El nuevo trabajo de mi mujer IV (Una escapadita)

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El ascenso había mejorado nuestra situación, mi mujer había ido transformándose, y de la esposa sumisa con que me casé apenas quedaba nada, se había convertido en una segura y atractiva mujer consciente de su atractivo, que desprendía sexualidad por los cuatro costados. Ahora era muy activa
sexualmente, antes yo era el pornográfico, el que le enseñaba cosas, vídeos, relatos y variedades sexuales, ahora era ella la que me daba clases, cada noche era para mi un descubrimiento, nunca sabía por donde podía salir ni hasta donde querría llegar, la chica tímida y cortada que conocí había dado paso a una autoritaria y dominante mujer de negocios.

Silvia y ella trabajaban codo con codo, se había convertido en su mano derecha y compartían confidencias y encuentros sexuales. Mi mujer estaba, ahora, por encima de los actores y directores y solo respondía ante Silvia y Jean Claude.

De vez en cuando bajaba al Set de rodaje y, para recordar viejos tiempos, le hacía una buena mamada a Peter mientras la actriz de turno le comía el Coño, pero ahora era ella la que decidía cuando, como y donde iba a eyacular el actor. Seguía pavoneándose ante el personal provocando más erecciones, es lo que tiene la erótica del poder. De vez en cuando pasaba por los servicios solo para escuchar a los operarios haciéndose pajas, elegía a alguno al azar y, aparte de acabarle la paja, le dejaba que le limpiara el coño y el culo después de hacer sus necesidades.

Nuestra nueva situación económica nos permitía hacer alguna que otra escapada y siempre tenía preparado para mi alguna sorpresa. En esta ocasión fuimos a las Islas Canarias, nos alojamos en un elegante hotel en la misma playa con todos los gastos pagados por parte de su empresa. Después de llegar y echar el polvo de rigor, decidimos bajar a la piscina. Mientras acabamos nuestros mojitos mi mujer iba analizando los gustos sexuales de cada uno de los clientes, “a ese le gusta que le peguen y le aten, es un sumiso de libro”, “ese, es pasivo, “este otro activo”, “chupapollas”, “golfas”, “busconas”, “ese esta casado pero le gusta comerse rabos en los aparcamientos”, “Ama”, “Travesti”, “Gay”, “Bisexual”, “lesbiana” tenía de todos y para todos y yo cada vez más asombrado. Después del tercer mojito mi mujer se quitó el pareo, que hacia de vestido de playa, y dejó a la vista
su última adquisición, un minúsculo bikini, tanga en la parte de debajo y con una parte de arriba que apenas le cubría los pezones. La mire totalmente sorprendido mientras me dice que si me gusta, y no puedo evitar una gran erección al ver a mi mujer prácticamente desnuda en medio de una piscina llena de gente que no dejan de mirarla, ellos a escondidas, ellas llenas de envidia. Nunca la había visto así y eso provocó en mi una gran excitación al saberme el tipo más envidiado de la piscina.

Al rato mi mujer decidió que nos fuéramos a la playa. Una vez allí ni corta ni perezosa se quito la parte de arriba, se bajo el tanga y se quedo completamente desnuda, “no quiero que me queden marcas” me dijo. Todavía recordaba la vergüenza que pasó la vez que hizo Topless. “Pero ¿esta playa es nudista?” pregunté. “claro por eso he escogido este hotel, nunca habíamos estado en una y me apetecía probar, así que quítate el bañador”, “pero… estoy totalmente empalmado” le contesté, mi mujer se empezó a reír “mejor, también yo quiero presumir de marido, además es una zona de Cruising y seguro que muchos agradecerán la visión”. “¿Cruising?, joder, me acuerdo cuando no sabias ni una palabra de sexo y ahora…¿de qué va eso del cruising? “Son encuentros sexuales en
sitios públicos, parques, centros comerciales, playas…normalmente en ambientes homosexuales, pero hay de todo” En menos de media hora, ya habían pasado 5 hombres ofreciéndose a bajar mi erección de diversas formas, mi mujer estaba disfrutando de la situación y los despedía con un “tranquilos, yo me encargo”. De repente apareció por la playa un mulato paseando con el torso
desnudo, con un bañador blanco ajustado que marcaba una enorme polla, obviamente llamaba la atención de todos lo que había por la zona y en los 100 metros que recorrió hasta pasar por delante de nosotros se tuvo que ir quitando moscones a cada paso, cuando estaba a punto de pasar frente
a nosotros mi mujer me dijo que se iba a bañar, cuando se cruzó con él se agacho, como si se le hubiera caído algo ofreciéndole la visión de su hermoso culo, él hizo algún comentario que hizo que mi mujer se riera, comenzaron a hablar mientras ella me señalaba y me miraban los dos sonrientes, estaban lo suficientemente alejados para que yo fuera
mujer al oído pero desde luego su polla reaccionó de inmediato. Mi mujer se metió en el mar y el mulato vino hacia mí, se dirigía a unos árboles que había a nuestras espaldas, al pasar a mi lado dijo amablemente “ahora nos vemos”. En cuanto volvió mi mujer, le pregunte sobre lo que habían estado hablando, “quiero probar una cosa, es una sorpresita, te va a gustar, vamos”, ¿adonde?” conteste, no seas tonto y sígueme” se puso una camisola, las botas camperas y el gorro de vaquera y con sus grandes gafas de sol se dirigió al pequeño bosque que había al inicio de la playa. Llegamos a los primeros árboles. Nada. Nos adentramos un poco y en un pequeño claro se encontraba el mulato, apoyado en un árbol, sin el bañador, con su enorme rabo al aire, ofreciéndose, contoneándose, al llegar a su lado mi mujer dijo “este el George, es Bisexual” y sin mas dilación se puso en cuclillas ante el, cogió su enorme verga y se la metió en la boca, apenas le cabía. Empezó a lamer su capullo y mientras con una mano le agarraba los huevos, con la otra le acariciaba el culo, “¿pero que haces?, dije, una cosa era que me contara lo que hacia en el trabajo, donde yo no era capaz diferenciar la parte real de la fantasía sexual, no sabía si era todo cierto o lo hacía solo para excitarnos. Una cosa era fantasear mientras estábamos en la cama y otra cosa muy distinta era ver a mi mujer comiéndose una polla delante mía. Me miraba y, como adivinando lo que pasaba por mi cabeza, se reía, en la posición en que estaba le podía ver claramente el coño totalmente húmedo. Los celos me atenazaban, por un lado quería irme, decir algo, me sentía totalmente humillado y cuando George, me dijo “Joder con tu mujercita, que ganas tiene de rabo, se nota que hace tiempo no prueba una buena tranca” apunto estuve de pegarle, pero por otro lado estaba excitado, lo habíamos hablado muchas veces y ahora ahí estaba ella chupándole la polla a otro hombre delante de mí. “Ven cariño, pruébala”. ¿Cómo? exclame, tenía su punto lo de la mamada pero que yo hiciera ¿que? “anímate hombre” dijo George, “esta deliciosa” dijo mi mujer, “tranquilo que yo te enseño, a él no le importa que seas un principiante” me acerque, me sentía ridículo, de rodillas al lado de mi mujer con una erección de caballo, viendo en primer plano como se comía una buena polla. La escupió, “es mejor que este lubricada”, bajaba y subía el pellejo con maestría, lo bajó hasta abajo ofreciéndome el capullo, me cogió de la cabeza y me la acerco, yo me resistía, “no eres menos hombre por esto, de hecho a mi me pones todavía más, siempre he accedido a lo que me has pedido, ahora te toca a mi hacer realidad mis fantasías y quiero verte chupando una buena polla”. Acerque mi boca, y saque la lengua, la acerque hasta tocar la punta, con la cara de quien prueba algo que no le gusta, estaba húmeda y sabia un poco salada, abrí la boca y mi mujer me introdujo el capullo en la boca, apenas podía respirar, “tranquilo, cariño”, “respira por la nariz, lubrícala, vamos, metetela”, empecé a chuparla, podía notar en mi boca todas la venas, la forma del capullo, y la dureza del miembro, mi mujer empezó a hacerse una paja, juntamos nuestros labios alrededor del capullo y bajábamos hasta los huevos cada boca por un lado de la polla. Alrededor sin darnos cuenta se estaba congregando algunos mirones para ver de cerca semejante escena, varios ya tenían su polla en la mano y habían empezado a pajearse. Mí mujer y yo seguíamos chupando, cuando empecé a notar el liquido preseminal en mi boca, me aparté, mi mujer cogió la polla y se la metió en la boca, empezó a chupar con mas ímpetu, se apartó y mientras seguía pajeando la polla con la mano, abrió la boca y mirando a los ojos del mulato le decía, “vamos dámela toda, quiero tu leche en mi boca, vamos cabrón córrete en mi cara” de repente un gran explosión de leche lleno la boca de mi mujer que, sin dejar que cayera ni una sola gota, abrió la boca, en su interior se veía toda la corrida, me cogió y me dio un beso largo y excitante mientras el semen del mulato caía entre nuestras bocas. Nada más acabar y aún de rodillas mi mujer se dio la vuelta y dirigiéndose a los que estaban mirando les dijo “y vosotros que necesitáis, queréis correros en mis tetas, algunos huyeron despavoridos pero cuatro de ellos se quedaron, se acercaron a mi mujer y empezaron a pajearse aceleradamente, mí mujer les miraba, “vamos capullos llenarme de leche, no valéis para otra cosa que para mirar, vamos” les incitaba mientras se lamía los pezones, empezaron a eyacular y grandes chorros cubrieron la cara y las tetas de mi mujer, alguno le dijo que si se la chupaba a lo que le respondió, “que te la chupe tu mujer esta noche y te la follas mientras piensas en mí y en lo que has visto hoy”. Se fueron alejando, mi mujer de rodillas completamente empapada en Semen le hizo una seña al mulato que se arrodillo y empezó a lamerle todo el semen del cuerpo hasta dejarle completamente limpia, me miraron,” faltas tú cariño” y me hicieron una mamada conjunta tan brutal que no tarde en correrme en sus caras mientras se morreaban pasándose mi semen el uno al otro. Después de un rato y ya recuperado de la corrida, cogimos nuestras cosas y nos fuimos, mi mujer se despidió del mulato con un enigmático “Nos vemos esta noche, acuérdate de traer a tu amigo”.

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