EL PASTOR

¡Comparte!

Aunque a mi mismo me costó algo de trabajo creerlo, el siguiente relato me lo trajo una persona sumamente seria, posteriormente leyendo viejas noticias de la prensa, encontré un artículo, en el que se hacía clara referencia a la situación que me había sido narrada.

Me llamo Richard, era una persona sumamente agobiada y mal tratada por la vida, debido a mis múltiples desgracias acudí a un sin número de personas, entre ellas al licenciado XXX, pero con fines legales, luego que me aclaró algunos detalles, decidí no continuar con la demanda civil contra una de las otras personas a las que había acudido en busca de ayuda, no por la posibilidad de perder, todo lo contrario, había muchos elementos de juicio para que la demanda prosperase, pero resulta que debido a la misma naturaleza del caso, este de seguro se haría público, y ese no era mi interés.

Bueno les diré ante todo, que en esos momentos me encontraba recién divorciado, solo triste y acongojado, mi mujer Rita me fue infiel con las personas que consideraba mis mejores amigos y compañeros de trabajo. Como dicen el marido es el último en enterarse, y así sucedió en mi caso, yo me dedicó a la instalación de un determinado sistema de comunicación, que por lo general me veía en la obligación de salir de mi casa y ausentarme por varios días, tiempo que tanto ella, como mis compañeros de trabajo aprovechaban para coronarme.

Para colmo de males durante los cinco años que duró nuestro matrimonio, Rita quedó embarazada en cinco ocasiones, por suerte o desgracia, hoy en día gracias a los estudios médicos y de genética pude comprobar, que ninguno era mío, ya que soy impotente, digo funciono bien, se me para y todo, pero mi semen no puede fecundar a ninguna mujer a menos que me someta a un tratamiento costosísimo, pero eso lo descubrí relativamente hace poco tiempo y comenzó mi calvario.

Debido a una pequeña molestia al orinar, visité a un urólogo, y tras los exámenes de rigor me dio la mala noticia, ya que al momento de poner estado civil, marqué soltero, para evitar complicaciones. El doctor pensando que realmente era soltero me dijo que con mi condición era algo imposible el que yo preñase a una mujer, y eso fue el principio del fin de mi matrimonio.

En pocas palabras les diré, que todo se descubrió, y finalmente me divorcié evitando de esa manera el tener que pasar una abultada pensión a Rita y a sus hijos. Pero eso dejó un gran vacío existencial dentro de mí, o por lo menos eso me dijo uno de los tantos profesionales de salud mental a los que acudí. Otra persona a la que me llevaron, me dijo que un espíritu del mal se había apoderado de mí, ese desde luego fue un Santero, y tras darme unos baños con ramas y fumar un tabaco, embarazada, al punto que el pastor comenzó a reunirse conmigo para orar, lo que me hacía sentir bien temporalmente. Pero siempre terminaba llorando, en alguna esquina solo. Pasó un tiempo y Víctor me invitó al templo, me había estado hablando del maligno, de cómo el diablo se mete dentro de las personas y las hace sentir mal, y que de alguna forma o manera había que expulsarlo del cuerpo.

Al principio eso no tenía sentido para mi, pero un día estando de visita en la iglesia, llegó una señora de unos cuarenta y tantos años, viuda, con un ataque de llanto, inconsolable, histérica se podría decir, en ocasiones manifestaba, que era preferible el estar muerta que seguir sufriendo, no lo creerán, pero me identifiqué mucho con su dolor, ya que así era que me sentía yo en ocasiones. Víctor me pidió que me pusiera a leer unos salmos de la Biblia con mucha fe, mientras que él atendía a la dama. La llevó dentro, mientras yo estaba leyendo los salmos en la entrada de la iglesia, al principio no me pareció que nada ocurriese, pero me concentré en leer con mucha fe todos los salmos que él me había indicado.

De momento comencé a escuchar bien a lo lejos a la mujer gritando, al principio no le entendía, pero luego me di cuenta que gritaba y reía, pero de felicidad, dando gracias a Dios, yo con más fe leía los salmos, luego de un buen rato de silencio, comencé a escuchar m&aacut

e;s gritos, eran impresionantes, yo conocía más o menos la disposición de la iglesia, y sabía que se encontraban en la oficina de él al fondo de la edificación, pero aún y así podía escuchar con cierta claridad, tanto al pastor maldiciendo al diablo, como a la señora dando gracias a Dios y expresando su alegría.

Además en repetidas veces la escuché decir, sáquememe el diablo pastor, aleluya, y otras cosas más por el estilo. Cuando salieron, quedé tan impresionado al ver el cambio que se había dado en la señora, algo despeinada, pero alegre, llena de vida. Era evidente para mí que Víctor tenía el poder de sanar, desde esa tarde deseé fervorosamente que él me sanara a mí también.

Cuando se lo pedí, se negó en principio, sencillamente me comentó que debía tener fe, al día siguiente llegó un jovencito de nombre Carlos de unos veinte años más o menos, quizás más joven aún, se por que él mismo me lo comentó que su novia lo había dejado, por otra mujer y eso lo había dejado destruido, pero que el pastor refiriéndose a Víctor lo había comenzado a sanar, pero que todavía le faltaba terminar de sacar algo del maligno que había quedado dentro de él.

Nuevamente a pedido de Víctor me puse a orar en la entrada de la iglesia, mientras que ellos dos se dirigían al fondo de la misma. Estando sentado tras un rato, nuevamente comencé a escuchar esas expresiones de alabanza y alegría en la voz del joven, mientras que en un tono más bajo escuchaba a Víctor reprender al demonio, y conminarlo a que abandonase el cuerpo del joven.

Como a la hora y media los dos salieron, se observaban cansados, pero contentos de haber podido sacar al demonio, como dijo textualmente Víctor, le entré a palos y no ha de regresar a menos que tú así lo desees. A lo que el joven respondió, no se, usted sabe como es el diablo de marrullero y engañador, pero pondré todo de mi parte, para que no se vuelva a meter dentro de mi.

Esas palabras me terminaron de convencer, de que necesitaba ser sanado por Víctor. As&iacu que para poder practicar el exorcismo debía tener fe ciega en el, que sus métodos eran radicales pero sumamente efectivos, pasase lo que pasase debía seguir sus órdenes, o el diablo, dejaría siempre algo dentro de mi, que tarde o temprano me volvería atacar, mi fe en Víctor era incuestionable, pidiera lo que pidiera yo estaba dispuesto hacerlo sin el menor reparo de mi parte. El todo era sacar al demonio que se había alojado en mi cuerpo y alma.

Al entrar a la oficina me di cuenta que no era nada convencional, en el centro se encontraba una especie de cama de partos, pero acolchada, una pequeña mesa llena de varios tarros de colores diferentes, la luz era tenue, además de otra mesa de mayores proporciones, además de ponchera llena de agua y una gran cantidad de toallas pequeñas. Al entrar Víctor me dijo sencillamente, quítate toda la ropa y la colocas en la mesa grande, yo no dudé ni un segundo en hacerlo, por lo que de inmediato me comencé a desvestir, mientras que mi pastor oraba algo que yo no podía entender.

Al estar totalmente desnudo, me paré a un lado de la cama, con mis manos colocadas sobre mi pene, por eso de la vergüenza, y en medio de todo, la situación me hacía sentir ligeramente excitado, a pesar de entender que era algo indebido. Víctor al verme me indicó que retirase mis manos de mi pene, el cual sin intención de mi parte se comenzó a poner duro y erecto, para mi fue una sorpresa, ya que desde que me enteré de que no era fértil no había vuelto a tener una erección, la vergüenza se me reflejaba en mi rostro, pero mi pastor me comentó, no te preocupes que no eres tú, es el demonio que se manifiesta de esa manera.

Eso tenía mucho sentido para mi en esos momentos, no se realmente la razón, pero lejos de desanimarme me convencí más que necesitaba que Víctor me practicase su exorcismo. Mientras él continuaba orando, me entregó una especie de antifaz, pero sin los huecos de los ojos era negro, acolchado, pero de seguro no permitía que yo viera nada de lo que sucedía a mí alrededor. Me hizo señas de que me lo pusiera, de inmediato así lo hice, ya en esa completa oscuridad escuché su voz decirme, el diablo debe sentirse seguro para salir, por eso la penumbra de este sa

lón, y el antifaz es para protegerte a ti, de que no lo veas a los ojos directamente, no sea que se vuelva a meter dentro de ti, además su sola imagen es tan repulsiva que te puede hacer mucho daño el verlo. Ante esa orientación y con el fuerte deseo de que me sanase no pensaba en ningún momento desobedecer a mi pastor, que estaba a punto de hacer ese enorme sacrificio por mi persona, poniendo en riesgo su propia vida.

Sentí las calientes manos de Víctor el pastor sobre mi cuerpo, me conducía a la cama, y yo completamente seguro de que era por mi bien me dejaba llevar. Me recostó boca arriba y sujetó mis manos y piernas con correas, a medida que me decía que todo era por mi bien, para que el diablo no me levantase y me tirase contra el piso. A medida que Víctor oraba comencé a sentir sus calientes manos nuevamente sobre mi cuerpo desnudo, haciendo fuerza sobre mi cuerpo, empujando al demonio desde mi cabeza y pies al centro de mi cuerpo, de hecho era un riguroso masaje, en el proceso de acostarme en la cama mi pene se había relajado, pero al sentir sus calidas manos sobre mi cuerpo comencé a excitarme nuevamente. Víctor se acercó a mi rostro y cerca de mi oído me indicó que comenzara a repetir las palabras que él me decía, palabras que no entendía, pero de inmediato me aclaró que era arameo o hebreo antiguo, mejor conocido por los creyentes como hablar en lenguas, tocaban esa sensación de calor estaba presente. Lo escuchaba discutir en lengua con el maligno, mientras que me tocaba por todo mi cuerpo, luego se fue centrando en mis caderas, y me dijo esta muy arraigado dentro de ti, hay que sacarlo a como de lugar, a lo que yo le respondía ciegamente que me sacase el diablo, has lo que tengas que hacer para eso, pero retíralo de mi.

Las manos del pastor se centraron sobre mis nalgas las que estaban expuestas, ya aunque estaba acostado boca arriba, él había subido mis piernas gracias a las piezas metálicas de esa camilla de parto. De momento sentí sobre mi culo algo caliente y suave, mi esfínter latía, y yo solo deseaba que el diablo saliera sin importarme ni como ni por donde, esa cosa caliente me comenzó a entrar y yo a pedir que me sacase el demonio que estaba dentro de mi.

Algo de dolor sentí, pero todo fuera por que el diablo me saliera, estaba dispuesto a soportar cualquier cosa. Eso seguía entrándome, mientras que una de las manos de Víctor se colocó sobre mi pene, lo acariciaba y yo estaba comenzando a disfrutarlo todo. Esa sabrosa sensación era algo incomparable, me sentía protegido por mi pastor, a medida que mi cuerpo se cimbraba a cada embestida que él realizaba contra el demonio, lo escuchaba decir en lenguas cosas que yo no entendía, pero que sabía eran por mi bien, en cierto momento le pedía a Víctor que le diera duro, al demonio, que me lo sacase, al demonio, en fin él hizo todo lo humanamente posible para exorcizarme completamente, hasta que finalmente me sentí como nunca me había sentido.

Tras un rato Víctor permaneció sobre mi cuerpo desnudo, pero luego me indicó que me lavaría, que permaneciera tranquilo, sentí algo de dolor al retirarse, pero en cosa de minutos sus manos comenzaron a pasar por sobre mi piel, con una toalla húmeda me acariciaba todo el cuerpo, la sensación de paz era única, luego soltó las correas y me preguntó como me sentía. Le dije que de lo mejor, me indicó que fuera al lavado y expulsase lo último que el diablo me había dejado dentro, pero que no lo viera. Así lo hice al regresar, me entregó mis ropas y me sentí muy feliz, al salir las dos señoras me comentaron lo bien que me veía. Ese día fui al cine, caminé por las calles, y hasta me llamó la atención un grupo de lindas jóvenes callejeras, pero como se que el diablo tiene muchos recursos rápidamente me aparté de ellas.

Durante casi un mes me sentí tremendamente bien, el exorcismo me había curado, y yo nuevamente disfrutaba de la vida, hasta que un día cuando me dirigía a mi trabajo, divisé a lo lejos a la que había sido mi mujer, acompañada de un tipo grande y gordo, definitivamente ese era el padre de todos los hijos de ella, todos se les parecían enormemente, no tan solo por lo grandes y gordos que eran los chicos, sino además el rostro de ellos eran muy similar al de ese hombre.

Verlos y sentir como el demonio se apoderaba de mí, fue una misma cosa, sin perder tiempo me dirigí al te

mplo de Víctor, y llorando le expliqué lo sucedido, y le pedí que me sacase ese demonio que se había colado dentro de mí nuevamente. Tras meditarlo un momento me dijo que si, que lo acompañase a su oficina nuevamente. En esos momentos entró otro feligrés, un señor mayor al que mi pastor le pidió que se quedase en la puerta del templo orando por mí, y así lo hizo. Ya dentro de su oficina me dijo quítate toda la ropa y ahora te acostarás boca abajo con tus piernas colgando fuera de la camilla, lo que hice de inmediato, me entregó el antifa de chupárselos, mientras me continuaba acariciando, él sacó sus dedos de mi boca, y luego sentí que mi pastor se había trepado sobre la camilla, y nuevamente pasó sus dedos sobre mi boca, mientras que con la otra manos me frotaba la espalda en dirección a mis nalgas, hasta que fue pasando sobre mi esfínter.

Ese irrefrenable deseo de chupar sus dedos volvió a mí, y me dediqué hacerlo fue cuando me di cuenta que ese no era su dedo, pero no me importó, continué chupando y lamiendo esa cosa caliente dura por dentro, pero a la vez tersa y suave en su superficie. Sus dos manos acariciaban mi espalda, mejor dicho mis nalgas, y a medida que yo chupaba él exploraba el hueco de mi culo, en cierto momento me dijo lo veo esta ahí, sus dedos penetraban dentro de mi, mientras yo pasmado había dejado de chupar.

Víctor se bajó de la camilla y se colocó tras de mi cuerpo, continuó hurgándome con sus dedos y luego sentí esa cosa caliente y dura rozándome las nalgas, la sensación era única, a diferencia de la vez anterior ahora me tenía cogido por las caderas y fui sintiendo como eso entraba dentro de mi poco a poco, mientras que repetía una y otra vez las palabras que él me había dicho. Yo por mi parte no me pude aguantar y comencé a mover mi culo con fuerza de un lado a otro, mientras que él con una de sus manos me agarró el pene, me lo jaló un par de ocasiones y en cosa de segundos me vine. Víctor aceleró su marcha sobre mi cuerpo hasta que tras unas fuertes embestidas se quedó tranquilo sobre mi cuerpo. El placer y más aún la dicha que sentía eran incomparables. Hasta que sentí que él retiró su cuerpo de encima de mí, para mi era más que evidente que me había penetrado por el culo y demás me había puesto a mamar su verga, además acuérdense que dicen que los caminos del señor son misteriosos, pero me sentía tan bien que no sabía como darle las gracias, cuando me soltó las correas lo único que se me ocurrió fue darle un abrazo y un fuerte beso en señal de agradecimiento. Las sesiones de exorcismo continuaron con ligeras variantes, ya no me ataba a la camilla, y mi participación era más activa, quiero decir con eso que él se quedaba de pie, mientras hablaba en lenguas al tiempo que yo se lo mamaba una y otra vez.

Por motivos de trabajo, debí ausentarme un tiempo del templo, ya que tuve que viajar al otro lado del país, pero cuando regresé me encontré con la infausta noticia de que a mi pastor lo habían detenido por abuso sexual de un menor, se acuerdan que les nombré a un tal Carlos, al parecer se puso celoso, y lo denunció a las autoridades. Otros feligreses y yo entre ellos tratamos infructuosamente de ayudar a nuestro pastor, pero las pruebas al parecer eran muchas y de mucho peso, un día el fiscal, con el fin de que no jodiéramos más, nos reunió a la mayor parte de la congregación y nos pasó unos videos, habían sido adquiridos en Francia, y en ellos se veía con suma claridad como Víctor se lo metía a la mayoría de los presentes, nos aclaró el fiscal que lo que él decía era hablar en lengua, sencillamente era francés, que las oraciones que tan fervorosamente repetíamos algunas decían dame duro papi, métemelo más duro este culo es solo tuyo y cosas así por el estilo.

Se imaginaran la vergüenza que todos pasamos dentro de la oficina del fiscal, pero eso me ayudó a comprender, que en realidad, me gustan los hombres un montón, a Víctor no le perdoné, el que grabase esas cintas, y no me

Para hacerme llegar tus comentarios, sugerenciaso si deseas colaborar con esta página, por favor, envíameun E-mail a webmistress (arroba) marqueze.netWeb: https://www.marqueze.net

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.