El padrino

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En mi entrepierna comencé a sentir un hormigueo, sentí su mano subir por la parte interna del muslo hasta llegar al borde de mis braguitas y rozar mi ya húmedo coño por encima de la tela, por mi parte separé un poco las piernas, coloqué la copa al borde del balcón y apoyé mis manos en el mismo, quería facilitarle los accesos, sus manos se movían con destreza.

La curiosidad mató al gato, dice un dicho, algo parecido le sucedió a Miguel, al encontrar el diario de Andreina la que hoy día es su esposa y por curiosidad comenzó a leerlo, extractos de algunos acontecimientos, posteriormente confesados por Andreina:

Viernes 28 mes…

Miguel me invitó esta noche a una reunión en casa de su padrino y tutor, escogí un vestido rojo de falda volada a medio muslo, con un gran escote a la espalda, y ajustado a la cintura, un hilo dental rojo como única prenda íntima y zapatillas rojas de tacón alto, la reunión era para presentar a Miguel con algunos jueces y dueños de bufetes de mucho prestigio en la ciudad, ya que Miguel estaba pronto a culminar su carrera como abogado, mientras yo apenas comenzaba la mía como bioanalista. Llegamos, siendo recibidos por Alberto, un maduro de unos 45 años, muy apuesto, divorciado, un empresario muy exitoso, pero sin mucho éxito, pensaba yo, en lo sentimental, se trataba del padrino y tutor de Miguel, nos invitó a pasar y nos dirigió hasta la terraza, donde se encontraban un grupo de personas, hombres y mujeres cuyas edades oscilaban entre 50 y 70 años, aburrimiento total, pensé.

Transcurría la velada, entre champaña y pasapalos, por supuesto mi total aburrimiento, ya que Miguel andaba haciendo lobby para su futuro inmediato, por lo que opté en recorrer la inmensa propiedad de Alberto para distraerme un poco, en mi recorrido en un piso superior me encontré en un salón oscuro con un balcón desde donde se podía observar la terraza y a los concurrentes, sin ser vista, debido a que quedaba oculta por las ramas de los árboles y la oscuridad.

Distraída, observaba como Miguel conversaba entusiasmado con uno que otro vejete, de repente reconocí un aroma varonil que se acercaba a mí, se trataba de Alberto, el padrino de Miguel, quien ofreciéndome una copa de champaña y tomándome por la cintura lamentó mi estado de aburrimiento y soledad, mientras me hablaba de la gran oportunidad que se le estaba presentando a Miguel al relacionarse con la crema y nata del derecho, su mano se desplazaba de la cintura al costado del muslo por encima de la falda, ni siquiera pensé en frenarlo, todo lo contrario, dentro de mí inicié una apuesta para ver hasta donde era capaz de atreverse a llegar, así tener algo con que distraerme.

Su mano, más osada de lo que pensé, ya no le bastó con tocar por encima del vestido, sino que buscó contacto con la piel, comenzó su recorrido por la parte externa de mi muslo hasta posesionarse en mi nalga izquierda, yo tenía la mirada perdida hacia el horizonte y mis pensamientos concentrados en lo que acontecía, no escuchaba lo que Alberto decía, supongo que serían piropos, al notar que de parte mía no existía rechazo alguno, comenzó a rozarme con sus labios, el cuello y mordisquearme el lóbulo de la oreja, lo que comenzó, para mí, como una diversión, pasó a ser una excitación, mis pezones se endurecieron y amenazaban con traspasar la tela del vestido.

En mi entrepierna comencé a sentir un hormigueo, su mano derecha que hasta el momento estaba pasiva, también buscó contacto con mi piel, pero por el lado opuesto, es decir por el frente, sentí su mano subir por la parte interna del muslo hasta llegar al borde de mis braguitas y rozar mi ya húmedo coño por encima de la tela, por mi parte separé un poco las piernas, coloqué la copa al borde del balcón y apoyé mis manos en el mismo, quería facilitarle los accesos, sus manos se movían con destreza, la izquierda recorría mi parte trasera sin dejar espacio que acariciar, mientras la derecha usaba sus dedos para dar un mejor tratamiento a la parte delantera.

Jamás había pensado en serle infiel a Miguel, por supuesto con la mente, infinidades de veces, pero físicamente nunca pensé que lo haría y si lo hacia, no pensé que me entregaría  tan fácilmente y peor aún con su padrino, pero como dice el dicho, a lo hecho pecho y precisamente en eso me encontraba, hundida en mis pensamientos cuando sentí los dedos de Alberto tomando los bordes de mis braguitas y jalándolas hacia abajo, sentí como se desprendía de la raja de mi culito y con delicadeza descendían hacia mis tobillos, lo único que se me ocurrió decir fue que nos podían pillar, a lo que me respondió que no me preocupara que la puerta estaba cerrada con llave y existía otra salida hacia la planta baja, en vista de no haber razón para preocuparse, levanté una pierna primero y otra después para facilitar el despojo de mis braguitas, con delicadeza Alberto separó un poco mis piernas y comenzó un ascenso con su lengua, besando mis muslos, mis nalgas, su lengua recorrió por primera vez la raja de mi culo.

Se tomó un tiempo para hurgar mi orificio anal, nunca antes alguien lo había hecho, una sensación diferente, pero no por ello desagradable, al contrario deliciosa, sus dedos se bañaban con los jugos que emanaban de mi coño, quien estaba a la espera de esa experimentada lengua que hacía maravillas por atrás…

Como leyendo mi mente, Alberto se colocó delante y con una maestría su lengua se abrió camino entre mis labios vaginales, lo que me llevó a comparar, lo que era una lengua experimentada con una lengua inexperta como la de Miguel, que si acaso me había dado un lametón, como por cumplir un requisito y no para dar satisfacción a su hembra, mientras la experta lengua de Alberto me llenaba de gozo, succionando cada gota que emanaba de mis entrañas, mis piernas se debilitaban, estaba disfrutando de un largo, pausado y ardiente orgasmo, fue un orgasmo diferente, fue maravilloso, se trató de un macho dándole goce a su hembra.

Sentí la necesidad de besarlo, por lo que lo convidé a incorporarse y sin más lo besé en la boca, saboreaba sus jugos salivares mezclados con mis jugos vaginales, una mezcla que me fascinó, nuestros cuerpos se juntaron,  podía sentir su miembro duro contra mi pelvis, Alberto con delicadeza me tomó de la cintura y nos separó, me colocó en forma de L, mis brazos apoyados al borde de la baranda y mi culo en pompa, se desabrochó sus pantalones y sentí una cabezota en la entrada de mi coñito, por sus dimensiones se trataba de un gran miembro, no lo podía ver, pero si sentir…

Su miembro comenzó a abrirse paso entre mis labios vaginales, los cuales se fueron desplegando para darle la bienvenida al nuevo visitante, se deslizó hasta que sentí que la pelvis de Alberto chocaba contra mis nalgas, me había penetrado totalmente, comencé a mover mi cintura en forma circular y de atrás para delante, él empujaba y sacaba, no se, si eran ideas mías, pero el cielo estaba con más estrellas o era que el goce que me hacía ver por duplicado.

Estuvimos varios minutos disfrutando del ritmo que habíamos logrado sincronizar, hasta que en esta oportunidad, si hubo de mi parte, una explosión orgásmica, no largo y lento como el anterior, tuve que contenerme para no gritar de gozo, inmediatamente sentí el líquido cremoso que inundaba mis entrañas…

Alberto también había tenido el suyo, su cuerpo estuvo por unos segundos apoyado a mi espalda, cuando sin mediar palabras lo separé, me agaché y por primera vez tenía en mis manos y a la vista al causante de semejante orgasmo, sin pensarlo hice algo que aún Miguel no había tenido la suerte de disfrutar, lo introduje en mi boca, con mi lengua lo recorría y saboreaba una nueva mezcla de semen y mis jugos vaginales, la cual degusté hasta no dejar restos de nada.

Luego de una mamada o limpieza de pene, me incorporé para dirigirme al tocador, pero Alberto me detuvo, sacó un pañuelo y lo humedeció en una copa que aún contenía champaña, con delicadeza me separó nuevamente mis piernas y con el pañuelo humedecido de champaña, procedió a limpiarme mi vagina, tal delicadeza hizo que mis flujos emanaran otra vez…

Agradecida o más bien súper agradecida, lo volví a besar y recogí mis bragas, pero Alberto me las pidió, indicándome que hoy había llegado con braguitas y me iba sin ellas, pero él deseaba que la próxima vez que volviera, viniera sin braguitas y me fuera con ellas, acepté y me dirigí a donde se encontraba Miguel, al mirarme se me acercó y preguntó que como la estaba pasando y mi respuesta fue ¡de maravillas!

Pasaron días sin saber nuevamente del padrino de mi novio, hasta que recibí una llamada de Miguel, invitándome a casa de Alberto, quien a su vez lo había invitado, para presentarle al dueño, de uno de los mejores bufetes de abogados de la ciudad, quien estaba interesado en contratarlo una vez graduado. En un próximo relato detallaré lo acontecido.

Autora:Barmelia

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Escrito por Marqueze

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Un comentario

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  1. Muy ríco y vívido. Una redacción muy fluida, una vez que se toma se queda atrapado hasta el final. Ojalá venga pronto la secuela.

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