El gitano rubio.

Cuando nos mudamos mi pareja y yo a la nueva casa, él estaba enfrente de la puerta, sentado en un bordillo y con los ojos seguía todos nuestro movimientos. Era rubio, ojos oscuros, delgado y alto. El típico gitano rubio. Mi amigo me comentó la forma en que nos miraba.

La verdad es que fue un escándalo en el barrio que dos hombres viviesen juntos, pero a nosotros no nos importaba lo mas mínimo.

Fueron pasando los años y ese niño se iba haciendo un hombre, cada día más guapo y con mejor cuerpo y no dejaba de observarnos cada vez que entrábamos o salíamos de la casa.

Llegue a enterarme que incluso se había echado novia, pero sus miradas siempre eran las mismas. Yo pensaba que eso se debía a intentar comprender, como dos tíos como nosotros, bastante mas mayores que él, vivían juntos. Para colmo, los vecinos decían que éramos marquitas. Cosas del sur de España.

Ya habían pasado algunos años, el ya tendría los 18, y un día me lo encuentro, cuando yo volvía de hacer compras, en pleno verano, y se ofrece a ayudarme con las bolsas. Me sentí muy halagado y con esas llegó hasta mi casa, metió las bolsas en la cocina y allí estábamos los dos, Yo apoyado en la encimera y él en la nevera. Uno frente al otro.

Me entretuve, con disimulo en observar el cuerpo que había echado. Estaba guapísimo, con un morbo especial y en sus ojos notaba como no dejaba de mirarme el paquete. Yo llevaba un pantalón blanco de algodón de esos que tienen un cordón en la cintura.

No sabía que decirle y le ofrecí, por aquello de su ayuda, un refresco que el acepto. Imaginaros, uno frente al otro, él con unos 18 años y yo con unos 36. Ambos nos mirábamos a los ojos y después hacia la entrepierna. No sabia que decir, intentaba con todas mis fuerzas que no se notase la erección que tenia, pero era como querer esconder un elefante en una caja de cerillas.

Por una parte pensaba en que no quería serle infiel a mi pareja, por otra que era muy joven para mi edad, incluso en que yo estaba equivocado y estaba desbarrando. De pronto me dice: Que bonito es tu pantalón. Me quede de piedra, con mis manos agarraba un vaso de refresco, intentando taparme la polla, para que no se viese el bulto, y él me dice eso. Creo que puse cara de póquer, gilipollas, embobado, de todo menos de persona normal. Pero por esas cosas de la vida, se me ocurrió decirle: ¿si quieres probártelo?. La cosa más tonta del mundo, pero ¿qué iba a decir?.

Bueno, lo raro es que él me dijo que si, que quería ponérselo.

No fuimos al cuarto de baño y yo me quite el pantalón, debajo del calzoncillo estaba a punto de explotar un volcán, y a el se le enrredó la cremallera del pantalón vaquero que llevaba. Tuve que ayudarle. Yo casi de rodillas, en calzoncillos, empalmado e intentando bajarle la cremallera. Nervios a tope. Hasta que de golpe le rompí la cremallera y cayeron los pantalones al suelo.

También estaba empalmado y la punta de su cipote salía por la parte de arriba de su calzoncillo, parecía una enorme polla. Ya no sabia que hacer, si dar saltos mortales, morirme de la vergüenza, meterle mano o esperar a que él tomara la iniciativa, cosa que fue la que decidí. Se puso mi pantalón se le notaba la erección hasta casi sin luz, y no dejaba de preguntarme como se le veía el culo, yo con disimilo empecé a tocarle y decirle que le sentaba muy bien, le preguntaba si hacia gimnasia, que una talla menos le ajustaría mas… el caso era sobarle, hasta que se puso de frente a mi y empecé a meterle mano descaradamente.

Se convirtió en una fiera, se abalanzó a mi boca y me besaba con exageración, me tocaba mis tetas, después me abrazaba muy fuerte, mientras me decía que estaba enamorado de mí desde que me mude a la casa.

Eso no podía pasarme a mi, con mis años. mi polla casi estaba a punto de explotar, cuando de pronto de pone de rodillas y me hace la mejor mamada que en mi vida sexual me han hecho. Cuando me corrí en su boca, veía como mi leche le salía por las comisuras de los labios y con un dedo las empujaba para dentro y poder bebérsela, estábamos los dos en pleno éxtasis.

Cuándo termine, me di cuenta que él ni se la había sacado, así que in

tente masturbarlo, le baje los pantalones míos que llevaba puesto, le baje los calzoncillos y… ¡Dios mío! Que pedazo de polla tenía. Yo soy muy malo para medir, pero la mía tendrá unos 18cm y esta era mucho más enorme en todos los sentidos, de larga y de gruesa. Yo solo había visto la silueta y la punta del glande. Intente metermela en la boca para que el se corriera, pero cual es mi sorpresa, cuando se vuelve de espaldas y me dice que se la meta. MI polla recobro vida propia.

Con lo que me gusta comerme un culo, me volví loco, mi lengua lo penetraba, le comí todo lo imaginable y cuando ya estaba el apoyado en el lavabo, le metí la polla de golpe, sin pensarlo dos veces. Grito, chillo, pero yo no dejaba de empujar. Una vez dentro comencé a follarmelo, lentamente, pero con saña, fuerte, hasta casi llegarle al alma. Al final me pedía que lo partiera, que no la sacara nunca. Mientras le hacia una paja en su enorme polla, sobre el lavabo. Cuando ya vi que se iba a correr, intensifique mis embestidas y casi nos corrimos al mismo tiempo.

Cuando terminamos, se la saque del culo y lo volví hacia mí, tenia las lagrimas saltadas y me besaba con un poseso, diciéndome que me quería.

Un año después dejo a su novia embarazada y se tuvo que casar, pero cuando vengo de comprar, y no esta mi pareja en casa, me ayuda a llevar las bolsas de la compra.

A pesar de que ya tengo 44 años, me siento joven cada vez que ese culito se abre para mí.

Autor: Meliya

Meliya ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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