EL COMIENZO DEL AMOR

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Gay. De cómo dos amigos se convierten en amantes

Amigos de Marqueze, los felicito por el contenido erótico de esta sección. De la que soy un asiduo lector desde hace un par de años. A partir algún tiempo atrás he tenido la inquietud de compartirles la que tal vez es la más hermosa de mis experiencias de amor. Quiero contarles como inicié con José, con quien tuve una hermosa relación de pareja.

Nuestra historia tuvo lugar en una ciudad provinciana de México, al sur del país. En octubre del año 93. En ese entonces me fui a vivir a esa ciudad para colaborar en un trabajo de promoción social.

Mi compañero y amigo en ese entonces tenía 24 años y yo 25. Nos conocimos en el trabajo. De primera impresión yo no le caí bien a él. Con el tiempo fui ganándome su confianza, su amistad y su admiración, Hasta que nos convertimos en los dos grandes amigos. Él era con quien yo compartía gustosamente mi diario vivir. Yo para él era un ejemplo de templanza, de perseverancia para lograr las metas y ejemplo de practicidad.

Él era delgado con un cuerpo magro, que dejaba ver una preciosas nalgas coronando una bien delineadas y torneadas piernas que a diario ejercitaba corriendo unos 4 kms. Su piel morena clara, pelo negro ojos negros. 1.64 de estatura y si mal no recuerdo 60 Kg. Yo 1.76 mts. de estatura, 73 Kg.. en ese entonces, ahora habrá unos 6 más. Mi piel es blanca soy ligeramente lampiño. Pelo castaño y ojos verdes. Aunque no hacía tanto ejercicio como él, me mantenía en forma ya que mi cuerpo tiende a ser atlético.

José me parecía un chavo encantador ya que gozaba de buena estima entre los demás del trabajo y, por que no decirlo, varias muchachas del rumbo estaban loquitas por él.

Una calurosa tarde de octubre, José vino a visitarme. Yo vivía en una especie de casa de huéspedes donde cada quien tenía una recámara individual con todos los servicios. En casa estábamos todos, pero como era día de salir todo el mundo se fue, ya sea de paseo o simplemente a dar la vuelta por ahí. Yo preferí quedarme para conversar y compartir. Así que lo invité a mi recámara para que allá charláramos a gusto y le enseñara cosas de mi pasado. La historia gráfica de mi vida: fotos y experiencias que acontecieron en torno a esas fotos. También platicamos de todo lo que los grandes amigos se comparten de sus respectivas vivencias.

Puedo decir que esa tarde tuve una gran experiencia íntima con él, en lo que a amistad se refiere. Ambos vivimos un momento muy pleno, donde la confianza y la sinceridad eran los dos grandes ingredientes de nuestra conversación. En esta charla lo sexual no fue tema. Es más, no hacía falta ya que era muy agradable como estábamos conversando esta tarde. De esta forma mi pasado gay quedó oculto. No quise hablar de ese tema porque pensaba que yo no volvería a tener experiencias de esa índole. No las rechazaba pero tampoco las buscaba. No tenía temor en compartirle esas experiencias pero hasta ese momento no sentí que fuera prudente.

Nos encontrábamos en mi recámara, yo portaba una playera de algodón y unas bermudas. Mi forma de vestir no era extravagante o provocativa. Ropa normal para estar en casa. Después de más de dos horas de platica yo me sentí algo cansado y con sueño. Tanto por la platica como por la buena comida que habíamos dado unas tres horas antes. Le comenté a él que me sentía cansado y cómo me encontraba sentado en la cama simplemente me dejé recostar hacia atrás. Sentí que el sueño me vencía y lo invité a tomar la siesta también. Creo que él también tenía sueño porque sin más aceptó la invitación y se recostó junto de mí. Nos quedamos dormidos como por una hora.

Cuando desperté, vi que José dormía profundamente boca arriba. Sin pensar en nada me giré, quedando sobre mi costado izquierdo y le eché encima el brazo derecho. Lo abracé sin que se despertara. Fue un acto instintivo que no llevaba ninguna segunda intención, ni malicia. Al poco rato despertó y le extrañó el echo que yo lo

estuviera abrazando. Cuando volteo a verme le sonreí ligeramente y le comenté que me sentía muy bien con la plática que habíamos tenido, que al despertar sentí ganas de darle un abrazo, sellando la amistad y el cariño que le tenía.

Él correspondió abrazándome. Era un abrazo de dos buenos amigos, que transmitía una energía que jamás había sentido. Ese abrazo me hizo sentir tantas cosas que no pude distinguir cuál de todas las emociones expresadas era la más fuerte. Nos soltamos y seguimos platicando sobre el mismo tema que nos ocupó antes de la siesta.

Ahora el tema era lo que en la vida buscábamos. Al poco rato yo le comenté que cuando nos abrazamos sentí algo extraño: una revoltura de emociones y una cierta excitación que no había experimentado antes. Que también se trataba de una excitación sexual y que me había dejado un tanto inquieto.

Eso lo apenó mucho. Lo noté y le dije que quien se debería apenar era yo por haber experimentado eso con él. Fue entonces que quise sincerarme con él y decidí decirle que en el pasado yo había tenido experiencias con hombres. Le aclaré que no me había percatado de la sensación ahora experimentada. Pero que jamás había experimentado ese vibrar con alguien. Que no se preocupara, pues yo lo apreciaba mucho y que como amigo quería conservarlo por mucho tiempo. Esto era cierto y no pensaba perder mi amistad por hacer algo que rompiera con esa bella relación.

Con cierto pudor él me dijo que de alguna forma sintió lo mismo. Y que jamás había experimentado algo parecido. Que eso le daba pena. Ya en el pasado un amigo suyo, declarado gay desde los 17 años, lo había invitado a tener experiencias de ésta índole, con otro chavo, no necesariamente con él. La intención era que también conociera esta forma de vivir la sexualidad. Él me dijo que jamás se había animado, que eso le parecía fuera de lugar y un tanto repugnante.

Tratando de que nos aclaráramos le comenté que en ciertos momentos se siente eso. Que una especie de excitación sexual que entre hombres también pasa. Que no se sintiera mal y que ahí dejáramos ese tema.

Seguimos conversando de otras cosas, estábamos frente a frente sobre mi cama apoyados en nuestros respectivos dorsos yo lo veía fijamente a la cara y en cierto momento, impulsiva y repentinamente acerqué mi boca y lo besé. Él se quedo inerte, no atinó a reaccionar. Fue el receptáculo de uno de mis más espontáneos y repentinos besos.

Retiré mi boca de la suya, lo miré a los ojos, él expresaba cierto gusto y extrañeza por lo recién sucedido. Con mi mano derecha tome su cara por la mejilla, mientras lo veía a los ojos. Él movió su cabeza en actitud negativa, yo asentí con la mía y nuevamente lo besé. Aceptó mi beso y finalmente correspondió abriendo su boca y mmmmmmmmmm ¡Qué rico beso! Jamás había yo sentido un beso con tanto candor y pasión.

Así estuvimos un buen rato, ya no solo era el beso, nuestras manos con impetuosas caricias exploraban los hasta ahora desconocidos cuerpos. Lo comencé a desnudar y él accedió sin poner objeción, es más cooperaba y hacía lo mismo conmigo. No sé como nos quitamos los pantalones ya que todo ese tiempo estuvimos acostados hasta que quedamos plenamente desnudos sobre mi cama. Cuerpo a cuerpo, corazón a corazón.

En una de esas, llevé su mano a mi pene, él estaba nervioso, pero se dejaba llevar. Cuando me lo tocó reconoció de lo que se trataba y con cierto temor quiso retirar su mano. Finalmente lo tomó y comenzó a acariciarlo, lo hacía con una suavidad y tacto que yo comencé a sentir como se comenzaba a lubricar el capullo de tan preciado instrumento. Mientras tanto, yo le recorría con mis manos todo su cuerpo, por la espalda hasta llegar a las nalgas y acariciarlas con suavidad.

Después de un rato le pregunté si quería que lo hiciéramos. Me contestó con un abandonado no sé. Todavía perduraba en él una lucha entre su razón y su pasión. Lo tomé por la espalda y lo deslicé par

a que quedara acostado boca abajo. Yo le acariciaba todo el cuerpo, desde el cuello, pasando por su espalda, sus nalgas piernas y llegando casi a los tobillos. Aprovechaba para besarlo en cuello, espalda y darle ligeros mordiscos en sus nalgas. El placer que él experimentaba cada vez era mayor.

En cierto momento mojé con abundante saliva mis dedos y traté de lubricar su aún virgen agujerito. Mientras que besaba su cuello, sus orejas y él de ves en cuando, con su cabeza girada hacia mí me daba un beso lleno de pasión y gloria. Yo me disponía a penetrarlo y unirme a él con ese sello que solo da el amor. Él seguía boca abajo y yo le separé las piernas considerablemente. Moje mi verga con abundante saliva y le proporcioné una buena ración de saliva en su agujerito. Me coloque sobre él, con cuidado, procurando que no cargara él con todo mi peso.

Cuando me disponía a penetrarlo comencé a dar mordiscos en su cuello, y oreja, mientras que con una mano colocaba mi falo en dirección al anhelado culito. Una vez ahí comencé a presionar lento, muy lentamente, y la cabeza del pene iba abriendo el camino. Me dijo: espera que me duele mucho. Me quedé inerte, apenas había entrado la cabeza del pene. Mientras tanto, le hablaba al oído para que se relajara de vez en cuando besaba su cuello y sus orejas y con mis manos daba caricias a sus hombros y espalda. Nuevamente aproveché para girar su cara y besarlo en la boca. Cuando sentí que nuevamente se había relajado, comencé a empujar de nuevo, mientras su esfínter seguía cediendo. Era rico sentir como cada vez estaba yo mas dentro de él. Cada vez se facilitaba más la penetración hasta que definitivamente lo tuvo todo dentro.

Ese momento lo selle con un beso lleno pasión. Boca a boca, donde él me manifestaba plenamente su amor y su aceptación. Me quedé un rato quieto, besando y acariciando su espalda.

Luego comencé a sacar y meter, meter y sacar. Despacio, muy despacio tratando de recorrer todo ese túnel del placer con mi excitado miembro. Él abandonó la inercia y se comenzó a mover instintivamente colaborando con mis suaves embates, correspondiendo a cada estímulo mío. Así, de tal forma que recibía mi penetración hasta el fondo, a tope, para casi salir y volver a entrar a un ritmo que solo el amor sabe realizar.

Después de unos minutos, quizás tres, me retiré de él, le pedí que se diera la vuelta y se recostara boca arriba. Y así lo hizo. Yo le levanté las piernas y las puse sobre mis hombros para volverlo a penetrar. Mientras mi pene entraba, él en su rostro manifestaba el más pleno de los placeres mientras me recibía nuevamente. Sus ojos cerrados, su expresión de gozo, jamás olvidaré esa expresión suya. Cuando la tuvo toda dentro me acerque a su rostro y lo bese mientras entraba y salía, a ese ritmo que tanto gustaba a ambos. Así por unos minutos hasta que sentí contracciones en su esfínter, deliciosamente me apretaba la verga y sin salirme bajé la mirada. Ohhh Maravillosa escena, él estaba eyaculando abundantemente y con bastante fuerza, ya que unas gotas de su semen le cayeron en la barbilla.

Eso me excitó muchísimo a tal punto que ya no me contuve y le propicié una tremenda eyaculación, misma que con sus contracciones de esfínter parecían detener el paso de mi leche. Mi corrida fue abundante, plena. Yo procuré depositar mi preciado semen lo mas dentro de él.

Otro beso en la boca sello ese momento que ambos estábamos experimentando. Ahora él me tomaba por el cuello intentando que el beso durara una eternidad. Así estuvimos hasta que el placer de nuestros genitales desapareció. Ambos estábamos exhaustos. Con suavidad fui sacando mi pene que aún estaba muy erecto.

Me recosté junto a él, coloqué su cabeza sobre mi hombro y lo abracé. Así nos quedamos un largo rato. Él acariciaba mi pecho y mi abdomen hasta el pubis. Yo le acariciaba la espalda y el brazo que le quedaba libre. Esas sutiles caricias denotaban que nuestra historia apenas comenzaba, que era el principio de una bella historia de amor.

En memoria tuya José, quien me ha hecho conocer el verdadero amor que puede existir entre dos almas.

Cualquier comentario con gusto lo recib

iré en mi correo: volpeveccia (arroba) yahoo.com

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Escrito por Marqueze

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