El Mayordomo Parte 4

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Era un turno muy tranquilo. Mi compañera y yo estábamos en la recepción del piso ya sin saber qué más hacer pues no habíamos atendido ni una sola alma durante la tarde. De pronto sonó el teléfono y me apresuré a contestar, los dos intentamos ser el primero en contestar, tal era el grado de nuestro aburrimiento que agradecimos que alguien al fin nos pondría a hacer algo. Afortunadamente para mí, y para ella, fui yo quien alcanzó el teléfono.

-Buenas tardes ¿en qué puedo ayudarle?

-Hola hijo, estoy en la 9017 y estoy teniendo problemas con el televisor-dijo un hombre por el teléfono.

No reconocí la voz y tampoco sabía quien ocupaba la habitación 9017. Normalmente, cuando es un huésped no frecuente, debemos saber quién está en cada habitación ya sea por voz, por rostro o cualquier otro factor particular, de esta manera podemos ser más específicos al momento de brindar el servicio y hacerlo de manera más personal, para que nuestros huéspedes se sientan como en casa.

-¿Cuál es el problema?-Pregunté

-Parece que unos canales no se ven ¿Me pueden ayudar? No sé si es la televisión, o el control remoto

-Por supuesto señor! Enseguida voy

-Gracias, ven tu o envía a algún chico-dijo muy apresurado, evitando que yo colgara el teléfono.

-Ok…-dije un tanto sorprendido. No sabía lo que eso significaba, pero juro por Dios que jamás pensé en algo sexual. Colgué.

Dejé a mi compañera en su lugar y me apresuré a la habitación. Seguro no era nada grave, dejando a un lado que solicitó específicamente que un hombre le asistiera. Quizá eran las pilas del control remoto, o los canales no estaban bien programados… qué se yo?! Normalmente no sucede nada grave en las habitaciones pero a los huéspedes les gusta que, por más mínima que sea la situación, alguien vaya en su rescate.

Llegué a la habitación y toqué el timbre. Se escucharon pasos del otro lado de la puerta, se acercaron y entonces se abrió la puerta, solo un poco, y el hombre asomó su mirada por la rendija. Quería asegurarse de que fuera un hombre quien había ido a ayudarle. Una vez que me miró quitó el seguro y abrió por completo. Fue entonces cuando supe por qué quería que un hombre le ayudara, no era una cuestión sexual, no del todo, pero sí hubiera sido muy bochornoso si por alguna razón alguna mujer lo viera en tal condición.

-Adelante, pasa hijo-Dijo apartándose del camio para dejarme entrar. Entré y cerró la puerta con seguro tras de mí. Era un hombre de esos que se bien se les podrían llamar “osos” dentro del mundo gay, no tan gordo como se podría pensar, más bien ancho y con músculos que se notaba estaban apenas trabajados o en proceso.  Llevaba una bata puesta, misma que dejaba ver el vello en su ancho pecho, y a la vez dibujaba el contorno de sus pectorales y luego caía sobre el abdomen donde no estaba amarrada más que por una de sus manos que detenía la tela. Debajo de eso estaba la razón de su específica solicitud de ayuda masculina: una erección. No cualquier erección, el pene. que medía unos 18 cm aprox y de muy buen ancho, estaba completamente endurecido, con el glande al descubierto. Los testículos se ocultaban bajo la tela aún. Una vez que yo entré a él parecía no importarle que yo lo viera en semejante condición, así que yo proseguí con lo mío, si a él no le importaba a mí tampoco-.No sé qué le pasa. Algunos canales no se ven bien-dijo cambiando los canales con el control remoto. Eran los canales para adultos.

-Debe ser sencillo-dije, girando un poco la televisión, supuse que era alguno de los cables de entrada de la imagen que estaba mal conectado, y así era.

El hombre se sentó en el borde de la cama, con la bata abierta y  agitando su pene con la mano. A pesar de esto no había signos de insinuaciones, por lo que llegué a la conclusión de que el hombre sólo quería masturbarse a gusto y ya, y no tenía pudor alguno para conmigo ya que al fin de cuentas ambos eramos hombres.

-Apúrate hijo que mira cómo estoy, no quiero terminar haciendolo en blanco, por lo menos quiero ver putas en televisión-dijo mientras ajustaba el cable. Seguía masturbandose-. ¿No te importa verdad?

-¿Qué cosa señor?

-Que ande así, en pelotas

-Por supuesto que no-terminé de ajustar el cable. Me cercioré que la televisión de viera bien, aparecían dos mujeres teniendo sexo. Me giré hacia él-. Ambos somos hombres, no estoy viendo nada del otro mundo, a excepción de eso – dije apuntando a su pene-, no había visto uno así en mucho tiempo-mentí.

-¿Esto? Bah! no es nada-dijo entre risas- ¿Si sabes lo que dicen de los negros verdad? Esos cabrones tienen unos monstruos de este vuelo!-Hizo la famosa seña de vergas que todos conocemos con las manos, la hizo de unos 30 cm, el tamaño de una regla métrica de escuela.

-Sí, sí he escuchado.

-Hubiera ido por una puta, pero tengo una cita en dos horas y eso no me daría tiempo de ir y venir. Pero ah que ganas tengo de un culo?

-¿Un culo?-pregunté, normalmente dirían panocha. Fue en este momento en que comencé a pensar sexualmente

-Sí hijo-dijo peinándose la barba de candado con la mano libre. Su bata se abrió cuando la tela se deslizó por el hombro cuando bajó su mano, dejando ver uno de sus pechos. Yo me estaba encendiendo.-Me gusta dar por detrás.

Bingo!

-Un culo… aunque no sea de una mujer

-Ahorita sólo quiero culo… me vale madres-Escupió sobre su mano y untó su saliva en su verga.

-Puedo ayudarle, si quiere… sólo imagine que soy una mujer

-¿Lo harías?

-Claro, ¿por qué no? sólo imagine que soy una mujer-dije con naturalidad

-Bueno… entonces… es todo tuyo- echó sus manos hacia atrás, dejando tambalear su verga. Por fin pude ver sus huevos.

Rápidamente tomé el teléfono. Marqué el número de la recepción donde estaba mi compañera.

-Nancy, por favor, comunícame a soporte técnico… – el huésped no sabía qué era lo que sucedía-no sé qué le pasa a la televisión, quizá es la programación. Comunícame por favor, y yo aquí le ayudo al señor… – No sabía su apellido, giré hacie él y le hice un gesto.

-Morales-contestó.

-Morales… – me giré hacia él aun en el teléfono-Sí, yo espero.- Los dos sonreíamos. Por fin me conectó y colgué. Necesitaba que ella pensara que yo estaría ocupado ayudando con la programación de la televisión, eso me daría tiempo.

Se reclinó apoyando su cuerpo sobre los codos en la cama. Tenía ese miembro todo a mi disposición. Me quité el saco y me recliné sobre él, mi cara sobre su miembro. Le besé los huevos, dejando sentir esos escasos vellos en mis mejillas y labios, luego los lamí con la lengua tomando su verga con una mano y deteníendola, así le podía lamer justo en medio y debajo de sus testículos, dejando mi nariz justo en la base de la verga. Comencé a masturbarlo lentamente, me estaba saboreando aquél mazo incluso antes de metérmelo a la boca. Él comenzó a sentirlo. Comenzó a moverse, estaba listo para recibir y dar placer a través de su miembro, que ahora yo tenía en mi poder.

-¿Entonces serás mi puta?- Me preguntó justo en el momento en que estaba por comenzar la mamada. Mi boca estaba a escasos milímetros de tocar su pene. Levanté la mirada hacia él. Sonreí.

Me metí aquél manjar lentamente a la boca, no por completo, quería sentirlo, saborearlo, así que mi lengua comenzó a moverse dentro de mi boca sin perderse ningún detalle de aquélla jugosa verga. Entonces comenzó el trabajo duro. Comencé a ir de arriba a abajo, deteniendome por un momento cuando bajaba, para así poder sentir aquél pene erecto deslizándose entre mi lengua. A él parecía gustarle, así que presionaba hacía arriba para que yo tragara la mayor cantidad posible de carne. Sentía la presión de sus manos sobre mi cabeza, y por momentos me daban arcadas.

-¿Qué putita? ¿No puedes? Vamos tú puedes-decía haciendo cada vez más presión. Me lo propuse, tenía que tragarme aquélla verga por completo.-.Haz ruido puta, dime algo… mírame a los ojos

Aún con su verga en la boca levanté la mirada y lo vi a los ojos, tenía una sonrisa de satisfacción, y comencé a gemir, haciendo ruidos agudos, como si fuera mujer. Seguí mamando, con más fuerza, de arriba a abajo, intentado posturas diferentes para así poder tragarme la verga por completo hasta que lo conseguí. Sentía su verga caliente en la boca con mucho precum en la punta, la recorría con la lengua y presioné manteniendome así un par de segundos. Una gran, largo y profundo “Arrrghh…” se escapó de su boca, lo miré, parecía extasiado, con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás.

-Rómpeme el culo-dije levantandome

-Ven aquí…

me quité los pantalones y me quité la camisa. Me desnudé por completo ante él. Me puse a 4 de espaldas y le mame la verga una vez más a lo que el comenzó a moverse como si me cojiera por la boca. No podía esperar a sentir aquél mástil entrar por mi culo. Me pidió que me volteara, y lo hice, mientras él sacaba una tira de condones del cual tomó uno pero no se lo colocó, no aún. Se puso detrás de  mí y escupió en mi culo, luego con un par de dedos comenzó a estimular mi hoyo hasta que fue metiéndolos uno por uno lentamente. Yo comencé a retorcerme del placer. Mi verga también estaba durísima, Cada vez que sus dedos avanzaban mi verga se sacudía, se levantaba.

-¿Quieres verga? eh dime ¿Quieres verga?! – decía en voz alta

-Sí papi… ¡dame verga! – decía yo, con una voz aguda, casi como de mujer…

Comenzó a pasarme su verga por entre mis  nalgas de arriba a abajo, parando justo en mi hoyo un tanto dilatado, lo rodeaba y volvía a subir y bajar. Esa sensación era la más sensual que hasta entonces había sentido. Entonces entró. Me estremecí por completo porque lo hacía lentamente y de esa manera sentía cómo iba adentrándose e invadiendo mi culo. Comenzó lentamente, adentro y afuera, hasta sacarla por completo y volverla a meter de una sola vez. En ocasiones presionaba hasta el fondo y hacía movimientos como circulares ahí dentro. Yo gozaba como  un animal. No sé cómo es que un animal goza, pero era así como me sentía.

Él gemía y rugía mientras me embestía, mientras su verga golpeaba el fondo de mi culo y sus huevos chocaban contra la parte baja de mis nalgas. Yo gemía y hacía ruidos agudos, como de mujer, sonidos que después descubrí que sí se asemejaban a los de una mujer. Más tarde, en los vestidores, uno de los chicos de mantenimiento, Lucío, comentó que había pasado por la habitación 9017 y se detuvo en la puerta porque escuchó cómo dentro tenían relaciones sexuales. “¡Ése hombre debió ser una bestia!”exclamó “la mujer gozaba como loca!” y esa loca era yo.

Ahí estabamos el Sr. Morales y yo: él embistiéndome y yo moviendo mi culo hacia arriba y hacia abajo, tal como una mujer lo haría. Me tenía agarrado de la cintura y así el me impulsaba, mientras empujaba su cuerpo ahora sudado contra el mío. Yo apretaba mis manos entre las sábanas, con la cabeza totalmente pegada al colchón, con los ojos cerrados y la mandíbula apretada. Sus embestidas eran cada vez más rápidas y violentas e incluso dejó de utilizar sus manos para sostenerme, las echó para atrás y sólo movía su pelvis contra mí.

-¡Me voy a venir!-dijo entre gemidos y espaasmos

Sacó su verga y me giré a gatas hacia él. Coloqué mi rostro frente a su verga, la cual el masturbaba y de vez en cuando yo lamía. Al mismo tiempo yo me masturbaba, quería terminar justo ahí, antes que él o quizá no me dejaría hacerlo. Por fin me vine y mi semen cayó sobre las sábanas, un poco de él quedó escurriendo en mi pene así que lo tomé con los dedos y lo limpié en la cama. Yo sólo suspiraba y él pareció no notarlo.

Antes de que él terminara me tomé la libertad de recorrer su cuerpo con mi lengua y fui subiendo, sientiendo su olor y el sabor de su sudos sobre su piel. Saboreé el vello en su abdomen y seguí la línea hasta llegar a su amplio pecho, ahí me fui directo a sus tetillas las cuales lamí con la lengua y mordí suavemente. Pensé que él me detendría pero no fue así. De vez en cuando paraba de masturbarse y se estremecía, deteniendo la eyaculación, sí que lo estaba disfrutando. Levanté un poco su brazo libre y saboreé rápidamente la axila, de ahí me fui directo a su cuello el cual sin besar recorrí sientiendo su aliento cerca de mi rostro. Fue entonces cuando sentí un chorro de semen caliente en mi abdomen y  un gran suspiro de alivio que pasó junto a mi cabeza e hizo que y también me estremeciera. Aquél hombre se dejó caer levemente, sosteniendose por un momento en mi cuerpo, aun estremeciendose por semejante eyaculación.

Una vez que descansó se despegó de mí y se tiró a la cama con un brazo sobre su frente y una pierna flexionada.

-Eso estuvo muy bien… -dijo recuperando el aliento

Sonreí y bajé de la cama. Fui directo al baño, a lavarme el rostro y la boca, me había quedado un aliento muy fuerte a hombre difícil de disimular. Me lavé con jabón y arreglé mi cabello, después volví a la recámara por mi ropa, me vestí y salí de la habitación.

 

 

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