EL CONTADOR DE HISTORIAS I

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Mi afición por escribir viene de muy antiguo. Desde pequeño me encantaba imaginar historias sobre gente a quien conocía. Inventaba situaciones en las que los colocaba y se desenvolvían a mi antojo. Ellos eran como un juguete en mis manos. Aunque así dicho pueda parecer cruel, la verdad es que siempre procuraba que fueran historias con final feliz. Nunca nadie me dijo si eran buenas o malas historias. Es más, nunca nadie supo de su existencia. Las guardaba celosamente, asustado con la idea de que me pudiesen decir que eran absurdas o desagradables.

Un día empezó a bullir la idea de poner alguna a la disposición de la gente. Que por fin alguien pudiese darme una opinión franca sobre mi capacidad o incapacidad de transmitir con palabras pensamientos y situaciones. La idea surgió al encontrar una Web de relatos gay. En esta página se unían mis dos grandes temores: el fracaso como escritor y el reconocer mis tendencias sexuales, orientadas a la bisexualidad desde que mi memoria alcanza. Me armé de valor y comencé por lo más sencillo: Escribir un relato de temática gay a ver que tal acogida tenía entre un público a priori interesado en el tema a tratar. Pasé horas frente al teclado del ordenador construyendo una historia en cierto modo diferente a las acostumbradas en dicha página. Quería reunir en ella no solo el sexo y la pasión, también el miedo, la compasión, el amor y por que no, un poco de suspense.

Con franco temor, me decidí a enviarla. Esperé ansiosamente el resultado durante muchos días, hasta que por fin, me enviaron un mail diciendo que el relato se publicaría en breve. No se cual es la sensación de angustia que puede percibir un padre mientras espera que nazca su hijo, pero creo que lo que sentía debe ser muy parecido. A las pocas horas de su publicación, pude comprobar como los lectores iban votando mi relato, proporcionándole una aceptación inusitada. Esa noche me acosté muy excitado, sin poderme quitar de la cabeza que mucha gente no solo lo había leído, sino que además, había tenido una buena acogida. Fue una sensación indescriptible. Todo ello me animó a enviar otros tres relatos que ya tenía preparados. Entonces llegó algo para mi totalmente inesperado. Al quedar mi dirección de mail expuesta ante los lectores, comencé a recibir mensajes alabando tal o cual relato. Algunos emocionados, otros claramente excitados. Esto me daba la posibilidad de recibir críticas directas de los lectores, animándome en muchos casos a que continuase escribiendo.

Lo que quizás no me gustó tanto fue que muchos se agregaron a mi messenger. Al principio los aceptaba como un auténtico putón. Esta situación provocó que, directamente, rechazara a aquellos que trataban de hablar conmigo. Es injusto, lo reconozco, pero algunos me habían hecho sentir realmente sucio y no quería seguir pasando por ello.

Pero una tarde, esto cambió. No se por qué, pero al ver a otro más que deseaba ponerse en contacto conmigo, decidí darle permiso. No me preguntes por que a ese si a los otros no. Fue un impulso. Empezamos a hablar. Se presento de una forma agradable y educada, lo que me indujo a pensar que no me había equivocado con él. Como en otros casos, también creyó que uno de mis relatos era verídico, pero dijo algo que captó mi atención de inmediato: en todos mis relatos, el protagonista, que habla en primera persona, es alguien de mis características, más o menos, y su partenaire un chico joven y guapo, pasivo y cariñoso, ya que son los que deseo en mis fantasías. Pues lo que me llamó la atención es que me dijo que ojalá fuese él ese chico. Me excitó encontrar por fin a un muchacho joven que buscase un hombre mayor a quien entregarse. Y esto no era más que el comienzo. Me contó que tenía 24 años, que era moreno y de ojos claros, que iba al gimnasio, que tenía un culito respingón…es decir, una belleza en potencia. Aunque lo mejor fue cuando para nuestra sorpresa, nos dimos cuenta de que residíamos en la misma ciudad. Mi corazón dio un vuelco. Hasta pensé que era una cruel broma que algún amigote sin escrúpulos me gastaba

. En principio me indicó que tenía puesta su foto en la imagen del messenger, pero no salía. No puedes imaginar cuanto lo lamenté, porque cuando le pedí que me la enviase, me dijo que no, que nuestra ciudad es muy pequeña, que él tenía también su armario cerrado a cal y canto y que vaya corte si resultaba que nos conocíamos.

No tuve otra opción que darle la razón, pero me moría de curiosidad por saber si se parecía a la imagen que de él comenzaba a formarse en mi mente. Hablamos durante un rato del miedo a reconocer nuestra sexualidad, de los relatos, e incluso me envió uno suyo para que le echase un vistazo. Pero poco a poco y casi sin querer, nuestra charla fue subiendo de tono. Pícaramente me preguntó que haría con él si lo tuviese a mi alcance. Y caí. Sabía que existía el cibersexo, pero nunca me había visto envuelto en el.

Comenzó diciéndome que tenía la necesidad de imaginarse con otro hombre, disfrutando de sus gemidos, de sus caricias… Yo me excitaba por momentos. Parecía que estuviese leyendo mi pensamiento, expresando lasciva, pero suavemente aquello que mi cuerpo y mi mente deseaba experimentar. Me decía que quería sentirse dominado y complaciente con alguien mayor que él, que le enseñase, que le guiase…Un hombre que ahogase el aliento en su nuca mientras le sujetaba por la cintura. Deseaba mover su culo suavemente invitando a mi polla a recorrelo, hasta penetrar dentro de él, hasta el fondo, taladrando ese virginal culo que deseaba ser llenado por la carne de su macho. Gritar de placer sin temor a que nadie le oiga. Sintiendo como tiro salvajemente de su pelo para que le quede claro que es mío, que mis deseos serán cumplidos. Sintiendo que ha venido a este mundo tan solo para otorgarme todo el placer que yo desee. Pidiendo que no deje de follarlo, mientras se aferra a las sábanas poseído por la lujuria. Cabalgar sobre él sin miedo a sentir lo que siento. Dando y recibiendo un placer salvaje y desenfrenado. Gritar, aullar, gemir…

No daba crédito a lo que pasaba. Mi excitación llegó a tal extremo que mi entre modo y sentía una incontrolable necesidad de contarlo. Además, por una vez, podría hacer un relato real sobre una experiencia vivida en primera persona. Pero algo me incomodaba. Era injusto escribir sobre alguien sin su consentimiento y, aunque me prometí a mi mismo que no daría el paso, me decidí a enviarle el borrador de mi nuevo relato y pedir su permiso para publicarlo.

Tardé varios días en recibir contestación. En su mensaje, tan solo decía escuetamente: sigue, sigue… Me quedé paralizado. Supe que mis palabras habían vuelto a excitarle y un montón de nuevas ideas comenzaron a surgir. Pero me quedé bloqueado. Quería escribir algo, pero no sabía como. Las palabras se amontonaban en mi cabeza, pero se resistían a salir en un orden coherente. Solo había un cúmulo de sensaciones difícilmente descriptibles dada la excitación que sentía. Estaba dejando de querer escribir una historia. Ahora mi mente y mi cuerpo deseaban vivir una historia. Me asustaba ese deseo de romper las ataduras y decir que quería tener una aventura con él. Que quería poseerlo de verdad con todo mi cuerpo y no solo con palabras. Pasaba las horas frente al ordenador imaginando como sería, pensando en el modo en que le plantearía que saciásemos nuestra curiosidad por lo que se siente al acariciar la piel de otro hombre, dejándonos devorar por la pasión y la lujuria. Aunque solo fuera una vez. Aunque esta experiencia no fuese finalmente lo que esperábamos. Al menos aclararíamos nuestras dudas o lograríamos enterrar nuestros miedos. Imaginaba el suave color de sus ojos. Acariciaba cada una de sus curvas. Leía con las yemas de mis dedos cuan ciego cada uno de los rincones de su piel. Gozaba con la idea de oír como me pedía que le hiciese mío mientras me miraba con picardía. Me deleitaba con tan solo la idea de poseer ese cuerpo joven y hermoso. Pensaba en el modo en que besaría su boca mordisqueando sus labios mientras nuestras lenguas lucharan por ganar territorios inexplorados en la boca del otro.

Mentalmente recorrería su piel con mi lengua, deteniéndome para succionar sus pezones pequeños y duros por la excitación mientras él arquearía su espalda en señal de aprobación. Dibujaría con mi nariz el contorno de su estómago juvenil, suave y lampiño, llegando hasta sus

piernas sin tocar su sexo, lo que aún le pondría más al borde del éxtasis. Con suavidad y sin prisas, le daría la vuelta para dejar expuesto a mi antojo ese culito objeto de mis más bajos instintos. Lo tocaría, lo sobaría, recorriendo con mis dedos su raja y entreteniéndome en su agujero, verdadera entrada al mayor de los placeres. Luego sería mi lengua la que sustituiría a mi mano, lamiendo lujuriosamente cada rincón mientras los gemidos de su boca contribuyen a que mi calentura aumente hasta el borde del éxtasis. Ayudado por mis dedos, empezaría a abrir paso hacia sus entrañas para tratar de que el momento en que sea definitivamente mío no resulte doloroso, tan solo ardiente y lleno de gozo para ambos. Cuando ya lo encontrase preparado, subiría recorriendo toda su columna con la lengua provocando que su piel se erizara, hasta llegar a su nuca, que mordisquearía y besaría, mientras mi pene en total erección se posa entre sus nalgas, preludio de lo que esta a punto de acontecer. Con la ayuda de mi mano buscaría la entrada a su ser, mientras él arquea sus caderas hacia arriba facilitando la alineación de ambos cuerpos. Y con suavidad y sin prisas, empezaría a penetrarlo. Con dificultad debido a la estrechez de su virginal oquedad, flanquearía el estrecho anillo q que mis movimientos se tornen cada vez más salvajes. De su boca saldrán palabras entrecortadas pidiéndome que siga, que le haga suyo, que lo folle. Y yo obedeceré su petición con total entrega. Ya no habrá mundo a nuestro alrededor. Tan solo su cuerpo y el mío unidos en un mar de sudor y placer compartidos. Tan solo gemidos, susurros, palabras estranguladas por el ahogo. Entrar hasta lo más profundo de su cuerpo para de inmediato salir casi totalmente y volver a entrar buscando nuevamente su calor. Una y otra vez. Una y otra vez. Y cada vez que me retiro, sentir como es su propio cuerpo el que me retiene, el que no permite que el intruso que alberga en su interior se vaya aún. Deseando que permanezca para siempre con él. Así durante minutos que se tornarán eternidad. Con una pasión que hace que el tiempo deje de tener objeto. Y entonces sentir como su cuerpo se estremece en espasmos, notando como sus entrañas comienzan una pulsación rítmica que me enloquece y hace que mi cuerpo no desee llevar más la pesada carga de retener el preciado jugo de la vida, expulsando en sus entrañas todo lo que hay en mi. Vaciando en su interior tan gozosa carga, que él recibe amorosa y cálidamente. Es lo que deseo. Es lo que mi cuerpo implora a mi mente que consiga. Pero la sinrazón del miedo me impide decir lo que siento. Lucho contra mi mismo haciéndome creer que realmente no lo deseo. Que es solo un momento de excitación lo que me induce a albergar tales pensamientos. Que ese momento de pasión no compensa romper los lazos con una vida, monótona si, pero tranquila y llevadera.

Como decírselo. Como planteárselo…

En esta tesitura me encontraba cuando un buen día apareció de nuevo. Me saludó amablemente como la otra vez y mi corazón dio un vuelco. Era mi oportunidad. ¿Sería capaz de aprovecharla?

-Hola. ¿Qué tal estás? Me gustó mucho lo que escribiste ¿Cómo continúa? -Pues la verdad es que aún no continúa. No se como seguir.

-¿Y eso? -No se. Intento inventar algo, pero no lo consigo.

-Vaya. Creí que tenías más imaginación.

-No creo que me falte imaginación. Es la inspiración lo que falla.

-¿Si? ¿Pero no estabas basándolo en lo nuestro? -Ese es el problema. No hay lo nuestro. Solo fue un rato agradable que pasamos, pero ahí se ha quedado.

-¿Qué es lo que quieres? ¿Otra charlita como la de aquel día?Ese era el momento esperado. Ahora estaba en el punto en el que lo que dijera podía llevarme a descubrir el placer más absoluto o el rechazo más visceral.

-A decir verdad no es otra charlita, como tú lo llamas lo que quisiera.

-Pues tú dirás…

-Es a ti, lo que quiero.

Ya está. Lo hice. Creía estar preparado para lo que venía. Bueno o malo. Pero era mentira. Estaba asustado por el resultado que podía acarrear mi osadía. Si le sentaba mal, me hundiría. Tal era mi ilusión. Pero si entendía lo que trataba de proponerle y secundaba mi propuesta no sabía si sería realmente capaz de llegar hasta el final. Tras unos breves, pero interminables segundos de espera. Envió a trav&eacut

e;s de la red la ansiada respuesta.

-¿Es que quieres que tú y yo…? Dios…

-Lo siento. No debí decírtelo. Olvidalo. Ha sido una torpeza por mi parte. No quería ofenderte.

-Y no lo haces. No puedo seguir así.

-¿Así como? -Deseándote sin poder tenerte en mis brazos.

Un largo suspiro salió de mi boca. El también deseaba que fuese real. Que fuesen nuestros cuerpos y no nuestras palabras los que se acariciasen. Tenía ante mi la certeza de que el qu es que sientas como yo. Lo que quiero es ser tuyo de una vez. Quiero que me ames hasta que ambos quedemos exhaustos.

-Está bien. Basta de palabras. Quiero verte. Quiero tocarte. Necesito tenerte a mi lado ya. No hay excusas ni peros que valgan. Tú y yo deseamos lo mismo. Somos adultos y nadie nos lo impedirá. Quiero que nos veamos ahora.

-Lo que tú digas. Haré lo que tú quieras.

Continuará……

Autor: VCUEZVAL vcuezval ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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