El culo de Julia en mi cara

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CAPITULO 1. CONOCIENDO A JULIA.

Cuando ví a esa mujer de lejos, me quedé fascinado por su físico. Grandes tetas, pequeña cintura, gran culo, grandes muslos, piernas largas y bien torneadas. Fué al acercarme a ella que advertí que era más alta que yo, lo que convertía sus tetas en dos enormidades, y su culo en un enorme culazo. Ella pareció advertir el curso de mis pensamientos y me sonrió con una sonrisa que tenía un toque de perversidad. Sabía el efecto que producía en los hombres, indudablemente, y en sus cejas se arqueaban entre la diversión y la ironía. Fué en ese instante que caí bajo su embrujo. Sacando un cigarrillo de su bolsita me preguntó si tenía fuego. Su voz también era envolvente. Y sus ojos a unos quince centímetros por sobre los míos ejercían un dominio del que eran conscientes y sabedores. Estábamos en la costanera, ya que ambos habíamos salido para aliviar el calor, yo al menos. Porque me dijo “en casa tengo una pileta de natación, y podemos refrescarnos en el agua, ¿querés venir?"- Naturalmente que sí. Yo no podía creer la buena suerte que estaba teniendo al ligarme a esa mujeraza. Mientras caminábamos pude observar que su enorme cuerpo se movía con la gracia de una pantera. “Madre mía” me dije, “esta mujer puede hacer cualquier cosa conmigo”.

Cuando llegamos a su mansión me dio un shortcito a mi medida y vistió una maya estilo hilo dental, tanto arriba como abajo. Luego corrió hasta el borde de la pileta, dándome una visión alucinante del bamboleo de sus tetazas y otra de su panorámico culo al zambullirse. La excitación me hizo exagerar en el salto para zambullirme, de modo que terminé cayendo de cualquier manera en el agua. Julia lo festejó con grandes carcajadas cristalinas. Luego se zambulló pasando por entre mis piernas, una y otra vez, rozando mi pene al hacerlo. Eso, y la visión de sus tremendas tetas flotando en el agua, me pusieron a mil. Jugando como si fuera un delfín, julia me ofreció visiones de su culazo, como para que quedara impreso en mis retinas. También me dio muchos topetazos con sus tetonas, para después salir huyendo. La verdad es que me puso más caliente de lo que jamás había estado en una pileta. No faltaron los topetazos con su culón, varias veces en el pecho, y también en la cara. En dos o tres ocasiones me apretó las tetas contra el culo. Siempre apenas un toque y alejarse. Veía también su bellísimo rostro acercarse al mío casi hasta el beso, para después desaparecer en una zambullida que terminaba poniéndome el culo sobre la cara. Y se alejaba. Y nadaba alrededor mío, apenas rozando mi cuerpo en su deslizarse. Su cintura era una maravilla, dándole el look de un ánfora muy bien torneada, muy pero muy bien torneada. En síntesis, que para cuando salimos del agua, luego de cerca de una hora de semejante juego, mi única idea era cogérmela y cogérmela tantas veces como pudiera y como me dejara. Nunca me había sentido antes tan completamente seducido por una mujer. Y nunca había estado con una mujer como aquella.

Capítulo 2: SU CULO EN MI CARA.

Luego, nos tiramos a descansar en el pasto, al lado de la pileta. Yo me tiré boca arriba. Ella en cambio se sentó de costado, con el culazo a la altura de mi cara. Mientras charlaba pude ver que se había quitado la tanguita. Y bamboleaba lentamente el culo acercándolo a mi boca. A mí me costaba coordinar qué decirle, y se me había producido una inocultable erección, de la que ella no hizo la menor mención. –A mí me gusta dominar a los hombres- me estaba diciendo. Y fue arrimando el enorme culo más cerca de mi cara. Yo permanecía inerme, fascinado por ese culo que ocupaba toda mi visión. -¿Te gustaría lamerme el ojete?- preguntó. Sorprendido por el desenfado de su pregunta y la aparente naturalidad de su tono de voz, solo atiné a murmurar –sí, cla-claro- -Así me gusta, Roberto- y levantando la pierna me chantó el culo en la cara, el ojete a la altura de mi boca.

-Ahora dale a la lengua, corazón, meteme la lengüita, lameme el ojetito- Y empezó a mover el culo contra mi cara. Yo saqué la lengua y comencé a lamerla con pasión, metiendo y sacando la lengua de su ojete, mientras ella lo ondulaba girándolo sobre mi cara.

-¿Podés respirar mi cielo? Voy a

dejarte entrar un poco de aire para que no te me mueras. Los dos últimos hombres a los que les hice lamerme el culo se desmayaron. Uno era un chico jovencito, de quince años, que me besaba y lamía el orto tan rico que no pude contenerme y se lo apreté contra la cara, tan fuerte que se desmayó. Al tiempo que acababa abundantemente sobre su pantaloncito de baño. El otro era un viejo de sesenta que agarró mi culo con ambas manos y se prendió como un niño a la teta. ¡Qué placer me dio ese hombre! ¡Cuánto entusiasmo! ¡Esa lengua me recorría el culo de arriba abajo, y su boca me besaba y me besaba como un esclavo subyugado!- A esa altura, el esclavo era yo, y estaba dispuesto a seguir chupando ese culo hasta el fin de mis días. –¡Así, mi vida, así! ¡más lengua, más lengua! ¡Y besámelo, chupámelo!- y seguía removiendo el culo contra mi cara y mi boca. Cada tanto lo levantaba un poco para dejarme respirar. -¿Nunca te sentaron la concha en la cara?¿Querés conocer mi concha a fondo? Te la voy a refregar para que conozcas lo que es una conchaza- Y de pronto tuve esa concha sobre mi cara. Que olor maravilloso. Y qué sabor… Era una concha enorme, caliente y húmeda. Su lubricación me lavaba toda la cara, a medida que ella me la refregaba en todas las direcciones. -¡¡¡Qué rico, corazón!!! ¡Chupame así, que ya estoy por acabar! ¡Me encanta cuando tengo la cabeza de un hombre entre las piernas…”- y mientras me agarraba la cabeza con ambas manos moviéndola por su concha a su gusto. –Me gusta cuando domino a un hombre, de cualquier edad que sea, obligándolo me agarraba la cabeza con ambas manos moviéndola por su concha a su gusto. –Me gusta cuando domino a un hombre, de cualquier edad que sea, obligándolo a chuparme el culo y lo concha! ¡Me gusta subyugar a los hombres con mi culo y mi concha! ¡Dale al clítoris, dale lengua y chupámelo! ¿Te gusta mi clítoris, lambetón? . Y claro que me gustaba. Era un clítoris enorme, de cerca de tres centímetros, totalmente erecto. Y ella me lo refregaba y entraba y sacaba de mi boca como una pequeña pija. Y yo chupaba y chupaba. Y de pronto se puso rígida y comenzó un tremendo orgasmo que parecía no tener fin, mientras gritaba obscenidades apretándome la cabeza contra su peludo coño. Luego me desmontó y cayó a un lado rendida. Mi pija parecía un mástil, pero ella parecía haberse olvidado de mí. Agotado, yo también me dormí. No había descargado, pero el cansancio era mayor. Pero la aventura no había terminado.

Capítulo 3. JULIA ME HACE ACABAR A SU ANTOJO.

Cuando me desperté, ella me estaba mirando con ternura. –Mi vida, ¡qué buen trabajito que me hiciste!- y me besó con sus carnosos labios, hundiendo suavemente su lengua en mi boca. Luego volvió a mirarme. –¡Te voy a enloquecer, mi vida!!- y subiéndose encima mía comenzó a besarme el cuello, la cara la boca, lamiéndomelos con su lengua cálida. Nuevamente me estaba dominando. Poco a poco fue deslizándose hasta que me puso las enormes tetas en la cara. Con sus pezones igualmente enormes. Y me puse a chuparlos, y besarlos. Ella me ponía una y otra teta, aplastándome la cara. Me las refregaba contra la cara y me colocaba a su gusto sus sabrosos pezones que yo, perdida toda conciencia, lamía y besaba y chupaba sin parar. De pronto siento su mano sobre mi polla, a través de la tela del pantaloncito de baño. Y comenzó a apretármelo, pillando el glande entre sus dedos a un ritmo cada vez mayor. -¡Sí, mi pichoncito! ¡Lamele las tetas a mamita!- Y su mano seguía apretando y soltando, apretando y soltando. Mi cara enterrada entre sus enormes tetas bamboleantes. -¡Así me gusta, mi nene! ¡Me encanta tener a un hombre dominado y obediente!- y su mano seguía pellizcándome, produciéndome sensaciones deleitosas. Yo había perdido toda conciencia e iniciativa salvo la de besar y chupar esos melones hasta el fin de los tiempos. Y su mano seguía apretando y soltando, y luego comenzó a frotarla en círculos sobre mi pija, a través de la tela. Después volvió a poner su boca en la mía y su lengua en mi boca, en un largo y apasionado beso, mientras su mano seguía y seguía con su trabajo. De pronto, en medio del beso, comencé a correrme, con su lengua en mi boca, mientras ella me la devoraba con pasión. De mi polla comenzó a salir el semen a borbotones, mi ojete se cerraba y abría irresistiblemente, mientras mis nalgas se

tensaban para ayudar en la descarga. Finalmente me relajé exánime, casi inconsciente. Mis pantaloncitos completamente empapados de mi semen.

-¡Ahora eres mi esclavo, Roberto! Estás enteramente a mi disposición, y voy a usarte a mi gusto hasta que te tire como un forro usado. Muy usado, y bien usado. Porque voy a usarte mucho y voy a hacerte conocer formas de placer que no podrás resistir, ni impedir. Eres mío. Hasta que yo quiera. Puedes seguir con tu noviecita, pero vendrás al instante en que te llame, para ordeñarte luego de hacerte hacerme las cosas que yo quiera. Tu leche es mía, y voy a sacarte torrentes de leche hasta dejarte seco, como hoy. Pero por ahora recién comenzamos- Y poniéndome nuevamente el culo en la cara me ordenó: -cuando te empiecen a entrar las ganas lameme, vamos a tener otra sesión de mi culo en tu cara- Y yo comencé a lamer.

Capítulo 4. LAS FORMAS DE CULEAR DE JULIA.

Los días que siguieron mi mente andaba a la deriva, en la memoria de lo que me había hecho con su culo, con la imagen de su concha y los abundantes jugos con los que limpió mi cara. De sus enormes pechos y sus riquísimos pezones. Estaba como en trance. Seguía viendo a mi novia, pero mi mente estaba en otra parte. Seguimos cojiendo, pero mi mente estaba ausente, en otra concha, en otro culo en otra boca, en otras tetas. En el perfume de su piel y de su boca, y de sus tetas, y su concha y su culo. Esa mujer enorme, en una sola tarde, me había atrapado.

A la semana me llamó. Su voz sensual me envolvió al instante. -¿Cómo está mi pichoncito? ¿Con ganas de ver a mamita? ¿Y de jugar un poquititito?- ni me animé a decirle que había quedado en ir a cenar a lo de mi novia. Ya no tenía la menor importancia. El deseo imperativo de Julia era irresistible. Le di una excusa cualquiera a mi novia, y partí para lo de Julia.

Cuando me recibió estaba deslumbrante. Su cuerpo enfundado en un sensual vestido rojo, con un tajo en los muslos desde la altura de las caderas, y su escote realzaba, sí aún era posible más, sus voluminosos pechos. Con una sonrisa espléndida de sus carnosos labios me invitó a seguirla al interior. Había preparado una abundante cena que nos servimos en el comedor. Ella llevaba la iniciativa de la conversación. Me preguntó por mi “noviecita”, y si me “había acordado un poquitito” de ella. -¿Te gustó tener mi culo sobre tu cara?- Curiosamente, la comida se hizo más rica. -¿Y que te hiciera chuparme las tetas?- Yo seguía con la comida y mi polla había comenzado a reaccionar a su lenguaje tan desenfadado.

A medida que avanzaba la cena, Julia iba encendiendo mi imaginación con sus comentarios procaces, y algo misterioso en su voz y su mirada. Al llegar al postre estaba completamente empalmado. Entonces sacó una tetaza fuera del escote y siguió la charla como si nada ocurriera. Yo miraba como hipnotizado su mano que comenzó a acariciársela. Su pezón se endureció, hinchándose. Julia suspiró, y su voz se tornó más sensual, más arrastrada. Se puso un poco de crema en el pezón: -¿querés comer tu postre, Roberto?- Yo iba a levantarme, pero ella se me adelantó, poniéndome el pezón a la altura de mi boca. -¡La anfitriona debe atender al invitado!- Y comencé a chupar hasta dejarlo bien limpito. Entonces me lo sacó y volvió a su asiento. Se levantó la pollera, dejando sus magníficos muslos a la vista, y con su más abierta sonrisa tomó más crema y bajó su mano hasta la entrepierna. Yo no podía ver, pero estaba seguro de que no tenía bragas.

-Ahora mi amoroso, ponte debajo de la mesa y continuá comiendo tu postre.- Obedecí, y en cuatro patas me puse bajo la mesa para encontrarme con la visión de su peludísima concha adornada con crema. Fui limpiando sus abundantes pendejos hasta llegar al clítoris. Allí ella abrió las piernas ampliamente, ofreciéndome su concha desfachatadamente abierta y avanzada hacia mí. La cabeza me daba vueltas por la situación. La suavidad de sus carnosos muslos acariciaba mis mejillas. Y el olor que salía de su concha me mareaba. Una vez que me tuvo bien adentro de su concha, me tapó la cabeza con la falda. Y con sus manos me la sostenía apretándomela contra su concha. Todo esto ocurría en silencio, con sólo el ruido de nuestras respiraciones y jadeos.

-¡Así me gusta, mi sirviente obediente! ¡Imaginate lo que sentiría tu noviecita si te viera com

o estás ahora. Chupándome la concha por debajo de la pollera…!- Yo estaba completamente empalmado y subyugado, avergonzado incluso, pero con un sentimiento de servilismo gozoso. Después de un rato de intimidad interminable, Julia se corrió, apretándome la cabeza con las manos, los muslos y la concha. Finalmente me soltó y casi asfixiado caí a sus pies, quedando rendido en el suelo, todavía empalmado. Julia me puso los pies en la espalda. Hacía menos de una hora desde que había llegado y ya había abusado de mí, consiguiendo su primer polvo y mi total sumisión.

Cuando salí de abajo de la mesa, Julia sonrió al ver mi total empalme a través del pantalón. Y parándose, levantó su pollera, dejándo su tremendo culo al aire.

-¡Ahora de rodillas, nene!- y puso su culo frente a mi cara. -¡Ya sabés lo que tenés que hacer!- Los redondos globos de sus nalgas rodearon mis mejillas, tan pronto como avancé hacia su ojete. La piel suavísima y fresca. Comencé a besarla. Sacando el culo, agarró mi cabeza con sus manos para que no pudiera separarla. La situación me excitaba enormemente. Ser dominado por esa voluptuosa mujer era lo más caliente que me había ocurrido en mi vida. Y ella parecía saberlo.

-¡Esta es mi idea de culearme a un tipo! – y comenzó a dar culadas contra mi cara. Ahí fue cuando me derramé. Pero sus manos me tenían aprisionado contra su culo y se lo seguí chupando.

-¡Las cosas que les hice a los tipos con este gran culo mío! ¿Te gustaría que te cuente?- Yo no podía contestarle, atrapado como estaba por ese enorme culazo, pero ella tomó eso como un sí, de cualquier modo estaba dispuesta a hacer lo que quisiera. Y mientras seguía con las culadas, ahora más rapiditas y suaves, y rotando el culo, continuó: -Una vez, en un colectivo, me puse delante de un tipo que venía con su esposa, y aprovechando que estaba lleno, se la hice parar con mis frotes y rotaciones -el tipo no sabía que cara poner para disimular ante su mujer- y yo continuaba con pequeños culazos contra su poronga que estaba a mil, y después con unos rápidos apretones de mis nalgas lo hice acabar. Sentí las pulsaciones de su acabada contra mi culo. Y lo dejé con el pantalón enchastrado con su propio semen, con una mancha que le iba a ser muy difícil de explicar. Y todo se lo hice en menos de ocho minutos.- Mientras decía esto, aumentaba sus movimientos, llevada por la calentura de lo que me contaba. -En otra ocasión salí con un tipo que se las tiraba de galán. Fuimos a un hotel, y cuando le dije que quería “con algunos chiches” me propuso que hiciéramos el sesenta y nueve, que era justo lo que yo esperaba. Pero cuando nos pusimos en la posición, me senté sobre su cara. El pobre tipo esperaba que le chupara el nabo, pero yo me mantuve aprisionándolo con mi peso, y dándole con el culo en la nariz, mientras ante mis ojos veía como su pija se empalmaba. El pobre lamía y besaba, y chupaba, y yo le refregaba el culo por la cara. Y la pija se le ponía más y más parada, y yo ni se la tocaba. Apenas lo dejaba respirar, y lo hacía cogerme el ojete con la nariz, y yo le hacía pequeños saltitos sobre la cara, y le decía cosas sucias. ¡Y el tipo prendido como loco! Y así, seguí culeándolo, hasta que le tiré un pedo, y ahí fue cuando acabó. ¡Le salía un verdadero torrente del nabo! ¡Cuándo le saqué el culo de la cara, tenía una expresión completamente alucinada! ¡Ese no se hace más el galán con nadie!- Yo a esa altura había perdido la noción de todo, y aunque tenía el pantalón lleno de mi semen, se me había parado nuevamente. Y ella continuaba contando:

-¡Les hice mil cosas a los hombres con mi culo! ¡Y no solamente a los hombres! ¡Una vez con mi modista, la calenté tanto con mi culo mientras me medía para la falda, que no aguantó más y lo agarró con unas ganas, que me metía la lengua por todos lados y me hizo acabar como loca! ¡Y otra vez con una compañera de la facultad con la que nos habíamos reunidos para estudiar, pero yo no pude con mi genio y la volví loca con mi culo, pobre chica, terminó pidiéndome de rodillas que la dejara chupármelo!- Entonces me quitó el culo de la cara y mirándome con expresión divertida me dijo: -¡Vaya, al palo de vuelta! ¡Yo sentí que te corrías a los primeros culazos que te di, pe

ro sabía que si te obligaba a seguir lamiéndome el culo te ibas a empalmar de nuevo! ¡Sacate el pantalón así no se te sigue embarrando con tu semen!- Me saqué el pantalón y el calzoncillo, y mi choto quedó empalmadísimo, flameando al aire.

Capítulo 5. LA OTRA FORMA DE CULEAR DE JULIA.

-¡Bueno, ahora me toca a mí, lamerte el culo! Acostate en la cama, boca arriba, mi nenito, que vas a conocer lo que bueno!- Cuando me tuvo en la posición me levantó las piernas y comenzó a lamerme el culo, toda la raya hasta las bolas, y se entretenía en mi ojete, metiendo y sacando la lengua, y entrándola poco a poco cada vez más profundo. Lamía con ganas y entusiasmo, y yo me iba sintiendo transportado al paraíso, un paraíso que antes jamás había conocido ni sospechado. Mi ano se iba abriendo ante los avances de su lengua, que literalmente me estaba cogiendo. Entonces cambió la lengua por algo. Se sentía como una pequeña pija de goma, no más grande que un dedo de mujer. Yo me dejaba. Y ella entraba y sacaba la pijita. -¿Que sentís, mi pequeño putito? ¿Te gusta como te estoy cogiendo?- Y entraba y sacaba en mi culo lubricado y abierto por su saliva.

-¡Claaro. ¡Te dejás porque esta es una pijita chiquitita! ¡Yo sabía que tenías el ojete cerradísimo! ¡Pero ahora lo vamos a ir abriendo! ¿Te gusta más así?- y de pronto sentí que la pijita se hinchaba un poco, y ella siguió metiéndola y sacándola. -¿No te dije que era un consolador hinchable, no?- No me dolía, y el placer era mayor. -¡Ah, putito! ¡Te gusta ¿no?! ¿Te la aguantas un poquito más gorda? – y sentí como el pene que tenía en el culo crecía un poco más. Ahora parecía una pija normal que entraba y salía de mi culo sin dificultad, produciéndome un placer desconocido.

-¡Ah, veo que te gustan gordas y largas! ¡A ver si te gusta esta!- Y sentí que la polla se hinchaba hasta un considerable tamaño, mayor todavía a la de la mía. Y la hija de puta continuaba entrándola y sacándola, entrándola y sacándola. Sentía el culo completamente abierto. Y me sentía un juguete en sus manos, completamente puto.

– ¡Bien, mi putín! ¡Y ahora vamos al tamaño baño! – Me la sacó y mientras la lubricaba con una crema, me contaba: -¡Esta es una poronga de negro grandote! ¡Creo que te la vas a bancar lo más bien! ¡Y el culo te va a quedar abierto como una flor!- Yo estaba ansioso, era más grande que cualquiera de las anteriores, ¡aquella era una verdadera poronga!

– ¡Abrite bien, putito! ¡No te esperabas salir cogido de aquí!- y yo sentía como aquel monstruo iba llenando mi culo, produciéndome un intensísimo placer.

-¡Si me habré cogido tipos con este consolador… !- Y continuaba entrándolo y sacándolo. – ¡Esta es la segunda manera que tengo de culearme tipos! ¡Todos los tipos que vienen aquí terminan con el culo abierto! – Y mientras seguía metiéndomelo y sacándomelo agregó: -¡Piensa que te está cogiendo un negro con una polla de veinticinco centímetros! ¿Verdad que te enloquece, mi nene?- Y siguió moviéndolo cada vez más rápido. Y entonces acabé con un gran grito de placer.

Quedé culo para arriba, con el consolador todavía en el orto, completamente vencido y dominado. Y dichoso. Pertenecía a esa mujer para que hiciera de mí lo que quiera.

Cuando volví a mi casa, de madrugada, tenía los huevos vacíos y me dolía un poco el culo. Me sentía un poco envilecido, pero bien.

Capítulo 6. EN UN BAR, JULIA ME HACE ACABAR SIN TOCARME.

Nuestro siguiente encuentro fue en un bar. Yo me preguntaba qué ocurriría allí.

Qué iría a ocurrirme, más bien. Fuimos a un apartado oscuro. En la semipenumbra acercó su boca incitante a la mía. Y rozó con su lengua mis labios y mi lengua. Yo me encontraba ya empalmado, pues su sola presencia me lo producía.

-Hoy nada de culo, mi cielo, y nada, pero nada de concha- Y comenzó a besarme con besitos tiernos que me pusieron a mil. -Solo la boca, mi nene. Sentí mi boca, mi lengua, mi saliva… – y su cálido aliento húmedo y perfumado me subyugaba completamente. Y comenzó a lamerme la boca, y el cuello, y volvía a la boca, y recorría toda mi cara, y volvía a la boca, y las orejas, y la frente, y la boca, y la boca y la boca, y la lengua. Y con las manos me

acariciaba la cabeza y el cuello, y me metió un dedo en la boca para que se lo chupara, y se lo chupé. Y comenzó a cogerme la boca con el dedo. Entonces me sacó el dedo y comenzó a cogerme la boca con la lengua. Y la polla me latía cada vez más. Y se me pegó al cuerpo, haciéndome sentir sus enormes tetas. – ¡Tocame las tetas, nene!- me susurró con su aliento en mi boca. Mi pija se había parado completamente dentro de mi pantalón amplio. Le saqué las tetas afuera, tibias, calientes, olorosas. Y bajé la cabeza hasta sus pezones y los abarqué con mi boca abierta, pasando de uno al otro, mientras ella gemía. – ¿Te acordás de mi culo en tu cara, pichoncito? ¿Recordás nuestra primera vez al lado de la pileta? Sabía que te ibas a volver loco con mi culo.- Y levantando mi cabeza hasta su boca, continuó devorando la mía. Creí que en cualquier momento acabaría. Me volvió a bajar la cabeza hasta sus pechos. Se los besé como un poseído, lamiéndolos por todas partes. – ¡Ay, mi nene, cómo me calentás!- y me movía la cabeza refregándomela con sus tetas -¡A mí me gusta calentar a los hombres hasta que no den más! ¡Y a vos, precioso, te tengo atrapado! ¿Te acordás cuando te hice chuparme la concha?- y me volvió a subir la cabeza, para enloquecerme nuevamente con su boca. -¡¡Estás temblando, mi cielo!! ¡Me parece que ya te tengo cerquita cerquita! ¿Sentís el olor de mi concha? ¡La próxima vez te voy a dejar comérmela, me voy a sentar sobre tu cara, y te voy a hacer acabar sin tocarte! Cómo ahora, mi vida, ya casi estás ¿no? ¡A muchos tipos los hice acabar sin tocarlos! Y vos vas a ser uno más en esa lista. ¡Ya te tengo pichón! ¡Puedo sentirlo en tu respiración, es cada vez más rápida, más rápida, ya estás por acabar, ya te tengo donde quería! ¡Te hago acabar con mi culo, te hago acabar refregándote mi concha en la cara, te hago chuparme el culo, te hago chuparme la concha, y ahora te hago acabar con la boca y con la imaginación! ¡¡¡Cielos, mi nene, cómo estás temblando!!! ¡Ya te puse en el borde… ! ¡Dale pipí, venite en tus pantalones! ¡¡¡Venite yaaa… !!!- Y me derramé copiosamente en mis pantalones, mientras ella me miraba en los ojos con expresión divertida y un poco burlona.

-¡Muy bien, mi nene! Como ves te hago acabar como quiero. La próxima vez te voy a hacer pis encima. Y te voy a hacer tomarme el pis. Y te voy a hacer correrte con sólo mearte. Te vas a volver adicto a mi pis.- Yo estaba derrengado en el asiento, con una enorme mancha de semen en el pantalón, y la sensación pringosa del semen empapando mi calzoncillo. Y la miraba embobado por su dominante fascinación.

Parte 7. MI ROSTRO, EL ASIENTO DE JULIA.

Yo naturalmente pasaba mis días obsesionado con Julia, con ese culo sobre mi cara, con su dominio desenfadado, con la imagen de su concha, y su olor y su sabor, y esas tetas, y esa boca, y el saber que era un juguete en sus manos, que podía hacer de mi lo que quisiera.

Me había prohibido terminar con mi novia, de modo que continué teniendo relaciones con ella. Vivía en un estado de agonía, deseando únicamente estar con Julia, todo el tiempo. Pero ella sólo me llamaba cada cuatro o cinco días. Ya que decía que quería sentirse libre para experimentar con otros hombres, y también mujeres. Y mantener otras relaciones. Esto atormentaba mi mente, pero era parte del placer de ser dominado por ella, de que me impusiera su voluntad, subyugando la mía tan completamente que sólo quería ser su juguete, su amante, su forro, como ella decía, temiendo el día en que me desechara. Entre nuestros hábitos normales tomamos la costumbre de pasarnos muchos ratos, por ejemplo ella hablando por teléfono, y su culo sobre mi cara, que estaba sobre el sofá. Mi nariz en su culo. Mi boca besándoselo y chupándoselos, mi lengua lamiéndolo, mientras ella como al acaso, distraídamente lo reacomodaba y lo removía, mientras seguía charlando al teléfono. Yo buscaba esa posición tanto como me era posible. Y a ella también le encantaba. A veces se le escapaba algún pedo esporádico, que añadía condimento a la situación.

Otras veces me chantaba la concha en la cara mientras leía un libro apoyado sobre mi siempre parada pija. Y se iba moviendo suavemente al principio y aumentando el ritmo hasta que, sin que ella me tocara, mi miembro comenzaba a

largar chorros de semen como una fuente. A veces no le hacía caso, pero otras veces se ponía a limpiármelo con la boca, de tal forma que con sus carnosos labios y su tierna y atrevida lengua y la cálida oquedad de su boca, me la dejaba limpita, sí, pero otra vez al palo.

Capítulo 8. EL PRIMER PIS. JULIA ME CUENTA DE SU NOVIO OBEDIENTE.

Otras veces, en el suelo, se sentaba a horcajadas sobre mi cara, apretándomela con su tremenda conchaza. Mientras leía, o hablaba por teléfono, o cosía una blusa, o incluso cuando charlaba conmigo. Fué una de esas veces cuando avanzó sobre mí: -¡Mi cielo, tengo ganas de hacer pis… !¡Pero creo no voy a llegar a tiempo al baño…!¿…vos no me harías el favor…?- y ahí me soltó un chorrito en la boca. La pija se me puso que parecía un fierro. -¡Ay, gracias mi vida…! ¿Puedo seguir un poquito más?- Y entonces me largó un chorro más largo que me llenó la boca con su pis, que tragué extasiado.

-Gracias mi cielito, ahora lameme bien para limpiarme- Pero cuando estaba ya acabando de limpiarla de pis con mi lengua, llegó otra descarga, que empecé a tragar con gozo. Me agarré a sus nalgas, pegando mi boca a su fuente, para tragarme todo lo que tuviera para darme. Una de esas veces me contó de su novio. Resulta que hacía algo más de dos años que salía con un muchacho un poco menor que ella. Pero no le permitía tener relaciones, ya que lo había convencido de era “una chica decente”, y que no pensaba entregar su virginidad hasta después del matrimonio, y quizá ni entonces. Al pobre la lecha ya le salía por la nariz. Porque además ella lo calentaba de todas las “inocentes” maneras posibles. Cuando iban a bailar lo apretaba hasta ponerlo bien al palo, y entonces se apartaba fingiendo horror: -¡pero qué te has creído! ¡Yo sólo te estoy brindando mi cariño, mi ternura, pero vos sos una bestia que enseguida piensa en el sexo. La verdad es que el pobre ya no debía poder pensar en otra cosa, con el “tratamiento” que ella le estaba dando, decía Julia riéndose a más no poder, con su concha en mi cara y soltando chorritos de pis, en el descuido de la risa. Yo, al palo permanente, por supuesto. Me contaba, muy divertida, que no lo dejaba acabar nunca. Que lo llevaba hasta el borde, y cuando el pobre tipo estaba en el mismísimo borde, lo detenía, ya fuera con la escena del horror, o con sus proclamaciones de virtud, o con su enojo, o con sus imploraciones. Y le hacía la cabeza hablándole de la virtud de una chica decente. Otra tortura que le hacía era contarle con todo detalle las cosas que le hacían a los hombres sus amigas liberales, que eran anécdotas sacadas de sus experiencias personales, o de su pícara y perversa imaginación.

A veces mientras me contaba las cosas que le hacía a ese pobre muchacho, me dejaba meter mi pija en su caliente culo, y me hacía quedarme muy quieto. Y me contaba las mil formas en que calentaba y frustraba a su novio, hasta que yo no daba más y me corría a grandes chorros.

-¡Así me gusta, mi nenito… ! ¡Cuantos chorros, cuanta lechita! ¡Estás muy calentito conmigo, ¿no? Te pongo este culo encima de la cara, me siento encima tuyo, te lo hago chupármelo y lamérmelo viviendo obsesionado con mi culo, hasta que te dejo metérmela ahí, pero no te dejo moverla, y con el calorcito y la calentura al final no podés contenerte y te empiezan a salir los chorros. Es que te estoy haciendo el mismo trabajito que le hago a él, sólo que a vos cuando no das más te dejo acabar. Con el pobre Albertito estoy haciendo un experimento. Reconozco que es algo cruel, muy cruel en verdad, pero a mí me da mucho placer, y al fin de cuentas en la ciencia se usan cobayos para ser sacrificados. Todo sea en nombre de la ciencia… ! ¡Vení, que ahora quiero culearte la cara con mi culón!- Y acomodándose en posición de 69 comenzó a culearme la cara.

Capítulo 9. JULIA MEANDOME MUY SEGUIDO.

Otro día, apenas llegué, me hizo tenderme en el suelo, sin quitarme la ropa.

– ¡Hoy quiero mearte enterito, de pies a cabeza, con ropitas y todo!- Y parándose con ambas piernas abiertas, una a cada lado de mi cuerpo, apuntó con su concha a mi cara, ojos, pelo, orejas, nariz, boca, yo abrí la boca y ella embocó un largo chorro para después seguir por mi cuello, mi pecho, hasta llegar a mi bragueta que me mojó completamente, y después siguió hasta mis zapatillas.

-¡Est

uve juntando todo este pis para vos, mi vida!- dijo acuclillándose frente a mi boca, de modo de continuar meándomela. Yo estaba extásico de placer, y bebía y bebía su orín, amarillo naranja y caliente. Cuando terminó, yo vi embobado como su concha se acercaba hasta cubrir mi visión, y comenzaba a restregarse contra mi cara. Sus jugos vaginales sabían exquisitos.

– ¡Ahora te voy a contar otras cosas que hice con mi culo, mi boca, mi concha y mis tetazas! ¡Resulta que yo tenía una vecinita de 13 años que era muy simpática y que me miraba con cariño.! Era bastante inocente la chica, y me aproveché de ella hasta convertirla, siempre bajo el disfraz de la simpatía, del “cariño entre amigas”, de “ayudarla en su crecimiento”, ya ni me acuerdo cuantas estupideces le inventé para engatusarla. Entre “jueguitos de amigas” le hice el ortito, le metí mis tetazas en la concha, le chupé la conchita hasta dejarla exhausta de tantos orgasmos. Y le daba larguísimos besos de lengua, hasta hacerla perder la conciencia, de tanto placer. Y, por supuesto, le chanté mi culazo en la cara, y le hice chuparme mi conchaza. ¡La nena estaba perdida por mí!. Mientras me decía esto, Julia oprimía mi cara con apretones de su culo. Y me decía: -¡Chiquitín, como te quiero! ¡No sé como se puede querer tanto a alguien!- y acabó estruendosamente sobre mi cara.

Yo estaba enamorado de esa mujer.

Capítulo 10. JULIA, CONMIGO DEBAJO, HABLA POR TELÉFONO CON SU NOVIO.

En eso sonó el teléfono: -¡Alberto, mi vida, me tenías abandonada, desde el mediodía que no me llamabas… ! ¡Justamente me estaba acordando de vos!- dijo mirándome desde arriba con una sonrisa burlona, y pude ver cómo su clítoris volvía a crecer se ponía duro y grande ante mis ojos. Me lo acercó a la boca y comencé a besarlo. -…¿y qué estabas haciendo… ?- preguntó con voz mimosa.

– ¡Ay Albertito, como te extraño…! ¡Pero claro, tenés que estudiar en la facultad… ! ¿Cómo? ¿Que no podés concentrarte… ? ¡No entiendo, Albertito,… ¿por qué no podés concentrarte?- La guacha giró para apuntarme con el ojete, y se puso a jugar con mi pija, acariciándola, estirándola, moviéndola en círculos… -¡¿Otra vez empezamos con eso… ?!- dijo con un poquito de enojo en su voz mimosa.

-¡No hablemos más de ese asunto! ¿Te conté lo que hizo mi amiga Mirta con el gran danés que tienen, cuando no estaba su marido? ¡Qué degenerada… ! Resulta que… – y comenzó a contarle una historia de lo más guarra de su amiga con el perrazo, con todo lujo de detalles. Mientras me seguía manipulando el choto, chupándomelo mientras charlaba. -¿Que qué estoy comiendo? Nada mi vida, estoy lamiendo un chupetín, de rico… !- Yo, el chupetín, estaba cerca de derretirme.

-¡Y la loquita del segundo C! ¡Resulta que se quedó encerrada en el ascensor con el marido de la del cuarto B! ¡¡Dos horas estuvieron en ese ascensor!! ¡¡Cuando por fin salieron, el tipo estaba hecho un trapo, toda la ropa arrugada, despeinado, la cara ojerosa… !! ¡Claaro, el tipo tiene como cuarenta y cinco años, mientras que la loquita esa tiene treinta y dos… ! ¡¡Lo agotó como un desaguadero… !! ¡Y su pobre marido, que se pasa el día trabajando como un santo, y no sabe nada de las andanzas de su mujer… !- Y empezó a pajearme mientras me lengüeteaba el choto y movía su culo en mi cara.

-¿Qué por qué suspiro? Es porque pienso cuán diferentes somos nosotros dos, que no hacemos esas asquerosidades… ! ¡Vos también estás suspirando, mi cielo! Porque es un suspiro eso, ¿no? ¿O estás jadeando?- dijo dándose vuelta y haciéndome un guiño cómplice. -Ah, es un suspiro entonces… ¡Es hermoso que vos también te emociones Alberto! ¡Somos el uno para el otro… !- Y acelerando los movimientos de su mano me hizo soltar mis chorros a morir, mientras bombeaba su sabroso culo en mi cara.

Capítulo 11. ADICTO AL PIS DE JULIA.

Tal como Julia me predijera, me volví adicto a su pis. Apenas llegaba a su casa me arrodillaba frente a ella con la boca abierta, y ella, pelando concha, me la llenaba de pis. Después terminaba chupándole la concha, o lo que ella quisiera.

Un día me empotró la concha en el culo y me lo llenó de pis.

Otras veces nos poníamos en 69, ella arriba, y cuando veía que yo esta por acabar, justo en el momento, me meaba la cara, y yo

tragaba mientras me venía. Tenía un gran sentido de la oportunidad.

Una vez me encajó la concha en la boca con tanta exactitud, que cuando empezó a mearme, lo mandaba directamente a mi garganta, aunque yo alcanzaba a saborearlo con la lengua.

En los almuerzos y cenas, mi bebida era su pis, que guardaba helado. A la hora del té, pis caliente, recién hecho, en una tacita de té. Yo me servía varias tacitas, cargándolas con la tetera llena de pis caliente.

Llegué a pedirle que me llenara dos termos con su pis caliente, para tomarlo en casa. Siempre tenía los termos al lado de la cama. Y me hacía innumerables pajas, en su nombre. Pero su sola presencia bastaba para llenarme los testículos de semen.

Capítulo 12. JULIA ABUSA DE MI HASTA AGOTARME.

A veces me llevaba a bailar. Y mientras se apretaba contra mí y se frotaba pesadamente, me comía la boca hasta que me hacía correr. Y seguíamos bailando apretadamente, mientras la leche se escurría por mis pantalones y a lo largo de mis piernas. Y la misma idea de lo que me estaba haciendo me ponía al palo nuevamente. Siendo ella más alta que yo, mi cara estaba sumergida entre sus tetazas, salvo cuando me la levantaba para hundir su lengua y comerme la boca. Esa mujer me tenía como quería. Me apretaba contra sus tetazas calientes y perfumadas y me las refregaba por la cara, mientras me decía cosas sucias.

-¡Mi muñequito!- me decía -¡vos sos mi muñequito! ¡Esta noche te voy a dejar meterme tu pijota en mi conchaza… ! ¡Pero quiero que me dures, mi vida! ¡Por eso te estoy exprimiendo tanto ahora… !- Aquella tarde ya me había hecho lanzar tres polvos, allí, bailando, y ya iba camino al cuarto. Para el quinto siguió con el mismo procedimiento, sólo que dándose vuelta, me plantó el culo contra mi vientre y trayendo su mano a su espalda, estuvo pellizcándome mi endurecido miembro hasta ordeñarme una vez más. Cuando llegué al asiento, estaba tambaleándome, y sentía el semen pegoteado por todas las piernas y el pantalón. Caí en la silla como pude. Y ella me sonreía espléndida y triunfal. Me ayudó a levantarme y fuimos a la puerta apoyándome en ella para sostenerme y poder caminar. -¡No te preocupes, mi nene, que ahora cuando lleguemos a casa te voy a hacer recuperar… !- Me metió en su coche, y me llevó, medio desvanecido hasta la mansión. Me ayudó a llegar a la mesa, y me sirvió una cena deliciosa: ostras, nueces, apio, roquefort, huevos, vino espumante y, desde luego, su pis, todo espolvoreado con ginseng en polvo y guaraná. -¡Comé, mi vida, comete todo que tenés que alimentarte, me parece que te pasé por encima hoy…! Y como voy a seguir haciéndolo, tenés que alimentarte bien y dormir un buen ratito. ¡Ah, ponele más picante a la comida!- Dicho y hecho: después de la cena me ayudó a llegar hasta la cama, donde caí redondo.

Capítulo 13. JULIA ME HACE EL CUENTO DE “EL VERDADERO MACHO INDOMINABLE”.

Cuando me desperté habían pasado muchas horas, ya que era media mañana. Julia me despertó con un beso tierno. Me puso un salto da cama de toalla gruesa, y me sirvió un abundante desayuno. Dos tazas de café caliente, un par de huevos fritos con dos rodajas gruesas de jamón cocido, jugo de naranja recién exprimido espolvoreado con ginseng, guaraná . Y un gran jugo de tomates espolvoreado con apio y catuaba. Quedé pipón. Y me llevó al lado de la pileta a tomar sol. -Es por la vitamina D- me explicó. Yo creí recordar vagamente que la vitamina D tenía efectos afrodisíacos y se producía cuando el cuerpo tomaba sol. Pero mientras me iba adormeciendo, preferí pensar que todos esos mimos significaban cariño, creencia que se afianzó cuando sentí sus cálidas manos iniciar un masaje energético de todo mi cuerpo, por el frente y por la espalda. Ahí me quedé nuevamente dormido, confiado, y feliz.

El masaje me producía una sensación de protección y confianza. A la hora y media me desperté y el masaje aún continuaba. Me sentía completamente repuesto y renovado, pero el masaje me gustaba tanto que decidí seguir pareciendo dormido. Pero, poco a poco fui notando algo raro. Julia seguía masajeándome, pero ya no con las manos, sino con algo redondo y enorme, muy suave… ¡Su culo! En esos momentos estaba masajeando mi espalda. La sensación de su gran culazo en mi espalda era gen

ial. Ella llegó hasta la nuca y me la masajeó con sus grandes globos, incluso abriéndolos un poco para alcanzar mi nuca con su ojete. Me empalmé. Ella siguió bajando su culazo deteniéndolo con leves movimientos rotativos en cada lugar de mi espalda. Mientras iba canturreando una especie de canción de cuna de suave y sensual melodía. Cuando puso su culo sobre mi culo la temperatura del masaje comenzó a elevarse. De pronto comenzó a masajearme con las tetazas. Las arrastraba pesadamente sobre mis nalgas, y yo sentía sus grandes pezones parados, que me ponían a mil. En eso siento que con sus manos me separa los cachetes, para luego sentir uno de sus enormes pechos entrando hasta el ojete, su duro pezón entrando y saliendo… -¡¡Julia… !!- suspiré con pasión -¡¡¿qué me estás haciendo, mi vida… ?!!!-

-¡¡¡Shh!!!- me retó ella -¡¡bien quietito y en silencio!!- y continuó con su excitante masaje.

Luego me dio vuelta como si fuera una milanesa, poniéndome boca arriba. Mi falo enhiesto apuntaba al cielo decididamente, como una nave espacial lista para lanzarse. – ¡Waw!- exclamó ella con admiración en la voz -¡Miren lo que tenemos acá! ¡Eso no me parece nada bien! ¡Yo estoy dándole un masaje lleno de cariño y el muy guarro se me empalma… ! ¡Y cómo! ¡Pues nada, usted se me queda quietecito y con pensamientos puros en esa puerca cabeza! ¡Veo que esos sacos ya están llenos de nuevo! ¡Qué poder de recuperación mijito! ¡Pero nada, deje su mente en silencio, sin pensamientos impuros!- y con sus tetas comenzó a recorrer mi vientre.

-¡No piense en mis tetonas frotándose contra su cuerpo! ¡Olvídese de esa pijota paradota! ¡No piense en mi culo sobre su cara!- y me iba restregando las tetazas lenta, sinuosa y sensualmente contra el frente de mi cuerpo. Y fue aproximando las tetas a mi rostro. Luego las arrastró nuevamente hasta mi miembro, desesperadamente parado. Sin ayudarse de las manos las pasó una y otra vez por mi nabo, haciendo por el delicioso roce que se corriera la piel y el glande se destapara y quedara al aire. Siguió hasta las rodillas, y luego hasta mis pies. Luego volvió a trabajarme con el culo. A medida que iba avanzando nuevamente hacia la cara, volvió a hablar:

-¡Mantenga su mente indiferente y pura!- y ya empezaba a sentir el olor de su concha que estaba llegando a mi boca. -¡No piense en mi concha! ¡Sienta como le refriego mi clítoris, pero ni se le ocurra chupármelo!- y comenzó a frotarme su clítoris contra mis labios. Procuré obedecerla, pero no pude menos que entreabrir la boca. Y su clítoris empezó a cogerme la boca. -¡Así me gusta, corazoncito! ¡Quédese bien bien quietecito, y con la mente en blanco! ¡Ahora le voy a refregar mi peluda concha por la cara! ¡Pero usted ni se me mueva, no haga nada!- Lo que no pude evitar fue que la respiración se me acelerara, y mi pija enhiesta temblara en el aire. Y comenzó a refregarme la concha por la cara, bañando mi rostro con sus jugos vaginales. Mi respiración se aceleraba más y más. Mi estómago se contraía espasmódicamente, y mi bajo vientre se estremecía con temblores involuntarios.

-¡Así me gusta, mi nene! ¡Bien obediente y quietecito! ¡Ahora le voy a acariciar la nariz con mi ojete, pero usted nada, se me queda bien quietecito, o me voy y no le restriego más el ojete contra su cara!- y sentí los redondos globos de sus firmes y suaves nalgas sumergiendo mi cara entre ellas. Las fue abriendo hasta chantarme el ojete en la nariz y volver a cogérselo con ella. Yo sentía como sus jugos seguían derramándose sobre mi cara, boca y cuello. Mis brazos se tensaban con movimientos espasmódicos, mis puños se abrían y cerraban por si mismos. Y entonces comenzó a hablarme, a recordarme las cosas que le hacía a su novio, para mantenerlo en estado de constante desesperación, y de las cosas que les había hecho a los hombres en los colectivos, como el viejito aquél que tuvieron que llevárselo con un respirador, o aquel señor que viajaba con su esposa en el subte y al que le dio tal tratamiento que acabó a las cuatro estaciones. Y su culo seguía jugando con mi cara. Y su respiración también se aceleraba. Y la mía estaba a mil.

– ¡No piense en lo que le estoy haciendo ahora!, ¡Aleje de su mente los pensamientos eróticos! Piense mas bien en lo que hicimos cuando fuimos a bailar. ¡Recuerde que a mí me gusta dominar a los hombres, tenerlos bajo mi culo, y hacerlos acabar de pura calentura y ¡

resístase!- su culo rebotaba una y otra vez en mi cara con movimientos cortitos, cada vez más seguidos.

-¡Ahh, ahh! ¡Eso es lo que quiero yo: un hombre bien hombre que se aguante cualquier cosa que le haga y sea capaz de resistir sin acabar… !- y revolvía su culo contra mi cara próxima ya a su propio orgasmo. Yo vi que la situación no era la de un hombre bien hombre que fuera capaz de resistírsele. Ahí estaba yo bajo su culo, y ella culeándome la cara, completamente dominado y subyugado. -¡Muy bien, mi macho, así me gusta, un hombre que se resista a ser mi esclavo y acabar cuando yo lo domino! ¡¡Ahhh, ahhh, mi vida… ¡qué polvo me estoy echando en tu cara! ¡¡¡Ahhhh ahhh, síiiii!!!- y acabó con convulsos apretones de su culo, mientras mi pija estallaba como un surtidor, moviéndose de un lado para otro, echando chorros y chorros de semen, que esta mujer había logrado ordeñarme una vez más, sin tocarme con las manos. Ella sabía muy que me estaba llevando al orgasmo, y se divertía jugando conmigo. Quedamos rendidos, uno en brazos del otro. Yo completa, total y definitivamente rendido.

Yo vivo en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Soy un varón heterosexual al que le gusta divertirse. Si quieres contactarte conmigo escríbeme.

Autor: Lado Oscuro

ladooscuro4 ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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