El Hotel de Semana Santa

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Parejas Liberales. Sara y yo decidimos pasar las vacaciones de Semana Santa en París. Ya era de noche cuando llegamos al hotel.

La habitación era bastante modesta, por no decir directamente que era cutre. El baño diminuto, y el espacio de la habitación era tan pequeño que nos obligaba a dejar la maleta dentro de un vetusto armario que podría datarse de tiempos de Napoleón.

Nos dimos una ducha, por separado ya que los dos no cabíamos  a la vez y nos fuimos a cenar por las inmediaciones.

Al volver al hotel, nos tomamos una cervecita en el bar y nos fuimos a acostar, ya que estábamos cansados del viaje.

De repente me desperté. No sabía en qué momento me había quedado dormido y miré a Sara, que dormía en silencio. Unos prolongados gemidos sonaban como si una gata en celo maullara dentro de nuestra propia habitación. Mi novia se despertó.

SARA: ¿qué pasa?

LUIS: parece que los vecinos se lo están pasando bien.

SARA: joer. Este hotel tiene las paredes de papel de fumar. Duérmete, que mañana nos esperan buenas caminatas.

Me acomodé e intenté dormir. Los gemidos cada vez eran más intensos y se acompañaban de una voz masculina.

VOZ MASCULINA: fóllame como una puta!

VOZ FEMENINA: sí, ahhhh, ahhhhh. Me encanta tu pollaaaa, síiiii, síiiiii.

En aquellos momentos me era imposible quedarme dormido. Estaba totalmente en erección. Empecé a rozarme suavemente sobre el culito de mi novia. Sin decirnos ni una palabra, me di cuenta que ella estaba despierta, ya que movía su culito poniéndome cada vez más cachondo. Metí mi mano dentro de su pantalón y comprobé que estaba húmeda. Le masturbé con delicadeza al compás de sus gemidos en aumento. Cuando no aguanté más, le bajé lo justo el pantalón y las braguitas y acerqué mi polla hasta su coñito. Se la metí lentamente y comencé un mete-saca lento pero pasional. Los dos empezamos a gemir al son de los gritos que provenían de la habitación de al lado. Seguimos en aquella postura un rato y me di cuenta que los vecinos habían parado. Cuando no aguanté más me la saqué y me corrí sobre el culito de mi chica ensuciándola a ella, a mí y a las sábanas. Nos quedamos dormidos abrazados.

Por la mañana nos despertamos  y nos fuimos a duchar otra vez por turnos y nos dispusimos a ir a desayunar al bar del hotel.

Mientras cerrábamos la puerta de la habitación, la puerta contigua se abrió y una pareja emergió. Eran unos 5 o 6 años mayores que nosotros  (rondando los 30).

Ella contrastaba con su piel clara con  la de Sara ya que ésta se había bronceado en sus marchas haciendo footing. Así mismo, sin ser gorda, la vecina tenía algo de caderas y una constitución más ancha que la de mi delgada Sara. El pelo liso, largo y moreno de la chica también contrastaba con el rizado de mi novia. No obstante, lo que más me llamó la atención fueron las dos hermosas y grandes tetas que lucía con un amplio escote.

El chico, bien parecido, alto ancho de espaldas y fuertote y con algunas canas nos saludó. De caminó al ascensor, aquella pareja se rió por los bajines. Al oírnos hablar en español, dentro se presentaron como Mónica y Pep Lluis, de Barcelona y se alegraron de ver a más españoles por allí.

En el desayuno estuvimos un rato hablando e hicimos buenas migas. Nos despedimos y cada pareja hizo su visita turística por la Ciudad de la Luz. Curiosamente coincidimos en la Torre Eiffel, donde nos animaron a cenar con ellos en un restaurante asequible que les habían recomendado.

Tras ducharnos en el hotel, los cuatro nos dirigimos andando hacia el restaurante. Una vez allí, nos sorprendió la cantidad/precio del mismo. Regamos el ágape con vino y pronto la risa se soltó con más facilidad.

Durante la cena no pude dejar de mirar lo que el vestidito negro de Mónica no ocultaba: un inmenso escote que exponía a la luz los redondos y blanquecinos melones de la chica. Mi novia se percató y me riñó con la mirada.

MÓNICA: no te enfades chica. A todos los hombres se le va la vista, es inevitable.

Según decía esto, la catalana había juntado un poco sus grandes pechos con los brazos, haciendo que los tres nos quedáramos hipnotizados mirando. Ella rompió la tensión con una risotada que no hizo sino bambolearse aquellas montañas nevadas.

Durante los postres, Pep Lluis nos hizo subir a todos la temperatura.

PEP LLUIS: seguro que vosotros también habéis pensado en el tema mientras cenábamos. Vaya polvazo que os echasteis ayer noche ¿eh?

LUIS: ¿nosotros? ¡pero si empezasteis vosotros!

MÓNICA: ¿se nos oía mucho?

SARA: como si estuvierais en el mismo cuarto.

MÓNICA: qué morbazo ¿eh? A vosotros igual.

SARA: sí… de hecho nosotros empezamos por vuestra culpa ja ja ja ja.

MÓNICA: ¿tanto os pusimos?

SARA: díselo a este, que se puso muy cachondo.

Todos reímos.  Mónica jugaba con su dedo en su postre y me dijo mirándome sensualmente a la cara:

MÓNICA: pues imagínate si hubiéramos estado los cuatro en el mismo cuarto.

Tras decir esto me sonrió y se llevó su dedo manchado de nata a los labios. Me quedé sin saber qué decir.

SARA: uy, no se lo digas dos veces, que si ayer cumplió estando cansado, hoy no sé qué podría hacer.

MÓNICA: pues por nosotros ningún problema. Si a vosotros no os da vergüenza…

PEP LLUIS: al fin y al cabo es follar cada uno con su pareja. Sería lo mismo que pasaría esta noche, pero en lugar de separarnos una pared, no nos separaría nada.

MÓNICA: ¿qué, os animáis?

Sara y yo nos quedamos mirando.

SARA: ¿qué hacemos?

LUIS: a mí me da bastante morbo. Ya me estoy poniendo cachondo de imaginármelo…

SARA: ¡venga vale!

Excitados, acabamos la cena y nos dirigimos al hotel. En el ascensor cada pareja se dio el lote con pasión hasta que llegamos a la habitación de nuestros nuevos amigos.

Una vez dentro, Pep Lluis se abalanzó sobre su esposa, bajándose ambos los pantalones con desesperación. Ante nuestra sorpresa, sin quitarse más prendas ni hacer ningún tipo de pre-calentamiento, Pep Lluis se la metió en la postura del misionero y empezó a follársela a toda velocidad. ¡Sí que debían de ir calientes! Nos quedamos alucinados y bien excitados. Sin quitarles ojo, mi chica me bajó los pantalones y empezó a comérmela. Yo no quitaba ojo de aquella otra pareja. Estaba muy muy excitado. Cuando de repente Pep Lluis se corrió dentro de su chica, la mamada de Sara y la excitación del momento pudieron conmigo y empecé a correrme yo también. Sara no paraba de chuparla aunque me estuviera corriendo, y montones de gotas de mi esperma resbalaron por sus labios y manos.

Comentamos la brevedad del encuentro causada al exceso de excitación por el morbo que nos propició vernos. Prometimos repetir otro día, ya sin tanta ansia.

Antes de despedirnos, las chicas quedaron para ir de compras al día siguiente.

Aquella segunda cena, quedamos para cenar en un restaurante algo más alejado del hotel. Mi chica me sorprendió con un modelito nuevo que se había comprado, ajustado y bien escotado. No le convencía mucho, pero al ver mi gran sonrisa, terminó de convencerse.

Pep Lluis también se sorprendió y le dijo a Sara lo guapa que estaba. Su mujer sonriendo le dijo que ella le había convencido para venir un poco más sexy, que total tras lo de la noche anterior no teníamos nada que ocultar.

PEP LLUIS: bueno, nada que ocultar… Yo no vi mucho la otra noche.

MÓNICA: ay pillín. ¿Te habría gustado, eeeeeh?

PEP LLUIS: seguro que a Luis también le habría gustado verte desnuda a ti.

LUIS: la verdad es que aunque breve, fue muy excitante lo que ocurrió.

PEP LLUIS: sí, ya ya. ¿Pero te habría gustado ver las tetas a mi mujer? Yo aún me muero de ganas por ver a tu novia desnuda.

LUIS: joder, ¡pues sí!

SARA: a ver que me entere yo – imitando la pose provocativa de Mónica la noche anterior, la chica juntó los brazos haciendo que sus tetas quedaran más juntas y el escote más profundo.- ¿Qué es eso de que quieres verme desnuda?

PEP LLUIS: muy sencillo: estás muy buena. Mi esposa también lo está, pero al ser más alta no es tan manejable como tú. Me pone cachondo imaginarme lo que tiene que ser follar con una chica así.

Todos nos quedamos callados, y su esposa quitó hierro al asunto riéndose y diciendo:

MÓNICA: lo mismo podría decir yo de Luis. Mi hombre es una mole, y también me da morbo pensar lo que tiene que ser follarme a un tío no tan grande.

LUIS: puestos a sincerarnos… Mónica, yo no sé qué haría si mi chica tuviera unas tetas tan grandes como las tuyas.

MÓNICA: tranquilo que yo te daría alguna idea, ja ja ja.

SARA: pues yo me estoy mojando ahora mismo pensando en cómo me podría manejar y poner en todas las posturas inimaginables un chico tan fuerte como tú, Pep Lluis.

Miró a Mónica y esta asintió. Tras esto, de repente Pep Lluis dio un pequeño saltito de susto y miró a su chica, la cual negó con la cabeza y sonrió. Sara le miraba directamente mientras se pasaba la lengua por los labios. ¡Mi novia le debía estar tocando el paquete a aquel tiarrón! De repente yo pegué un brinco al notar la que seguro sería la mano de Mónica buscando mi pene.

El camarero nos cortó el rollo con su interrupción al traernos la comida. Disfrutamos del ágape entre miradas cómplices y pedimos rápidamente la cuenta. Ya en el hotel, nos tomamos un par de copas en el bar.

PEP LLUIS: joder Luis, no veas lo cachondo que me ha puesto tu novia. Me la follaba aquí mismo.

LUIS: ufff. No creo que se opusiese. Más bien lo contrario. ¿Y tu mujer qué? ¿Te molestaría mucho si me la follara?

PEP LLUIS: ja, ja, ja. ¡Por mí como si le revientas el culo!

En ese momento nuestras parejas nos interrumpieron y nos dijeron que era hora de subir a la habitación.

Nos dirigimos  al ascensor y una vez dentro, Mónica se me abalanzó, besándome con pasión. A Sara no le dio tiempo a reaccionar porque Pep Lluis empezó a estrujarle el culo por detrás y a besarle el cuello.

Llegamos a nuestro piso y nos apresuramos a la habitación de ellos.

Nos sentamos en la cama y Mónica me besó con pasión. Aproveché el momento para manosearle por encima de la ropa aquellas enormes tetas.

Le quité la parte de arriba y el sujetador liberando aquellas dos tetazas. Ella por su parte me desnudó mientras yo la incordiaba desesperado por chuparle los pezones.

Sara por su parte estaba tumbada encima de Pep Lluis, el cual le manoseaba el culito como si fuera plastilina.  Mi novia le quitó la camiseta y le chupó los pezones. Se echó hacia atrás y le cabalgó un poco por encima de la ropa. Justo cuando Mónica empezaba a chuparme la polla, Sara le quitó los pantalones a aquel tiarrón y liberó una polla bastante gruesa. Mi novia se quitó los pantalones y, quedándose en tanga, empezó a restregar su coñito sobre aquel miembro bien duro. Yo prestaba más atención a lo que hacía mi novia que a lo que hacía aquella mujer tetuda que me la estaba chupando.

Pep Lluis le dijo algo a Sara, y ella se colocó encima de él lista para hacer un 69.

MÓNICA: te pone ver cómo se follan a tu mujer ¿eh?

La súbita distracción me recordó el portento de mujer que tenía a mi lado. Empecé a comerle las tetas a la vez que le masturbaba.

Me tumbé boca-arriba, codo con codo con Pep Lluis. Sara le cabalgaba con los ojos cerrados. Debía de estar muy cachonda. Ni si quiera se había quitado su top ecotado, desde el cual asomaban a rachas sus tetitas mientras botaban. Pep Lluis le tenía agarrada de las nalgas y la hacía subir y bajar a toda velocidad. Parecía una marioneta en sus manos.

De repente Mónica se metió mi polla de un solo golpe. Aquello era una ciénaga. Empezó a cabalgarme a toda velocidad mientras sus tetas chocaban contra mi cara. Yo no perdía ni una oportunidad para chupárselas. Aceleramos el ritmo hasta que Mónica empezó a gemir con fuerza mientras se corría. Cuando terminó, se quedó abrazada a mí unos minutos y se fue al baño.

Yo estaba muy cachondo, y necesitaba más.

Pep Lluis se estaba tirando a mi chica en la postura del perrito. Apretaba con sus grandes manos el culito de Sara mientras se la follaba sin cuartel. Me acerqué y toqueteé las tetillas danzantes de ella.

LUIS: ¿te gusta que te follen así eh?

SARA: siiiii.

LUIS: ¿quieres que descanse un poco?

SARA: noooo, quiero que me folle. Me la meta hasta el fondo.

Dando respuesta a sus deseos, Pep Lluis se la metió hasta el fondo liberando grandes gritos por parte de mi novia. Bajaron un poco el ritmo y  Sara me sonrió y llamó con su lengua a mi polla. Me la chupó al ritmo de las embestidas de aquel catalán.

De repente llegó Mónica, y se puso a chuparme los testículos. Fue subiendo hasta  que entre ella y mi novia me chupaban alternativamente la polla. Pep Lluis se puso a gritar como si le dieran latigazos. Sacó su polla del culito estrecho de mi chica y se corrió encima. Aquello fue más de lo que yo pude aguantar, y me corrí sobre las bocas de Mónica y de Sara. Cuando terminé, Mónica se metió mi miembro en la boca y me lo dejó listo.

Nos quedamos los cuatro dormidos en aquella cama.

A la mañana siguiente, nuestros amigos tenían que desalojar la habitación. Cuando me desperté, vi a Mónica vestida terminando de meter cosas en la maleta. A Pep Lluis y a Sara no se les veía por ninguna parte. Me fui al baño a asearme, y cuál fue mi sorpresa al encontrarme a Pep Lluis sentado en la taza del váter y a mi novia chupándosela. Ella me sonrió y un minuto después aquel hombre se corrió en la cara de mi chica.

SARA: le estaba dando un regalo de despedida.

Nos aseamos, vestimos y despedimos de aquellos amigos que habíamos hecho.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por jovenes_alegres

Somos una pareja joven a la que le encanta el Morbo!!
Comentados que os han parecido los relatos y de qué os gustaría que publicáramos en: [email protected]

Skype: jovenes_alegres

2 Comentarios

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  1. Rica, seductora y vulgar, este cuento es una fantasia que quisiera hacer realidad. Nunca he hecho trios y mucho menos orgias pero hace unos dias estaba escuchando un audio cuento llamado El cuarto de sexo en cuentos eroticos que mojan.com que me dejo con muchas ganas de tener una experiencia asi.

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