El papá del amigo de Juanita

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Su verga llegaba profunda, me levantó sin sacar su verga de mi culito y se sentó en el sofá, así me tenía empalada, empecé a subir y bajar, con esa carne dentro. Me tendió en el suelo y me la metió de nuevo en el culo, levantó una de mis piernas y siguió penetrándome. Luego volvió a penetrarme como al inicio. Por la concha y con mis dos piernas bien abiertas.

Hola soy ana, o juanita. He escrito antes. Hace mucho tiempo que no lo hago. Si me preguntan porqué no tengo una razón concreta, pero se que no tenía mucho para contar que fuera interesante. Bueno me han pasado muchísimas cosas pero no quería compartirlas.  Hoy mismo me ha pasado algo que hizo que volviera a compartir con personas como usted mi historia.

Soy blanca, cabello negro ahora largo debajo de los hombros, 1.72, 55 kilos, delgada, practico natación así que mis piernas son torneadas y mi alimentación me asegura tener una muy bonita piel. Mi talla de brasier es 34 c, ojos azules y creo que eso es todo. Antes que nada tengo que confesarme. Tengo varias fantasías sexuales, como todos, y que en algún momento deseo cumplir. Parte de una de ellas ocurrió hoy. Esa fantasía tiene que ver con relacionarme con un hombre mayor. Y cuando digo mayor me refiero a un hombre veterano, con experiencia. No se, siempre me han llamado la atención sobre todo después de tener un affaire con un profesor de mi escuela.

Ok pero ese no es el asunto. El asunto es que quedé con un amigo del chat que íbamos a escucharnos y para ello necesitaba un micro. Entonces busqué uno donde un amigo y este no estaban. Su padre, uno hombre de unos 49 años, me invitó a esperar a su hijo. Lo hice durante 20 minutos pero nunca llegó. En ese tiempo su padre, que se llama Andrés me habló cordialmente. Notaba como me miraba de arriba abajo. Yo estaba vestida casualmente: llevaba una falda a media pierna, una blusa corta y encima un suéter, traía sandalias de amarrar. Mientras me brindaba de tomar me miraba insistentemente. Tras un rato Andrés me dijo:

-No te había visto por acá antes- a lo que respondí -Si es cierto conozco a su hijo de la universidad pero no había estado acá.

El me miró de arriba abajo y continuó:

-Cierto porque sino te recordaría. Yo siempre recuerdo a una nena como tú cuando la veo. -¿De verdad? Le dije yo. El se puso frente a mí que estaba sentada en el sofá de la sala. -Claro que si. Mira siempre he querido acostarme con una nena como tú. Siempre. Así que te tendría presente.

A mi se me empezó a acelerar el corazón. Andrés es un hombre alto, delgado, pero con barriga, se está quedando calvo, pero tiene un porte de macho de esos que matan con la mirada y la voz. Yo me quedaba callada y eso hacía que el tomara más la iniciativa.

-Yo se que si una nena como tú se deja hacer lo que yo te haría, quedaría dispuesta más. ¿No te interesaría? ¿Dejar que te haga un par de cositas?

Yo le sonreía de la vergüenza, pero no articulaba palabra.

-Y no hablas. Pero seguro que yo haría hablar de muchas cosas. De verdad.

Entonces se paró frente a mí y empezó a sobarse su paquete sobre el pantalón. Yo intenté levantarme pero él se interpuso y volví al sofá.

-No espérate, voy a ver dónde anda mi hijo.

Entonces tomó su celular y mientras seguía frotándose su paquete entre los pantalones hablaba con él.

-Hijo hola. Acá te esta esperando un hermosa niña…si. Ha ok. Yo le digo. Ok te cuidas chau.Guardó su teléfono y con una sonrisa me dijo: -No va a poder llegar a tiempo, que vas a tener que regresar después Ana. -Entonces ya me voy don Andrés, gracias por todo.

Y me incorporé. Pero Andrés se movió rápido y me acorraló en el sofá.

-¿Crees que te voy a dejar ir así no más? ¿Después que me has dejado así de empalmado?

Se levantó, bajó su cremallera y sacó su polla. Una verga dura y fuerte. Yo intenté sacármelo de en medio pero avanzó poniendo un pie sobre el sofá y atrapándome. Su pene estaba frente a mí. Sólo tenía que abrir la boca y ya estaría chupándoselo.

-Vas a tener lo que has querido esta noche Juanita.

Y avanzó golpeándome los labios con su verga. Yo, instintivamente, abrí la boca y empecé a mamarlo. El bufaba de placer. Bajó la pierna del sofá y se acomodó de pie, yo seguía sentada y ahora lamía esa poderosa verga con basta experiencia. El empezó a hablarme.

-Ja, ja, que delicia. Yo sabía que esa boquita tenía que ser placentera. Desde que la vi sabía que te tenía que poner mi verga allí. Chúpala bien que se nota que te gusta, perrita. Hoy te vas a ir de acá feliz, dale, chúpala…

Y yo la mamaba con ganas. Con lujuria. Andrés empezó a quitarse su pantalón mientras no dejaba de hacerme mamársela. Se quedó sin pantalón y sin camisa.

-Ven para un momento perrita…

Me levantó del sofá y me sacó el suéter y la blusa, no llevaba bra, así que quedé desnuda de arriba. Ahora se agachó y estando yo de pie empezó a lamerme la conchita. Me quitó el tanga y la falda dejándome en zapatos. Me lamía y metía sus dedos en mi concha. Yo casi me caía del placer. Luego se levantó de nuevo.

-Acuéstate putita que ahora viene lo que te gusta…

Me empujó y caí de bruces en el sofá. Me abrió las piernas y empezó a penetrarme. Me metió sus 21 cm de carne madura y gruesa. Se apoyaba de mis piernas para embestirme. Me estaba taladrando de una forma increíble. Yo no paraba de gemir a cada embestida de Andrés. Me agarraba del sofá porque parecía que me iba a partir en dos.

-¿Te gusta perrita? Yo se que si. Nunca te ha jodido un hombre como yo. Y nadie lo hará, perra.

Puso mis piernas sobre sus hombros y empecé a escuchar el plap, plap, plap, de sus ingles contra mis piernas. El placer era intenso. Tras un rato de embestirme, sacó su verga y la puso a la altura de mi boca.

-Trágatela toda perra…

La empujó hasta mi boca y me tomó de la cabeza para forzarme a tragarla. Casi vomito de la impresión. El se reía y volvía a hacerlo. Empezó a follarme la boca. Se movía como si me penetrara, la sacaba y volvía a meter.

-Ponte en cuatro perrita…

Me levantó y me puso apoyada contra el espaldar del sofá, se acomodó detrás de mí y me la metió en la concha. Y empezó otro mete saca intenso. Ahora me tomaba del cabello y me daba de nalgadas. Me follaba hasta el fondo, sin cansancio.

Me gustaba sentir sus bufidos y su sangre en ese cuerpo maduro. Con esa verga que haría la envidia de un chico joven, porque a Andrés se le notaba que quería follarse a una chica como yo, joven, pero sobre todo hacerla sentir bien y mostrarse como todo un macho poderoso.

-¿Te gusta perra? Contesta ¿Te gusta? -Si me gusta. -Dime que quieres más perrita, dímelo… -Si, si, quiero más, más.

Andrés se detuvo, sacó su verga de mi concha y levantó sus piernas, puso una sobre el sofá y la otra de pie en el piso. Empezó a apuntar su tranca a mi culo. Empezó a avanzar.

-Mmmmmmm, que rico culo tienes putita…

Yo gemía ante esa verga penetrándome. El la tomaba con las manos y la metía hasta que la tuve adentro, luego apoyó las dos piernas en el sofá y empezó a meterlo todo y dar un bombeo más fuerte.

-Aaaaaaaahhhhh… -Si, si, que delicia de culo puta…

Me hizo una cola con el cabello y lo halaba como si me llevara de las riendas. Su verga llegaba profunda. Entonces me tomó de las caderas y más profundo me llegaba. Con un movimiento me levantó sin sacar su verga de mi culito y se sentó en el sofá, así me tenía empalada.

-Vamos puta cabálgala, venga que se que te gusta tenerla así…

Y yo apoyé mis piernas en el sofá y empecé a subir y bajar, con esa carne dentro. En algún momento él mismo avanzaba desde abajo y me levantaba las piernas del suelo, así quedaba a su merced. Tras un rato así, me hizo levantar. Me tendió en el suelo y de lado se puso detrás de mí, me la metió de nuevo en el culo, levantó una de mis piernas y siguió penetrándome. Luego volvió a penetrarme como al inicio. Por la concha y con mis dos piernas bien abiertas.

-Voy a venirme perrita y te las vas tragar toda. Porque te voy a bautizar. Desde ahora serás mi putita…

Y empezó a penetrarme duro, a ganar ritmo cuando estaba por estallar, sacó su verga, se puso de pie, me haló del cabello para que quedara de rodillas.

-Abre la boca perra…

Lo hice y empezó a echarme sus descargas una a una en la boca y parte de mi rostro. Se halaba la verga y le salía cada vez más leche. Se notaba que hace mucho tiempo no estaba así con alguien.

-Trágatela que es tuya…

Me hizo limpiársela y luego nos sentamos en el sofá. Me acarició la espalda y me abrazaba. Empezó a hablarme como un novio. Me dijo que le había gustado mucho follarme así. Que desde que me vio se imaginó todo aquello. Que quería seguir haciéndolo.

Me preguntó si me había gustado y yo le dije que me había encantado. Quedamos de vernos este fin semana.

Salí de esa casa totalmente satisfecha. Sabía que mi fantasía de tener más sexo con hombres maduros se hacía real. Ya había estado con otros dos antes en otras situaciones y había sido increíble. Ahora esto lo confirmaba.

Se que hay preguntas por resolver. Se que tengo que seguir mi vida, pero que voy a hacer si mis deseos me llevan siempre a ser tratada así. ¿Que va a pasar cuando algo salga de control? Algunas veces vale la pena salir como salí de esa casa, así de bien follada. Así de satisfecha.

Autora: Juanita Wais

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Escrito por Marqueze

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Un comentario

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  1. hola juanita/ana o lo q seas….. hombre de 49 es maduro?? siempre listo!!!!!!!!!!!! te felicito por el relato.. muy excitante y envidio mucho a quienes pueden hacerte gozar como lo hacen.. pero recuerda lo de los 49 años…

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