El harem del Nerd (IV: Wanda)

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Aquí volvemos con mas anécdotas y sucesos.

Hola amigos de Marqueze.

Soy David, ¿me recuerdan? Aquí volvemos con mas anécdotas y sucesos.

La ultima a vez que escribí, hablando de mi familia quedo pendiente algo.

Después de lo que paso con Judith, ella estuvo en casa unos días, luego regreso a México, con el ánimo repuesto.

Por supuesto que mi familia se entero de lo que paso, papá no dijo nada, aunque estoy seguro de que se sorprendió, mamá de plano se encerró con Judith y se estuvieron horas hablando, pero no la vi molesta.

El tarado de enrique me miro con odio y envidia, créanme, me hizo temer por las dos neuronas que les comenté.

¿Se imaginan? Si se queda sin esas dos únicas neuronas que usa, se vuelve vegetal jajajajaja.

Isaías me propuso un negocio.

Vender el cerebro de nuestro primo enrique.

Yo no le vi mucho provecho, y mi hermano me dijo que podíamos pedir cien mil billones de dólares, que el cerebro de enrique valía mas que los de Newton, Alba Edison y Einstein juntos.

-¿por qué vale tanto ese amasijo de mierda?- pregunte sorprendido.

Isaías me miro con su caradura y riendo a carcajada limpia respondió:

-porque es nuevo, Jamás se ha usadooooo!!!!!- Pero bueno, dejémonos de payasadas.

La siguiente historia no es de mi autoría, Wanda, la protagonista nos comenta lo que le paso con cierto nerd, cierto día en la vida.

Como es tradición en estos casos, yo solo corregí el estilo.

Créanme, no todo lo que se escribe en estos relatos es de mi autoría, aunque no dejo de ser un personaje.

Espero que disfruten leyendo esta historia como nosotros disfrutamos haciéndolas (y viviéndolas jajajajaja)

FELICES MASTURBACIONEEEEEES!!!!!!!

David.

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Esa tarde llovía afuera del conservatorio, yo caminaba, un tanto cargada de mis libros y libretas entre los charcos, intentando en vano esquivar los charcos del desgastado suelo.

Otra vez tarde, otra vez triste.

Mis días se habían convertido en una serie de fotocopias grises del día anterior.

Desde que mis padres fallecieron, muriendo así él ultimo contacto, él último eslabón entre el pasado, la familia y yo.

Mi nombre es Wanda G.

Tengo 19 años Nací en Chipilo, que es una población cercana a la ciudad de Puebla.

Como todos mis conciudadanos desciendo de los italianos que colonizaron ese lugar, de hecho en nuestro pueblo se habla, de manera muy deformada, el italiano.

Las mujeres de Chipilo somos rubias, de ojos claros y cuerpos generosos (generosos en curvas, no en dádivas.) En mi caso, mido 1.70, mi cabello es platino natural, lo traigo a la cintura, ojos violeta, mis medidas son 92/61/93.5, siendo así, podrán imaginarme.

Pero aquí hay un detalle curioso.

Desde pequeña me metí tanto a los estudios que me olvide de mi misma, era prioritario salir del pueblo, superarme, vivir mejor.

Nuestra situación económica era buena, no lujosa, pero si holgada, mas el objetivo era salir del pueblo, no quería seguir el ciclo de las mujeres de ahí, casarse a los 17 años, llenarse de hijos, y envejecer a los 30 entre vacas.

Así que vine a Puebla a estudiar desde la primaria.

Siendo la única mujer de entre seis hermanos, mis padres lo aprobaron, así que prácticamente crecí aquí.

Hace poco mas de un mes fallecieron mis padres en un fatal accidente, aun me duele muchísimo, así que el día que ocurrió esto que voy a narrar estaba muy dolida.

Sentía que la vida giraba en falso.

Mi aspecto y arreglo personal siempre habian sido desaliñados.

Zapatos tipo industrial, casi masculinos, falda estilo gitana, casi de monja al tobillo.

Camisa a cuadros vaquera, heredada de mi hermano mayor.

Y unos enormes anteojos de grueso calibre.

Si, habrán imaginado que soy la nerd del conservatorio.

Estudio el tercer semestre de música, sueño con ser concertista.

Las compañeras me odian, los compañeros me hacen burla, y entre tanta cosa, no tenia novio.

Vivo en una pensión, donde tengo una habitación grande y agradable, muy soleada y cómoda.

Sola, con un pez beta.

Ese día llegaba tarde a clases. , Así que entre corriendo al conservatorio, para mi mala fortuna tropec&eacu

te; con una compañera, de las que mas me odian, el encontronazo nos derribó a las dos, ella cayo sentada en un charco y se puso furiosa.

Me ofendió y se incorporo rápido, jalándome el pelo y, en un gesto de odio, se saco el chicle de la boca (es de esas chicas huecas que solo saben mascar chicle como rumiantes) y me lo embarro en el pelo.

Me quede sentada en el suelo, humillada, dolida, bastante tarde y bastante desanimada para tomar alguna clase.

Esa chica y los mirones se fueron, dejándome ahí.

Decidí que ese no era mi día, y me aleje del lugar, molida, deshecha por dentro.

Se me estaban acumulando muchas cosas.

Volví a mi pensión y me desanude el cabello.

Tome mis tijeras y yo misma corte el pedazo donde estaba el chicle, afortunadamente solo era un mechoncito, el verdadero daño estaba en mi autoestima.

¿Era envidia porque a ella no le quedaba ningún tinte y yo tenia el pelo color plata natural? ¡Era odio del mundo hacia mi, o simplemente me faltaban feromonas para que los de su especie me aceptaran? Los chicos se portaban indiferentes y burlones conmigo, creo que por eso usaba esas faldas, cuando en la prepa iba de pantalones, nunca faltaba la mano cobarde que me diera una nalgada, y su dueño cobarde que no diera la cara.

La mañana seguía lluviosa, y yo no tenia nada que hacer.

Mis libros estaban aventados en la cama, de cualquier forma.

Mis padres muertos, mi dolor por ser rechazada.

Solo los profesores me apreciaban, pero yo casi temía cualquier felicitación por su parte, ya que los compañeros me agarraron odio pronto y me molestaban con eso.

Me deje caer en la cama, recordando a Alejandra.

Alejandra había sido la única persona que me comprendía, pero se fue becada a Londres y yo me quede sola.

Ella era la única persona con quien había compartido todo.

Y la ultima noche que estuvo en Puebla, hicimos el amor.

Si, hasta ese momento esa había sido mi única experiencia sexual, el enredarme con otra mujer, una única vez y sentir su cuerpo y el mío, inexpertamente entrelazados.

Sentir un orgasmo, solo uno con ella, e incluso la insatisfacción de no haberle dado a ella ninguno.

Solo de recordarla se me humedecían el sexo y los ojos.

Hacia semanas que no sabía nada de ella y eso también era doloroso.

Pero no piensen mal.

Ese único encuentro no represento mas que una exploración en honor a nuestra despedida, no estaba enamorada de ella, así que sabia que esto seria una crisis pasajera.

Me decidí a no desperdiciar la mañana, tenia algunos pendientes.

Tome mi guitarra, la cual tenia la maquinaria descompuesta, y la metí en su funda.

Es una lady babilon, electro acústica, un modelo muy raro construido en edición limitada.

Una guitarra muy femenina, de color rojo claro con matices rosas y la boca en forma de corazón.

Por suerte la maquinaria es normal, decidí llevarla a que le cambiaran el juego completo de clavijas.

La lluvia se había calmado, y salí de casa en medio de un calor cada vez mayor.

Vestía una gabardina hasta debajo de la rodilla, una de mis camisas de hombre, falda negra, larga y gruesa, botas de cañón alto.

En un hombro la correa de la funda porta guitarra, en el otro una mochilita, con el libro que empecé la noche anterior (SOMBRAS EN EL EGEO, DE SUZANNE FRANK, el nudo de oro de una trilogía fantástica, que les recomiendo ampliamente), el disc man con algo de heavy metal y una libreta.

Camine por esas calles, llegando a la tienda donde hay un laudero, en la 11 norte, el me arreglaría la maquinaria.

Estaba afuera de la tienda y me detuve en seco al escuchar a alguien tocando guitarra.

No es que sea fácil de apantallar en cuanto a quien toca bien, en el conservatorio hay de todo, y muy buenos guitarristas, pero lo que me sorprendió es lo que vi.

El chico estaba de espaldas, flaco y algo desgarbado, con el pelo al hombro y una guitarra colgada de un tahalí, pero alrevés.

La guitarra estaba conectada a un amplificador y él estaba tocando de manera punteada, muy rápido, es una técnica algo difícil, por lo menos para mi.

Termine de entrar en la tienda y el se volvió sonriente, notando mi presencia.

Moreno claro, unos lentes gruesos, como los míos, ojos marrón detrás de esos lentes.

Sonrisa un tanto retorcida.

Vestía de negro con gris, y la guitarra zurda era negra con gris.

Tenia una boina el estilo de los españoles que le daban un aire lejanamente distinguid

o.

Me sonrió ampliamente, entrecerrando los ojos detrás de los cristales.

-Hola- me dijo.

-Hola, estee, vengo a que le cambien las clavijas a mi guitarra.-

-Mmmm no sé, no esta el dueño, esta su esposa.

En eso salió la dueña de la trastienda, el chico pago la guitarra, y me comento que la había mandado a hacer ahí mismo, pues el toca con la mano izquierda y las guitarras zurdas no son muy comerciales en nuestro pais.

-pero yo la diseñe, por dentro y por fuera- se apresuro a añadir, con orgullo.-Los resonadores internos son un diseño mío, y el decorado externo, así como el corte entero de la guitarra los diseñe el verano pasado, solo necesitaba de un buen laudero.- La dueña me dijo que ella no sabia como cambiarle las clavijas a la guitarra,y el chico abrió su mochila, en busca de algo, creo que lo encontró porque me dijo sonriente:

-si quieres yo puedo cambiarle la maquinaria. De hecho tengo aquí la que originalmente había comprado para mi guitarra, y no se la pusimos, pues me decidí por esta otra. es la medida de la tuya.- En efecto, eran las mismas clavijas.

La dueña lo miró un poco molesta, porque la había echado a perder una venta, la venta de una maquinaria. Enfadada dijo:

-si, cámbiale lo que quieras, pero aquí no, hay clientes que vienen y no quiero que te vean haciendo eso y luego piensen que trabajas aquí- el sonriente dijo casi riendo:

-no se preocupe señora, ya nos vamos, solo véndame un juego de cuerdas y nos vemos después-

Compró el juego de cuerdas, guardo su guitarra y salimos de ahí.

-mmm te comento que no he desayunado, si quieres podemos ir a algún lado y luego cambiamos tu maquinaria, por cierto, mi nombre es David, David Dror.

-Wanda G., mucho gusto- nos estrechamos las manos y nos fuimos al vips.

Desayunamos juntos y ahí mismo le cambio la maquinaria y las cuerdas a mi guitarra.

Parecía una especie de erudito de la antigüedad.

Hablamos de muchas cosas, el admiro mis conocimientos y los comentarios a los libros que leo.

Hubo muchos libros que coincidieron en nuestros favoritos.

Nos fumamos sus cigarros y los míos, las horas volaron ahí mismo, él tomando café como un naufrago, yo hablando como si me estuvieran confesando.

¿Que sentí esa tarde con David? Nuestras miradas se encontraban a través de las murallas de cristal de nuestros anteojos.

Sus palabras y las mías coincidían mucho.

Era el primer hombre que no se asustaba de mis comentarios, que no me miraba con esa expresión boba de “no te entendí” Me sentí identificada, reflejada.

De esas conversaciones pasamos al plano personal, ambos lamentamos nuestras respectivas tristezas.

Lo sentí sincero cuando, al contarle de mis padres me dijo que lo sentía.

Lo vi tierno, caballero, sentimental.

Su mirada de caballero me tocaba el corazón, su mirada de hombre recorría mi cuerpo, oculto por algunos kilos de ropa.

Decidí invitarlo a mi casa, para mostrarle mis libros de teoría musical, y a que el me cantara algo de su material propio, según el, eran poesías que escribió y poco a poco les fue poniendo música.

Llegamos a la pensión y me encontré con un recado de la dueña, que me decía que esa tarde estaría en casa de su hermana, así que teníamos la casa para los dos solos.

Me estremecí con ese pensamiento.

Subimos a mi habitación, y saque del frigo bar unos refrescos, el se sentó en una de las dos sillas que tengo y se puso a cantarme.

Jamás había visto a nadie en vivo tocar la guitarra zurda, y la verdad que lo hace muy bien.

Sus canciones me gustaron, sus armonías y sus letras, me pareció hermoso el modo de puntear las cuerdas.

Llegamos a la pregunta obligada, si tenemos pareja o no.

-No tengo novio, nadie me soporta-

-yo tengo tres novias, viven en casa, conmigo y somos muy felices- jajaja por supuesto que no le creí.

-¿cuánto apuestas a que si?- me reto

-jajaja eso habría que verlo-

-¿puedo encender tu ordenador?-pregunto. Yo asentí y el se conectó a Internet.

Abrió la pagina del Marqueze, que yo no conocía, busco sus relatos, abrió el primero y me lo mostró.

Yo me senté frente al monitor y leí paso a paso aquella aventura.

Si, yo sabia de la filmación, es mas, estuve tentada a ir al casting, pero me descalifique yo misma.

Le&iacute

; lo que paso con las tres chicas, lo que hicieron juntos y lo demás.

Lo que más me impactó no fue lo sexual, sino la soledad que manifestaba.

Me dolía su soledad, porque era muy similar a la mía.

Sus comentarios, el rechazo que había vivido.

Éramos equivalentes.

Me quite los anteojos, restregándome los ojos que estaban empapados.

-hey, sin lagrimas que me pones triste-dijo David con voz entrecortada.

Me incorpore cerca de donde el estaba parado.

Me miro a los ojos.

-Tus ojos son hermosos Wanda, soy daltónico, pero si distingo que son violeta- Me estremecí, emociones entremezcladas, color de soledad, sorpresa por el piropo.

Sus ojos estaban húmedos, él sentía lo mismo que yo.

Estábamos muy sintonizados, ambos teníamos experiencias de amargura similares.

Nuestros egos habían sido pisoteados, nuestros corazones padecían lo mismo.

Nos abrazamos en silencio, sentí sus brazos en torno a mi cuerpo, y ambos sollozamos, en un llanto manso.

Me sentía… ¿compatible quizá?

-Somos miembros de la misma especie Wanda- Me dijo, quitándose los anteojos empañados.

No aguantamos más.

Nuestros labios se encontraron en un beso.

No un beso robado o apasionado.

No el beso arrebatador de la pasión, sino el beso intimo, del cuerpo si, con todas sus reacciones de deseo, pero también con el alma, el interior.

Nuestros seres se hicieron uno en ese momento.

-Pero… por lo que dices ahí… ahora… eres feliz-alcance a decir después del beso.-

-si, creo que en este momento… soy feliz, pero me duele lo que he pasado y me enoja y duele lo que tu has sufrido… ¿hasta cuando el mundo comprenderá que la civilización se basa en gente como tu y yo? ¿Cuándo comprenderán? Si, todos velan por los derechos del campesino, sin campesinos nos morimos de hambre, velan por los derechos del anciano, pues el anciano ya aportó su vida entera a la sociedad… velan por los discapacitados, pues ellos nos señalan que nosotros estamos sanos y fuertes y debemos respetarlos… todo eso me parece bueno… pero ¿quién vela por nosotros? ¿Por quienes tenemos cerebro y sabemos usarlo?¿Dónde hay una ley que condene los abusos, las burlas, las humillaciones hacia quienes aportan el intelecto?-

-David…-dije por fin-nos tenemos a nosotros mismos., Tu me tienes a mí y yo te tengo a ti, defendámonos mutuamente del mundo.

En ese momento no me importaba que tuviese tres mujeres esperándolo, que se acostara con su hermana o con la reportera esa, no me importaba mas que el hecho físico de que estaba ahí, un miembro de mi propia especie, según sus palabras.

Volvimos a besarnos La única boca que había yo besado en la vida, era la de mi amiga Alejandra, en esa sesión lesbica de despedida.

Jamás había tenido novio, el me mostraba como besarlo, y me excitaba mucho sentir sus labios carnosos.

Sus dientes mordían mis labios suavemente, saboreándolos.

Mis manos en su espalda, sintiéndola, palpando a ese ser real, y al mismo tiempo entintado en fantasía erótica.

Me sentí Ayla en brazos de Jondalar, Chloe en brazos de Cheftu.

Sus manos recorrieron mi espalda, mi cintura y poco a poco mis caderas.

-eres hermosa Wanda, mil veces hermosa- dijo entre jadeos, con una mirada intensa.

-Té…te quiero- me atreví a decir.

¿Qué era esto? A la luz de la razón, un desconocido, un hombre del que no sabia nada, solo que me comprendía,.

De el sabia que era como yo, que se había forjado y fraguado en el mismo fuego de escarnio que yo.

Me desato el cabello, y se maravillo de su color platino, de su textura, de su aroma.

Discretamente me reviso el cuero cabelludo ¿quizá sospechando que me lo pintaba?, pero Jamás me he puesto nada de tinte, es mas, casi ni me maquillaba) Seguimos besándonos, para entonces mi sexo se sentía mojado, se humedecía a pequeños chorritos.

Su boca descendió por mi cuello, sus palabras alababan mi piel.

Yo le agradecía, las palabras y las sensaciones que recorrían mi cuerpo.

Me desabrocho la camisa masculina y yo le di el mismotratamiento.

Así, abrazados nos acercamos a la cama.

Estiré la mano hacia el mini componente y el disco de Joaquín Sabina “mentiras piadosas” empezó a girar, en la canción que yo había programado para inicio desde la noche anterior “y si amanece por fin”

-anda, deja que te desabroche un botón- cant

aba David

-que se come..Con piel…la manzana prohibida…-respondía yo, mas suspirando que cantando.

-Juro que… tendremos mas noches-me canto él, cambiando la letra

-Sé que si eres tu… sé que si eres tu… el hombre de mi vida- respondí, cambiando a mi vez la letra.

En ese momento así lo sentía.

Ese simple juego de palabras, cambio de letra e improvisación al momento, me revelaban un intelecto excelente, una agilidad mental maravillosa, la misma cualidad que mucha gente me había desdeñado, para él era un motivante.

Así lo comprobé cuando me retiro el sostén, delicadamente, alabando mis pechos, alabándolos de un modo tierno, no morboso, sino dulce.

Este no era un amante ocasional, era una pareja, una verdadera pareja que la vida me entregaba para ser feliz, para ser mejor.

Sus labios, sus manos en mis pechos, acariciando, sobando.

Mis pezones al rojo vivo, chupados por su boca.

Y David, David.

Elevándome a la gloria.

-Hermosa…Perfecta…Maravillosa…-decía él, aspirando mi busto, besando mis pezones.

Le desabroche la hebilla del pantalón, lo deseaba, me estaba matando de deseo.

La primera vez que estaba así con un hombre.

Yo también lo besaba, su torso peludo, su cuello. Sus brazos, velludos y delgados, pero firmes y poderosos.

Su lengua en mi vientre, haciendo que mi sexo se estremeciera más.

Sus manos que desabrochaban mi falda.

Encogí las piernas, subiendo los pies a mi cama, él aprovecho para desatarme las botas y retirármelas, junto con las calcetas.

Jamás me he depilado, pero no tengo necesidad.

Mis brazos ,piernas y axilas carecen por completo de vellos.

Su boca se detuvo en mi ombligo, sus manos en mis piernas, con la falda recogida.

Por fin me despojo de la falda y le ayude a desnudarse.

Me retiro las bragas con los dientes, entrecerrando los ojos.

Estábamos los dos desnudos.

-Con cuidado, es mi primera vez-le advertí murmurando.

Él me miro por un segundo, fijamente y pude ver que sus ojos se humedecían,

-No…no puedo…no debo hacerlo… no lo merezco y no lo mereces tu.- Me dijo, separándose de mi cuerpo y recogiendo su ropa, cubriéndose pudorosamente los genitales, que yo aun no había visto.

-David, yo…yo lo deseo…-

-No Wanda… tu mereces algo mejor…algo mejor como primera vez…-

-¿ya no me deseas? –le pregunte herida, asustada, anhelante.

El lloro, en silencio. Casi gritando me dijo:

-Si… desde luego, no solo te deseo, te quiero, te quiero mucho, pero no podemos…no debo…quitarte así la virginidad…-

-¿Me dejaras abandonada después? ¿Es eso David?-le grite, clavándole las uñas en el hombro.

-Nooooooooooo… eso noooooo. Tu sabes que vivo con tres chicas, es en serio, pues mira una cosa, por ellas no hay problema. Yo puedo hace lo que quiera… yo las dejaría a las tres por ti, es en serio…creo que presientes que soy sincero… es solo que no quiero que te arrepientas después de esto.- Estábamos desnudos, él cubriéndose la entrepierna, yo mostrándole mi cuerpo.

Ofreciéndole mi cuerpo virginal, ofreciéndole lo que ningún hombre hasta entonces había conocido. Él me rechazaba, no porque me despreciara, sino porque no quería que luego me arrepintiera.

Me dolía y a la vez lo admiraba.

No podía creerlo, lejos de perder la excitación, esto me estaba calentando más.

-David, soy dueña de mi cuerpo y puedo hacer lo que quiera con él- le dije de corrido, reprimiendo mis sollozos-deseo estar contigo, deseo que seas tú el que me muestre el camino de la pasión, que seas tú el que me enseñe a disfrutar…David… ¡¡¡hazme el amor, te lo suplicooooo!!!-termine gritándole.

Me beso los ojos, estrechándome en sus brazos, sollozando, confundiendo sus lagrimas con las mías.

Me beso el cabello, las mejillas.

Me abrazo fuerte, lanzando sus prendas al suelo.

-Jamás…Jamás olvidare esto…gracias…-me dijo mientras Joaquín Sabina decía “y yo que nunca tuve mas religión que un cuerpo de mujer” Me acostó de nuevo, esta vez los dos desnudos.

Estire mi mano al mini componente, cambiando de disco automáticamente.

Esta vez Noelia cantando: “en mi mente estas como una visión…” David bajo de nuevo por mi cuello, sus manos en mis pechos, Jamás tocados por la mano del hombre.

Me exploraba con su boca, su barba rasposilla, que se posaba por mis senos. Sus manos recorriendo mi cuerpo, mis hombros Termino la canción, empezando Mónica Naranjo: “sola paso las horas, solo me acuerdo de ti” fue casi mágico, el momento que Mónica decía “amante valiente, que vives en mi, descubrirnos juntos muy lentamente, llegar a la cumbre, de tu corazón” David coloco una mano en mi sexo empapado.

No me metió un dedo, solo me paso los dedos por la entrada, por los labios, entrecerrando los ojos, gimiendo casi tanto como yo gemía.

Su boca descendió de mis pechos a mi vientre, hasta llegar a mi sexo.

Sus manos posadas en mis nalgas, por debajo de mi, alzándome, masajeando.

-esta es una misión sagrada, el ritual del inicio…-decía el, emocionándome.

Su lengua entro en contacto con mi sexo, mis labios íntimos se estremecieron, mis piernas se abrían y cerraba.

Él saboreaba mi humedad, murmurando frases de aprobación.

-Esto no es una aventura tesoro… es el primer día del resto de nuestras vidas…- Me incrusto la lengua en el sexo, iniciando un ritmo lento, delicioso, estimulando puntos que ni en mis más febriles masturbaciones había conocido.

Deslizo un dedo en mi interior, despacio, con un cuidado exquisito.

Metía y sacaba su dedo mientras su lengua recorría mi entrada.

Un placer enorme me hacia retorcer, lo tomaba del pelo, mientras gritaba su nombre.

-David siiiiii…. aaaaaaaaaaaaahhhhhhhh deliciosoooooooooooooooo- Y me vine.

Alcance el orgasmo delicioso, poderoso, el primer orgasmo de la tarde, de los muchos que me esperaban.

Aun estremecida sentí como David abría mis piernas suavemente, pero al máximo.

Por fin pude ver su miembro.

Jamás había visto un pene en vivo, pero yo tenia la idea de que eran más pequeños, no se, más delgados.

¿Me cabrían aquellos 22 centímetros de gruesa carne? (Bueno, ahora sé que son 22 cm. porque ya se lo medí jajaja) Lo toque entre mis manos, un poco asustada.

-Déjame verlo de cerca amor…me da algo de miedo…- le dije.

El se retiro de mi. Colocándose acostado a mi lado, con su verga a la altura de mi rostro.

Sus testículos peludos y su enorme pene frente a mi.

Lo recorrí con mi mano, era largo, de piel suave.

Él besaba mis muslos, y yo note como le salía un liquido de la punta.

Me beso nuevamente el sexo, haciéndome jadear, haciéndome desearlo.

Mi reacción fue automática, me acomode y me introduje la punta de aquel miembro en la boca, mientras acunaba en mis manos sus testículos.

-aaaaaaahhhhhhhhh deliciooooooooosoooooooooooooooo-me dijo él, estremeciéndose con ese contacto bucal.

Su boca en mi sexo, su sexo en mi boca.

Me mareaba solo de sentir su respiración en mi intimidad, su lengua, sus manos que se posaban en mis muslos.

Me vine de nuevo en otro orgasmo delicioso, que él prolongo con sus hábiles dedos.

Lo sentía en mi boca, chupando la cabeza y parte del tronco, imposible tragármelo todo.

Lo exploraba, lo recorría, lo conocía saboreando los líquidos pre seminales. Hasta que el mismo se salió de mi boca y me dijo:

-Espera un segundo…me tienes a punto y no se vale…- Se coloco en la posición correcta, entre mis piernas, abriéndolas.

Flexione mis rodillas, yo no sabia como acomodarme.

El tomo uno de mis almohadones y me lo coloco debajo de las nalgas, así mi pelvis quedaba mas alta.

Mis piernas abiertas. Mis rodillas flexionadas y ese hombre, miembro de mi especie a punto de desvirgarme!!!!!

Me coloco el pene entre los muslos.

La cabeza empapada en mi saliva

-Wanda este es el primer día del resto de nuestras vidas- me dijo y comenzo a penetrarme despacio.

Me dolía, me dolía mucho mientras él entraba en mi cuerpo.

Me metió poco menos de la mitad, despacio, con un cuidado quirúrgico, pude ver en sus ojos muchas cosas.

El esfuerzo que hacia por no mecérmela toda, el dolor de un pasado de humillaciones, mismo que compartía.

El agradecimiento.

Me estaba agradeciendo este encuentro.

-Wanda…yo…-decía muy bajito y enronquecido

-Gracias David, …te elegí a ti…por ser tu…sigamos adelante…-respondí, mirándole a los ojos.

Mi cuerpo elevo su temperatura y la vista se me nublo cuando sentí su avance, bloqueado por el himen.

-Te amoooooooooooooo!!!!!!!!!!! Le grite en el momento que ambos hicimos fuerza y desgarro mi ultima defensa.

¡¡¡¡¡YA ERA TODA UNA MUJEEEEER!!!!!!! &E

acute;l seguía introduciéndose en mi organismo.

No entraba todo, pero yo sentía que las paredes de mi vagina lo abrazaban, se expandían.

Me dolía, pero también lo estaba gozando.

Inicio un ritmo lento, cuidadoso.

Me hacia brincar de dolor, y me movía, con la vagina en plena incandescencia, los ojos llorosos, la mente nublada.

también sentía placer, entremezclado en el dolor.

Despacio, con calma, inexorablemente mi cuerpo se adaptaba.

Descubrí que podía contraer mis músculos internos, de hecho así no me dolía tanto, cada que me contraía, él agitaba la cabeza, gimiendo.

Así comencé a controlar mi placer, sintiéndome totalmente llena.

Gemíamos y sudábamos mientras nos movíamos a un ritmo cada vez mayor, cada vez más poderoso.

El dolor era ya una cosa pequeña, el placer era cada vez mayor.

De momento sentí como si mi columna vertebral se conectara a la corriente eléctrica.

Lo aferré con las uñas. Rodeándolo con mis piernas.

Grite su nombre mientras ascendía y caía en un increíble orgasmo, que fue seguido de otro y de otro mas, poderosos ramalazos de energía me recorrían, me convulsionaba, gritaba desenfrenada presa del placer.

Jamás creí que el sexo pudiera ser tan delicioso.

Perdí la cuenta de los orgasmos mientras él gemía, lo estaba apretando a cada orgasmo y respondía con mayor fuerza, con mayor virilidad.

No bien termine de esa andanada de placer cuando ascendí por otra cumbre, si cabe, mas violenta que la anterior.

El universo se volvió placer ante mis ojos, orgasmo tras orgasmo, solo existía ese pene, ese hombre, ese mundo en el que me había sumergido.

Cuando termine de caer en esa avalancha de orgasmos, David eyaculó en mi vagina, penetrándome al máximo, viniéndonos los dos mientras nuestros labios se encontraban en el beso más arrebatador de mi vida.

Sentía su cálido semen en el fondo, irrigándome la matriz, deleitándome.

Esa esencia, ese elixir originador de vida y deleite.

Nos besamos de manera incendiaria, yo sollozaba de felicidad, sollozaba de placer.

Se salió de mi sexo, con el pene totalmente erecto.

Me pareció sorprendente que todo eso me hubiese cabido, ahora que estaba fuera, mi intimidad me ardía, me punzaba.

Sentía como me escurría semen, flujo y la sangre de mi himen.

David se incorporo, y camino al baño, le escuche orinar a chorros y luego lavarse las manos, refrescándose la cara y el miembro.

Yo me echaba aire en la conchita enrojecida, el regreso a mi lado, volviendo a besarme.

-¿te duele?-pregunto, muy atento.

-si, me arde un poco, pero le disfrute mucho.-respondí yo.

David tomo su vaso de refresco, sacándole un hielito ya casi desintegrado, y se lo metió en la boca.

Se coloco entre mis muslos, pasándome la lengua helada, provocándome estremecimientos de placer.

Pero lo verdaderamente cañón fue cuando me paso la lengua helada por la entrada de mi vagina, me hizo saltar de placer.

La boca de David se apodero de mi sexo, jugando con el hielo en mis labios íntimos.

Yo gemía, a la vez que el frío me reconfortaba el ardor.

Me dejo ir el hielito por mi cuevita recién inaugurada, dándome mucho placer.

Su lengua helada se dedico a estimular mi clítoris, con ternura, despacio pero firmemente hasta hacerme venir.

Parecía que mi cuerpo fuera un instrumento musical y él supiera donde pulsar para dar los efectos que quería.

Me elevo nuevamente a otro orgasmo, un orgasmo relajado, vibrante.

Me volteo con dulzura, boca abajo.

Se puso a besarme las nalgas, alabando su tersura, su elasticidad, su volumen y firmeza.

Me puso el almohadón bajo el vientre, alzando mi trasero, mi sexo escurría nuestros líquidos mezclados y David los lamía, dándome mucho placer.

Lo sentí arrodillarse en medio de mis muslos abiertos, el hielo que había introducido en mi conchita ya se había fundido y me sentía mas fresca.

Se coloco tras de mi, apuntando su verga a mi vagina.

Me coloque decididamente en cuatro puntos, alzando el trasero.

Lo deseaba, lo deseaba desesperadamente, así que me penetro.

Despacio, con cuidado, avanzando sin prisas.

Avanzando sin ceder, en mi sexo un poco más abierto que antes.

Lo sentía penetrarme, primero la cabeza amoratada, luego el tronco.

-¿te duele?-pregunto acariciando mis ri&

ntilde;ones.

-aahh, si,,, un poco, pero me esta gustando.-respondí, acomodándome mas ese tronco en mi interior.

Iniciamos un ritmo lento, cadencioso.

El disco hacia rato que se había terminado y solo se escuchaban nuestros jadeos, y el chapotear de los sexos.

Su pelvis chocaba con mi trasero, mis tetas se bamboleaban.

Mi vagina era una maquina trituradora, con un enorme madero en su interior.

Me estimulaba puntos diferentes que los anteriores, lo sentía muy profundo, muy adentro de mi ser.

Lo apretaba fuertemente, dándole “mordiditas” con mi vagina, recibiéndolo.

Él daba pequeños saltitos cada que le apretaba así, yo me sentía bien acoplada a su ritmo, a su cuerpo.

Yo sudaba a mares, sus manos recorrían mis senos, su ritmo en mi coñito era espectacular.

-¡¡¡¡¡aaaaaaaaaaayyyyyyyyyyyyyyy meeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee veeeeeeeeeeeeeeeeeeeeengoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo oooo!!!!!!!!!!!!!!! Grite desaforada.

En esta ocasión los orgasmos me supieron diferentes, no se cómo describirlo, más intensos, más profundos.

David se movía en mi interior, haciéndome gozar como no creí que fuera posible.

Llego un momento en que a cada embestida yo sentía una especie de orgasmo acumulativo que crecía y crecía en mi ser.

Esta sensación continuo así, creciendo hasta que exploto, mandándome directo al punto nadir de la pasión.

David eyaculó con fuerza, lo sentí en mi conchita, hasta el fondo, mientras me derretía en esa sensación maravillosa de aquel mega orgasmo.

Una distensión recorrió mi cuerpo enervado.

Pequeños estremecimientos post orgásmicos, sintiendo la verga de David aun clavada hasta mis huesos.

Se salió de mí encharcado sexo, cubriendo mi espalda con su cuerpo.

Me beso la nuca, alabando mi aroma, el sabor de mi piel.

Me estremecía de deseo, de placeres recibidos y placeres soñados.

Se arrodillo de nuevo entre mis muslos, alzando mi trasero nuevamente, poniéndome otra vez en cuatro.

Yo presentía lo que seguía.

Aquella relación que tanto había soñado y temido a la vez.

Se agacho y su lengua recorrió la entrada de mi ano.

-lo haremos solo si tú lo deseas-dijo David.

-si…si… quiero probar…- respondí emocionada.

Me introdujo el dedo meñique en el recto, con cuidado, con ternura.

Le siguió otro dedo y poco a poco sentí mi entradita dilatada.

Se coloco en posición y yo empine mi trasero, ofreciéndoselo,

La cabeza de su verga era muy grande, y fue metiéndomela despacio.

Yo sentía que me desgarraba, pero la excitación podía mas, así que procure no quejarme mucho.

Se deslizo despacio, milímetro a milímetro, invadiendo el ultimo reducto de mi virginidad.

Cuando tuvo un trozo de pene en mi ano se detuvo, sobandome las nalgas.

Yo misma busque un poco mas de carne cuando me había acostumbrado a esa situación.

Estaba muy excitada.

Iniciamos un ritmo lento, suave, yo emitía quejidos a cada embestida, me dolía, me dolía mucho, mis ojos estaban muy abiertos, mi frente se perlaba de un sudor frío.

David se contenía de embestir con fuerza, lo sentía tocando mis enormes senos, de pezones duros como clavos.

Poco a poco aceleramos el ritmo, el placer sustituía al dolor.

Sentía que mi intestino se desgarraba, pero a la vez un calor tremendo me estremecía, haciéndome desear mas verga.

-siiiiiiii daaaaaaaviiiiiiiiiiiiiiiiiiiiid sodomiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiizameeeeeeeeeeeeeeeeeeee-le gritaba agitada mientras nuestros cuerpos se encontraban.

Me estaba cogiendo el culo!!!!!!

Cada vez su verga se deslizaba mas en mi ser, yo golpeaba con mis puños el colchón mientras sentía como mis caderas se encontraban con esa verga.

Me dolía, pero el placer venia en ramalazos.

Me vine en un orgasmo delicioso, incrementado por las manos de David, que en ese momento me metis tres dedos en el coño, jugando con mi clítoris.

Lo sentí resoplar tras de mi, esforzarse mas, esta vez ya no se contenía.

Las penetraciones eran mas intensas, mas violentas, mi ano desgarrado le recibía, dolor y placer en la balanza del sexo.

Me vino otro orgasmo mientras David me cabalgaba el ano, y lo sentí venirse, transmitiéndome el placer.

Yo solo arquee la espalda, recibiéndolo todo, viniéndome por enésima vez mientra

s gritaba en la cumbre de este incendio llamado sexo.

Caímos desmadejados, el sobre mi espalda, yo con su verga incrustada en mi ano.

Verga que no dejaba de estar dura.

Me había desflorado cada entrada, lo había sentido en todo mi cuerpo.

Me había estrujado el alma, elevándome al placer mas sublime, compartiendo conmigo el don de la felicidad, de la satisfacción sexual.

Se salió de mi ano y yo me fui al baño, cuando regrese, el estaba hablando por teléfono, avisándole a alguna de las chicas que esa noche no llegaría a casa.

Se quedaría conmigo!!!!!!!!!!!!! Me emocione mucho.

Corto la comunicación y se fue desnudo al baño a orinar y lavarse el pene de nuevo.

Cuando salió le mire desnudo.

Su miembro estaba durísimo, pero mi vagina y mi ano me dolían mucho, me latían, así que me puse de rodillas ante el, y con mano firme tome su verga, llevándola a mi boca Comencé a chuparlo despacio, conociéndolo, aprendiendo a hacerlo feliz.

El gemía y me entrelazaba los dedos en el pelo.

-Mmmmmmmmmm mi Musa de plata… eres maravillosa mmmmmmmmmmmmmmm- me decía mientras mi boca se afanaba.

Obviamente esa enorme verga no me entraba entera, pero la cabeza y parte del tronco estaban en mi boca.

Le estaba agradeciendo todo el placer que me había dado, a la vez que me volvía a excitar.

David me arrastro, prendida de su miembro hasta la cama.

Yo seguía mamando, succionando engolosinada el duro pene mientras el respiraba agitado y me tomaba de la cabeza, imprimiendo un ritmo lento en mi boca.

Le tome los testículos entre mis manos, era una sensación maravillosa sentirlo así, tan mío, tan hombre.

-Paraaaaa….. me vengoooooooo… aaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh en tu bocaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa- Me grito, y enseguida sentí los chorros de esperma en mi garganta.

Me saque su verga, que seguía eyaculando, bañando mi cara y mi pelo, y volví a metermela, saboreando lo ultimo de su venida.

Terminó en mi boca, y yo lamí todo ese tronco hasta dejarlo impecable.

Nos acostamos abrazados y así estuvimos un rato, fumando en la penumbra del ocaso, cada vez mas intenso.

Rato mas tarde nos levantamos y nos metimos a bañar juntos.

Bueno, en realidad fue David quien me baño, pasándome las manos enjabonadas sobre mis curvas.

Así que se fue excitando, y al rato me empino, debajo del chorro de agua tibia, penetrando mi vagina desde atrás, dándome muchísimo placer mientras amasaba mis enormes tetas.

Volvimos a venirnos, para entonces yo ya conocía varios trucos sobre como moverme y sentirlo en mi interior.

Después de ese orgasmo, me hizo arrodillar ante el, tomándome de las tetas y colocándome su enorme verga entre ellas.

El agua recorría nuestras pieles y la tensión erótica recorría mis células.

Comenzo a follarme las tetas rápido, duro.

Yo sentía delicioso, ya que mis tetas son muy sensibles, el me repegaba su cuerpo y yo albergaba su carne en la firmeza de mis senos.

Yo veía como la cabeza y parte del tronco salían de entre mis senos, me raspaba un poco la piel, así que me eche un poco de shampoo y entonces comenzo a resbalar cada vez mas rápido.

David cerro la llave de la regadera y seguimos así, disfrutando empapados.

Luego de un rato eyaculo en mi rostro, mi cuello y parte de mis hombros.

Terminamos de bañarnos y nos fuimos a acostar.

Pedimos por teléfono un paquete de pollo k.f.c., que llego a los pocos minutos y David recibió totalmente desnudo, dejando azorada a la repartidora.

Luego de cenar volvimos a hacer el amor, y así nos quedamos dormidos, yo sobre el, con su incansable verga erecta incrustada en mi vagina.

Hasta aquí mi relato, continua con la versión de David de el día después de nuestro primer encuentro.

Comentarios a mi e mail.

Wanda : wanda1gal (arroba) hotmail.com

O al de David.

: daviddrormca (arroba) hotmail.com

Autor: David

daviddrormca ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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