El día de boda de mi cuñada

cunada

Mi cuñada fue siempre mucho más liberal que mi mujer. A sus 23 años ya había tenido 2 maridos formales en sociedad. Su personalidad es explosiva y apasionada, alegre y atrevida, es muy singular. Luego de pasarla muy mal con su segunda pareja, nos pidió ayuda y se fue a vivir temporalmente con nostros mientras se estabilizaba emocional y económicamente. Todo concurrió con normalidad, pasó cerca de dos años en casa.

Solo hubo un evento fuera de la esperada normalidad. Me fui a trabajar enfermo y en mi oficina no pude más. Decidí regresar a casa y descansar para aliviarme. Entré a casa, fui por una bebida fría, iba camino a mi habitación y escuché voces. Me asomé la habitación de visita y vi a mi cuñada haciendo el amor con un hombre. Tenían la puerta abierta totalmente, ella estaba de frente sentada sobre él y gritó del susto! Le vi todo, y debo decir que me gustó lo que vi. Mi cuñada mide 1.70, es piel morena algo clara, ojos preciosos como árabe de cejas bien populadas y arregladas; su cabello negro, ondulado y abundante; sus pechos firmes y con pezones algo oscuros, inflados y medianos; cintura y piernas duras en el gimnasio. Debo decir también que es algo hippie, por lo que usa su vello púbico casi natural, así que sus axilas y vulva siempre tienen un colchón algodonado, limpio y lindo.

Del evento no diré mucho, solo resumiré que le advertí que no quería volver a saber, que gente que no conozco entrara; que no me molestó lo sexual, cada quién sabe lo suyo.

Ella pasó súper avergonzada, me pidió no le dijera a nadie y no tuve problema con eso. Tampoco busqué aprocharme de eso, simplemente lo obvié. Ella cambió conmigo, se volvió súper cordial y más dulce (ya era dulce conmigo). Me preparaba cenas, bebidas, a veces hasta hacía el jardín para que yo descansara el fin de semana. Si nevesitaba algo, siempre estuvo en la primera fila. Pensé que lo hacía para compensar su falta y le dije que no estaba obligada a hacer nada, que podía sentirse tranquila. Igualmente, ella siguió con sus atenciones lindas.

Mi cuñada comenzó a vivir por su cuenta y varios años después formalizó una relación con otra persona. Ya tenían cerca de los 30 años, así que pensé que finalmente sería estable. Nos invitaron a su boda y ese año se planeó una buena fiesta. Debido al trabajo, mi señora aparecería solo unas horas antes del evento, casi se lo pierde! Su hermana pasó una semana intensa y me pedía ayudas a cada momento, que le acompañara, le ayudara a decidir algo, le llevara a un lugar, etc.

Se casaría por la noche, así que esa mañana me pudió que le llevara a todos los lugares para últimos detalles. Le llevaría al salón de belleza pir la tarde por eso de la costumbre que el novio no vea a la novia antes. Cuando volvimos a casa al mediodía, fuimos a su apartamento para comer y descansar un momento, pero no había nada en la nevera. Ordené unos sandwiches, de esos sanos, y para ella una ensalada y sopa. Sabía que debía entrar en ese vestido y su cuerpo estaba en ka mejor forma que jamás le había visto, se preparó para la boda y las fotografías. Mientras esperábamos el pedido, nos acostamos en los sofás a ver tv y platicar. Ella estaba muy sensible y comenzó a llorar al agradecerme todo. No quise tomar los cumplidos, no soy bueno al ver gente sentimental. Por dicha, el pedido llegó y fue mi escape de ese ambiente. Fui por él, ordené la mesa y preparé rápido un refresco.

Cuando pasé a lavarme las manos antes de comer y llamarle, la encontré de jeans y sin blusa, es decir, arriba solo el sostén. EPA! – dije. Y ella me vio con fuego en los ojos. Ya no me da vergüenza como la última vez – me contestó.

Salió de su habitación a mi encuentro y mientras caminaba, se quitaba el sostén. Puso sus pechos a unos 15 centímetros de mí, alzó su vista a mí y me dijo algo así: “Tómame hoy, quiero agradecerte todo lo que haces, siempre quise un hombre así para mí, pero esta noche me voy con otro. Es lo más cercano a tí que encontré, así que por favor tómame que solo tenemos un ratito y quiero sentirte por una única vez”. Debo decir que nunca había cedido a ningún pensamiento sexual con ella. Quedé pretrificado como 10 segundos. Muy nervioso, le iba a decir que no, pero se me vino encima a besos y correspondí.

Estando de pie a la puerta, me ayudó a sacarme la camisa. Le abracé y acaricié sus pechos con mis manos y los rocé con la barba. Vi cómo se endurecieron y sus pezones se pusieron como dos pequeñas piedras duras. Noté que había depilado las axilas y entre jadeos, me dijo que no podía aparecer como mono en la sesión de fotos.

Nos desnudamos completamente y le abrí las piernas para besarle ese nido tibio que había visto años atrás. Esta vez, no estaba velludo, estaba recortado. Averigüé y me dijeron que no te gusta tanto vello, que te gusta arreglado, por eso no lo depilé del todo – me dijo. Se lo mamé todo, de labio a labio y de arriba hasta su ano. La hice terminar con mi boca pegada a su vulva.

Luego fue su turno. Me senté y tomó mi pene entre sus manos cortas y sus labios carnosos. Le pregunté si tendría uno así a partir de esa noche y me respondió que no. No tuve esa fortuna – me dijo – por uno así vuelvo contigo después de la luna de miel para que me lo des.

Le hice el amor unas dos horas, conté que se vuni unas 5 veces. Cuando eyaculé, quedé dormido con ella sobre mí. Al reponer fuerza, nos fuimos a duchar, por supuesto que juntos y nos volvimos a dar amor.

Le llevé al salón para su maquillaje, peinado y uñas. No dejábamos de vernos con picardía a través de espejos. Al salir, le volví a llevar al apartamento y ponerse el vestido. Antes de ponérselo, volví a besarle toda su vulva y anito y penetrarla por última vez. Tuve que ayudarle a ducharse nuevamente sin arruinar nada de todo lo trabajado en el salón de belleza.
Ese día fue un arrebato de locura por parte de ambos; fue tan fuerte el arrebato que no usamos protección, lo hicimos naturalmente. Le vi casarse como si nada y se fue de luna de miel.

De su viaje, no volvió a buscarme inmediatamente, pero sí pasa a mi despacho con presentes y cortesías. Un amigo mío sabe lo que ocurre entre nosotros, se da cuenta por las miradas prendidas de ambos. Mi amigo me dice cada vez que nos ve: eres un malnacido muy dichoso.

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