EL MORBO DE ROSAMARY II

¡Comparte!

De pronto, la puerta de enfrente se movió y pudo vislumbrar los negros rizos del peinado "afro" de Carmela, la muchacha de 18 años, que hacía la limpieza. No sabía que estaba allí, posiblemente habría llegado y entrado mientras fue en busca de la "Polaroid".

Podía ver como, con uno de sus ojos, miraba por la rendija. Algo en su subconsciente le dijo que había llegado el momento de iniciarse en el exhibicionismo y ya que la chica miraba, le daría que ver. Solo pensar en ello provocó un pequeño escape de sus flujos y la cálida y viscosa cremita resbalando la excitó, aún más, si cabe. Se armó de valor y, acomodándose mejor, estirando y separando al máximo las piernas para que la chica pudiera ver mejor la abierta "entrada" entre los preciosos rizos negros de su hermoso chocho, echó la cabeza hacia atrás y entornando los párpados, figuró que cerraba los ojos, cuando en realidad estaba observando atentamente hacia la puerta, mientras se masturbaba concienzudamente, deseosa de provocar la mayor excitación posible en su mirona particular, a la vez que se proporcionaba un gran placer a si misma. ¡Se estaba masturbando ante una mirona!. ¡Que inmenso placer!. ¡Al fin!.

La puerta se abrió un poquitín más, lo que significaba que Carmela quería ver más y mejor, esto aumentó en Rosamary la impetuosa necesidad de arreciar en su paja. Empezó a mover el culo, de adelante a atrás, muy lentamente, mientras se acariciaba con todo el saber de sus dedos. Sus deseos de exhibicionismo se estaban cumpliendo. Figúrate que será que, gustándote exhibirte, puedas hacerlo tan maravillosamente y con la certeza de que tu actuación está siendo disfrutada por unos ojos ávidos de sexo. Que te están observando atentamente, pensando no ser vistos, y que, posiblemente, tu exhibicionismo, esté provocando que tu mirón o mirona particular, este masturbándose a su vez y por tu causa. Estoy seguro que solo el pensar que pueda darse una situación así excita a cualquiera.

En el máximo de su ardor y no satisfecha con conseguir una corrida superior a solas, Rosamary tubo una feliz idea. Esta consistía en llegar a la puerta de la habitación, como ignorando la presencia de Carmela, como si fuera a cerrarla para sentirse más segura, con mayor intimidad, y coger "in fraganti" a la muchacha, provocando una situación extrema, con un desenlace imprevisible y por lo tanto lleno de excitantes incógnitas.

Se levantó y sin quitarse los dedos del ardiente nido, se dirigió a la puerta con paso rápido. Al llegar a ella, simulando sorpresa por verse observada, la abrió impetuosamente.

Carmela, que no esperaba esta maniobra, no tuvo tiempo de separarse y al ser empujada por el batiente, cayó de espaldas.

– ¡Carmela, que estás haciendo aquí!- dijo como si no supiera. – ¿Me estabas mirando?.-

Sorprendentemente Carmela se dirigió a Rosamary diciéndole:

– ¡Perdona!,- Dijo incorporándose y al hacerlo sus braguitas se deslizaron hasta los tobillos. – He oído ruidos y miré que sucedía. Continuó mientras su mano seguía entre sus muslos en pleno movimiento.

– No sabía que estuvieras en la oficina. Al verte tan hermosa y lo que estabas haciendo no he podido resistir la tentación de seguir mirando. Me he puesto muy cachonda contemplándote – y al ver que Rosamary la miraba con una expresiva sonrisa, armándose de valor, añadió.

– Ojalá pudiera tener una de esas fotos con todo el detalle de tu chochito, para poder mirarla cuando me masturbo en mi alcoba. ¿Sabes?, Si pudiera verte, aunque solo fuera una sola vez, como llegas a correrte cuando te masturbas, creo que enloquecería de gusto. Puedes estar segura que me destrozaría el clítoris viendo como te lo montas. –

Rosamary bajó la vista la mano de Carmela en continuo y acompasado movimiento.

– Veo que tú te lo "haces" bastante bien.- y entre insinuantes sonrisas agregó.

– Para mi la masturbación es algo muy excitante y

gratificante y procuro poner toda la atención cuando me lo hago, y lo hago varias veces al día. Me relaja. Se ha vuelto en algo que necesito para liberarme de tanto estrés.- dijo Rosamary sin perder los papeles.

Quería llegar hasta el final y desde luego la chica tenía agallas y parecía que "entendía" de la cuestión.

– Por mi puedes seguir mirando si eso te gusta. Además, aunque hasta hoy nunca me haya visto nadie, saber que alguien me está observando atentamente, participando de mi placer, resulta muy erotizante. Ver que se está excitando solo con mirarme y que, al no poder aguantar más su excitación, también se masturba, proporciona un gran disfrute y aumenta, al máximo, el goce que la auto satisfacción de por sí ya me proporciona.

Nunca he tenido la ocasión de experimentar que se siente cuando sabes que alguien te está mirando y pajeando, como vulgarmente se dice, creyendo que te "pilla" sin tú saberlo y, me siento super excitada al saber que tú me estabas mirando, así es que puedes quedarte mientras me lo "hago" y mirar todo lo que quieras. Voy a masturbarme para ti, enseñando todo lo que pueda y poniendo lo mejor de mi para excitarte y excitarme al máximo. A mi me gusta mostrarme, de hecho, lo hago habitualmente, en el metro, en las cafeterías, bueno cuando me apetece y puedo, pero nadie me ha visto masturbarme hasta hoy y tú vas a ser la primera. –

Carmela asintió atenta, habían perdido el miedo y querían dar rienda suelta a sus instintos sexuales. Disfrutar del momento sin tabúes. Aunque eran casos distintos, cuando estaban "salidas", sus deseos de procurarse placer eran similares y las dos buscaban el disfrute del sexo total.

Rosamary continuó diciendo.

– Como me gusta enseñarlo, casi nunca llevo braguitas y, cuando no tengo más remedio, uso unos tangas muy pequeños, para que se me metan por la rajita al andar. Además he experimentado que cuando me ven el chocho con el tanga metido dentro, se excitan a tope. Por otra parte resulta que esto activa la sensibilidad en los labios vaginales y al rozarme el clítoris me da mucho gusto al andar.- Y añadió, a ti que te gusta.-

Carmela sabía lo que le gustaba y lo que quería, estaba demasiado cachonda para dejar pasar la ocasión de poner en práctica su más ansiado deseo y éste no era otro que ver, sin tener que permanecer escondida como hasta ese día, como Rosamary se masturbaba. Contemplar como los dedos manipulaban sabiamente en aquel abierto chocho y sintiendo en el suyo, cada uno de los espasmos orgásmicos de aquel precioso conejillo de pelo suave y negro, con largos rizos que lo cubrían casi por completo.

Quería correrse, sentir como se mojaba hasta las rodillas viendo como Rosamary se masturbaba, loca y ferozmente, ante sus ojos. ¡ Y que su adorada Rosamary lo viera!

¡Cuanto había aprendido de ella!. Desde el día que la vio como se levantaba la faldita y que no llevaba braguita alguna, ella tampoco las había vuelto a usar. De las muchas "técnicas" que Rosamary utilizaba para darse placer, había perfeccionado la del collar, y ahora, además de cogerlo por el centro para meterse ocho o diez cuentas en el coño y dejar que las puntas cayeran entre sus muslos sintiendo su frío roce contra ellos al andar, cogía una de las puntas y la metía culo a dentro, hasta que el hilo de perlas quedaba tirante entre éste y el chocho, lo que aumentaba el placer hasta conseguir un serie de orgasmos encadenados mientras paseaba por la calle.

– Ver como te masturbas despacio y largamente, hasta correrte delante de mi.- Le dijo sin vergüenza.

Rosamary jamás pensó que llegaría el día en que alguien le pediría eso. Lo ansiaba más que nada en el mundo. Verse ante los ojos de alguien y notar su excitación mientras ella adoptaba las más eróticas posturas, practicaba las más depuradas técnicas de la masturbación y mostraba los más escondidos rincones de su sexo. Eso era su mayor capricho erótico.

– Ven. – Le dijo a Carmela. – Vas a ver lo nunca visto. .- No sabía que Carmela la espiaba desde hacía muchos días. -Te voy a dedicar lo mejor de mis conocimientos, para que guardes un recuerdo imborrable de mí. Ya que vas a ser la primera persona que me ve, sin ningún tipo de inhibiciones, mientras me masturbo y podrás hacerlo con todo detalle. –

Tomándola de la mano, la llevó hasta el cuarto de

baño privado del jefe y sentándose en el bidet de espaldas a la pared, con las piernas algo abiertas, la minifalda arrugada en la cintura y la blusa entreabierta, que dejaba ver sus pechos, lentamente comenzó a enjabonarse los preciosos rizos de su hermoso chocho.

Carmela se sentó en el suelo del baño frente a Rosamary, escasamente a medio metro de su clítoris, y aunque no se masturbaba, se estaba acariciando los pechos muy despacio, para alargar todo lo posible, el placer y el gusto que le daba el vérselo tan cerca y como su mano pasaba suavemente, una y otra vez por aquel coñito, sabroso y cachondo.

El aroma del jabón, se mezcla con el perfume de los flujos que emanaban de sus vaginas. Se estaban mirando fijamente, provocándose mutuamente.

Rosamary lo hacía con ligeros movimientos de sus caderas. Poco a poco se lo fue aclarando y el rosado del abierto coño se mostró con todo su esplendor entre los mojados ricitos. Y empieza la función que tiene reservada para Carmela.

Con la mano izquierda, utilizando los dedos índice y medio, suavemente abre su coño y el dedo índice de la mano derecha inicia un lento y perfectamente estudiado movimiento circular sobre su clítoris. Mientras tanto, Carmela sigue castigando sus pezones, y aunque no ha empezado a "tocarse", su sexo está completamente mojado y la rajita entreabierta, por la que salen las primeras gotitas de anacarada cremilla y que dicho sea de paso ella también es una buena productora, casi como Rosamary. Esta por su parte, dejando por un momento la tarea de acariciarse el enardecido y sonrosado botón, recoge con su dedo y se lleva a los labios esas primeras cremas de Carmela, mezcladas con el sabor de las suyas, pero volviendo después a su trabajo, pues sabe lo que quiere y lo que más le gusta a su amiga, esto es, ver como se masturba despacio y largamente.

Muy suavemente y mientras su clítoris ha aumentado su tamaño y titila rítmicamente mientras recibe el dulce castigo de los pellizquitos y retorciditas que su dedo índice en compañía del pulgar le proporcionan, empieza a introducirse, al mismo tiempo, el dedo medio en resbaladiza gruta, totalmente "engrasada" y abierta de par en par, puede verse como las paredes vaginales brillan y empiezan a latir tenuemente. Carmela quisiera saborear aquellos néctares, pero espera un mejor momento.

Al ver la excitación que provoca en la chica, Rosamary aumenta el ritmo de su paja y sus jugos aumentan en aroma y cantidad. Pronto es un hilo cremoso el que sale de su palpitante coño, que cuelga y se balancea, como un pequeño péndulo que marcase el ritmo de sus movimientos, amenazando con perderse vanamente, sin ser aprovechado, en la taza del bidet. Pero ella sabe como hacerla llegar al borde máximo de la excitación y manteniendo las piernas separadas y con mucho cuidado, para que la cada vez mayor gota de sexo líquido no se desprenda, se levanta de su asiento y tomando una copa de champán de las que siempre tiene preparadas el cachondo del jefe, la coloca entre sus pies y luego se pone en cuclillas, con las piernas muy separadas para que, su mirona, pueda ver perfectamente como mana aquella su fuente del placer.

Para disfrutar de esta estupenda visión al máximo y para que llegue a sus ojos en todo su esplendor y no perderse el más mínimo detalle, Carmela cambió de postura y tendiéndose boca arriba a escasos centímetros delante de aquel chocho, metió dos de sus dedos en su hirviente mejillón, dejándolos allí sin moverlos, acariciándose los pechos, lentamente, para no llegar a correrse.

Rosamary, completamente motivada, acelera el mete y saca de sus dedos. Enseguida empieza a salir una mayor cantidad de jugos de la espléndida raja que se abre entre sus piernas y que van cayendo en la copa de champán. El olor que desprenden excita a Carmelilla que también aumenta la intensidad de sus caricias. Han entrado en los últimos momentos del juego.

Con mano temblorosa por la gran carga erótica del momento, Rosamary se introduce dos dedos en su rosada, palpitante y chorreante carne y empieza a moverlos como si de una tijera se tratara. La copa está casi a un cuarto del cremoso zumo de la pasión que brota, como minúsculo manantial, de su sexual fuente y Carmela ya no resiste más, la toma y bebe de un solo trago aquella delicia, que para ella, había producido la sexual fruta de su amiga, bañando su lengua en aquel sabroso cáliz, sorbiéndolos y paseándolos por su boca, saboreando hasta la ultima gota, relami&eacut

e;ndose de placer y sintiendo como, en ella, se va llenando de cremoso líquido, no sabía que escondido lugar en su estómago.

El sabor de aquel néctar de placer la invade y el clímax asciende. Deja de nuevo la copa entre los pies y bajo el inagotable manantial de su amiga, para que siga llenándola. A Rosamary no le hace falta mucho esfuerzo para ello, simplemente empieza a apretar y a abrirlo de nuevo a la vez que empuja con el diafragma de dentro a fuera como si quisiera orinar, pero no es su orina la que sale, sino grandes gotas de sexo líquido que deposita en la copa rápidamente, mientras cierra los ojos con un placer inmenso, al saberse dominadora de la situación, al comprobar como puede "ordenar" a su queridísimo coñito que haga lo que ella quiere, conseguir que su preciosa almejita segregue todo el flujo que a ella se le antoje y, sobre todo al verse por primera vez "mirada" tan de cerca y admirada en su perfección, son verdaderos chorros lo que eyacula.

Carmela no puede resistir más. Su excitación es tal que mientras extiende la mano, como pidiendo la copa una vez más, bombea un gordo y largo mango de cepillo de baño en su culo. La presión del grueso mango en el esfínter de Carmela hace que su almejita se abra y Rosamary le incrusta dos dedos hasta el fondo, los saca rápidamente y los mete en su y así unas cuantas veces hasta que por fin y enloquecida, se dedica a la tremenda paja con que está obsequiando a su amiga.

Y como si lo hubieran ensayado hasta la perfección, pasan la copa de uno a otro surtidor, descargando su goteo en una mezcla de suspiros, rugidos de placer y espasmos orgásmicos dejando, entre ambas, la copa a medio llenar y en el éxtasis final reparten entre las dos su contenido, en un brindis de lujuria desenfrenada.

Temblando de gusto, Rosamary se sienta en el canto del bidet en tentadora oferta, está tremendamente abierta y aún gotea, inagotable, desde lo más profundo .

Por lo menos Carmela puede ver como diez centímetros dentro de el, es una rosada y rezumante gruta que invita a meterle todo lo imaginable, la lengua, los dedos, el mango del cepillo, todo tipo de objetos que puedan calmar la palpitante lujuria de tan extraordinario y profundo agujero. Carmela no puede resistirse a la tentación de chupar tan jugoso fruto y pega sus labios a él salvajemente, lamiéndolo y mordisqueándolo, pero sobre todo chupando y sorbiendo con fuerza, paladeando con placer todas aquellas deliciosas cremas.

Luego, Rosamary, al ver que la chica está a punto de caramelo, la tumba en el suelo, cogiendo la copa donde aún quedaban restos del sexual cóctel y abriendo con sus dedos la entrada del chochito de Carmela vacía el contenido en su interior. Con sabios movimientos de su vagina la chica engulle, literalmente traga, todo lo vertido en su sediento agujero, Apoyándose sobre la planta de los pies alza las caderas tanto como puede para facilitar la entrada y agita el vientre para que tan deliciosa mezcla llegue a lo más hondo de su insaciable cueva. Al verlo, Rosamary, con furia hunde su cabeza entre los muslos de ésta metiendo toda su boca dentro de aquel chocho que, dilatado por la calentura, se ha vuelto inmenso.

"Come…. come….cómemelo todo" le grita Carmela mientras su vientre salta convulsionado por los espasmos de la multitud de orgasmos que de nuevo acuden a su vagina, aumentado la cantidad del delicioso licor y Rosamary, diciéndose "A bodas me convidas", clava la lengua hasta donde humanamente puede llegarse, relamiendo todo el interior de aquel rebosante cáliz sexual, donde se mezclan sus jugos y los de su amiga, y ésta, correspondiendo a tan gratificante caricia, también ha incrustado sus ardientes labios en Rosamary, fundiéndose ambas en el más perfecto sesenta y nueve que pueda imaginarse, sorbiendo con todas sus fuerzas hasta la última de las últimas gotas de su cachondez.

Rendidas de por el esfuerzo, incapaces de moverse, dejan que el letargo del placer colmado las invada, mientras sus cuatro bocas quedan unidas en un beso.

Autor: ARTESCO

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.