EL DESCUBRIMIENTO I

El lunes y martes siguiente fui al entrenamiento de rugby, pero no vi a Rubén. Por un lado estaba aliviado, pero por otro lado estaba algo intranquilo. Más allá de haberme hecho confidente de su pequeño secreto, era mi amigo. Y también tenía que darle razón. La experiencia de haberme metido un dedo enjabonado en el culo había sido inquietante… excitante.

Los muchachos me preguntaron si no sabía nada de Rubén, ya que era su mejor amigo. Y alegué que desconocía su número de teléfono o domicilio. El entrenador me los facilitó.

-No quiero presionar a Montiel (el apellido de Rubén). ¿Podrías hacerme el favor de averiguar que le pasa?

El destino parecía empecinarse en ponerme en contacto nuevamente con Rubén. Cuando lo llamé por la tarde, una voz femenina muy dulce me atendió.

-¿Hola? -Si, buenas tardes… ¿Se encuentra Rubén? -¿Quien le llama? -Mi nombre es Andrés, soy un compañero de rug…

-¿Andrés? ¿El de la fiesta? ¡Soy Mariana! ¿Te acuerdas de mi, no?

¡Como no me iba a acordar de esa exhuberante belleza!

-Si… claro….

-Me moría de ganas por hablar contigo. Necesito hablarte. Me preocupó que te hayas escapado de la fiesta. Y quizás tenga relación con lo que le pasa a Rubén.

-¿Que le pasa a Rubén? ¿Está mal? -No, no, no… quedate tranquilo. Él está bien. Pero ¿podríamos vernos? -Si… bueno… claro…

-Dame la dirección de tu casa, y cuando me digas allí estaré.

-Bueno… yo estoy libre… cuando quieras.

-Anoto tu dirección y salgo ya mismo.

No pasó media hora cuando sonó el timbre de mi casa. Me sorprendió la velocidad, y más que yo había tomado una ducha, así que la atendí envuelto en una toalla de la cintura para abajo. Al abrir la puerta… allí estaba. Espléndida.

Vestía un top rojo, con sus tetotas vibrantes, más paradas, más provocativas que nunca. Su delgada cintura al aire engalanaba un jean hiper ajustado de cintura baja. Cuando pasó, después de estamparme un beso en la mejilla, y mientras ponía la mirada en el suelo (estaba toda sonrojada de verme en cueros…), pude apreciarle el culo… ¡Era hermoso! ¡Parado, duro, enhiesto! ¡Que pedazo de hembra! Dos nalgas perfectas y una raya bien profunda marcaba ese jean prodigioso. Comencé a excitarme rápidamente.

-Mariana… me terminé de duchar… me cambio y estoy acá en un minuto…

-No… no es necesario… -dijo Mariana, mirando fijamente la toalla. Mi pene estaba en plena erección, y vaya si se notaba.

-Me alegra saber que te sorprendí de esta forma -dijo ella, mirando sin disimulo el bulto prodigioso bajo la toalla. -Llegué a pensar que eras gay como mi hermano. Y eso a pesar que él está perdidamente enamorado de tí.

-¿¡Qué!? -Por eso mi hermano faltó a la práctica… está un poco depresivo… piensa que hirió tus sentimientos el sábado en la fiesta…

-No, Mariana, yo…

-Mi hermano me cuenta todo, somos muy confidentes. Él se dio cuenta que me gustabas desde un principio. Y cuando hablamos al día siguiente de tu escape, fue inevitable atar cabos y llegar a esta conclusión.

-¿Yo te gusto? -Rubén también me contó sobre la revista de exhibición masculina que tenía en la guantera. Me excito con facilidad. Me gustan los tipos musculosos y altos… como tú. Claro que no quedo en evidencia de esa forma. -dijo señalando la prominencia de mi paquete bajo la toalla.

-¿Yo te gusto, Mariana? -¿Te lo tengo que demostrar? -y tiró de mi toalla, dejándome en bolas.

Mi erección era prodigiosa, y ella estaba muy a gusto, mirándome. Se desprendió del top y quedó con su corpiño rojo y traslúcido apuntando hacia mí. Sus tetas eran enormes, como suponía. Y dejaba entrever unos pezones oscuros y grandes como tortillas. Se acercó a mí y sentí sus tetas sobre mi pecho. Y me besó ta

n apasionadamente que no alcanzaba mi boca para recibir su lengua zigzagueante y babosa. Le amasé el culo sobre el pantalón, le desabroché el corpiño. Quería hacer mía a esa hembra en celo. Le empecé a desabrochar el pantalón, acción que ella siguió por si misma mientras la respiración de ambos se ponía a mil, y ya era un jadeo siniestro.

Con los pies se sacó las zapatillas y yo la eché al suelo para sacarle el pantalón hiper ajustado. La bombachita roja también voló por los aires, y ví su coño absolutamente rasurado. No pude más. La levanté por el aire con mis potentes músculos y llevé su conchita sobre mi cara. Ella se abrió de piernas y puso las mismas sobre mis hombros. Empecé a lamerle la raja, mientras ella jadeaba, gruñía, se retorcía de placer, me arañaba la espalda.

-¡A la ducha, mi tigre, a la ducha! ¡Hazme mujer!

De nuevo en la ducha. La bajé de mis hombros y la mantuve alzada, comiéndome su cuello a besos, mientras ella buscaba la llave de la ducha. El agua tibia empezó a resbalar sobre nuestros cuerpos, y se volvió fría. Pero de la calentura que teníamos, ni nos dábamos cuenta. La subí sobre mis caderas, mientras me hacía un candado con sus piernas y me aprisionaba contra sí. Se la metí hasta las bolas, se la saqué entera y se la volví a clavar profundamente. La perra gritaba de placer, me mordía el hombro, me abrazaba, me gritaba

-¡Máaas…. más…. rompeme la almeja, hijo de putaaaa…! ¡Siiiiii….!

Mientras esto pasaba, con mis manos le estreñía ese culo prodigioso, aprovechando y volcando todo el peso de su cuerpo contra la pared. Con mis manos en su culo la empecé a subir y a bajar sobre mi mástil, y ella comprendió el juego y empezó a cabalgarme.

-¡Hijo de puta, que pedazo de pija! ¡Que macho! ¡Me vooooy…!

Aceleré el ritmo y le llené la cueva de leche. Ella gritó, se relajó, me apretujó el pene con su vagina, revolviendo un poco, y zafó de su postura para arrodillarse y limpiarme desesperadamente el pene con su boca… lo único que logró fue levantar nuevamente la erección.

-¡Puto de mierda! ¡Que máquina! ¡Dame por el culo, perro!

Agarré a Mariana y la apoyé en el lavatorio, quedando su culo ofrecido a mis antojos. Le enjaboné un poco el culo, total, ya estaba toda mojada, y arremetí sin piedad.

-¡¡¡AAAAAhhhh!!!! ¡¡¡Que pijota!!!! ¡¡¡Que hijo de remilputas!!! ¡¡¡Me estás haciendo mierdaaa!!!!

Yo no podía creer que la nena era tan malhablada. Era una puta insaciable, y le gustaba el juego rudo. Tenía la concha como un embudo, y el culo ni lo cuento. Te succionaba una barbaridad. No tardé en correrme y llenarle el culo.

-¡¡¡Otra vez, amor!!! ¡¡¡Que gorila!!! ¡¡¡Quiero saborear lechita fresca!!!

Y se arrodilló, pero mi pene ya estaba flácido. Ella se lo metió en la boca, desesperada, mientras yo le acariciaba la cabeza. Me daba un poco de lástima. Era algo ninfómana, insaciable. Mi pene empezaba a ponerse al palo de vuelta. Ella me lamía el glande, el palo, las bolas… me estrujaba el culo, pero fue un pequeño detalle el que me puso al palo, y el cuerpo tenso, duro.

Mariana empezó a ponerme un dedo en el culo. Su dedo índice, enjabonado. Y me gustaba, y no podía creerlo. Y enseguida logró una erección más que plena, espléndida. Tenía al cabeza de mi pija al rojo vivo, y ella aprovechó eso. Se la tragaba entera, si apenas tenía diecinueve años, ya era toda una puta experta. Sus labios hacían aparecer y desaparecer mi pene como por arte de magia, y eso que es una pija grandota. Ancha y larga, como de veinte centímetros.

Trataba de decir cosas repugnantes y excitantes, pero la pija en su boca se lo impedía. Yo reconstruía sus sílabas en bocanadas…

-¡Que pija! ¡Que caño gordo! ¡Que matafuegos, papi!

Y la leche bañó su boca, su cara, sus tetas… era inevitable. Se limpió hasta la última gota, se tiró en el suelo del baño, se abrió de piernas, me llevó hacia ella y me dijo….

-¡Limpiame todo el semen en mis tetas con tu boca…! ¡¡comete mis tetas ya!!

No me dio asco para nada, empecé a limpiarle con la lengua mi semen, que no tenía un gusto tan feo y tampoco era tanto, y le chupeteaba todas las tetas, los pezones, que se ponían duros

como piedra, mientras los amasaba con mi mano… y no me alcanzaban las manos para abarcar cada teta. ¡Eran enormes!

-¡Quiero que me acabes en las tetas! ¡Pajeate con mis tetas! ¡Tu pijota entre mis tetas!

Tuve que frenarla un poco, pidiéndole que se calmara, que tenía que dejarme descansar un poco.

-¡NO! ¡Quiero un macho! ¡Necesito un macho! ¡Estoy RE-CALIENTE!

Y empezó a lamerme las bolas, me dio vuelta y me hizo apoyar mi pecho sobre el inodoro, dejándome en cuatro. Me abrió el culo peludo, y empezó a lametear el ano, en forma desesperada. Yo ardía de placer, esta vez me relajé, pero mi culo estaba agradecido con ese beso negro insaciable. Sentía la lengua ir y venir tan cremosa y tibiecita por mi ano, por donde antes había entrado su dedo y días antes, el mío.

-¡Voy a desflorarte el culo, papi!

Y sin decir más, metió dos dedos en mi culo, que ya estaba algo dilatado, pero me sorprendió y grité un poco por el dolor. Sin embargo, el dolor se convertía en placer, en un placer extraño. Comencé a acordarme de las palabras de mi amigo Rubén, el hermano de la puta Mariana que me estaba culeando con sus dedos, cerré los ojos y la dejé hacer. La muy guacha puso sus tetas enorme en mi espalda, me respiró en la nuca, y me dijo:

-Te voy a meter esto en el culo… -mostrándome un tubo de desodorante largo y fino, con la tapa redondeada. ¡Parecía un pene flaco y largo! -Mientras decía esto, lo ensalivó y yo le supliqué.

-Despacio, por favor… no me lastimes.

Mariana ensartó la punta del desodorante en el culo y comenzó a girar, como un taladro, buscando penetrarme. Me dolía, pero yo abrí más mi varonil culo para que ella se diera el gusto. Y sentí como eso frío, largo y liso empezaba a abrirse paso por mi ano virgen. Mi violadora no se quedaba atrás y me daba besitos en el culo, me tocaba las bolas, mi pene que volvía a levantarse por esa sensación de placer nueva. Me sentí humillado y al mismo tiempo reconfortado, tenía el culo desgarrado pero me gustaba. Mariana se puso detrás mío como si fuese un varón, empujando con su pelvis el tubo que ya estaba a medias dentro de mi culo, mientras mis cavidades se adaptaban a la nueva presencia.

-¿Te gusta, Andrés? ¿Te gusta sentir algo en el culo? -Siii…. duele…

-Duele, mi macho… Pero es muy agradable…. -todo me lo decía con voz de zorra puta.

-Siiii… mmmm… pero es lindo.

-Así te preparo para mi hermano Rubén…

-¿Que estás diciendo? -Porfi… no seas malo… tiene el ánimo decaído…

-¡Pero yo no soy gay! -Andrés… que te dejes clavar no significa que seas gay… ¿y si estoy yo presente? ¿te gustaría? -¿Qué? -Un trío… yo ya he participado con mi hermano… no te sorprendas… es maravilloso.

-Mariana… por favor…

-Andrés… no podrás volver atrás. Mira como te ves… tan patético con un frasco de desodorante en el culo… diez centímetros de metal adentro… ¡Rubén es tu amigo! ¡Te necesita! -No sé….

-Porfi… porfi… nadie lo sabrá…. será nuestro secreto…

Y mientras decía esto, me sacó el frasco del culo. Y me pasó sus dedos por mi ano, y me los mostró embebidos en sangre, mi propia sangre. Una chica infernal, insaciable, me había desflorado el culo. Pero yo no era gay. O si lo era.

Tendría que averiguarlo con mi amigo Rubén.

Autor: Ano Batalla

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

0 votos
Votaciones Votación negativa

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *