El ardor del guerrero

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Sus labios hurgaban mi cuerpo y lo llenaba de besos, cuando llegó a mis testículos también los besó. Introdujo mi pene en sus labios y saboreó un momento. Me conmoví cuando sus carnosos labios lamían mis tetillas. Mis labios se encontraron con los suyos. Una pasión descontrolada que ya nadie podía detener. Me dolían los labios y él pasaba su lengua en los suyos para refrescarlos.

 

Rafael, el gendarme, cenaba en mi casa. Mi madre había cuidado los detalles de la cena. Mi padre conversaba con él. Desde que el militar me dijo, que papá había sido “el amor de su vida”, los observaba de manera diferente. Conversaban de experiencias juveniles. Recordaban amigos comunes. En un momento vi como Rafael detenía su mirada largamente en los ojos de mi padre. Papá lo miró al descuido, detuvo sus ojos en los de su amigo y  bajó discretamente la mirada. Seguía “huyendo”. Huiría hasta la muerte. El gendarme vivió sufriendo ese amor no correspondido. Mamá trajo el postre.

Rafael tenía una remera color rojo sangre que hacía juego con sus cabellos negros y canosos. El lunar de su mejilla, tan oportunamente localizado, fortalecía la sensualidad de sus labios carnosos. La remerita entallada, marcaba sus pechos viriles y  terminaba dentro de su pantalón crema. El cinto marrón ajustaba esa cintura trabajada, pronunciando sus nalgas y piernas de soldado. El visitante se dio cuenta de que los observaba y me hizo un guiñe de ojo. Luego vino el café y después la despedida.

Rafael me dijo: “Emmanuel ¿me llevas a casa?”. Mi madre me alcanzó las llaves de su auto. El invitado se despidió de los míos con un beso en la mejilla, y cruzando su grueso brazo en mis hombros me acompañó abrazado hasta el garaje. Llegamos a su casa. Mi intención fue regresar de manera inmediata, pero él me dijo: “espera, tengo algo que quiero regalarte. Te suplico que te quedes un rato”. Sabía que no debía quedarme. El perfume que utilizaba surtía efecto seductor. Dudé. Ingresé.

Una vez dentro de la casa dijo: “Lo que voy a darte está lleno de significación y de historia. Hace un mes que decidí hacerte este regalo”. Entró a su habitación. La fragancia del ambiente. La hermosura de su presencia. La manera de vestirse. Todo me decía que debía huir como mi padre, pero allí me quedé esperándole. Apareció con algo que tenía apretado en una de sus manos. Me dijo: “Hace 25 años, el día que iba a confesarle mi amor a tu papá, llevaba este regalo para él. Pero ese día él se marchó abruptamente. Después se puso de novio con tu madre. Fue tarde para darle este regalo.

¡Te pareces tanto a tu padre!, pero no eres él. Sos vos. Sos Emmanuel. No obro recordando al padre sino expresando el deseo y el amor al hijo. Todos los días recuerdo nuestra única relación sexual. Soñé con tus curvas. Admiré tu osadía y coraje. Besé en  sueños tu sonrisa. Emma eres hermoso” Abrió la mano y en su palma estaba una cadena y una cruz. Ambas de oro. Mientras sostenía con una mano la cadena, con la otra me desabrochaba la camisa. Me despojó de ella. La excitación crecía y el recuerdo de Uriel, mi novio, me atormentaba. Estaba ganado por el fuego del momento. Rafael tomó la cadena por sus puntas y la colocó en mi cuello. La cruz colgó en medio de mi pecho.

Solo ella cubría mi torso desnudo. Me tomó de los hombres. Sus labios carnosos besaron los míos. Mis brazos caídos tendían a un abrazo resistido. Rafael me miró largamente a los ojos y lleno de amor se atrevió a un largo beso que disfruté en silencio. Dio dos pasos hacia atrás y dijo: “luce hermoso mi regalo en vos. Quítate el pantalón. Quédate desnudo. Conserva tan solo la cadenita.” Miré su bragueta y un bulto indisimulado había crecido por la circunstancia. Obedecí. En un instante mi pantalón, mi slip y mi camisa estaban desparramados por el piso. Me observó y ordenó: “quítate las medias también”. Me las quité y mis pies quedaron descalzos.

Estaba desnudo antes sus ojos curiosos. Su mirada me recorría de arriba abajo. Me observaba el rostro, la crucecita en mi pecho, mi vientre, mis piernas y mis pies. Me dijo: “gira quiero ver tu culo, tu cintura y tu espalda”. Lo hice una vez, dos, tres. Rafael me tomó de la mano, con su pie empujó la puerta semi abierta de su habitación. El guerrero estaba preparado para la guerra y yo para descanso del guerrero. Cerré mis ojos y por dentro, en silencio gritaba: “¡No!…debo resistir, debo huir”, pero cuando los abrí me encontré con el escultural cuerpo del soldado desnudo. Estaba de pie.

Tenía sus brazos en la nuca y estiraba el cuerpo para atrás. Sus pectorales se ampliaron y los abundantes pelos de su pecho anticipaban la lujuria que se avecinaba. El estirón que dio marcaba la musculatura de su vientre y de sus muslos, y su pene parado apuntaba arriba, se veía vigoroso con sus venas hinchadas. Su glande todo descubierto por semejante erección, terminaba prácticamente en el ombligo. Sus testículos colgaban rodeado de una melena de león.

El gendarme excitado se arrodilló sobre mis pies y comenzó a morder los dedos del mismo. Mordía y lamía. Se notaba que eso lo excitaba. Mordió levemente mis tobillos. Me estremecía todo por las caricias recibidas. Sus labios hurgaban mi cuerpo y lo llenaba de besos. Mordió mi rodilla y cuando llegó a mis testículos también los besó. Introdujo mi pene en sus labios y saboreó un momento. Me conmoví cuando sus carnosos labios rozaban mi vientre y lamían mis tetillas. Mis labios se encontraron con los suyos. Mi lengua se arrimó a la suya. Una pasión descontrolada que ya nadie podía detener. Me dolían los labios y él pasaba su lengua en los suyos para refrescarlos.

Me obligó a sentarme sobre el respaldar de la cama y él se arrodilló de frente. Miró al techo mientras con sus manos presionaba levemente mi nuca. Su pija se introdujo en mi boca y comenzó a follarme por allí. Con mis manos acariciaba sus generosas nalgas y mis narices se hundían en los pelos de sus genitales. Lamí su glande aprisionando su tronco con mis labios y con movimiento de cabeza, su verga entraba y se perdía. Luego lo empujé hacia un costado y sin sacar su pene de mi boca, me coloqué en posición 69. Rafael decidió ordeñarme también.

Cuando presentí que llegaba al orgasmo, me coloqué detrás de él, en su espalda. Metí mis dedos en su culo y mientras él gemía le dilataba el orificio. Con la mano orienté mi falo. Mi glande ingresó y detrás de el, ansioso penetré mi tronco. Las musculosas nalgas del gendarme se contrajeron y apretaron instintivamente mi pija. Froté, y a los segundos me corría en su interior.

Rafael estaba enloquecido. Caliente. Levantó mi cuerpo y me puso boca abajo. Mi culo quedó totalmente para arriba. Agitado me decía: “Tu culo…es hermoso. Así me gusta, redondo y algo lampiño…pendejo, me enloquece tu trasero”. Chupaba mis glúteos. La piel se me erizaba y cada chupón, me enrojecía las nalgas. Me arrancaba pequeños gritos. Las cachas me ardían. El milico se trepó arriba mío y con su mano fue orientando su verga en mi esfínter. Recordaba el grosor de su miembro y entonces con mis manos abrí mis nalgas para facilitarle le tarea y él con un empujón depositó su glande en mi culo. Como siempre grité.

A pesar que soy nalgón y tengo sexo frecuentemente con mi novio, mi esfínter es estrecho y siempre el ingreso de un pene me causa dolor. Es hasta que se acomode la pija en mi interior. La cabezota del genital de Rafael, se acomodó y empujó con fuerzas otra vez. El ingreso del tronco tuvo música de fondo: el tremendo alarido que pegué. El soldado no se detuvo sino, hasta que ya no podía ingresar ni un milímetro más. Su enorme pija estaba toda dentro de mi culo. Esa noche hacía calor y sumado a la temperatura del apareamiento,  transpirábamos hasta humedecer nuestros cabellos.

El palo duro del gendarme estaba totalmente enterrado. Lo mantuvo firme y quieto, mientras besaba mi cuello y me mordía las orejas. Gocé al ser consciente como me tenía atrapado un macho como ese. Me rodeó totalmente con sus brazos. Aferró la cadenita con su mano y comenzó a bombear. Rafael es un maestro del placer. Tiene habilidad admirable para ponerla y sacarla sin dolor. Otorgando deleite. Inmovilizado por sus gruesos brazos que me sujetaban y sin otro recurso que el movimiento de caderas, lograba que el tronco de su pene saliera hasta donde comienza la cabeza de la verga y sin que el glande surgiera a la superficie, se enterraba tocando mis entrañas.

Mi esfínter era una argolla taladrada. Sus huevos chocaban con los míos. Agitado exclamó: “¡cuánto gozo!”. Me di cuenta que había llegado al orgasmo. Su pija enchufada en mi orificio palpitó expulsando mucho líquido caliente. Sin sacar su pija de mi culo me confesó algo inesperado:

“Emma te extraño cuando no estás. Te deseo cuando te veo. Hasta siento celos de tu novio a pesar que llegué después que él. Me estoy enamorando. En los últimos días te soñé. Es posible que sea incorrecta la propuesta, pero debo decírtela porque no estás comprometido definitivamente con Uriel. Estoy decidido a afrontar esta situación con tus padres. Quiero tener una pareja antes de ponerme viejo”. Lo escuché sorprendido. Continuó: “Si vos querés hablo con Uriel y si te decides a vivir conmigo y te molesta el entorno, pido el traslado a otra ciudad y nos vamos a vivir allí…eso es totalmente posible”. Quise contestar, pero me interrumpió: “¡no!…no respondas ahora”

Sacó su pija de mi culo, me besó cálidamente en el cuello, me dio vuelta, y sus labios cerrados acariciaron los míos. Luego me dijo: “Regresa a tu casa antes que tu madre se preocupe…y piensa lo que acabo de proponerte”. Quedamos en silencio. Fui a ponerme la ropa y desde la puerta del dormitorio le dije: “hasta mañana”, me dirigí a la salida. Él se quedó en cama con la luz del velador encendido.

Esa mañana 44, mi  ex pareja y contador de mi padre vino a nuestra empresa. Papá no estaba. Se puso a conversar conmigo. Sus cabellos castaños despeinados como siempre. Alto, delgado y atlético. Sus dientes perfectos sintonizaban con su sonrisa espontánea y permanente. Sus ojos verdes me miraban con bondad y cariño. Su bronceado natural exaltaba su belleza. 44 estuvo casi dos meses furioso conmigo debido a que me encontró desnudo y en la cama con su hijo menor llamado Uriel. Llegó a golpearme y humillarme. Su actitud en lugar de someterme, me decidió a independizarme de él. Sirvió para que toda su familia se entere de mi noviazgo con Uriel.

Salomé su esposa y Nicolás, su otro hijo, aceptaron lo nuestro, pero 44 desató una tormenta de ira. Dijo cosas que me hubiese gustado no escucharla nunca de sus labios. Llegamos a trompearnos. Hace algunos días nos pedimos mutuamente perdón. Lloramos como niños. Comprendimos que más allá de la decepción habían actuado los celos. Convenimos olvidarnos del otro y resistir nuestro afecto. No dañar a Uriel. Pero, como dice el refrán: “donde hubo fuego cenizas quedan”,  cada vez que lo veo, el volcán que durante tres años enteros eructó lavas de amor quiere eclosionar. La figura de 44 se impone en belleza física a cualquier competencia y su personalidad seduce.

Nuestra conversación era serena. 44 me decía: “¿Cómo andan las cosas con Uriel?…él  no me cuenta nada, aunque habla mucho con Salomé”, le respondí: “Uriel es bella persona”. Su papá dijo: “eso lo se…pero me preocupa mucho que hayan intimado tanto con ese gendarme. Es un hombre mayor que ustedes. Tiene otras experiencias”. Le dije: “sería bueno, que vengas a cenar a casa de Rafael con nosotros” Me dijo: “No voy ni loco a la casa de ese milico. Veo que se lleva bien con los jóvenes. Es sospechoso. Me irrita. No iría allí”. Sonreímos. Tenía ganas de comerlo a besos.

Le dije: “lo que te perdés”, se puso serio y preguntó: “¿Qué me pierdo?”  Sonreí de nuevo y dije: “tan solo una buena tarde de amigos…no pudiste ocultar tus celos… ¿sentís celos por Uriel o por mi?…” Me miró sereno, fijamente a los ojos. Me tomó las manos y mirándome dijo: “siento preocupación por Uriel. Ese tipo es grande para ustedes. No confío. El gendarme tiene experiencia y puede confundir a Uriel. Él lo admira…y además, siento unos celos enormes por vos. Decir que dejé de amarte es mentir. Emma te amo pero nunca sacrificando a mi hijo. Ayúdame a olvidarte. Si hoy pudiera tenerte como ayer, cerraría los ojos y te tendría.

Te amo tanto como  a mi mujer. Emma, sé que frecuentan la casa de Rafael. Inclusive estoy enterado que se quedan a dormir allí. Por el amor que nos hemos tenido. Por tantas confidencias compartidas. Por mi Uriel: pongan distancia del milico. No vayan más a su casa. Tómalo como una súplica. Ante vos no tengo ninguna clase de pudor”. 44 pasó la mano despeinando mi cabeza. Nos despedimos. Nuestros labios se acercaron instintivamente el uno al otro para sellar el saludo con un beso en la boca. Ambos detuvimos nuestros rostros a un milímetro de distancia y nos besamos en la mejilla.

La noche estaba espléndida. Uriel y yo íbamos en la moto a casa de Rafael. El viento nos acariciaba los cabellos. Cuando llegamos, el militar tenía preparado algunos sándwich y una película para amenizar la jornada. La cerveza apaciguaba el calor. El video que veíamos era algo erótico. A mitad de película los tres con disimulo nos frotábamos el bulto. El filme nos había calentado. Rafael me hacía insinuaciones con la mirada. En distintas oportunidades me había tocado el culo sin que se diera cuenta Uriel. También noté como había palmeado las nalgas de mi novio. Nos reíamos de las ocurrencias que decíamos.

A las 1 a.m. Uriel y yo nos fuimos a acostar. La película había preparado el ambiente para que mi chiquillo y yo disfrutáramos una intensa escena sexual. Jugábamos a la luchita mientras uno iba sacando la ropa al otro hasta quedar en pelotas. El frotamiento de nuestros cuerpos logró la erección de nuestros penes. Comenzamos a besarnos fogosamente. Uriel me decía: “Emma, no me canso de desearte y amarte. ¿Me deseas y  amas?”. Agitado por la excitación le respondí: “claro que te amo pendejo…”. El hijo menor de 44 es alto como su padre y bronceado como él.

Esa noche su cuerpo atlético expresaban toda su juventud. Sus músculos bien pronunciados. Su larga cabellera de un rubio dorado brillaba por la tenue luz del velador. Sus ojos verdes lo asemejaban a un felino. Sus piernas gruesas, su fina cintura, el pene del mismo tamaño que el de su padre y su culito adolescente de nalgas redondas y paradas, lo convertían en el sabroso festín para un hombre insaciable. El muchacho está en plena primavera. No solo es hermoso como un dios griego, sino además, es idealista y vive con sinceridad un conjunto de valores.

Estábamos entregados al placer, cuando la puerta se abrió. Los dos miramos hacia ella. No podía creer lo que veía: Rafael completamente desnudo se dirigía hacia nosotros. Dijo: “¿puedo?”. Su intención era gozar de un trío. Mi novio y yo nos miramos. Uriel reaccionó e interrogó: “¿Qué estás haciendo?”, el militar dijo: “¿puedo acostarme con ustedes? ¿Puedo participar?”. El hijo de 44 se puso de pie, lo miró furioso y luego me dijo: “Emmanuel nos vamos de aquí. Vístete”. Mientras se vestía yo permanecía inactivo. Entonces Uriel me dijo: “¿qué esperas para vestirte? ¡Nos vamos inmediatamente de esta casa!” Rafael me miraba sorprendido. Yo no reaccionaba.

Estimados lectores, esta situación la viví hace muchos días. Hoy vivo la opción que hice. No debo esconder nada. Ya no necesito contar una vida secreta en Internet. Por eso el próximo relato que escriba es el último. Una historia que comparto desde hace mas de un año y medio. Solo deseo ser feliz. Si soy fiel a la opción que hice: mi felicidad está garantizada.

Hasta pronto.

Autor: Emmanuel

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Escrito por Marqueze

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8 Comentarios

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  1. Emma ha jugado con mucha gente, debido a su incapacidad a resistirse a la arrechura. Todos hemos pecado de eso, pero Emma ya se pasó de la raya jajaja.

    ¡Lo que logra es una historia imperdible! Exelente serial, qué pena, realmente, que se termine. :(

  2. ¡Me encantó tu relato Sebas! Lo único que quiero amigo es que seas feliz así que no importa la decisión que tomes. Yo en tu lugar elegiría a Uriel, pero bueno es tu decisión y la respeto jejeje. Espero saber cual es en el próximo relato.
    Un abrazo Sebas. Fernando, de Paraguay.

  3. mis ganas de saguir leyendo tu historia se incrementaron cuando dijiste que esta seria una de las ultimas… me gusta lo que escribis, siempre voy a estar esperando un relato mas tuyo. abrazos. tu semental

  4. Sigo midiendo las probabilidades pero tus relatos son impredecibles. 44 es seductor, pero solo para conformarse con ser amante para…años. Rafael es un machazo y sin compromisos, a lo mejor ya te transformaste en su pareja. Pero si uno podría elegir en lugar tuyo, yo elijo a Uriel. Además de hermoso es buena persona ¿Te parece poco?. “Dios da pan al que no tiene diente”. Como los otros, también quiero seguir leyéndote,

  5. Lastima ke tus relatos se akaban pero bueno es tu historia. Yo también me pondria triste por Uriel, ke lo puedes lastimar kreo ke el no se lo merece porke se jugo kon vos y se enfrento a su familia y terminar destrozado no seria muy bueno, le terminarias dando la razon a 44. por lo tanto 44 no sakrifikara su amor y su familia por vos, komo lo haria Rafael. Pero está primero tu amor, por el kual te tienes ke jugar por kompleto y kon el korazón. Espero ke elijas bien y ke seas felíz. Tambien me gustaria seguir leyéndote. Abrazos desde Argentina.

  6. Debo felicitarte pues tus relatos me han cautivado, los he leido todos desde el comienzo de tu relacion con 44. Con cada nueva entrega tuya sorprendes por el rumbo que tomaron las cosas y las decisiones que tomaste, impredecibles y por ende lograste captar mi atencion al punto de acceder a esta pagina solo para ver si hay algo nuevo tuyo. Desde ya te agardezco por compartir tu historia con nosotros y sea cual sea tu decision espero que seas muy feliz y no pares de escribir. Un beso.

  7. Este relato me puso triste por varios motivos. Me pone triste porque ya se acaba tu historia. También me pone triste por Uriel, que puede quedar destrozado y es muy bueno. Tríste porque posiblemente 44 sacrifica en vano su amor. Pero está tu felicidad, que es un derecho que tienes. Espero que hayas elegido bien y que seas felíz. Espero seguir leyéndote. Abrazos.

  8. QUE BUENO QUE YA TE HAYAS DECIDIDO POR LA PERSONA QUE AMAS Y QUE HAYAS ENCONTRADO LA FELICIDAD ESPERARE EL SIGUIENTE RELATO PARA SABER CUAL FUE TU DECISIÓN. ABRAZOS

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