretándolo con la fuerza del deseo. Unos cuantos movimientos más y la verga estaba toda dentro.

Susy empezó una gran cabalgata sobre el pene de su amante, un galope desesperado en busca de placeres desconocidos, cerraba sus ojos por momentos porque sé que necesita retraerse a un mundo que no conozco, su cabeza también la echaba en momentos hacia atrás, su cabello y su cuello se veían hermosos, sus pechos cubiertos por las manos de Carlos, erguidos y duros me parecían los más bellos del mundo. Sus nalgas redondas y llenas se movían lentamente en movimientos ascendentes y descendentes llenando en cada uno de ellos su cuerpo del miembro de hombre. Las manos de ella apoyadas en el pecho de él a veces se movían de su boca a la boca del nuevo amante llenas de saliva, llevando más placer y más deseo con ello. Un beso ocasional con una lengua ansiosa, saliva que escurre de sus labios como substitutos de palabras.

Una escena mórbida, erótica, de placer prohibido, los instintos primarios siendo satisfechos en pecado. Yo estaba feliz, excitadísimo. Carlos no podía dejar de mirar a Susy, su mirada de su cara a sus pechos, de nuevo a su cara, como sorprendido por la fuerza de la sensualidad de mi mujer, la gran puta, la musa, la diosa, la mujer. Él jadeaba con fuerza, se notaba que quería dominar pero estaba siendo dominado, se contenía de un orgasmo para tener más y más de su placer.

Sus manos recorrían el cuerpo de ella sin saber donde detenerse, todo es bello, suave, cálido, duro. Formas redondas que alegran la vista, el tacto insatisfecho por no poder abarcar todo. Olores que nos hacen suspirar. Jadeos, suspiros y gritos de placer llenaban el espacio. Líquidos con sabores excitantes, diferentes, amargos y dulces que quería degustar. El aire, la luz estaban excitadas y vibraban.

Tomé fotografías de los amantes desde todos los ángulos posibles, mi corazón latía con fuerza, mi cabeza caliente, mi pene a punto de explotar, parecía que el deseo y placer que Susy sentía, físico y mental me lo comunicaba, yo no quería que lo que veía y sentía se acabara. Los gemidos, suspiros, jadeos llenaban el aire de la habitación convirtiéndola en un lugar de respeto; respeto por la mujer, por el hombre.

Ella como una diosa viva, llenaba el cuarto con su belleza, con sus deseos, con su placer. Todo esto lo conozco muy bien pues lo vivo con ella día a día, y sin embargo tenía una nueva dimensión, yo no era el que estaba debajo de ella y sin embargo lo disfrutaba, compartir a mi esposa me llenaba de orgullo de satisfacción, siempre había querido presumir a alguien lo que yo tenía cada día y cada noche, y no alcanzaban las palabras. Dicen que los esquimales ofrecen a sus visitantes lo mejor que tienen, y es su esposa, así me sentía yo, compartiendo con orgullo lo mejor que tengo.

No quería interrumpir a los amantes, ni romper el precioso momento así que solo me acerqué a ella y coloqué mi mano en su espalda acariciándola lentamente. Ella como bruja o como diosa me transmitió su lujuria haciéndola mía, mi pene vibraba, sentí sus orgasmos, sentí su feminidad dándose entera. Se detuvo abrió sus ojos y miró a su amante, me miró, empezó de nuevo sus movimientos ascendentes descendentes, tomó mi pene con su mano y lo llevó a su boca, me mamó suavemente al ritmo de sus embistes al miembro de Carlos.

Yo sabía que acababa de tener ella un orgasmo y empezaba de nuevo lentamente. Sus primeros orgasmos son rápidos, para llenar necesidades, los siguientes son más espaciados y son más largos, ella dice que son más satisfactorios, más conscientes. Mi mente trataba de guardar todo lo que sentía, era imposible; mi verga dominaba en sensaciones, a punto de explotar. Tomé con fuerza el cabello de Susy y lo eché hacia atrás, luego hacia delante para que se comiera toda mi verga, yo no iba a dejarme dominar por esta zorra viciosa. Con mi otra mano tomé mi cámara y fotografié todo lo que pude desde este ángulo difícil. No había tomado ninguna foto del pene de Carlos, así que me separé de ella y le ordené que se saliera de él, que se montara al revés, de espaldas a él.

Frente a ellos tomé las fotos de este difícil cambio; ella liberando el pene de Carlos escurriendo líquidos, girando su cuerpo, parándose en el sofá y bajando en cuclillas hacia la verga, tomándola con la mano para acomodársela de nuevo en su conchita. Con esta posición pude tomar las fotos del gran miembro de Carlos, unas fuera de ella y otras en que ella se lo traga completamente. Le pedí en un momento a Carlos que no agarrara las magnificas blancas tetas de Susy para que también salieran en las fotos. Estoy seguro que van a ser excelentes fotos; el magnífico cuerpo de Susy en todo su esplendor lleno de la verga de caballo del cabrón de Carlos. (Envidio el tamaño de su miembro).

Susy había tenido por lo menos un orgasmo más, se veía magnífica. No me pude resistir, acerqué mi boca a su clítoris y con mi lengua lo acaricié lo más fuerte y rápido que podía, mi mano en su pecho apretándolo fuertemente, pellizcando su pezón. Yo hincado entre las piernas de Carlos sentía su presencia muy fuerte, sobre todo la de su verga cerca de mi lengua. Entraba y salía su verga de la vagina de mi mujer tan cerca de mi cara. Mi lengua en varias ocasiones tocó su verga, extrañas sensaciones me llenaron, no eran desagradables, la pasión ganaba, la excitación crecía. El orgasmo de Susy fue muy fuerte, me sujetó del cabello con fuerza y me apretó hacia su panocha, jadeó, gritó mientras sus manos sujetaban mi cabeza y la restregaba en su vagina, mi boca estaba aprisionada entre sus labios y la verga de Carlos, yo mordía sus labios y mi lengua buscaba su vagina pero encontraban una verga que ocupaba el lugar deseado.

Me separé, Susy me abrazó y me besó en la boca mientras se recuperaba de su intenso orgasmo. Seguía montada en Carlos, se separó de él despacio y se sentó a su lado, le besó la boca y le dio las gracias por tan rica cogida. Por sus piernas escurrían sus jugos vaginales, se los empezó a limpiar pero yo la detuve, le dije que yo lo haría con mi lengua, y así lo hice. Mis labios y lengua recorrieron sus piernas disfrutando de sus líquidos que yo limpiaba con gusto, llegué a su vagina, le abrí más las piernas e introduje mi lengua en ella, que delicia de sabores y textura sentía en mi boca. Carlos mientras tanto acariciaba los pechos de mi esposa y la besaba en la boca, ella acariciaba el erecto pene y con la otra mano su pecho. Carlos había logrado sobrevivir los embates de Susy sin eyacular, su verga temblaba de deseo.

– Mi vida, Susy me dijo- Vas a hacer que me venga de nuevo, mejor déjame seguir mamando vergas, ven siéntate aquí, se las voy a mamar a los dos. Así sentados los dos en el sofá, Carlos y yo, Susy hincada frente a nosotros, nos mamaba alternadamente. Una mano en cada verga y su boca que no paraba de comernos, seguimos así por unos minutos disfrutando esas caricias hasta que ella volvió a tener otro orgasmo.

Nos pidió unos momentos de descanso y una bebida, yo fui por bebidas para los tres, en ningún momento perdí mi erección. Susy con su bebida en la mano no dejó de acariciar a Carlos ni por un momento, lo besaba en su boca, en sus tetillas, mordía su verga, disfrutaba su nuevo amante como un niño con juguete nuevo. El hacía lo mismo respondiendo con caricias por todo su cuerpo, mordiéndole las orejas besándole el cuello, le hizo un hermoso chupete en la parte superior del pecho derecho para que lo recordásemos.

-Quiero tenerlos a los dos dentro de mí. –Nos pidió-. Por favor, háganme el amor los dos al mismo tiempo. -Montate en él de frente.-Le dije.- Yo te la meto por atrás.

Susy acostó a Carlos en el sofá, se subió arriba de él y acomodándose la verga en su coño se fue sumiendo lentamente en él entre suspiros y jadeos. A Susy con los orgasmos se le inflama su vagina, así que, aunque tenga abundancia de fluidos la vagina esta más apretadita en las penetraciones siguientes, muy rico. Mientras ella se sumergía en él, yo tomé jalea lubricante que me puse en mi pene y en mis dedos. Como vi que le costaba trabajo introducirse el miembro de Carlos, la ayudé sujetándolo y aplicándole de la jalea a la verga con mi mano.

Que rico dolor.-Decía mi putita Susy.

Yo tome más jalea y de nuevo se la puse en la verga de Carlos, era la primera vez yo que tocaba un pene que no fuese el mío, quería estar consciente de lo que sentía; duro, caliente. Siempre había pensado que sería desagradable para mí tocar una verga, pero la calentura del momento y el deseo de complacer a mi mujer me hizo olvidar mis temores.

Cuando logró Susy introducir la verga dentro de ella, empezó sus movimientos de sube baja. Yo me acomodé atrás de ella viendo como sus redondas nalgas se movían, las nalguee con fuerza varias veces hasta que ella me pidió que no lo hiciera porque la iba a hacer venirse. Embarré su culito de jalea y coloqué la punta de mi verga en él, empecé a penetrarla con movimientos cortos, suavemente, adelante y atrás. Los quejidos de mi esposa no me detuvieron, antes me estimularon para seguir metiéndosela cada vez más profundo. Los quejidos fueron reemplazados por suspiros y gemidos de placer, yo firmemente agarrado a su cadera la alejaba para volverla a penetrar más profundamente.

Yo me sentía en otro mundo, sentía como su culito suavecito como seda, me apretaba con fuerza, sentía como el pene de Carlos se rozaba con el mío teniendo solo una delgada pared entre ellos. Susy gritaba de gusto: No se detengan cabrones, sigan así, que rico se siente papacitos me tienen en el paraíso .Habíamos logrado un acoplamiento y un ritmo que nos tenía al borde del orgasmo, al cual yo todavía no quería llegar.

-Aguanta Carlos, no llegues todavía.- Le dije. -Voy a aguantar lo más que pueda, estoy disfrutando como nunca lo había hecho.- Me contestó.-

Sentí como Susy llegaba al orgasmo, me costó mucho trabajo no venirme con ella, pero la recompensa sería mayor mientras más me aguantara. -Que delicia, dos vergas en mi cuerpo, que rico, esto es el paraíso.- Nos decía Susy.- Nací para esto, ah, no se detengan sigan así. Sin dejar de embestirla, la nalgueaba, sé que le gusta mucho. Busqué sus tetas pero las manos de Carlos estaban ahí, mi mano encontró su clítoris, mi brazo entre dos cuerpos aprisionado entre acometidas. Yo acariciaba su clítoris con fuerza, mis dedos sentían el miembro del amante de mi esposa, y su clítoris, que durito, también ansiaba mis caricias. Susy tuvo otro largo orgasmo y entre jadeos y suspiros, sin dejar de moverse le dijo a Carlos:

-Que rico cabrón, gracias por hacer realidad nuestra fantasía, dos vergotas en mis agujeritos, que delicia, solo me falta una en la boca para llenar todos. ¿No tienes un amigo que quiera venir contigo la próxima vez que me cojan? Carlos se rió de la pregunta de Susy. Sí preciosa,-Le contestó.- Tengo varios amigos que estoy seguro van a querer venir conmigo, todas las veces que hagamos el amor. El próximo viernes tengo una reunión con dos amigos y quiero que vayan conmigo, con ustedes será una gran fiesta.

Yo seguía con mis movimientos de entra-sale, mi orgasmo era inminente, no podía contenerlo más, se lo dije a Susy. Vénganse dentro de mí, llénenme con sus jugos, amores míos.- Nos dijo Susy -. No se detengan. Aceleré mi ritmo, también aceleré las caricias en el clítoris de Susy, sentí en mi pene como ella llegó a un nuevo orgasmo, sus pulsaciones lo apretaban deliciosamente. El miembro de Carlos creció con su orgasmo apretándose al mío. No pude más y mi orgasmo llegó en oleadas de placer que parecía no se iban terminar, sin bajar mi ritmo no dejé de moverme hasta que ellos dos, desfallecidos, fundidos en un abrazo dejaron de moverse. Me derrumbé sobre ella con mi verga aún dentro de ella.

Permanecimos así abrazados por un largo tiempo, sintiendo como las punzadas de nuestros miembros nos recordaban el placer que acabábamos de tener. Nos separamos con cuidado, volví a limpiar su vagina con mis labios y lengua, en esta ocasión los jugos de Carlos llenaron mi boca, los tragué saboreando cada gota. Susy me miraba con cariño y una sonrisa llegó a su boca cuando me dijo, – Amor, agrádesele a Carlos el favor que nos hizo. Lo dijo mientras sostenía la verga de Carlos que aunque ya no tenía toda su erección, se veía aún imponente. -Lo que tú digas mi amor.- Contesté.

Sin pensarlo tomé la verga de Carlos y la limpié con mi lengua, le daba besos en toda su longitud, en su cabeza, la empecé a acariciar como a mi me gusta acariciarme y me la metí en la boca parte de ella. Sentí como volvió a crecer, yo me esforzaba por no lastimarlo con mis dientes que cubría con mis labios, como Susy me decía que debe hacerse. Estaba concentrado en mi tarea cuando sentí los flashes de la cámara de fotos, levanté la cabeza y le sonreí a la cámara enseñándole el trofeo que tenía en la mano. Susy estaba radiante, Carlos, como yo, alegre. Susy me apartó de Carlos y quiso terminar ella lo que me había pedido que yo empezara. Yo me encargué de las fotos que vamos a disfrutar mucho en nuestro álbum familiar. No le llevó a Susy mucho tiempo lograr el orgasmo de Carlos, el semen llenó la boca de Susy el cual compartió conmigo en un beso.

Nos vestimos entre bromas y risas, bebimos de nuestras copas y estuvimos charlando, nos platicó Carlos de sus cosas, de su familia, de su esposa y de sus amigos. Al despedirnos nos dimos un fuerte abrazo y me dijo;

– Eres un hombre muy afortunado por haber encontrado una mujer como tú querías. De Susy se despidió con un abrazo largo y cachondo, lleno de caricias y besos. Nos hizo prometerle que iríamos a su reunión del viernes. Lo acompañé a la puerta y cuando regresé a la sala me encontré a Susy desnuda en el sofá con los brazos y piernas abiertas invitándome a poseerla. Mi vida, quiero que tú, Carlos y sus amigos, el viernes en la reunión me hagan todo lo que voy a decirte.

Si mi vida, lo que tú digas.

Autor: Miguel C.

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Escrito por Marqueze

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