EL AUTO NUEVO DE FELIPE.

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ZENI

Felipe me llamó por teléfono y me dijo que quería mostrarme el coche nuevo que recién le habían entregado. Para mí fue toda una sorpresa, no el auto, sino su llamada telefónica. Hacía mas de cinco años que no veía a Felipe. Habíamos salido una vez a cenar y al poco tiempo él se había casado y no lo había vuelto a ver. Estuve a punto de decirle que no viniera, pero la verdad era que de algún modo yo quería ser invitada.

Cuando terminé mi jornada agobiadora, bajé desde mi oficina y allí estaba el flamante coche nuevo de mi amigo Felipe. Un hombre maduro, moreno y algo simpático. Felipe, sin perder tiempo al parecer, encaminó el coche hacia un lugar que yo conocía y allí pedimos unos tragos traídos al auto. Bebimos y conversamos trivialidades y al correr del trago el hombre demostró claramente sus intenciones tratando de acariciarme las tetas. Yo hice como que me resistía pero la verdad es que la sensación me gustó. Luego de unos cortos flirteos, como hacen los boxeadores para conocerse, el hombre pasó francamente al ataque, se apoderó de mis tetas enormes, morenas y duras y como no encontrara resistencia alguna, se aventuró bajo mi falda pudiendo cerciorarse que mi sexo estaba respondiendo a sus insinuaciones. En realidad me había mojado definitivamente y ahora él me besaba con locura. Entonces me dijo que me pusiera en cuatro ahí mismo dentro del auto. Yo le obedecí sin chistar y oí que me decía.

– Hacía tiempo que te tenia ganas… Yegua negra.

A mí me parecieron vulgares esas palabras, pero sucedió que en ese preciso momento sentí que la cabeza de su miembro me abría como un cañón y fue tal el placer de sentirme penetrada en forma tan portentosa que me acomodé para disfrutarlo y me escuche decirle.

– Disfruta tu yegua… párteme si quieres.

Al escuchar estas inesperadas palabras de parte mía, Felipe se enardeció, me alzó por la cintura y encontrando el ángulo perfecto, sin medir ningún tipo de consecuencias, me lo ha mandado de un tiempo hasta mis orígenes. Sentí como golpeó su cabeza poderosa a la entrada de mis entrañas y eso al parecer despertó en mi ansias desmedidas, de modo que comencé a moverme para disfrutar ese tronco encendido que parecía querer destruirme.

Entonces Felipe comenzó a decirme cosas que al parecer se tenia guardadas desde hacia cinco años.

– Disfruta este tronco, yegua promiscua. Te lo tenia guardado desde hacia tiempo –

Al decir esto me penetraba con violencia, pero mi tubo lubricado al infinito por mi deseo, resistía las embestidas con placer. Él continuaba.

– Me tenia enardecido esa manera de ser tuya… haciéndote la mujer inalcanzable, la mujer correcta… la mujer sensible y cuidadosa sabiendo yo lo puta que eres…

Al escucharle la palabra puta, me sentí como si una ola de calentura adicional me invadiera, quizás porque en el fondo Felipe tenia razón, yo aparentaba ser una mujer tranquila y correcta pero sabia que en mi interior había una puta que ahora se liberaba y entonces se lo dije.

– Si… soy una puta, una puta que se ha guardado para ti. Y si no lo era quiero serlo ahora, quiero que esta noche me conviertas en eso… Dame con todo papito –

Ahora era yo la que ya casi enloquecida movía todo mi cuerpo tratando de juntarme mas con él para poder disfrutar al máximo ese momento de calentura infernal.

No hacia ni 40 minutos que estaba yo correctamente sentada y vestida en el escritorio de mi oficina, como una respetable intelectual, considerada y admirada y ahora estaba aquí en ese auto , casi completamente en pelotas , tirando como una verdadera perdida, con un hombre que hacia cinco años no veía , que era casado y que me trataba como una yegua. Sin embargo había algo que no podía negar. Estaba disfrutando ese momento como nunca había disfrutado nada.

La palabra Papito pareció enardecerlo mas, seguramente agregó un toque incestuoso y perverso en su mente y comenzó a poseerme aun con mas ganas, penetrándome con mas violencia mientras me tenia agarrada de las tetas cuyos pezones me estiraba ocasionándome un placer dol

oroso y cautivante.

– Ábrete, putita. Siéntete por fin como eres… así como yo solo te conozco… deja esas mascaras tuyas para los que te rodean y disfruta conmigo este rincón de la noche en que eres la mas puta y la más yegua. ¿ acaso no quisiste siempre liberar esta parte de ti ¿

Felipe estaba diciendo la verdad. Yo no sabia como lo había descubierto y no me importaba para nada, solo sabia que él decía la verdad y calentarse con la verdad es lo más delicioso que hay. Mis orgasmos se repetían a lo largo de mi tubo caliente que chorreaba mis líquidos en toda su extensión y a ese ritmo me pareció sentir como su miembro crecía en cada latido y entonces repentinamente me lo sacó. Sentí como mi tubo ahora vacío juntaba sus paredes latiendo como un corazón promiscuo y aprecié como Felipe deslizaba su fierro mojado entre mis nalgas y presentí lo que venia y aunque mi mente vaciló un momento, mi cuerpo no se movió, o cuando quiso hacerlo ya era demasiado tarde. Mi grito no hizo sino calentarlo más. Lo escuché decir en mi oído con su aliento caliente.

– Ahí te va mamita-… así es como siempre quise dártelo. Así como lo has estado deseando siempre en cada momento en que te acordabas de mí… Así querías sentirte, clavada por el culo hasta el fondo de tu fondo.

El dolor había dado paso en mi al placer más salvaje y brutal que habría podido imaginar. Nunca había concebido que pudiese ser penetrada así desencadenando orgasmos tan violentos y profundos y comencé a animarlo con mis palabras.

– Dámelo potro querido… dámelo profundo, dámelo grueso, dámelo caliente, así… así.. . – mientras me retorcía de placer.

Había perdido la noción del tiempo y me sentía únicamente un delicioso instrumento en su poder. Salía, se separaba un espacio y luego se abalanzaba sobre mis nalgas penetrándome limpiamente por mi ojo ya prodigiosamente dilatado. Me sentía placenteramente abierta para él y anhelaba sentirlo acabar pues yo lo había hecho repetidas veces.

– Dame tu leche, macho mío… lléname de tu marca, de tu señal, inúndame con tu chorro candente, mátame con tu veneno caliente – Así le decía

Entonces fue sacando su fierro lentamente desde mis profundidades traseras. Lo sentí salir centímetro a centímetro y percibí como yo lo iba mordiendo marcando rítmicamente su longitud hasta que salió completamente.

Felipe avanzó sobre mí con sus piernas separadas y cuando vi ese miembro maravilloso brillando y latiente, abrí mi boca para recibirlo. Era formidable.

Lo besé casi agradecida, empapado de mis jugos, penetrado de mi olor chupe su cabeza con deleite y cuando llenaba mi boca entera lo sentí descargarse. Primero su leche caliente, espesa, de macho maduro llenó mi boca que ya no decía palabra y cuando me sentí llena comencé a tragar dejándola deslizar por mi garganta y sentía su río viscoso, infernal, e intimo.

Y ahora ninguno de los hablaba. Yo no podía porque estaba mamando en la gloria y el no hablaba porque estaba estremecido por el orgasmo más formidable en medio del cual su serpiente quería escapar de la jaula de mi boca, pero yo no se lo permití hasta que la ultima gota salió desde su interior bajo mis succiones desesperadas hasta dejarlo vacío.

Después todo fue silencio. Solo recuerdo el motor del auto en la puerta de mi casa. Era un hermoso auto nuevo, mas no se ni la marca ni el modelo.

Una hora después, bajo la ducha caliente, trataba de arrancarme de la piel toda la promiscuidad que había vivido, para volver a ser la de antes., la de siempre .Pero yo sabia que era imposible

Lo yegua puta la llevo en el alma.

Eso lo supe siempre.

Felipe lo supo esa noche.

Uds. lo saben ahora

ZENI

tetma100 (arroba) yahoo.com

Autor: ZENI

tetma100 ( arroba ) yahoo.com

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Escrito por Marqueze

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