El culito de Cristian

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Me costó varios intentos poder entrar, finalmente su hermético esfínter cedió ante la presión de mi verga caliente. Podía sentir su gemido, a pesar de tener su boca llena con la verga de mi amigo. Mi verga fue albergada por ese redondo y exquisito culo, que al sentirse lleno, instantáneamente empezó a moverse. Le chupaba la boca a mi amigo a la vez que se introducía suavemente mi pichula, que sentía los apretones que este le hacia con sus esfínteres.

Estábamos con mi amigo Hernán en mi casa y este me dijo que había conocido a un muchacho, estudiante de turismo, que tenía 24 años, llamado Cristián, y que habían quedado en verse esa noche. Enseguida me dijo que si podía invitarle a mi casa y así todos lo pasaríamos bien. Le pregunté si había hablado con Cristián primero, que tal vez este quería estar a solas con él.

Hernán me dijo que habían hablado y que Cristián quería experimentar haciendo un trío, que nunca lo había hecho con dos hombres. Le dije que bueno, que le llamara y le diera la dirección.

Finalmente se comunicó con él y quedaron en que llegaría como a las 11.30 de la noche, porque tenia que pasar donde un compañero de estudios a buscar unos apuntes. Faltando 15 minutos para la medianoche tocaron el timbre, por supuesto que fue Hernán quien fue a abrir la puerta para recibir a su invitado, mientras que yo les esperé en mi habitación.

Luego de unos minutos escuché que venían entrando en alegre conversación y entraron a la habitación.

Quedé sorprendido al ver aquel muchacho de 1.85 de estatura, buen físico, con unas piernas de miedo, gordas y fuertes que se le notaban en sus ceñidos jeans, pelo corto, sus rasgos de niño bueno en la cama (después supe que era bueno, pero sobre todo, para mamar el pico (Verga, pene, polla, pico, pija), como le quieran llamar ustedes.

Me saludó y se sentó en la cama, enseguida mi amigo le ofreció un trago y aceptó. Mientras nos bebíamos el trago y fumábamos, conversábamos de nuestras actividades y las de él, hasta que yo les dije que calentaran la pista, que iba al baño y volvía. El invitado me dijo que si podía ir el primero, y mientras iba yo me puse de acuerdo con mi amigo que prepara el ambiente cuando yo fuera al baño. Cuando llegó Cristián nuevamente a la habitación, salí y me fui al baño, no demorándome más de 5 minutos y volví a mi pieza y cuando entré, los encontré a ambos en calzoncillos y besándose. Ahí pude admirar el cuerpo casi desnudo del muchacho, sus piernas musculosas y velludas me erizaron el pelo de todo el cuerpo, en especial cuando miré ese precioso culo, grande y redondo, que lo cubrían unos bóxer anaranjados. Me acerqué a ellos y me fui sacando la ropa rápidamente mientras observaba sus cuerpos entrelazados por sus brazos.

Finalmente logré sacarme la ropa y quedé solo en calzoncillos al igual que ellos, y comencé a acariciar a mi amigo, mientras que ellos se besaban, hasta que con un gesto me indicaron que me les uniera en su beso. Así jugueteamos los tres con nuestras lenguas por un rato, para luego proceder a quitarle los calzoncillos a Cristian, quien facilitó las cosas ayudan mientras que mi amigo le comía la suya a ese bello machito, quien al sentir que mi amigo le exprimía su verga, con mayor ímpetu me mamaba la mía, provocando que mi excitación y jadeos fueran en aumento. Podía sentir el sonido jugoso que provocaba con su boca ese rico muchacho, le agarraba la cabeza, enredando mis dedos en sus pelo, y de vez en cuando le daban jirones en el, cuando provocaba espasmos de placer al presionar sus labios fuertemente sobre mi pene.

Luego de un rato cambiamos de posición, esta vez yo me puse a mamarle la verga a Cristián, mientras que este hacia lo propio con mi amigo. Eran miles de sensaciones que se dejaban escapar, tras cada suspiro, que emitíamos al tener carne dura en la boca, incluso, esos ahogos típicos de la excitación. Estuvimos así unos minutos cuando de pronto Cristian, me quitó su verga y junto con Hernán se acomodaron en la cama, ofreciéndome un bello 69. Lo rico de todo, es que Cristian se puso encima de mi amigo, mostrándome en todo su esplendor, ese culito que estaba deseoso de penetrar, sentir su carne juvenil, atravesada por mi verga.

Empecé a sobarle las nalgas y prontamente mis dedos se fueron hasta su culo, suave y mojado por la excitación propia del momento. Sigilosamente mi lengua empezó a buscar su objetivo, le mordí sus nalgas hasta que llegué al centro de mi atención, ese agujerito, que palpitaba ante cada pasada de mi lengua, que le dilataba más y más ese objetivo visual y carnal, que ansiaba poseer. Con un par de dedos de ayude, para ampliar un poco el orificio, que recibiría mi grueso cañón. Dejé de hurguetearle el hoyito y le dije al oído:

¡Quiero penetrarte, hacerte gemir del gusto!

Este soltó por unos segundos su presa y me dijo:

¡Házmelo, cogeme, pero, con suavidad!

Tuve que frenar mis ganas de poseerlo rápidamente, quería metérselo de un golpe, hacerlo sentir quien lo dominaba, pero, me calmé, tomé un preservativo y enseguida me lo puse, e inmediatamente dirigí mi pene hasta su objetivo final, dar y recibir placer.

Me costó varios intentos poder entrar, pero, finalmente su hermético esfínter, cedió ante la presión de mi verga caliente. Podía sentir su gemido, a pesar de tener su boca llena con la verga de mi amigo. Finalmente toda mi verga fue albergada por ese redondo y exquisito culo, que al sentirse lleno, instantáneamente empezó a moverse. Le chupaba la boca a mi amigo a la vez que se introducía suavemente mi pichula, que sentía los apretones que este le hacía con sus esfínteres.

No estuvimos mucho en esa posición, porque mi amigo, reclamó que lo aplastábamos mucho. Por lo tanto quité mi verga suavemente de ese culo y Cristián se colocó de lado en la cama, posición que me encanta y se la introduje de una vez, sin el menor lamento de mi poseído, quien atrapó entre sus manos la verga de Hernán y se la metió nuevamente en la boca.

Me lo cogí salvajemente por unos minutos, mientras que ellos intercambiaban sus mamadas, Hernán se la chupaba un rato, y después al revés, hasta que repentinamente mi amigo se levanta de la cama y nos dice que sigamos, que él va al baño. Aproveché ese momento para poner a Cristián boca a bajo y con mis piernas abrí aún más las suyas y le introduje mi verga suavemente, hasta que mis testículos chocaron con sus nalgas, este se estremeció, gimió y luego me quedé un rato sobre él; oliendo, sintiendo sus piel en mi pecho, su respiración agitada, lo sentía mío, sometido a algo que le gustaba, realmente era muy rico el momento.

Finalmente empecé a sentir que mi eyaculación estaba cerca, por lo que el placer que estaba recibiendo el muchacho fue tan grande, que no aguantó y entre delirios, gritos y gemidos, aprisionó mi verga ante cada chorro de semen que expulsaba de su verga.

Hernán también caliente se pajeó en su cara llenándosela de leche, la que este recibió alegremente, incluso ambos se besaron compartiendo el semen. Yo por más que me esforcé no pude acabar, por lo que ambos me pusieron de espaldas en la cama y estimularon mi verga, y testículos hasta que tras unos buenos minutos, me vine con una furia incontrolable, lanzando tanto semen, que yo mismo no se de donde salió tanto. Que rico era sentir cada chorro que salía de mí, provocando casi el desmayo ante tanto placer.

Finalmente quedamos un rato tirados en la cama disfrutando del placer cumplido en compañía de un cigarrillo. Luego nos aseamos un poco, miramos la hora, las 4, Cristián dijo que tenía que irse temprano, porque trabajaba medio tiempo en un centro comercial para financiar sus estudios, por lo que nos acostamos a dormir.

Tengo que confidenciar que para mí fue difícil conciliar el sueño, ya que Cristian se acostó a mi lado, dándome la espalda, apoyando su culo en mi paquete, obviamente que estábamos ambos con calzoncillos, aunque me hubiera gustado que no los tuviéramos. Pero en fin, tras varias punteadas que le di en su culo forrado por la tela, me dormí con las ganas de seguir gozando ese culito.

Tras un par de horas sonó la alarma, le desperté y se fue al baño a darse una ducha, mientras que con Hernán, preparábamos el desayuno. Finalmente luego de tener una amena conversación mientras nos tomábamos un café, Cristian se fue, prometiendo volver otro día para tener otro exquisito cóctel de sexo y lujuria.

Autor: gustavofigueroaa

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Escrito por Marqueze

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