El obrero del sótano

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Me quitó los calzoncillos y tras escupirme en el culo puso su cabeza en mi agujero. La primera intentona fue en balde, pues sus dimensiones eran brutales. Lo volvió a intentar con más éxito, esta vez me la clavó en la próstata. Empezó a bombear mientras gritaba como un auténtico semental. Mientras me hacía el hombre más feliz del mundo me abrazaba con sus fuertes brazos.

Hola amigos, me dispongo a escribir el primer relato con la intención de que todos disfruten tanto como he disfrutado yo. En primer lugar me gustaría describirme: me llamo Iván, soy madrileño y español, soy periodista, mido 180 cm., hago algo de deporte y por eso tengo apariencia entre delgado y fuertecillo. Tengo 26 años y actualmente estoy soltero.

Esto que les voy a contar sucedió hace unos dos años, por aquel entonces yo acababa de terminar la carrera y trabajaba en una redacción en régimen de semi-explotación, es decir, era becario. Esas semanas estaban haciendo obras en la redacción, concretamente en el sótano; el cual lo estaban acondicionando para su uso. Yo aunque algún que otro ojo había echado a los obreros ninguno me había llamado excesivamente la atención. Pues bien, mi amabilísimo jefe decidió que las obras deberían terminarse lo antes posible, así que contrató a más obreros para que trabajasen día y noche. Un buen día dicho señor me encomendó un trabajo enorme y tuve que quedarme hasta muy tarde en la redacción.

A eso de las diez de la noche, cuando ya casi estaba acabando, escuché un ruido en el baño (éste quedaba a apenas diez metros de mi lugar de trabajo), salió uno de los obreros, el cual debía de medir 185 o más, se le veía fuerte aunque llevaba un jersey que no dejaba ver nada. Tenía barba como de dos días, lo que aumentaba su masculinidad y una pequeña melena. Llevaba las mangas del jersey remangadas y pude ver unas enormes manos continuadas por unos brazos robustos cubiertos de pelo.

El obrero, que se dio cuenta que lo miraba me saludó y me comentó que iba a pasar toda la noche allí trabajando pues tocaba hacer la albañilería y eso sólo lo sabía hacer él. Yo le comenté que estaba a punto de terminar y que pronto me iría a casa. Volvió al trabajo y yo me quedé completamente extasiado. Acababa de hablar con un semental increíble que por su acento debía de ser rumano y mi pene había crecido increíblemente. Cuando terminé de trabajar, antes de irme, bajé al sótano para despedirme de mi nuevo amigo.

-Adiós, ya me voy.-titubeé.-Quédate, hombre.-respondió.- Si quieres tengo aquí unas cervezas.

Jamás habría esperado esa propuesta, pero por supuesto que acepté. Me llevó a una especie de sofá y me trajo dos botellines de cerveza que abrió con la boca; lo que me provocó una tremenda erección. Empezamos a hablar, primero de fútbol, luego de política, en fin, de todo un poco. Mi amigo aparte de ponerme muy cachondo era una persona con conversación y hasta me caía bien.

-Seguro que en estas noches que pasas aquí solo unas cuantas chicas habrán estado en este sofá.- Le pregunté, para ver que podía descubrir. -No te creas, últimamente no ligo mucho.-Respondió mientras se colocó el paquete.- ¿Y tú? ¿A ti te gusta poco la compañía femenina, no?

Me quedé completamente paralizado. Semejante macho me acababa de pillar y es posible que me estuviera tirando los tejos. Me quedé mirándole fijamente y solo pude asentir con la cabeza. En ese momento me acarició la cara y me besó la mejilla.

-Yo nunca he estado con un hombre, pero quizá tú y yo podíamos pasar una buena noche.-Me dijo

Empezamos a besarnos como posesos mientras le acariciaba la melena él me pasaba las manos por todo el cuerpo, seguí besándole el cuello lleno de venas y barba sin afeitar. Se quitó el jersey dejando ver una camiseta de tirantes que dejaba ver unos formados bíceps y una extensa mata de pelo saliendo de su sobaco. Yo me desnudé, quedándome en calzoncillos empecé a chuparle el dedo, le besé todo el brazo y le lamí esa selva que tenía por axila. Se quitó la camiseta y pude contemplar su hombría. Tenía los pectorales marcados, peludos y el vientre con un poco de barriga cervecera. Le pasé la lengua por los pezones, pectorales, etc. Mientras, él me metía por debajo de la ropa interior uno de sus gordos dedos por mi ano.

No pude aguantar más y le descubrí el pene. Era grande (23 cm.), robusto, lleno de venas y nervios, gordo como un vaso de tubo y de él colgaban unas enormes bolas; todo ello rodeado por una mata de pelo increíble. Me animó a chupársela con la mirada y yo se lo besé, lo lamí centímetro a centímetro, me metía sus huevos en mi boca y cuando me sentí preparado me la tragué entera. El gemía de placer, y decía que yo la chupaba mejor que todas las mujeres con las que había estado. Mientras él seguía con dos dedos en mi culo lo que me provocó una corrida de considerables proporciones.

-¿Te gusta que te la metan?

Yo respondí dándole mi culo, él me quitó los calzoncillos y tras escupirme en el culo puso su cabeza en mi agujero. La primera intentona fue en balde, pues sus dimensiones eran brutales. Lo volvió a intentar con más éxito, pues está vez me la clavó en la próstata. Empezó a bombear mientras gritaba como un auténtico semental. Mientras me hacía el hombre más feliz del mundo me abrazaba con sus fuertes brazos y en ocasiones me tiraba del pelo o pellizcaba mis pezones.

Siguió con el mete-saca aumentando la frecuencia hasta follarme con la potencia de un animal y yo sentía todo su falo en mi cuerpo, su calor me llenaba por dentro. Finalmente se corrió soltando un grito enorme e inundándome todo entero por dentro con su espeso semen, que estaba ardiendo y provocó unos fuegos artificiales en mi interior sólo comparables con la sensación de coronar una montaña tras días de sufrida escalada.

Nos vestimos y permanecimos abrazados un rato, me fui a casa y a los pocos días volvimos a vernos… pero eso ya es otra historia. Aguardo vuestros comentarios o sugerencias.

Autor: Ivan

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Escrito por Marqueze

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