El deseo en sus pupilas

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Se acercó a mí agarrándome del pelo y haciéndome bajar hasta su miembro que se ponía más erguido por momentos sólo de tenerme cerca y sentir mi aliento que comenzaba a jadear en silencio y me lo metió en la boca, y sin soltarme el pelo movía mi cabeza a su antojo con todo su miembro endurecido dentro de mí. Mis pezones se habían endurecido como piedras por la escena y la humedad.

De amanecida… comienzo a vislumbrar un nuevo día, tumulto y estruendo en mi memoria que retumba encontrando tranquilos retozos de tu ausencia, ¡fugaz! ¡salvaje! Entregada, ocultándose en aquel pasado no tan lejano del que ambos formamos parte.

Marcos era conductor habitual de la línea de autobús internacional que cubría habitualmente Madrid-Lyón tres días a la semana. Al llegar la noche, cae de nuevo el silencio, apagando así las voces del exterior, solo escucho los ecos de las cosas, aparto mis quehaceres y me agarro a los recuerdos, desatando en mí la locura contenida, el deseo disfrazado durante el día y vuelvo a tropezar con tu recuerdo, ahora que ya no estás, y en la soledad de mi lecho imagino una y otra vez todo ese derroche brutal de sensualidad compartida que me hizo traspasar la barrera del orgasmo, del clímax, llegando a concederme momentos infinitos de éxtasis en los que nada parecía terminar.

Me retuerzo de placer entre las sábanas, empapando tímidamente mis braguitas de algodón, deseando ser esclava de ese deseo que me acerca una y otra vez a tu olor a tu dulce tacto y que inconscientemente provoca en mí una sensación de angustia, jugueteando con mis deditos que juguetean y se pierden entre esas bragas empapadas que desean con avidez tus caricias, húmedas y calientes que palien esa tormenta de fuego que se libera en mí y me abrasa durante las noches. Fue el comienzo de un nuevo viaje lo que me llevó hacia él, dejando atrás en mi vida malabarismos de manos erradas que una y otra vez me cerraban las puertas del placer más exquisito y oculto.

Largo viaje a Francia que por primera vez comenzaba para mí, pensando en acercarme así a mi novio que llevaba trabajando allí casi un año y al que casi no veía, 16 horas de viaje en autobús que se me figuraban interminables.

¡Que poco podía yo imaginarme en aquellos momentos lo que pronto iba a cambiar para siempre mi vida…! Dando lugar a pecaminosos pecados inconfesables, llenos de lujuria, deseo salvaje, frenética locura que me abrazarían y envolverían para siempre, moldeándome así a su antojo, como una torpe iniciada en sus herramientas más sutiles que embrujaban todos los conceptos que pudiera tener hasta el momento sobre el placer. Haciéndome ser una perfecta desconocida para mí misma.

Mi novio Paco, técnico informático del que yo me sentía muy orgullosa pese a la frialdad de su corazón… tal vez por su extrema juventud (yo era mayor que él 8 años), y tal vez por lo que en él había de autodidacta, intentaba siempre evadir cualquier emoción, sentimiento interior, se perdía largas horas delante de un ordenador… que parecía adorar, la rapidez era su ingrediente principal de vida, ¡todo para ya mismo! Siempre pendiente de un futuro incierto al que parecía tener prisa por llegar… olvidándose tristemente de aquel presente en el que apenas podía respirar a su lado, siempre viviendo de fantasías, siempre pendiente del móvil… del ordenador, de la televisión, ¿preludios?

Eso era nuestra asignatura pendiente pese a que siempre buscaba nuevas técnicas que le dejaran fluir conmigo para que aprendiera a disfrutar de algo que intuía cerca y pronto explotaría en mí. Su ausencia de sensibilidad se acentuaba cada vez más… llevándonos a tristes sesiones de cama que enmudecían mis deseos haciéndome sentir culpable a cada momento, y abriendo un abismo delante de mí que nos separaba más y más.

Embebida en aquellos pensamientos comenzó mi viaje acercándome así a aquel conductor descarado que no dejaba de mirarme por el retrovisor del autobús y para el que algo tan salvaje como unos pechos tan sensuales y prietos como los míos, no pasaba desapercibido… El deseo se reflejaba en sus pupilas y dejaban al desnudo un desafío que me alteraba por momentos.

Yo ocupaba un asiento y a mi lado no había nadie, lo que me permitía estar algo más cómoda mientras observaba al resto de la gente embebido en sus historias, imaginándomelas y tratando de ver ese lado morboso que tanto me distraía. Hasta que me topaba con la mirada de Marcos, mientras su compañero descansaba en la estrecha cabina habilitada para relevarle después de la primera parada.

Llegó la noche y con ella el cambio de conductor, yo me sentía algo mareada y el frío de enero me cubrió haciéndome tiritar, Marcos se acercó a mi ofreciéndome una manta y ayuda, se sentó a mi lado comenzando a hablar en el tono en el que la luna susurra para no despertar al sol, lo que contribuyó a que pudiera sentir la tremenda fuerza de su mirada, su olor y el poderoso espíritu de luz que embriagaba todos mis sentidos.

Me hizo sentir algo intimidada por la conversación, pues directamente me preguntó por qué viajaba sola, le conté mi historia, mis dudas, mis miedos llegando a ruborizarme y sorprendiéndome debido al tono de confianza con el que habíamos empezado a hablar sin conocernos de nada.

Él me contó su vida en la carretera, pasando cinco días a la semana fuera de su casa donde le esperaba una mujer que relegaba al olvido las muestras cariñosas que más deseaba, llenando de interrogaciones los pocos momentos íntimos que ambos compartían, mostrando ese lado oscuro y desconfiado de quien quiere poseerlo todo y castiga sin perdón enturbiando esas muestras de sexo con tantos interrogantes abiertos, pese a que Marcos procuraba ser fiel y motivar a su mujer… pero estaba cayendo en la desesperanza y desilusión, sentimientos maltrechos que tan familiares empezaban a ser para mí.

Le aconsejé que le regalara un conjunto sexy, que en Francia parecía ser que las prendas íntimas cobraban vida propia y eso a las mujeres nos gustaba mucho, nos hacía sentir deseadas, que era lo que en el fondo movía esas sensación de seguridad en la pareja. Así entre risas fugaces, se me olvidaron los kilómetros que tanto malestar me estaban causando, llegando el viaje a su fin, Montpellier despidiéndonos cordialmente mientras el seguía paciente con la mirada mientras yo me alejaba con mi novio que esperaba en la estación.

Pasó el fin de semana y con él mis ilusiones naufragaron como un barquito a la deriva y mis sueños no vividos se hicieron más presentes que nunca, envolviéndome en ese vacío tan frío y pidió desde el mismo que le dejaran llamar para avisarme, Marcos le dejó realizar la llamada y atentamente se percató de que era a mí a quien llamaba (ya le conocía de vista), y al momento de colgar el teléfono después de hablar con mi novio…

Cual fue mi sorpresa al ver que de nuevo sonaba el teléfono y esta vez Marcos era quien hablaba ¡Sorprendida!, dijo, estoy aquí con tu novio cerca y no he podido evitar hablar contigo, no se nada de ti… ¿me equivoco? O ¿eres tú la muñeca de ojos tristes la que mi manta arropó durante horas dejando tu olor impregnado en ella?

No me dejó hablar, simplemente me dijo que en dos días me pasara por la estación, que tendría un regalo reservado a mi nombre y pasara a buscarlo. Espero no te haya molestado la llamada dijo, ya hablaremos aunque ahora me quedaré con las ganas de saber que llevas puesto a estas horas. Soñaré contigo.

Tres dulces botellas de vino que el mismo había envasado y un centro de flores eran mi regalo, acompañados por un número de teléfono junto a una nota donde ponía ¿te atreverás a traspasar el límite? Aquello me dejó sin palabras, no sabía que hacer, me tuvo durante días absorta, pasaron dos semanas antes de que me atreviese a coger su número de teléfono y llamarlo para darle las gracias, pero antes de que pudiera articular alguna palabra escucho, Hola princesa, dime, ¿qué llevas puesto?

Aquello si que me descolocó por completo, el morbo estaba servido, y me excitaba misteriosamente, aquella voz tan sensual me hizo presa de un juego tan erótico como peligroso que apenas si podía controlar. Sin pensar le contesté: braguitas azules de encaje y camiseta negra, ajustada de lycra. ¡Ummm! si estuviera contigo, contestó Marcos- esas braguitas cambiarían de color, solo para mí… porque serían el plato sobre el que relamería las fresas que ahora mismo llevo en la mano..

¡Aaahhh! Aquello me excitó más que cualquier situación vivida hasta el momento y más teniendo en cuenta que mi novio no había relamido mi juguete húmedo ni había descubierto el lunar que entre ambos labios le esperaba ardiente, se limitaba a lo escasamente necesario para poder sentir la avidez del sexo endurecido y sin querer comencé a entrelazar mis deditos… dejando entreabiertas mis piernas queriendo introducir esas fresas, imaginadas, dulces, mojándolas con mi flujo para que el pudiera llevárselas a su boca, saboreando una y otra vez el aroma del deseo.

Me hacía sentir tan bonita y deseada a la vez. Esclava ya de aquella nada real que me envolvía, Marcos notó aquello, al escuchar mis jadeos por teléfono y muy seriamente ahora su voz me sugirió vernos para hablar, tomar algo y contarnos como iban evolucionando las cosas para ambos y yo accedí agradecida, pues también necesitaba hablar y algo tan intimo no era fácil contárselo a la gente más allegada a mí.

Un café y aquel encuentro corto fueron suficientes para avivar más aún el fuego que se iba extendiendo más y más. Él me pidió disculpas por ese tono que empleaba conmigo… pero no lo podía remediar… era como una vía de escape y además yo le gusté primero por el físico y luego por la capacidad de escucha, la conversación y la alegría que a él le había mostrado, aunque era consciente de la situación que ambos teníamos, y yo por mi parte ufff, me había hecho sentir en menos tiempo más deseada y más salvaje de lo que jamás pudiera imaginarme, ambos necesitábamos un poco de cariño que nos hiciera sentir vivos.

Que estúpida me sentí… y él lo notó, entonces sacándome un hielo del café lo pasó por mi barbilla comenzando a chupetearlo y mordisqueando aquel mentón, lleno de huesos que poco a poco se iban retorciendo de placer y mojaban mis labios deseando que fueran besados. Me estaba excitando sutilmente llegando a sentir completamente empapadas mis bragas que de nuevo volvían a delatarme.

Me mordisqueó los labios diciéndome al oído muy suavemente, yo sigo la Biblia a pies juntillas, sobre todo aquello que dice…lo que es arriba, así sea abajo, por eso no puedo faltar a ese principio y tendría que comerte enterita esos labios que ahora mismo me están esperando empapados bajo tus braguitas.

Yo ya no sabía como manejar aquella situación y le dije, en tono acusador, si, si, pero a la franchute esa que es lo que le haces, ¿te gusta? No pienso contestarte, si quieres eso lo hablamos el próximo día que venga y más tranquilamente te lo explico… dijo en actitud seria y distante como si lo de hace un instante hubiera sido un sueño y dejándome con aquella sensación de querer llegar más lejos, eso si, vi un paquete muy cambiado bajo su bragueta al levantarnos de la mesa…

Aquel triángulo del pantalón se había convertido en un globo hinchado, redondo, a punto de explotar, aquello me satisfizo de tal manera que seguí el juego y volvimos a quedar en quince días, esta vez en el bar de un hotel. Me sentía como una perra encelada queriendo ser penetrada y a la que dejan rabiosa esperando su pastel.

En esa semana, volvía mi novio a España para pasar cuatro días y la verdad, apenas tenía ganas de hacerle nada, de tocarle o comerle bajo el pantalón, él como de costumbre se dejaba hacer por mí, no haciendo ningún esfuerzo especial por acercarse a mí, aún así notó que yo me encontraba algo más ausente, tal vez menos exigente con él, yo tenía la cabeza puesta en aquel encuentro que tanto me había marcado y del que solo le conté a mi novio que me había tomado una cerveza con el conductor para agradecerle el detalle de regalarnos a ambos el vino.

En el rato de sexo que tuve con mi novio… se excitaba tremendamente imaginándose que yo me liaba con Marcos, que le daba las gracias de otra forma distinta… y me hacía relatarle la historia de mis propios labios, justo cuando empezábamos a hacer el amor y yo me encontraba encima de él, aquello me descolocaba, me exigía una y otra vez, inventándome situaciones para que él así pudiera excitarse, sabiendo que cualquier cosa que le dijera sería usada en mi contra después.

Si era real… verdadera. Me repudiaría por golfa, pero igualmente lo haría después al saber que no era cierto, pues le mentía y le vacilaba. No le bastaba con disfrutar de la unión de estar los dos, cuerpo a cuerpo, no, el necesitaba de aquellas historias aderezadas siempre con la sombra de una tercera persona para que él pudiera excitarse y disfrutar. Era un chantaje emocional que ya me estaba cansando.

Pasaron los quince días… con la sensación de haberme despedido de mi novio con el mismo sentimiento de vacío errante que tenía al principio, de que las cosas simplemente no iban y con el deseo de aquel encuentro que me permitiera expresarme libremente. A él, Marcos, mi confidente.

Cuando llegué al bar, me senté a esperarlo, pero directamente se acercó a mí un camarero que me dio una nota, era de Marcos. Sube a la habitación a buscarme… perdona, pero me he olvidado algo y hasta que no lo encuentre no me iré.

Habitación 102.

No supe que hacer en ese momento… pensé sin más, se acercó a mí… agarrándome del pelo y haciéndome bajar hasta su miembro que se ponía más erguido por momentos sólo de tenerme cerca y sentir mi aliento que comenzaba a jadear en silencio y me lo metió en la boca, y sin soltarme el pelo movía mi cabeza a su antojo… con todo su miembro endurecido dentro de mí. ¡Ohhh! Mis pezones se habían endurecido como piedras por la escena y la humedad del baño, mis labios baboseaban abiertamente dejándome llevar. Perra, tenías ganas ¡eh!

Querías probar tu pastel, y sin poder evitarlo y en cuclillas como me encontraba me sorprendí a mí misma llevando mis manos a sus nalgas prietas y acariciando su culito con movimientos de vaivén de sus dos carrillos para dulcificar aquella entrada magistral de su miembro en mi garganta… mientras notaba que estaba más que mojada en aquel momento.

Movía mi lengua sin parar alrededor de aquel capullo sonrosado que tan explosivo se mostraba ahora para mi, si… es mío… pensé, esto me pertenece a mí, y mordisqueaba la piel que hacía que se me mostrara oferente y entregado toda su polla que tan solo deseaba meterse dentro de mí, que placer sentir sus manos en mi cabecita, hubiera hecho lo que me hubiese pedido, era como la alumna que se deja llevar por su maestro confiada, y consciente del delirio que suponía aquella entrega.

De pronto me levantó y me arrinconó junto al lavabo y metiendo su pierna entre las mías… me fue separando las nalgas muy poco a poco tocando con su rodilla mi pubis más que húmedo, ya hinchado y deseoso de aquel derroche de placer diciéndome sé que lo estás deseando, anda, pídemelo zorrita… pídeme que te folle bien folladita… como a ti te gusta… para dejarte tranquilita, y sin más no pude sino entre jadeos rogarle que me la metiera hasta el fondo, que me dejara sentir aquella plenitud de su miembro que ya tenía vida propia y me buscaba con avidez.

Separó mis braguitas y apenas si jugueteó con mi clítoris, pero eso no importó me la hundió toda enterita, aquella verga brutal hasta dentro, haciéndome jadear y sentir el delirio. Hasta correrme sin que él apenas se hubiera movido dentro de mí, ¡tenías ganas eh… perra! Yo se lo que te gusta… y te lo voy a dar, esto es lo que le gusta a la francesita que le haga y ahora te haré lo que me gusta a mi hacerte.

Y según me estaba hablando de ella sentía que mis celos aumentaban, pero en la misma medida que mi placer… era una mezcla extraña de sensaciones, y deseaba volver a correrme para él… mojarme aún más para entregárselo a él y me fui abriendo más y más. Hasta dejar mi culito todo empapado deseando ser penetrada y sin darme cuenta me separé de él dándome la vuelta y apoyando mis manos en aquel lavabo que estaba siendo cómplice de aquel delirio, intuyendo él mi total entrega dijo: zorra, ¿ahora quieres que te dé por el culito?, así me gusta que te dejes follar toda entera.

Y sin más separó mis dos carrillitos del culo y sujetándome con aquella braga medio rota y como buen jinete ya por el punto extremo al que habíamos llegado, me cabalgó y me montó como si fuera una potra desbocada que necesita ser calmada. ¿Esto también se lo das a la otra? Dije. No, zorrita, solo le dejo chupármela. Pero no le doy el placer que te estoy dando a ti ni la chupa como y ni tan siquiera yo le como a ella, solo dije que era exigente y eso significa que sabe donde está una buena verga como esta ¿no? ¿a ti te gusta eh?

Pero a ti te lo voy a dar todo, para que sepas donde esta tu fuente de placer… para que vuelvas a buscarlo. Y ahora cuan banalidad del sufrimiento para que goces con los deleites del deseo, para que busques lo más lejano de tu corazón, y lo entregues eternamente al placer…para el que estás mágicamente concebido…A ti.

Autora: Melibea

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Escrito por Marqueze

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