El colgante del lobo (VII)

Solo hay que mezclar lobo, un sofa cama y muchas muchas ganas de follar

-Mmhh… no apartes la mano… Si no quieres no la muevas, pero por favor, no apartes la mano… Yo estaba colorada como un tomate, y no podía dejar de reír. Lobo y yo estábamos en el sofá-cama de la terraza, él llevaba unos bermudas de colores, y yo un camisón corto. A pesar de ser invierno, se nos había antojado dormir en la terraza, cosa que yo suelo hacer en verano, cuando en el dormitorio uno se derrite. La terraza está aislada, entre eso, las mantas, y la temperatura corporal, que iba en aumento, se estaba muy bien allí. – Por favor, Lobo,… que con la luz nos pueden ver… – Si son más de las once… ¿quién nos va a ver?… no, no seas mala, no retires la mano… y además, el que nos vea, que rabie.

Mientras estábamos allí, tapados hasta el cuello, Lobo me había cogido una mano y la había llevado a su entrepierna, para que viese que el frío no le afectaba en lo más mínimo. La suave tela de los bermudas no oprimía en absoluto su gran arma, y podía apreciar su descomunal erección. Lobo dio un escalofrío de placer, sintiendo mi mano tocar su polla, pero sin acariciarla ni moverla, sólo el calor de mi mano sobre su ya caliente verga. El tacto de aquél cañón me estaba poniendo también muy caliente, y si a ello añadimos que Lobo había empezado a acariciar mis muslos, tratando de abrirlos, acercándose peligrosamente a mi coñito,… Muy pronto a mí también me iba a importar un pimiento que nos viesen o no.

– Eres muy malo, Lobo… – susurré, acercándome más a él, y mirándole a la cara, dejando mi boca perfectamente al alcance de la suya – Me pones muy caliente para que no me pueda defender…

– Claro. ¿Y quién se ha puesto un camisón que casi no la cubre el culito, y sin bragas debajo, eh, quién? Tú eres peor que yo, porque vas pidiéndome guerra, y todavía te asombras cuando te la doy… ¿quién está metiendo la mano ahora por debajo de mi ropa, y me está acariciando… mmhh.. tan suave,… ¡mmhh!.. justo por donde más me gusta? Me reí, mientras Lobo apretaba la parte interior de mis muslos, y comenzó a acariciar mi sexo, frotando con los dedos los labios mayores, a la búsqueda de mi incipiente humedad, que encontró muy pronto, la esparció con sus dedos por mi intimidad, llenándome de caricias que me hacían cerrar los ojos de placer, y empezó a abrirse camino con uno de sus dedos en mi cálido coñito, mientras mi mano se paseaba arriba y abajo por su magnífica polla, deteniéndome justo en la punta, disfrutando con perversa satisfacción de su suave tacto, y el placer que proporcionaba a mi amante.

– Qué manos de plata tienes, nena… – susurró Lobo con su ronca voz, mientras sus dedos acariciaban la húmeda entrada de mi sexo, metiéndose un poco más hondo cada vez, alternando calor y humedad de un modo delicioso. Jadeando bajamente, boqueé, suplicando por un beso que Lobo me regaló, largo, profundo, lamiendo mis labios, cosquilleando mi paladar con su lengua,… Sin dejar de masturbarnos mutuamente, juntamos nuestras lenguas, fuera de la boca, jugando con ellas, acariciándonoslas a la vez, lo que a ambos nos excitaba sobremanera,… un finísimo hilillo de saliva brilló a la luz de la luna cuando se deslizó de nuestras lenguas, y Lobo practicamente me mordió la boca para tocar mis labios con los suyos, con tal deseo, que parecía que su vida dependiera de ello.

– Hacerlo sólo así… no está mal,… mmhh… – dijo Lobo, sin dejar de jugar con sus dedos en mi coñito, que se abría y cerraba sobre ellos, contento, pero suspirando por tener algo mayor en su interior – … pero …. cuando uno piensa en el "modo completo"… mmhh.. ésto se queda un poco corto… Anda, nena,… vamos a hacerlo a lo grande,… como sabemos,.. venga, ¿eh? Por extraordinaria que fuese su manera de acariciar mi sexo, de hacer que sus dedos jugasen en mí, de volverme loca de excitación… lo cierto es que no tenía punto de comparación con su polla, grande, juguetona, gordita, que tenía entre mis manos, y que deseaba de modo animal,… pero a mí también me gustaba hacerle sufrir un poco a él.

– Mmmmhhhh… sabes que quiero, Lobo,… pero… nos pueden ver…. aaahhhh….

Y era cierto. La terraza es acristalada, sin cortinas, y teníamos la luz encendida, supuestamente, para leer, pero una cosa había llevado a la otra, y,… ¿quién quería levantarse para apagarla? – Bueno, … si es éso lo que te preocupa,… te recuerdo que ya nos han visto antes "en acción",… pero aún así,… – Lobo deslizó sus dedos fuera de mí, con una caricia dulcísima que estuvo a punto de hacer que me corriera, se enderezó en la cama, y nos echó todas las mantas por encima, tapándonos hasta la cabeza.- Ya no nos ve nadie. Ahora ven aquí, que te vas a enterar…

Con un rugido, Lobo se me echó encima, aprisionándome los brazos con los suyos, frotándose contra mí, abriéndose paso entre mis piernas con ésa "brutalidad" animal que me volvía loca, haciéndome sentir totalmente a su capricho, y haciendo que mi calor aumentara de una manera arrolladora.

– Sí, viólame, Lobito – dije, sintiendo su boca lamer la mía y mi cara, lamer y morder mi cuello, mis hombros…- Soy tuya, haz lo que quieras de mí,…

– ¿Sólo mía? – preguntó Lobo, con un aire malicioso – ¿Mía para hacer contigo todo cuanto yo desee? – Sólo tuya, para que hagas conmigo todo cuanto tú desees. A Lobo su pérfida sonrisa casi no le cabía en la cara, aunque yo de momento, no sabía porqué. Me besó nuevamente, mientras sentía su polla acariciar la entrada de mi sexo. Traté de llevar mis manos a su polla para dirigirla a la entrada de mi coñito, cosa nada fácil porque tenía los brazos presos por los de Lobo, pero no hizo falta, porque su gran arma parecía saber muy bien el camino, porque enseguida noté como se introducía sólo la puntita de la misma, que de inmediato quedó casi cubierta de mis jugos, que manaban en abundancia. Solté un suspiro de placer, a la espera que Lobo me la calzase por completo.

– ¿Te gusta mucho, verdad, nena? ¿A que te gusta mucho mi polla? – Sííí… me gusta sentirla… y tenerla dentro mío…. mmmmhhhh…. qué caliente está…. Lobo me había soltado de la presa en que me tenía para poder manejar su polla con las manos. Me separó los muslos, y comenzó a frotar la puntita de su verga contra mi clítoris, era sensacional, me estaba masturbando con su propia polla, me la metía sólo ligeramente, me acariciaba el clítoris con su arma y los dedos, jugueteaba con su miembro en mi coñito, era delirante… – Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhh….. me gusta mucho…. haaaahhhh… me encantaaa… que me lo hagas…. mmmmhhhhhh… sólo con la puntita….. qué torturaaaaaa……. – Sabía que…. te gustaría… jugar así… a mí esto me pone loco…. mmhh… lo había… visto hacer,…aahh.. pero nunca lo había hecho… mmhh… diablo,… creo… mmhh … que me van a estallar los cojones…. Yo me apretaba los pechos con una mano, y con otra me abría más el coñito, para que Lobo me lo acariciase todo bien con su verga, la movía arriba y abajo, me frotaba toda, hasta casi mi agujerito trasero, mis jugos se mezclaban con los que él segregaba, la sábana se estaba mojando, y yo tenía el deseo a la altura de la sonda Galileo, aquél tormento me estaba matando, estaba sin respiración, no aguantaba más, quería su polla en mí, la quería a cualquier precio. – Lobooooo….. aaaaaaaaaaahhhhhhhhhh….. estoy… ardiendo por dentro… mmmmmhhhhhhhhhhhhhhhh….. ¿qué tal si…. aaaaahhhh, cielos…. si me apagas…. con tu manguera, eh? Mmmmhhhhh…. Lobo soltó su risa, ronca y baja.

– Creo que… nunca me habían dicho…. "Lobo, guarda tu verga en mi coño de una bendita vez" de una forma tan original…. éso.. merece su recompensa..

De un violento empujón, Lobo me encajó su gran instrumento hasta los testículos, ahogué un grito, con los ojos desorbitados, mis manos se cerraron, crispadas, sobre la sábana. Lobo permaneció quieto unos segundos. Era la primera vez que me penetraba de una sola vez, y tan violentamente. Quizá por eso, su polla me parecía mucho mayor que de costumbre, y me invadió un repentino temor a que me doliese,… Lobo posó una de sus manos, grande y cálida, sobre mi vientre.

– No te habré hecho daño… ¿verdad? – su voz sonaba casi preocupada. Yo seguía agarrando las s

ábanas, con la boca un poco abierta, y no contesté. – Si quieres, puedo…

Lobo inició una lenta retirada, pero apenas se había deslizado un milímetro fuera de mí, mis piernas le rodearon de golpe, clavándole los talones en las nalgas.

– Si la sacas,… te mato – Sonreí. apenas podía hablar, me sentía increíblemente llena, no tenía ni idea de porqué esa noche me parecía tan grande, pero sí sabía que quería disfrutarlo. Lobo sonrió. Parecía como si estuviese orgulloso de mí, y tumbándose lentamente sobre mi cuerpo, noté como su gran arma comenzaba a moverse dentro de mi coñito, frotándome con fuerza toda mi sensibilidad, mi excitación anterior lo hacía increíblemente intenso, mientras yo, abrazándole con las piernas, seguía empujándole hacia mí con los talones, tratando de que me la clavara más aún, a pesar de que su pelvis estaba literalmente pegada a la mía…

– ¡Sí, nena, espoléame! – Lobo gritaba y reía, mientras casi saltaba sobre mí, con su polla abrazada por mi estrecho coñito, al que taladraba ferozmente.- Qué cerrada eres…. mmhh… y cómo me aprietas…. aahhh… ¡más, nena! ¡Sí! Yo casi no podía hablar, me faltaba el aire, el peso y el calor de su cuerpo sobre el mío me volvían loca, traté de acariciarle el agujerito trasero con los talones, y a juzgar por el respingo que dio Lobo, debí conseguirlo. Me agarraba con fuerza a sus hombros, le clavaba las uñas en ellos, al tiempo que Lobo aceleraba, el placer me cosquilleaba de pies a cabeza, como si un sinnúmero de chispas eléctricas circulase por mi sangre. Lobo acercó a mi boca dos de sus dedos, los paseó por mis labios, yo saqué la lengua y los lamí golosamente, los introduje en mi boca, chupé, succioné ávidamente, imaginando su polla en mi boca… Lobo los deslizó lentamente hasta mi culito, hizo una breve caricia en la entrada, y de golpe, los metió hasta los nudillos.

– ¡AAAAAAAAAAAHHHHHH! ¡SÍ, LOBO, SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ! ¡Mátame de gusto, sí! ¡Aaaaaaaaaaahhhh! Con esfuerzo, porque apenas podía concentrarme en nada que no fuera el inmenso y brutal placer que me embargaba, también yo acerqué mis dedos a su boca. Lobo, adivinando lo que iba a hacer, sonrió, lamiéndolos con expresión golosa. Su boca ardía por dentro. Bajé el brazo todo lo que pude, y, con alguna dificultad, acaricié su agujerito trasero con mis dedos húmedos. Lobo se retorcía de placer e impaciencia, y finalmente, los metí, con fuerza. – ¡MMMHHHH! ¡ME ENCANTA! AAHHH… ¡TALÁDRAME EL CULO, MUÑECA! AAHH… ¡TE ADORO! Lobo se curvó hacia atrás, su polla aceleraba más y más, sus dedos en mi culo me volvían loca, era fabuloso sentirle dentro y llenarme por todas partes, mis gemidos aumentaban de tono, mi coño le abrazaba con más ansia a cada embestida, mis piernas se tensaban en torno a su cuerpo con tanta fuerza que temí ahogarle, mientras el placer se cebaba en todo mi ser, desde los muslos hasta mi cuello, mis pezones estaban tan duros que casi dolían, y las oleadas de calor y placer que anunciaban mis orgasmos, se agolparon tan violentamente como lo estaba siendo todo aquella noche… – ¡Sigue, Lobo! ¡Sigue un poco máááásss….! Aaaaaaaaaaaahhh… estoy a punto de correrme… Una risita resonó en mis oídos, y de pronto, noté un inesperado golpe de frío. Lobo, con asombrosa rapidez, había retirado todas las mantas y abierto un poco la ventana. Me miró con sorna y luego, sin una palabra, su mano regreso a mi culito, lacerándolo, como su polla hacía con mi coñito.

– Lobo… – susurré – podemos… aaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh….. coger frío…. mmmmmmmmhhhhh… ¿no deberías…..? Sin dejar de taladrarme por todas partes, Lobo sonrió y me contestó, también con dificultad: – Dijiste….. "Tuya para hacer conmigo todo cuanto tú desees"… pues… aaahhh, nena, …. deseo… que todos sepan….. la suerte que tengo…. al tenerte….. que lo vean….mmhhh… y lo oigan… aaahhh…. así que… no te cortes,…. y gime… Lobo y sus caprichos. Pero aquello era demasiado, la luz estaba encendida, nos verían, y nos oirían con la ventana abierta

… Ésto quizá no me importara gran cosa, pero lo de vernos… No obstante, yo estaba a punto de caramelo, al segundo empujón de Lobo, mi placer aumentó considerablemente, iba a estallar en un orgasmo esplendoroso, por nada del mundo podía parar ahora… Y el nada, incluía el timbre de la puerta, que empezó a sonar, y al cual los dos hicimos caso omiso. El placer se agolpaba en mi cuerpo con brutalidad, me recorría en un si llega-no llega tan torturador como delicioso, Lobo apretó su polla y dedos con más fuerza, y yo hice lo propio, noté como se ponía tenso, apretó las mandíbulas, y estallamos a la par: – ¡Sí! ¡SÍ! ¡ME VENGO…AAAAAAAAAAHHHHHHH! ¡UN POCO MÁS, POR FAVOR, LOBO, SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ! – ¡SÍ, NENA, CÓRRETE PARA EL VIEJO LOBO! AAAAHHHH… DIABLO… MMHHH… ¡ME CORRO….! ¡AAAAAAHHHH………….! El orgasmo estalló en mi coño y mi culito practicamente a la vez, mientras sentía mi interior invadido de su semen hirviente, hasta chorrear… Entre besos y lamidas por mi rostro, Lobo se deslizó fuera de mí, soltando aún pequeñas descargas de líquido de su verga aún erecta, hasta quedar tumbado junto a mí. En el aire frío de la noche que entraba por la ventana, nuestros sexos exhalaban vaho, mientras veía aquellas pequeñas gotas blancas que salían de Lobo, casi con deseo, pues hacía tiempo que no lo probaba… desde ayer. Sin poder contenerme, llevé mi mano a su polla semierecta, eché hacia atrás la piel para descubir la sonrosada cabeza, y la acaricié con la punta de los dedos, recogí en ellos una pequeña porción de líquido y la llevé a mis labios, donde degusté el sabor, agradable y ya familiar: dulce en la punta de mi lengua, y picante en el fondo de mi boca….Lobo suspiró, con aspecto derrotado.

– No deberías hacer eso, muñeca… me vas a volver a poner cachondo, yo te voy a volver a poner a tí, nos vamos a liar de nuevo,… y ése pobre de la puerta, sea quien sea, se va a quedar con el dedo pegado al timbre…

– ¡La puerta! ¡Lo olvidé! – y era cierto, con la que nos habíamos dado, apenas me había dado cuenta. A pesar de que no había dejado de sonar, yo era sólo la segunda vez que lo oía. Todas las veces intermedias, habían quedado tapadas por Lobo, su polla, sus dedos, su boca,… demasiadas cosas para prestar atención a nada más. Lobo se subió los bermudas y se dirigió a la puerta mientras yo me colocaba el camisón y me ponía encima la bata. Suponía que sería de nuevo el vecino pesado que se quejaba del "jaleo obsceno" que montábamos cada noche, que venía de nuevo a dar la lata, pero me equivoqué. Y nunca he lamentado tanto equivocarme, porque, cuando Lobo abrió la puerta, apareció por ella la última persona a la que desearía ver en mi casa, casi a medianoche y llevando dos maletas: Mi prima Alicia. – ¡Ya era hora! – dijo de mala manera, entrando, sin esperar que nadie la dijera "adelante" – No os pregundo qué estábais haciendo, porque creo que todo el barrio se ha enterado. – Nosotros, en cambio, sí te vamos a preguntar qué haces aquí. – Espetó Lobo de mala gana, pues le tiene a mi querida primita casi tanta antipatía como yo.

– Tu querido padre – dijo Alicia sin mirar siquiera a Lobo.- me ha echado de casa esta mañana. ¡Me ha echado! Sólo porque le dije que ya soy mayor de edad y puedo hacer lo que me dé la gana, y si quiero acostarme con un tío, me acuesto, me suelta que en su casa no me voy a acostar con nadie, y que si no quiero seguir sus reglas, que me vaya a zorrear a otra parte. Siempre fue la bondad personificada, tu padre.

– Desde luego, porque de no serlo, te habría enviado por paquete postal a cualquiera de los tuyos, que ni de cría te aguantaron.

– ¡Mi madre es un espíritu libre y mi padre un hombre muy ocupado! – ¡Tu madre que es mi tía, tiene un morro que se lo pisa, y tu padre es un chulo barato! Alicia y yo ya estábamos a punto de cogernos de los pelos, pero Lobo se metió en medio para poner paz, y también para saber, dejando aparte que la hubieran echado de casa, qué pito venía a tocar Alicia a la nuestra.

– He pensado que, como vosotros sois los culpables de que se haya descubierto el pastel, podríais alojarme. Lobo y yo nos miramos, y yo me ech

é a reir.

– Alicia, ¿porqué no te metes a humorista? De verdad que tienes futuro. Te recuerdo, que si se descubrió tu pastel, fue porque tú nos descubriste el nuestro. Cortesía por cortesía. Ésa es la puerta.

– Por favor, no tengo a dónde ir. No conozco a nadie aquí, y hasta mañana no puedo ir al banco a sacar pasta. Déjame dormir aquí esta noche, y mañana me buscaré algo.

– Puedes sacar pasta de un cajero, si quieres un sitio para dormir, te largas a un hotel. – Por favor, Dita, sólo hasta que encuentre una pensión baratita donde me pueda quedar. Mujer, sólo dos días… no pido más… ¿es demasiado dos días? – Contigo, es demasiado hasta dos minutos. No te vas a quedar de gorra en mi casa. Te conozco, Alicia, pasas aquí la noche y no te veo salir hasta el día de mi jubilación.

– Si le digo a tu madre que no me has dejado pasar aquí la noche, no le va a gustar…

– Hazlo, ella vive a cien kilómetros,…

– Alicia, esto no es un hospicio de caridad,… si quieres quedarte, es a tanto la noche. – Intervino Lobo. – Contigo no está hablando nadie – dijo con desprecio.

– Con él estoy hablando yo, y dice la verdad. Si quieres quedarte, la pasta por delante.

Alicia montó un numerazo de los suyos, que si yo era una usurera, que si a su propia prima tenía el valor de cobrarla por una noche de alojamiento,… Pero se avino, convinimos un precio, y pagó. Se quedó con uno de los tres cuartos, uno de los pequeños (el grande es el nuestro, durmamos en la terraza o no). Aun así, yo seguía fastidiada, tener a Alicia en casa por tiempo indefinido no era precisamente para dar alaridos de júbilo, pero Lobo parecía muy pensativo…. Cuando volvimos a la cama y de nuevo nos tapamos hasta el cuello, Lobo me abrazó, besándome la boca largamente.

– No te me enfades, nena, que un estado mental negativo hace que seas poco receptiva, y no nos conviene nada. – ¿Y eso? – pregunté, abrazándole a mi vez. – ¿Te gustaría darle a tu prima su merecido, no sólo por lo de la otra noche, sino también por todas las que te ha hecho pasar? ¿Quieres que la hagamos rabiar, y, al mismo tiempo, te conceda un buen deseo? – ¿A qué te refieres? – Dita… si pudieras elegir un lugar,… un lugar, por extraño que sea, en el que hacer el amor conmigo, y tener ésa sesión de fotos que te prometí…. ¿qué lugar elegirías? No te cortes, imagina… y pide. Del resto, me encargo yo.

Pensé. Un lugar para hacer el amor con Lobo, y unas buenas fotos… tenía que ser un lugar bonito, pero que no hubiera gente en él,… querría que fuese un lugar original, pero cómodo… y en el que pudiéramos estar tanto tiempo como quisiéramos… Pensando, mis ojos toparon con la luna llena que destellaba para nosotros a través de la ventana….

– En la luna.- dije con voz soñadora.

– Concedido. Me quedé mirando a Lobo, interrogándole con la mirada, pero él se limitó a sonreir. ¿Cómo iba a conseguir llevarme a la luna para hacerlo allí? Lobo no dijo una palabra, se limitó a sonreir y se recostó en la cama. Yo me tendí a su lado, y mi cabeza no dejaba de dar vueltas… hasta que me dormí.

– Sí, tiíta, ¡monja! ¡Lo has oído bien! Me despertó la voz chillona de Alicia. Estaba agarrada al teléfono, llorando a lágrima viva, mientras hablaba con mi madre. Salí de la cama para oír la conversación.

– Después de lo que ha pasado, me he convencido de que éste mundo no es para mí… no puedo con el remordimiento tras las horribles palabras que salieron de mi boca,…. quiero purgar mis pecados tras los muros de un convento de clausura, yo no merezco que unos tíos tan buenos se preocupen tanto por mí,… ¡Así que voy a entrar en religión! ¡Está decidido! Yo alucinaba en tres dimensiones. ¡Pero qué cara! Ahora, para ablandar a mis padres, les salía con el cuento de que iba a entrar en un convento. ¡Ja! Mi primita en un convento, no aguanta ni media hora. Colgó, y me miró dándose aires de ser la chica más lista del mundo.

– ¿Cómo puedes tener tantísima cara? ¿Eres incapaz de obrar honradamente, aunque sólo sea por probar? – ¿De qué te quejas? Tu padre se conformará con eso, el fin de semana vendrán a buscarme, volveré a casa,

y te librarás de mí. ¿No es éso lo que quieres? – Claro, y tú otra vez al chupeteo, y a vivir del cuento. ¿No piensas dar palo al agua en toda tu vida? – ¿Porqué, si tengo a gente que lo da por mí? Ya iba a soltarle una grosería, cuando Lobo gritó mi nombre, aterrorizado y acudí corriendo. Lobo me abrazó con desesperación, con el miedo pintado en el rostro, que desapareció tan pronto me tuvo en sus brazos. Lobo tiene pánico a despertarse y no encontrarme a su lado, porque tiene miedo de despertar en el colgante, a pesar de que éste no exista ya, o, peor aún, de que yo me haya marchado. Apenas recobró la calma, le conté lo que ocurría.

– Bien… para un caradura, otro mayor. Dita, nena… ¿Tu prima tiene pensado pasar el día aquí? – Ni loca, ella se arregla y larga por ahí. – Estupendo… – Lobo prendió un cigarrillo, aspiró con fuerza y continuó – Nena, hoy necesito estar solo aquí. Voy a preparar una sorpresa para tí,… y otra para tu primita ¿Sobre qué hora volverá? – Si no encuentra plan, sobre las doce, calculo, o las diez,… si lo encuentra, no esperes que vuelva en toda la noche. – A pedir de boca. Nena, arréglate tú también, y vete a dar un paseo por ahí, mira escaparates, cómprate algo que no necesites, come por ahí, y vuelve sobre las… digamos las seis. Sí, es una buena hora. Para entonces, prepárate para ir a la Luna. Anda, muñeca. Lobo me besó y me dió un cachetazo en el culo cuando me levanté. No entendía ni cascote, pero si Lobo lo decía, tenía que tener algo gordo preparado por fuerza. De modo que tan pronto desapareció mi prima, yo me arreglé también, y me preparé para marcharme. Lobo también se vistió, y empezó a apuntar cosas en un papel, como haciendo una lista.

– Lobo, ¿qué tienes pensado…? – No pretenderás que te arruine la sorpresa, ¿verdad? No me quedaba otra que atenerme a las reglas, así que me despedí de Lobo, quien me abrazó y beso de modo tan apasionado, que nos faltó menos de un pelo para tirarnos por el suelo del salón y hacerlo ahí mismo, pero Lobo, con considerable esfuerzo, logró contenerse, y salí de casa. Pasé el día paseando y pensando. Era como si el tiempo no pasase nunca, estaba tan impaciente, que no podía dejar de mirar el reloj, a pesar que trataba de no hacerlo. No podía dejar de pensar "¿Qué estará haciendo? ¿Qué habrá pensado? ¿Qué irá a preparar?" Y le echaba de menos. Era muy aburrido estar sola, y pensar que no tenía ninguna gracia agacharme a mirar algo, sin el temor a que Lobo me diese un buen pellizco, o me echase un brazo por los hombros para tocarme una teta, o… Comí en un restaurante, y casi no me di cuenta de a qué sabía lo que comía. Paseé por el centro comercial, mirando tiendas de todas clases, pero apenas me concentraba en lo que veía, mi mente estaba en casa, donde estaba Lobo, haciendo de las suyas,… Por cierto que un par de veces, hubiera jurado verle entre la gente, pero tan pronto intentaba seguirle, era como si se lo tragase la tierra.

Por fin ¡por fin! llegaron las cinco y media, y emprendí el camino a casa. Al llegar a mi bloque, mire ingenuamente hacia la azotea, como si esperara ver un cohete allí, pero no, no había nada inusual en ella. Subí en el ascensor, y llegué frente a la puerta de casa a las seis menos cinco. En la puerta había un cartelito que decía: "17:50 h. Si estás leyendo esto, es que todo está preparado ya. Entra y sigue las instrucciones." Despegué la nota, y, tremendamente nerviosa, entré. Todo estaba oscuro, salvo un rinconcito iluminado suavemente por una vela. Junto a ella, había un camisón cortísimo gris plateado, cuya tela brillaba a la luz, y una diadema con dos antenitas rematadas por estrellas, todo plateado. Sobre el conjunto, otra notita:"Póntelo. La diadema también" Me reí por lo bajo, mientras me desnudé apresuradamente, me puse el diminuto camisón, prescindiendo de la ropa interior (era indudable que no me iba a hacer falta), y me coloqué también la diadema de antenitas. Me miré en el espejito del bolso, y no pude evitar soltar una carcajada. Sobre la puerta del salón, había una tercera nota:"Apaga la vela, y entra en nuestra base lunar privada". De un soplido, la vela se

apagó, y todo quedó absolutamente negro. A tientas, encontré el tirador de la puerta, y empujé. No pude evitar ahogar un grito de admiración y sorpresa: Todo el salón estaba vacío de muebles, en la oscuridad, brillaban en las paredes, el suelo, y prendidas del techo, multitud de estrellas fosforescentes, de diferentes tamaños, lo que creaba una sensación maravillosa de profundidad, y de estar flotando en el espacio. En mitad del salón, sujeta del techo a cosa de un metro del suelo, había una enorme media luna, hinchable y luminosa, y sobre ella, estaba sentado Lobo. Un destellazo de luz me cegó por un momento. – Tenía que sacarte con ésa cara de sorpresa.- dijo Lobo, acercándose a mí. Llevaba una cámara de fotos.

– Pero como… – Yo no podía dejar de sonreír, y mirar, sin acabar de creérmelo, la luna que Lobo había conseguido para mí-… ¿cómo…? ¡Eres único, Lobo! ¡Eres un artista, un genio! – grité, saltando a su cuello y besándole – ¿Cómo lo has hecho? – Bueno,… digamos que a través de más de diez siglos, uno consigue contactos… Y ahora… ¿Sigues siendo mía para todo cuanto yo desee? No pude evitar hacer una reverencia, y le contesté: – Lobo… manda y serás obedecido. – Empieza por subirte a la Luna. – Lobo tenía la voz ronca impregnada de impaciente lujuria, y cogiéndome por la cintura, me sentó en la luna hinchable. Era muy cómoda, muy suave, y lo bastante ancha para que una persona pudiera tumbarse sin problemas, y hasta le sobrase sitio. En verdad, parecía una gran hamaca brillante. Lobo me pidió que sonriera, y sacó una foto mía sentada sobre la luna.- Nena… antes de conocerme, tú… te satisfacías a tí misma,… ¿entiendes lo que quiero decir? – Preguntó Lobo.

Asentí con la cabeza. – Nunca he visto cómo lo haces. Cuando nos conocimos lo estabas haciendo, pero no lo pude ver. ¿Qué te parece si… me lo enseñas? Venga, muñeca… ofréceme un espectáculo único… quiero ver cómo te das placer a tí misma… muéstramelo.

Noté que las mejillas me quemaban. A pesar que había perdido la vergüenza con Lobo, a pesar de todo lo que habíamos hecho,… seguía dándome corte hacer algo así, pero por otra parte, sonaba tan divertido… Sonreí, y comencé a acariciarme los pezones sobre la tela del camisón, tan suave,… Lentamente, bajé uno de los tirantes, metí la mano entre la tela, y acaricié mis tetas sin sacarlas. Levanté los ojos para mirar a Lobo. Él tenía los ojos clavados en mi pecho, parecía ansioso por verlo… Decidí retrasarlo, y bajé las manos, acariciando mi monte de venus, también sobre la tela, sin mostrárselo. Un delicado cosquilleo en mi coñito me indicó que mi humedad acababa de hacer acto de presencia, y no pude contener un débil gemido.

De nuevo subí las manos, me apreté las tetas, y finalmente, relajé por completo los hombros, el camisón se deslizó sobre mi piel y mi pecho quedó al descubierto. Lobo empezó a sacar fotos, y yo alcé una pierna, apoyando el pie en la luna, y lentamente, subí mi camisón para enseñarle mi coñito húmedo, al que también fotografió. Me acaricié con la palma de la mano, notando cómo mis jugos me empapaban, y me abrí el coñito con los dedos, acariciando sólo ligeramente mi clítoris, lo que me hacía respingar y emitir pequeños gritos de gusto, mientras Lobo sacaba fotos a toda pastilla, como si le hubieran dado cuerda.

– Ah… aahh… estoy tan mojada… mmmhhh… tan caliente…. Lobo había dejado la cámara quieta por un segundo, y aspiraba con los ojos cerrados de placer, olfateaba y se llenaba los pulmones de aire, como si estuviese oliendo un perfume embriagador.

– Adoro el olor de tu sexo, nena – me confesó, acercándose a él, oliéndolo intensamente.- Ésa mezcla de jabón y hembra que me vuelve loco….

Lobo me cogió la mano con la que me estaba masturbando, la olfateó sonriendo, y se metió un par de dedos en la boca, para saborearlo, chasqueando ruidosamente la lengua, tragó y con los ojos cerrados, soltó un rugido de placer… cómo me excitaba verle hacer eso, me acerqué más a él, tenía un antojo sobrehumano de sentir su lengua acarician

do mi sexo, lo hacía tan bien… Lobo sonrió.

– Resulta difícil comportarse como un fotógrafo profesional cuando te ponen, tan declaradamente delante, algo que está tan rico…. – Dijo con voz desmayada, acercándose más, podía sentir su aliento sobre mi coñito… y de inmediato, su lengua se abrió paso entre mis labios mayores, mientras con las manos me acariciaba y pellizcaba los muslos, su dulce y áspera lengua, tórrida como una brasa, entraba y salía de mi coñito húmedo, proporcionándome un gozo inenarrable…

– Síííííííí,….. sí, Lobo,…. sigue así…. aaaaaaaaaaahhhhhhhhhh….. chúpame…. qué bien….. haaaaaaaahhhhh…. Muy lentamente, Lobo acariciaba también mi clítoris, sin dejar de hacerme un delicioso mete-saca con su experta lengua, tan suave y lentamente, que estuve seriamente tentada de agarrale de la cabeza, para intentar que la metiera más hondo, pero me contuve, apretándome las tetas, y gozando de la mezcla de placer y tortura a la que me sometía mi amante.

– ¿Me has echado de menos hoy, nena? – Susurró Lobo, quitándose la chaqueta y el pantalón con una sola mano, mientras con la otra seguía frotándome, muy suave y lento – ¿Me ha echado de menos tu coñito? ¿No tenías a nadie que tratase de meterte mano a la menor oportunidad? ¿Podías agacharte tranquilamente, sin que nadie te diese un pellizco en el culo, o le echase mano a tu coñito? ¿Cómo lo había adivinado? Me reí, sonrojada, y le miré. Sólo llevaba la camisa blanca desabrochada, y la cámara de fotos colgada del cuello. Le eché los brazos.

– Ven aquí, Lobito,… – dije con una sonrisa pícara – Sí, te hemos echado de menos, mi coñito y yo… ven y dame el desquite de todo el día…

No se lo hizo repetir, se montó a horcajadas en la luna, me atrajo hacia él, y comenzó a chuparme los pezones, frotando su áspero rostro sin afeitar contra mi piel, estrujando mis tetas… Suspiré, con los ojos cerrados, echando hacia atrás la cabeza… de pronto, noté algo frío en mis tetas, y miré.

– No, no es hielo.- susurró Lobo riendo.- Pruébalo. Lobo acercó a mi boca dos dedos untados en una sustancia cremosa, que probé, primero tímidamente, y después golosamente,… era helado… delicioso helado de vainilla con trocitos de galletas de chocolate…

– Mmmmmmhhhh… más.. – sonreí.

– Si quieres más, date la vuelta, y… tendrás que comerlo sin manos…

Con dificultad, le dí la espalda, tumbándome boca abajo sobre la media luna. Lobo manoseaba mi coñito con una mano, y la otra la acercó a mi boca, de nuevo cargada de helado, que saboreé, extasiada en los escalofríos de placer que laceraban mi coño, y la dulzura que inundaba mi boca… Lobo me acarició los brazos, llevándolos hasta mi espalda, y oí un "clic" que me resultó familiar. Las esposas. Lobo me había inmovilizado las manos a la espalda.

– Te dije que tendrías que comerlo sin manos. – aclaró.

– ¿Es que no te fías de mí?- Dije con tono de falsa inocencia, mientras un delicioso hilillo de helado escurría de la comisura de mis labios.

– ¿Con lo que voy a usar hoy? Ni harto de grifa te dejo las manos libres.

Lobo me arrastró suavemente hacia él, noté la cabeza de su gran miembro excitado acariciar la entrada de mi coñito impaciente, e introducirse en él, lentamente, produciéndome un delicioso tormento en mi sexo húmedo, tan sensible por la excitación. Mi amante empezó a moverme por las caderas, hacia delante y hacia atrás, regalándome mil placeres con su gran arma, que de nuevo era abrazada por mi chochito.

– Sííí….. mmmmhhhh…. aaahh… sí, Lobo…. métela … bien adentro,…aaaaaaaaaaahhhhhh…. qué ganas tenía…. de tenerte dentro,….mmmmhh…. – Lo necesitabas, ¿verdad? aahhh…. como yo…. mmhh…. A los dos nos… aahh.. hacía… falta….. Lobo me ofreció un poco más de helado, la dulzura de su sabor producía en mi boca sensaciones parecidas a las que inundaban mi coño… Un frío intenso atacó mis costados: Lobo pasaba la tarrina del helado, y su mano helada por mis costillas, apretando suavemente, haciendome cosquillas deliciosas, los

escalofríos aumentaban mi placer, mi columna se deshacía de gusto.

– Aaaaaahhhhhhhhh… ¡Sigue, Lobo! Máááááás…. qué gloriaaaa….. – Si esto te parece una gloria… aahh… vas a ver lo que tengo ahora,…

Lobo abrió mis nalgas, y empezó a hacer caricias en mi agujerito trasero, mientras yo me arrastraba hacia delante y atrás, ensartándome en su polla, moviéndome sobre ella, con los dientes apretados, mientras mi coñito chorreante parecía enloquecer de alegría. Suponía que Lobo iba a meterme los dedos en mi culito, o quizá me sacase la polla para clavarla por detrás, pero me tenía una estupenda sorpresa. Una estupenda sensación de rascada atacó mi agujerito,… algo duro, rugoso y áspero frotaba con fuerza deliciosa mi hoyito trasero, lo rascaba, rascaba alrededor y justo el agujerito,… Era excitante y placentero en grado sumo, me incurvé hacia atrás tanto como me lo permitió la espalda, giré la cabeza cuanto pude para ver qué usaba: – ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhh….! ¡Es … es… espléndido…..! ¿Qué me estás….. aaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhh…. que me estás haciendo….. ooohhhhhhh….? – Es un regalo de un dentista…- Lobo retiró un momento el "juguete" y pude ver que se trataba de un cepillo de dientes, de cabezal redondo, no muy grande. – ¿A que te gusta que te rasque el culito, nena? – Sí,… sí, me gusta mucho… sigue, por favor….

Lobo arrimó de nuevo el cepillo a mi culito, y volvió a pasarlo por todo el canal de mis nalgas, arriba y abajo, arriba y abajo, se detuvo en mi agujerito, rascándolo suavemente primero, y después más fuerte,… las cerdas duras y ásperas me producían verdaderos estragos, no podía parar quieta, el placer era demasiado intenso,… como pude, crucé las piernas a la espalda de Lobo, apoyándolas en la media luna, para seguir moviéndome, y frotarme contra la polla de Lobo, mientrás él movía a su antojo el cepillito, haciéndome flotar,…

– ¡No pares, Lobo…! haaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhh…. ¡es encantador! mmmmmmmhhhhh… sí, ráscame el culito,….. aaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhh… más fuerte,…. sííííííí……

– Goza, nena,… disfruta de tu polvo en la luna… ¿me sostienes ésto, muñeca? – Lobo puso entre mis manos esposadas la tarrina de cartón del helado, para poder agarrarme de las caderas al menos con una mano y ayudarme a moverme. Me apretó con fuerza, éso me encantaba, mientras noté cómo el cepillito, sin dejar de rascar mi hoyito, era introducido lentamente en él, hasta que el cabezal estuvo entero en mi cuerpo. Lobo lo movía en círculos, rascándome por dentro, era de perder el sentido, todo mi cuerpo temblaba, preso de convulsiones,… – Dita, muñeca… más vale que te agarres donde puedas,…

Quise preguntar porqué, pero no tenía fuerzas. De pronto, el cepillito empezó a vibrar en círculos dentro de mi culito, el cabezal se movía solo, rascando cada centímetro de mi interior, y el cepillo se movía en círculos, dando vueltas sobre mi agujerito, era más de lo que se podía aguantar sin volverse loca: – ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH….! ¡ASESINO….AAAAHHHHH…! ¡MONSTRUO DESPIADADO….! ¡ME VUELVES LOCAAAAAAHHHHH…. ! ¡ME ENCANTA, NO PARESSS……….. MMMMHHHH… POR PIEDAD, NO PARES, ASESINO, NO PARES! Lobo se partía el pecho a carcajadas, moviéndome sobre su gran polla mientras con el cepillito me mataba de placer. Todo mi cuerpo se tensaba, mis manos aplastaron la tarrina del helado, que chorreó por mis riñones, por mis nalgas, se escurrió hasta mi coñito, atravesado por su enorme miembro,… a velocidad cada vez mayor. El placer y el gozo me invadían con una intensidad desconocida, me desgañité gritando, el orgasmo se avecinaba, podía sentir que también Lobo se tensaba, me apretó más fuerte, no aguantábamos más….

– ¡AAHHH…. AAAHHHH…. SÍÍÍÍÍÍÍ…. ! ¡MÁS! ¡AHORA! ¡SÍ! ¡ME CORROO…. ! ¡SÍ! ¡HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH…..! – ¡Mmmhhh… ! La verga me estalla…. aahhh… mmmhhhh….. Jadeé. Estaba agotada. Mientras mi cuerpo se relajaba lentamente, con los músculos doloridos, noté fogonazos en los párpados, que nada tení

an que ver con los fuegos artificiales que ví en el momento del orgasmo. Un tirón en mi culito me indicó que Lobo intentó sacar el cepillito, pero como mi agujerito seguía tenso aún, lo apresaba con fuerza, y de momento desistió. Exactamente lo que yo deseaba… Con dificultad, me dí la vuelta, quedándome de medio lado, pero con las piernas abiertas. – Lobo… ha sido estupendo,… sensacional de veras, pero… – ¿Pero? – Lobo parecía decepcionado ante la posibilidad de un "pero" – ¿Algo no te ha gustado? – Todo me ha encantado… es sólo que… – miré su polla, medio en ataque, medio en reposo, relamiéndome. – … bueno, que… en fin.. "eso"… me gustaría, me gustaría mucho… Lobo sonrió. Se acercó a mí, rodeándome con la piernas, de rodillas sobre la luna, y con la mano, acercó su gran miembro a mi boca, que lo esperaba ansiosa. Besé la punta, le hice una suave caricia con la lengua, lamiendo la escasa, por no decir casi nula descarga anterior. Como era su costumbre, Lobo a veces se olvidaba de sí mismo en el sexo, en su afán por hacerme gozar a mí. Pero yo estaba ahí para ocuparme de él. Su gran arma, vigorosamente estimulada por mi lengua y mi boca, recuperó tamaño, fuerzas y dureza en un segundo. Lobo cerró los ojos, disfrutando de mi mamada…

– ¡Qué suerte encontrar…. una mujer a la que le gusta hacerle ésto a su amante…! Mmmmhhhh…. Antes de conocerte, nunca me lo… aaahhhh…. sigue, nena…. A éso se le llama picar el anzuelo… Muy lentamente, me saqué el cepillito del culo, y, gracias a todo el helado que se había derramado sobre mis manos, pude deslizarlas fuera de las esposas con toda facilidad. Acerqué el cepillo a mi coño, lo empapé bien en mis jugos, tenía que asegurarme de que entrase bien, y de hacer blanco a la primera. El culito de Lobo no tenía idea de lo que le esperaba. Mientras tanto, mi boca hacía los placeres de la polla de Lobo, lo saboreaba, lo perfilaba con los dientes, lo acariciaba con la lengua… Lobo se acariciaba lentamente, temblando de placer,….

– Cómo me gusta….aahh… tu lengua me quema…. mmhh….lámeme, muñeca, sí… ¡HEY! ¡Blanco! De un solo viaje, el cabezal del cepillito había encontrado su destino, rápidamente, y sin soltar de mi boca la polla de Lobo, empecé a moverlo para rascarle como él a mí. Lobo trató de incorporarse, pero era demasiado tarde, el cepillito, guiado por mi mano, estaba haciendo su trabajo de forma asombrosamente efectiva. Lobo apretó los puños, mientras con la maño derecha empecé a acariciarle los muslos y su gran arma, sin dejar de chupar y lamerla a conciencia. – Dime… dime que te gusta, Lobo, mmmmmmmmmmmhhhhhhhhh…. el ris-ras del cepillito… mmmmmmmmmmmhhhhhhhhh… ¿a que te gusta? – Eres… aaahhh… una traidora…. muy lista… aaahhh, cielos…. luego… me vas a explicar….mmmhhhhh…. cómo te has soltado…..¡Diablos, qué vicio! Lobo echó los brazos hacia atrás, todo lo que pudo, y empezó a frotarme el coño, con una mano el clítoris, con otra me metía los dedos, mientras su respiración aceleraba, y yo seguía masturbando y lamiendo su polla y partiéndole el culito con el cepillo. Lobo me pellizcaba el clítoris, tiraba suavemente de él, sus dedos me acariciaban rápidamente, chapoteaban en mi humedad, el placer me subía de nuevo desde el coño hasta el cuello, se cebaba en mi estómago, en los muslos,… toda yo ardía, pero seguí dándole placer a Lobo, su polla cambiaba paulatinamente de color, todo su torso estaba bañado en sudor, me miraba viciosamente, apretando más sus dedos en mi coño y clítoris, el calor aumentaba como un demonio, y entonces, recordé que aún tenía que hacer algo… Busqué a tientas el botón que activaba el vibrador del cepillo, y lo pulsé.

– ¡GUAU! – Las piernas de Lobo, con las que me rodeaba, se tensaron que tal modo, que se podían contar los poderosos músculos – ¡MÁS, NENA! ¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH…. ! ¡SÍ! ¡NO TENGAS PIEDAD! AAAAAAAAAAHHHHH……….¡NO TENGAS PIEDAD…..DEL VIEJO LOBO….AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH! Lobo me apretaba el cuerpo con las piernas, fuerte, y apretaba aún más sus dedos en mi coño, su polla palpitaba, un nuevo y potente orgasmo se avecinaba, saqué su polla de mi boca, dándole lengüetazos justo en la punta, mientras la frot

é más rápido, al tiempo mi coño sufría un estremecimiento enloquecedor que me recorrió de arriba a abajo, con la fuerza de una descarga de alta tensión, en el mismo instante que Lobo soltó una abundante cantidad de semen, corriéndose sonoramente, entre potentes aullidos, su grito característico cuando lo pasaba MUY bien, mientras no dejaba de apretar sus dedos en mi sexo y mi clítoris, haciendo que el orgasmo se prolongase más y más, de modo delirante,….

Disfrutando aún del placer que inundaba mi coño, que se contraía en espasmos dulcísimos después del orgasmo y del delicioso temblor que afectaba a mi clítoris, tragué, saborando casi ávidamente, el líquido blanco brillante que Lobo había soltado para mí, directamente sobre mi boca. Acariciándole con la lengua, ingerí hasta la última gota del delicioso néctar que aún manaba, en débiles chorritos intermitentes, hasta que éstos se convirtieron en un goteo, y finalmente acabaron… Sonreí, traviesa, relamiéndome de gusto,… el sabor dulce y picante se extendía ardiente por mi boca, bajaba cálido por mi gargante, y podía notarlo, tibio en mi estómago… había sido un auténtico atracón, cómo me gustaba….

Noté la cálida lengua de Lobo presionar mis boca, traspasar mis labios y acariciar mi lengua… Me sentía verdaderamente feliz. Lobo bajó de la Luna de un salto y me cogió en brazos. – Me gusta que seas sólo mía para que hacer contigo todo cuanto yo desee. Pero también me gusta que hagas conmigo todo cuanto desees tú. Quizá mañana nos escueza el culito… pero podremos darnos cremita mutuamente… ¿no te parece? Le besé. Cuando era bueno, era tan tierno,… Claro que cuando era malo era tan divertido…. Entonces recordé algo.

– Lobo… ¿que decías de darle un escarmiento a mi prima? Lobo se rió. – Y lo va a tener. Pero éso no puedo contestártelo hoy. Lo verás mañana por la noche. ¡En serio que lo verás! Pero… te anticipo que tu querida primita no va a venir a dormir, porque… ha conseguido plan.

No hubo manera de sacarle nada, y nos fuimos a dormir al sofá-cama de la terraza, donde por cierto, Lobo había llevado la tele. Al día siguiente recogimos todo lo del salón, deshinchamos la luna, y la guardamos, junto con las estrellas, en una gran caja, para usarlo de vez en cuando, y devolvimos todos los muebles a su sitio, salvo el televisor, que Lobo quería tener junto al sofá-cama. El motivo del capricho llegó por la noche, cuando Lobo, tendido junto a mí, preparó el telemando.

– Me ha costado mucho prepararlo, nena,… espero que te guste.

Ya me tenía en ascuas, y entonces encendió el televisor. – No te pierdas a la nueva estrella del cine X – dijo Lobo con sorna infinita, señalando la pantalla.

– ¡No puede ser! – yo apenas podía contener la risa – ¡No es posible! Pero SÍ, era posible. ¡Mi prima estaba en la tele! Estaba haciendo… bueno, no hace falta especificar qué,… pero ¡con tres tipos al mismo tiempo! Alicia estaba medio desnuda, lamiendo las tres pollas alternativamente, dando unos gemidos que parecían mugidos de vaca (pido perdón a las honradas vacas por hacer semejante comparación). Me quedé embobada mirando la tele, y estallé en carcajadas.

– ¿Cómo has grabado ésto, Lobo? ¿Dónde lo has conseguido? – No es grabado, es en directo. Está pasando ahora mismo, y, gracias a un apaño, está siendo emitido por un canal pirata que ha copado todos los demás, hasta los de las plataformas digitales. Tengan el canal que tengan puesto tus padres, … podrán ver las pésimas dotes de su sobrinita.. Mi asombro y mi admiración por Lobo no tenían límites.

– ¿Pero cómo lo has hecho? ¿Cómo has logrado..? Y sonó el teléfono. Era mi madre, me preguntaba si estaba viendo la televisión, le dije que sí, que estaba consternada, que no podía creer lo que veía… Lobo me abrazó por detrás, para oir la conversación.

– Dita, si ves a tu prima, dile que no se la ocurra volver, porque tu padre la mata si la ve… ¡y si no, la mato yo! ¡No la hemos educado para que vaya haciendo.. ésas cosas por televisión! Dita, hija… ¿Tú en qué crees que nos equivocamos con ella? ¿Porqué hace una cosa as&i

acute;? – No sé, no sé que decirte, mamá… ay… Si la veo…ya le diré que no… uf.. no os llame, ni nadaaa… – Dita, ¿estás bien? – ¡Sí! Síí,… no te preocupes,.. es sólo que… esto me ha afectado, y estoy a punto de llorar, pero… ya lo creo que estoy… bien… mmhh..

– ¿Y no fue por tu casa? – Sí, síííí… estuvo… a..aquí.. y… pero…se fue… ¡Ah! al … día siguiente… y.. desde entonces… haahh… no laaa… hemos.. visto… – Dita, hija, no te aguantes los sollozos, si quieres llorar, no te cortes porque yo te oiga… – …haahhh… te quierooo……

– Y yo a tí, tesoro. Éso es, llora si quieres… tanto decir que la odiabas, y que ella te odiaba a tí, y ahora estás llorando por ella… es lógico…

– Oohh, síííí…. ess… rígido… ¡Digo lógico! En qué estaríaaa…. yo pensando… haahhh… estoy… empapadaaaa…. empapada .. en llantooo….

– ¿Ella discutió contigo? ¿Te dijo algo que te hiciera pensar que…? – …Sííí…discutió..ooh… dijo que… papá eraaa… un tirano…. y que no ….aaaguantaba más…. m-más… más…. Pero nunca creí…. que… oh, cielos… que se atreveríaa… se atreveríaa…. a… pero vaya si se atreve,…..

– Dita, sé que ahora quizá te sentirás culpable de esto, pero tienes que saber que no eres responsable en absoluto de que tu prima haya hecho algo semejante… ¿de acuerdo? – Bueno… aahora mismo… tengo… una pene ¡Pena! … muy hondaa… muy dentroo… que… me atraviesaa…. el co…razón…y…haahhhh… y… es… – Pobrecita, si apenas puede hablar… ¿Quieres que se ponga tu padre? – …Dejaa… no le…. aaahh.. ahora debe estar…haahhhh… volviéndose … loco… como yo…. sigue…

– ¿Qué? – Eehhh.. ¡qué sigas… hablándome tú! haahhh… sigue, … sigue.. hablándomee….

– ¿Lobo estará contigo, verdad, cariño? Lo digo porque ahora no te conviene estar sola…

– Sííí,…. sí… estáa… haahhh… conmigo… no te puedess… imaginaar…. lo cercaaa…. que está… de mí… en éste… aahh.. trance… Es.. un hombre… grande… sííí… muy.. grande… Él… él …me aa.. poya… – Me alegro que él te anime, hija. Desde que tu prima se marchó de casa, has debido pasarlo tan mal, sin una llamada, sin que diese señales de vida… Has debido pasar un infierno de nervios.

– Oohh, sííí… es… una .. tortura, mamá…. haaahhhh… no sabes hastaa… qué puntooo…. Síííí… tengo … un infierno … dentro… haaahhhh…

– Dita, si tu prima te llama, o va a verte, o algo… llámame. Si se pone tu padre, no le digas nada, pero cuéntamelo a mí… ¿de acuerdo? – …Sííííí, sí, .. sí, sí… te..llamaré… si… llega… llega… llegaaa… Oh, mamá, no.. ¡no aguanto más! ¡Voy a llorar…. a.. gritos! ¡Aaahhhhhhhhhhh…..! ¡TE QUIEROOO, HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH…..! Colgué el teléfono como pude, soltando los gemidos de placer y la risa que había intentado contener durante toda la llamada. Lobo me dejó en el suelo y me soltó suavemente, pues en su abrazo me había levantado, follándome mientras hablaba. Su risa burlona resonaba en mis oídos.

– No… podías… estarte quietecito… sólo cinco minutos,.. ¿verdad? – gemí, recuperando el aliento, sin dejar de sonreír.

– ¿Contigo cerca? Ni en broma, nena. En principio sólo quería oír, pero con ése camisón tan cortito, y yo que sólo tenía que abrirme un poco el pantalón, te tenía tan a tiro… Me hubiese despreciado a mí mismo de por vida si dejo pasar semejante ocasión… Aparte que la conversación ha sido para grabarla, muñeca…

Diciendo esto, apagó una grabadora que estaba tras él.

– Quiero guardarme ésto como recuerdo de una venganza memorable.. – Sonrió, pasándome el brazo por los hombros para sobarme las tetas, mientras volvíamos al sofá-cama, donde la sesión de cine X a cargo de Alicia, continuaba – Tu primita no sólo no va a poder volver a casa de tus padres, porque ya no se van a tragar ningún cuento, ni del

convento ni nada que se le pueda parecer, sino que prácticamente no va a poder salir a la calle después de ésto. Y como sabe (no creo que sea tan idiota) de dónde le proviene el golpe… sólo le quedan dos alternativas: O abandona la lucha para siempre, lo que le sería más saludable, o bien, trata de plantarnos cara y organiza alguna de las suyas,… lo que nos brindaría muchas posibilidades interesantes, para otra posible revancha… Aunque dudo seriamente que le queden ganas. Mira..

En la pequeña pantalla, los tres tipos bañaban en semen a mi prima, y un cuarto traía un perro… ¿no irían a…? – ¡Qué bien, un perro! – gritó Alicia – Lo probé una vez, con el perro de mis vecinos,….

Lobo y yo nos miramos con idéntico gesto de repulsión… por el perro. En la pantalla salía un letrero sobreimpresionado: "Su nombre es Alicia B.Llestero" Poco después salía su número de móvil, y Lobo apagó ya el televisor.

– Que no se haga demasiadas ilusiones… – susurró Lobo – Tienen órdenes estrictas de impedir por todos los medios que se corra.

– ¿El perro? – ¡No, mujer, tu prima! – dijo riendo. – Les dejé muy claro que podían hacer con ella lo que les diese la gana, salvo hacerla daño,… y que tuviese un orgasmo. Se lo recalqué. "No quiero que disfrute, por nada del mundo tiene que sentir placer, aunque lo ruegue de rodillas". Y me lo garantizaron. Así que me figuro que la van a tener toda la noche chupando todo lo chupable, y no la van a dejar ni que se masturbe… quizá la metan algo, para ponerla más caliente, pero no la dejarán que goce…

– Lobo… ¡eres verdaderamente maquiavélico! Pero dime, ¿cómo lo conseguiste? – Ya te dije… a través de los siglos se hacen muchos contactos… Presenté a tu prima a un conocido mío experto en despedidas de soltero y soltera, y fiestas salvajes. Él la hizo creer que se trataba de un productor de cine X, y que quería hacerla una prueba. Supongo que no te sorprenderá saber que tu prima aceptó encantada, y a la primera. Ella cree que el vídeo éste es sólo de prueba, no tiene ni idea de que se está emitiendo en directo… Y, como te decía, a través de una emisora pirata que ha copado todos los canales.. Estarán varias horas así, sino hasta que amanezca. El de la emisora pirata es otro viejo amigo… piensa que la televisión es basura, y su forma de protestar contra ella es hacer algo así… Llevaba mucho tiempo buscando algo verdaderamente nauseabundo, sin encontrarlo… hasta hoy, en que se lo he ofrecido en bandeja de plata… me está muy agradecido.. Ya estaba a punto de preguntar cómo se puede hacer tantos y tan fieles amigos estando encerrado en un colgante, pero Lobo se dio un cachete en la frente: – ¡Casi lo olvido! Mira ésto nena, a ver si te gusta cómo quedaron…

Me entregó un sobre, dentro del cual estaban las fotos que nos hicimos ayer. Me sorprendió ver que había muchas más de las que yo creía, y en diferentes ángulos… A pesar que la luz del salón provenía sólo de la luna hinchable, todas estaban tan claras como si hubiéramos usado focos, perfectamente nítidas,… Eran muy buenas, aunque habría que esconderlas bien… por lo que pudiese suceder.

– Las he revelado yo mismo… No quería llevar "ésto" a una tienda. Y éstas son extras.

– ¿Extras?- Las miré. En ellas se veía la mamada que le hice a Lobo, cómo me soltaba las manos deslizándolas fuera de las esposas, como le introducía el cepillito y él me masturbaba…. – Son extras, porque yo no pensaba hacerlas… no caí en que saldrían. Pude hacer tantas fotos y de tantos ángulos, porque monté un tinglado que no veas por todo el salón. Me llevó cien eternidades, tuve que colocar objetivos por todas partes… estaban en las estrellitas luminosas, no en todas, pero sí en muchas. Y las preparé con un disparador a distancia, para usarlas todas a la vez, en todo momento, y luego seleccionar las que habían quedado mejor. Y… ¿a que no adivinas dónde estaba el disparador? – ¿En la luna?. – No.. pero cerca. – Lobo rebuscó debajo de la cama, sacó una cajita alargada, y de ella… el cepillito de dientes. – bastaba con apretarlo con la mano, para que dispare. Por eso no caí en que cuando tú me lo enchufaste, también saldría todo eso, porque estaba

s haciendo fotos sin saberlo… así me enteré de cómo te soltaste las manos… Es la última vez que mezclo helado, esposas, y penetración anal. – Lástima, estuvo tan bien… pero también basta con mezclar Lobo, Dita, y… un sofá-cama. Con pérfida sonrisa, Lobo se me echó encima, tapándonos con las mantas hasta la cabeza… entre besos, caricias y risas, no pude evitar pensar si Alicia, cuando se enterara del pastel, intentaría contraatacar, pero un segundo más tarde, mi cerebro y mi cuerpo se llenaron de cosas mucho más agradables.

(continuará)

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Autor: Dita.

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