El Primer Amante de mi Esposa

Somos Francisco y Almira.

Nosotros nos casamos jóvenes, yo de 31 y Almira de 28, hace ya 30 años, en 1979.

Almira era (y sigue siendo) una mujer muy atractiva, blanca, bonita, cabello castaño oscuro por los hombros , de cuerpo voluptuoso, con grandes tetas redondas, pesadas, paraditas y un trasero generoso, macizo, sobresaliente.

Una noche, cuando llevábamos 6 años de casados, tomábamos unas copas de vino y nos pusimos a conversar acerca de nuestras fantasías. Almira me confesó que ella fantaseaba con probar que se sentiría hacer el amor con otro hombre y yo salté emocionado y le confesé que mi mayor fantasía era, precisamente, imaginármela haciendo el amor con otro hombre, que a veces me masturbaba pensando en ello y que a veces cuando le hacía el amor me imaginaba que yo era algún desconocido.

Ella se escandalizó un poco pero logré convencerla que esa era una fantasía relativamente común y entonces me aseguró que, en todo caso, si alguna vez llegaba a acostarse con otro hombre -con mi permiso- de ninguna manera aceptaría que yo estuviera presente porque le parecería demasiado incómodo y vergonzoso. Yo le dije que estaba bien, que quizás luego cambiaría de opinión pero que si alguna vez se sentía tentada que lo hiciera, que tenía mi permiso y mi promesa de que jamás se lo sacaría en cara pero que la única condición era que tenía que contarme todo, hasta el más mínimo detalle.

Transcurrió el tiempo y yo siempre le preguntaba a Almira si no había encontrado ningún candidato, finalmente un día a principios de 1986, me dijo que había un hombre que le estaba “echando los perros” y que a ella le gustaba.

Se trataba de Arturo, el dueño y presidente de una empresa a la cual ella le compraba insumos para sus labores. Me contó que era un hombre comenzando los 40, muy varonil, guapo, delgado, altísimo y que cada vez que la veía se la “comía con los ojos” y la estaba atacando de frente a lo cual ella respondía con el tradicional “yo soy una mujer seria, casada”.

Yo me emocioné mucho y la animé a que, como sólo saben hacerlo las mujeres, se mostrara interesada y a la vez temerosa y que poco a poco fuera dejando caer las defensas hasta “dejarse seducir”.

Almira me iba contando de los “avances”: al poco tiempo Arturo la llamaba por teléfono a la casa y ella lo atendía. La cosa comenzó a avanzar cuando un día ella le “confesó” que sí, que ella pensaba que era un hombre muy atractivo y que a ella le gustaba pero que “no quería faltarle el respeto a su marido” y que, además, le daba miedo. Mientras tanto, nuestras relaciones se tornaron ardientes: hacíamos el amor imaginando que era Arturo quien se la estaba cogiendo; ella se apretaba las tetotas y decía “Arturo se va a dar un banquete de tetas, cada vez que me ve no me puede quitar los ojos de las tetas!”; se preguntaba cómo sería el guevo de Arturo; como sería tenerlo montado sobre ella, en fin….

Un día al llegar del trabajo mi adorada mujercita me dijo, sonriente, “¡mañana te monto los cachitos como tú quieres!” , yo me emocioné mucho y le pregunté que qué pasaba y me dijo que Arturo la había invitado a almorzar y ella había aceptado. Le respondí que un almuerzo no significaba “cachos” pero ella me respondió ” las mujeres sabemos de eso, estoy segura que después de almorzar él me va a proponer que vayamos a otro sitio y le voy a decir que si…¡se la voy a dar!”

Esa noche hicimos el amor divinamente, luego yo le afeité la cuquita dejándosela totalmente peladita salvo una rayita justo sobre el comienzo de la rajita (en ese entonces todavía no se usaba pero a mí me encanta así y pensé que a Arturo también le gustaría); escogimos la ropa que usaría; conversábamos emocionados: primero la aconsejé que se dejara calentar muy bien pues quizás Arturo estaría demasiado excitado y podría acabar rápido dejándola insatisfecha; recuerdo que tomó un huevo de pascua de chocolate que había en la mesa de noche y me dijo, sonriendo pícaramente
“¿y si lo tiene así de grueso?”
y yo le respondí
“no te preocupes mi amor que si estás bien aguadita te va a entrar rico aunque lo tenga así de grueso, recuerda que por allí cabe un bebé, lo importante es que estés bien aguadita y bien excitada”
“¿y si lo tiene muy largo?”
“no te abras tanto al principio y vas probando si aguantas y si te molesta le dices que lo tiene muy grande y que no te de tan duro”
“Y si me pide que se lo mame?”
“bueno….eso depende de ti mi amor, si tu quieres mamárselo ¡hazlo!. Ahora bien…si él no te mama la cuquita y pretende que tu se lo mames a él te recomiendo que te hagas la que te da vergüenza y nada más se lo acaricies y así lo dejas con las ganas de un segundo encuentro durante el cual te dejes convencer de mamárselo ”
“¿le pido que se ponga condón?”
“si tu quieres que se ponga condón tengo que salir a comprártelos porque a lo mejor él no lleva pero……él es un hombre sano, casado, tú estás ligada y a ti te gusta sentir la lechita, al menos conmigo, así que….tú me dices”
“yo quiero sentir su lechita”
“como tú quieras mi amor! Otra cosa….al menos en el primer polvo, hasta que lo conozcas mejor, no te vayas a menear muy duro, suavecito ¿oíste?”
“¿porqué?’”
“porque ahí sí que lo vas a hacer acabar muy rápido y te vas a quedar con las ganas!”
“ayyyyyy! ¡pero yo quiero que él también goce!”
“y yo quiero que tu goces mi cielo, ¡yo te aseguro que él va a gozar un mundo! ¡te lo aseguro! De todas maneras…, si tu acabas primero entonces si puedes menearte con todo o si acaban al mismo tiempo entonces, en el momento en que él comience a acabar te abres bien, lo abrazas con manos y piernas por las nalgas, empujándoselas para que lo tengas todo bien adentro y aprietas la cuquita rítmicamente como ordeñándolo, así como haces conmigo ”
Y así continuamos hasta caer dormidos…..
Llegó el día anhelado, un miércoles de abril de 1986. Yo salí para el trabajo temblando de emoción y poco antes de mediodía Almira me llamó por teléfono.
Me contó que se había dado un largo baño, que se había dado una ducha vaginal y luego se había perfumado y vestido con la ropa que habíamos escogido: un vestido de una tela liviana como de bluejean, bastante escotado, con dos tirantes que se amarraban en un lazo detrás del cuello. Debajo llevaba un brassiere strapless negro y unas pantaleticas negras tipo bikini, de encaje, muy bonitas y sexys. Calzaba unas sandalias azules, del mismo tono del vestido, amarradas a los tobillos, muy sexys y finalmente un blazer.
Me dijo que estaba un poquito nerviosa pero emocionada y dispuesta y que ya iba saliendo.
La cita era en el restaurante Shorthorn Grill, en La Castellana.
Yo estaba muy nervioso y pasado un tiempo prudencial quise asegurarme de que todo marchara bien y llamé por teléfono al restaurante, pregunté si ya había llegado una pareja de tal descripción y me confirmaron que si, ¡me moría de emoción! (luego Almira me recriminó riéndose que yo estaba loco, que si el mesonero les hubiera dicho que había llamado un señor preguntando por ellos probablemente Arturo se habría asustado y no hubiera pasado nada)
Una hora más tarde tuve que encerrarme en el baño y masturbarme imaginando que ya para ese momento Arturo estaría montando a mi mujer y anhelando que Almira lo gozara para que así…, se repitiera.
Pasé la tarde tan nervioso que me subía por las paredes, finalmente llegué a casa y mi esposa llegó pocos momentos más tarde, con una gran sonrisa en su bello rostro.
“i Mi amor, me tienes loco esperándote! ¿Cómo te fue?”
“Bien mi amor… ¡Chévere!”
“¿Lo hicieron?”
“Siiiiiiiiiiii, ¡ dos veces! ¡Muérete que él quería echarme el tercero pero le dije que era tarde y que tenía que llegar a casa antes que mi marido!”
“¿Y…..? ¿qué tal? ¿gozaste? ¿acabaste?”
“Si mi amor, fue divino, ¡acabé dos veces en el primero y creo que tres veces en el segundo!
“guaoooooooooooo, que bien! ¡ven! ¡vamos para el cuarto para que me cuentes!”
“ya va mi amor, déjame atender a los niños!”
Me fui a nuestra habitación temblando de emoción y pasó lo que me pareció una eternidad hasta que por fin Almira entró al cuarto y cerrando la puerta me dijo:
“mi amor… ¡tengo que lavarme!. Me dio cosa lavarme en ese bidet del hotel y sólo me pasé un papel tualé y estoy toda empegostada!”
Yo exclamé “Noooooooooooo, ¡no te laves!, ¡déjame ver! y abrazando a mi esposa la dejé caer en la cama y le levanté el vestido.
Al separarle las piernas ya de una vez vi que había una gran mancha de humedad en el puente de la pantaleta. Comencé entonces a bajarle la pantaleta y ella se resistía riendo: “nooooo chicoooo, déjame lavarmeeeee, me da penaaaaaa”.
Cuando logré bajarle la pantaleta hasta medio muslo observé en la parte interior del puente una asombrosamente grande cantidad de semen fresco, muy espeso, pegostoso, como almidón o engrudo, así como en los labios vaginales de mi esposa
“¡mi madre! mi amor… ¿qué te hicieron? ¡mayor cantidad de leche!” exclamé y ella me respondió
“siiiii!, yo sentía como me bajaba mientras venía para la casa….¡y eso que se me salió un montón después del primero y tuve que pararme a secarme y después me volví a pasar papel tualé después del segundo, antes de vestirme!”
Sin poder contenerme terminé de bajarle la pantaleta dejándosela en torno a una sola de sus piernas y bajándome los pantalones me abalancé sobre ella.
Almira me gritó “noooooo, locooooo, déjame lavarmeeeee” pero fue inútil: hurgando con mi pene en su rajita y sin duda ayudado por la lubricación de la enorme cantidad de semen en su vagina la penetré hasta el fondo de un solo envión. ¡Jamás olvidaré la sensación!. ¡Era como si su apretadita vagina estuviera súper lubricada!… solo que no era la lubricación vaginal natural si no la leche de Arturo dentro de ella. La abracé y besé con locura y casi no quería moverme, sólo permanecer dentro de ella, sentía su vagina palpitar y creo que no aguanté ni siquiera un minuto antes de comenzar a emitir sonoros gemidos que Almira trataba de ahogar apretando mi cabeza contra su cuello y finalmente derramarme dentro de ella uniendo mi leche a la de Arturo.
Mi cuerpo temblaba sin parar y no paraba de estremecerme. Luego…, poco a poco, a medida que recuperaba el aliento, comencé a besar a mi adorada esposa, su cuello, su rostro, sus párpados, sus labios diciéndole sin parar lo mucho que la amaba y ella me abrazaba y acariciaba sonriente, ¡feliz!, ¡fue un momento inolvidablemente hermoso!
Cuando finalmente desmonté a mi adorada ella trató de levantarse para , ahora sí, ir a lavarse, pero se lo impedí y haciendo un esfuerzo por lo extenuado que estaba le volví a colocar su pantaleta y abrazándola le pedí…..
¡ahora sí!, ¡cuéntamelo todo!….¡por favor!, ¡hasta el más mínimo detalle!”
Almira me sonrió tiernamente, con una sonrisa hermosísima, la más dulce de las sonrisas, correspondió a mi abrazo y tras darme un besito exclamó:
“¡si que eres loquito!”
y comenzó a contarme los detalles….
Bueno, yo llegué al restaurante a las 12 en punto y ya Arturo estaba allí. Se paró muy galante y me dijo –estás preciosa!- y se le caía la baba viéndome las tetas. Me preguntó que quería tomar y le pregunté que estaba tomando él y me dijo que una cuba libre y le dije que lo mismo.
Yo pedí una ensalada y Arturo un salpicón de mariscos, conversábamos y el muy pícaro llevó la conversación al tema de las cosas que uno anhelaba de tal manera que yo me hice la gafa y le pregunté ¿y cuál es tu mayor anhelo? -¡hacerte el amor!- entonces yo le tomé la mano y le sonreí así como tímida. El me tomo la mano entre las suyas y me preguntó -¿quieres que vayamos a otro lado?- Yo bajé la cabeza y le respondí muy bajito -bueno…-
Arturo pidió la cuenta rapidito y cuando salíamos me dijo –deja tu carro aquí, vamos en el mío, así es más discreto- bueno, el muy bandido como que lo tenía todo planeado porque en 2 minutos llegamos al hotel, me llevó a uno que se llama Hotel residencial El Cid allí mismito en La Castellana. Se estacionó y me dijo, muy caballeroso, -espérame aquí- y me dejó en el carro prendido con el aire acondicionado. Al ratico llegó, apagó el carro, salió y me abrió la puerta me tomó la mano y me llevó así hasta el ascensor. En lo que abrió la puerta de la habitación me quitó el blazer y lo puso en una mesa que había en la entrada, me volteó y comenzó a besarme. Besa bien rico pero es tan alto que tenía que doblarse muchísimo para besarme, entonces me bajó el escote, me desabrochó el sostén y comenzó a acariciarme las tetas y no paraba de besarme. Luego me bajó el cierre y cuando se cayó el vestido se me separó, dio un paso atrás y se me quedó viendo boquiabierto al tiempo que me decía -¡que maravilla! y comenzó a desabrocharse la camisa…
Yo me dirigí a la cama, me senté y me quité los zarcillos y el collar y me acosté. Cuando Arturo se desnudó completico y venía a meterse a la cama yo levanté una pierna y le dije –quítame los zapatos- y él se puso a desabrocharme las sandalias pero sin dejar de comerme con los ojos ¡estaba que se babeaba!.
Cuando finalmente se acostó al lado mío comenzó a besarme otra vez pero acariciándome las tetas, al cabo de un rato bajó y se dedicó a mis tetas, me las besaba, lamía, mordía, acariciaba, estrujaba, en verdad se dio un banquete de tetas al tiempo que me apretaba la cuquita por encima de la pantaleta y yo estaba muy humedecida. Transcurridos algunos minutos comenzó a besarme milímetro a milímetro pero bajando hasta que llegó a la pantaleta y entonces me daba mordisquitos suavecitos encima de la pantaleta hasta que llegó a mis muslos y siguió besándome siempre hacia abajo hasta llegar a mis tobillos. Entonces estiró sus brazos y tomó la liga de mi pantaleta para bajármela. Yo levanté un poco la cadera para ayudarle y pude oír claramente como un suave quejido cuando comenzó a bajarla, seguramente originado en el momento en que me vio la totona peladita…
Terminó de quitarme la pantaleta y comenzó nuevamente a besarme pero ahora desde los tobillos hacia arriba. Cuando llegó a la cuquita me besó y mordisqueó delicadamente todo el bollito pero no llegó a besarme la rajita y muchos menos a mamármela si no que continuó subiendo hasta llegar nuevamente a mis tetas, se detuvo en ellas algunos segundos y entonces comenzó a besarme en la boca y sentí su mano acariciándome y apretándome la cuquita. Yo abrí un poco las piernas y sentí su dedo entrar en mi rajita que estaba totalmente empapada, eso lo entusiasmó y después de acariciarme a lo largo de la rajita por algunos momentos (sin dejar de besarme) me metió el dedo.
Yo abrí las piernas aún más y sentí su dedo entrarme bien profundo -¿te gustó?- interrumpí y Aldira continuó: si, tiene los dedos largotes y se sentía rico, era tan rico que yo comencé a menearme pasito y casi estuve a punto de acabar pero entonces me lo sacó y me abrazó e hizo que nos volteáramos de tal forma que yo quedara sobre él y me dijo –¡bésamelo por favor que me gusta mucho!-.
Yo me senté encima de sus muslos y comencé a acariciarle el guevo, lo tiene casi igualito al tuyo quizás un poquito más grueso pero las bolas si las tiene enormes y le cuelgan bastante. Cuando se dio cuenta que no se lo iba a besar o mamar me sujetó y nuevamente hizo que nos volteáramos y yo pensé -¡ya está! ¡me va a montar!- y en efecto se me montó y yo me abrí. ¿Eso es normal? ¡ni siquiera me preguntó si yo me cuidaba ni nada si no que se me montó! – Ay mi amor, tu eres una mujer casada y el supondrá que te cuidas y que si no lo haces y te preña….bueno, tienes un marido a quien achacarle la barriga! ¡sígueme contando!-
Bueno, yo le agarré el guevo y me lo pasé por la rajita varias veces para lubricarlo y me lo acomodé. El pobre estaba tan desesperadito que cuando lo sintió en la puertica me lo metió todito de una sola vez… ¡despacio pero hasta el fondo! . Entonces yo doblé las piernas y me abrí toda y lo abracé y él comenzó a darme pero suavecito y yo también comencé a menearme pasito…. No era como tú me dijiste….. aguanta bastante, se ve que ha cogido mujeres a montón porque se sabe controlar y se mueve rico, a ratos me daba de frente, después girando hacia un lado y luego hacia el otro y así, pero siempre suavecito. Fíjate que estuvo dándome suave por un buen rato, no sé, como 5 minutos o más y cuando yo comencé a respirar hondo y gemir y abrazarlo más fuerte me puso una mano bajo las nalgas y la otra sobre la cabeza, como para sujetarme y comenzó a darme duro, bien duro! y allí fue cuando yo acabé la primera vez.
Mientras yo acababa él me lo empujaba bien duro pero sin sacarlo, nada más como para que yo lo sintiera bien adentro y para que me rozara el clítoris. Después que yo dejé de gemir y de apretarlo y me relajé un poquito él comenzó a cogerme suavecito otra vez, como al principio y yo empecé a menearme más duro y así estuvimos un rato hasta que yo comencé a acabar otra vez y él volvió a ponerme una mano sobre la cabeza y la otra bajo las nalgas y me dio durísimo hasta que me lo metió completico y se quedó quieto y comenzó a gemir, acabando y yo lo abracé como tú me dijiste, con manos y piernas y estuvo acabándome adentro un buen rato, ¡no paraba de estremecerse! ¡con razón bota tanta leche! Se quedó un rato así, encima mío y yo le acariciaba la espalda. Cuando el guevo se le puso blandito y se me salió se medio incorporó y me besó y me dijo -¡Dios! ¡eres maravillosa!…. ¿sabes?…. ¡No pareces una mujer casada y con hijos!, estás apretadita como una señorita- y me volvió a besar por el cuello y me desmontó.
Nos quedamos abrazados y después de un rato él se paró al baño a orinar y en ese momento fue cuando sentí como me empezaba a brotar la leche….¡tiene la leche blanquita y espesísima , pegajosa!…..
¿y te gustó? le pregunté yo…..
¡umjú, se sentía rica!

¿y cómo sabes que la tiene blanquita?
¿no te vas a molestar?
Ay mi amor….¿como me voy a molestar? ¡dime!
porque me pasé un dedito y la vi
¿y la probaste?
Si, la tiene dulcita, más dulce que la tuya!
Ajá ¿y entonces?
Arturo regresó del baño y me paré yo para pasarme un papel tualé porque estaba chorreando leche. Cuando regresé y me acosté él me abrazo y se puso otra vez a besarme las tetas y conversamos un rato….. me dijo que quería que siguiéramos viéndonos; me preguntó que si mi marido era muy celoso; que si alguna vez nos encontrábamos por casualidad por allí en algún sitio y yo andaba con mi marido que hiciéramos como que no nos conocíamos para que mi marido no fuera a sospechar nada (allí lo abracé y le di un besito pensando “¡si supiera!”), le pregunté como era su esposa, si había tenido muchas amantes y me dijo que ninguna como yo y así estuvimos un rato charlando hasta que yo fui nuevamente al baño porque me había salido otro montón de leche.
Cuando regresé del baño Arturo estaba sentado en el borde de la cama con el guevo parado y me dijo “¡ven!”. Al llegar frente a él se puso a disfrutar de mis tetas y a apretarme las nalgas hasta que finalmente se recostó y me dijo “¡móntate!. Yo me senté sobre él, le agarré el guevo y me lo acomodé y me lo fui metiendo despacito, hasta que entró todo y comencé a cabalgarlo. Arturo a ratos se medio incorporaba para besarme las tetas, a ratos me las estrujaba y a ratos se quedaba viendo como me brincaban con la cabalgata. Cuando yo comencé a acabar me pasó las manos por detrás de la espalda y comenzó a corcovear para darme duro y yo acabé rico y me desplomé sobre él. Al ratico me abrazó y nos volteamos (sin sacármelo) y me dijo “¡ábrete!. Yo levanté las piernas en el aire y me las sujeté por los tobillos, bien abierta y él se puso a darme durísimo y no tardé en acabar otra vez abrazándolo con mis piernas y revolviéndole el cabello con mis manos hasta que tomó mis manos y me abrió los brazos en cruz para ver como se me bamboleaban las tetas con sus embestidas y así pasó un rato dándome duro hasta que comenzó a gemir ¡ahí te va! ¡ahí te va! ¡ahí te va! Yo comencé a tener otro orgasmo justo en el momento que él se desplomó sobre mí y me abrazó durísimo y comenzó a acabar también empujándomelo como si quisiera entrar todo él dentro de mí y yo lo ayudé abriéndome toda y empujando sus nalgas con mis manos y piernas. Él se quedó un rato sobre mí, respirando fuerte entre mis cabellos y contra mi cuello y yo le acariciaba la espalda y contraía rítmicamente mi vagina para que la sintiera palpitar, finalmente me besó suavecito en la cara y en los labios repitiéndome que yo era maravillosa, me desmontó y se acostó boca arriba y me jaló hacia él haciendo que yo descansara mi cabeza en su pecho mientras me acariciaba la espalda y las nalgas. Conversamos un rato y me insistió que quería que saliéramos otra vez. Yo le dije (inventando) que quizás mi marido iría para Valencia el miércoles próximo, en cuyo caso saldría de madrugada y regresaría en la noche y él se entusiasmó y quedamos en que si yo le confirmaba el viaje de mi marido nos veríamos el miércoles. Así pasaron los minutos y él me pidió nuevamente que se lo besara, yo le respondí que me daba pena y comencé a acariciárselo y no tardé en sentir que comenzaba a ponérsele duro pero….para dejarlo con las ganas, le dije que era tarde y que mejor nos fuéramos. Yo me levanté , recogí mi pantaleta que estaba en el piso y me fui al baño, nuevamente me pasé papel tualé por la totona y cuando salí Arturo estaba esperándome con el guevo tieso “¡anda! ¡ven! ¡hagámoslo otra vez!” me rogó pero yo le dije que mejor era evitar problemas y que debía llegar a casa antes que mi marido para lavarme y cambiarme de ropa, etc., etc. y el aceptó –aunque desilusionado- y se dio una ducha rápida..
Cuando terminamos de vestirnos y arreglarnos él me abrazó y me besó diciéndome que estaba divina y finalmente salimos….me dejó nuevamente frente al Shorthorn Grill y se bajó, muy caballeroso, para darle su propina al valet y abrirme la puerta de mi carro y me susurró ¡”hasta el miércoles!” y partimos. De camino a casa, como venía sentada manejando, fue cuando sentí como me bajaba la leche y me empegosté toda.
Terminado el relato le dije a Almira “en algo tiene toda la razón Arturo: ¡eres maravillosa!” y la desnudé por completo e hicimos el amor dulcemente, despacio, divino y mucho, mucho más tarde finalmente la dejé que fuera al baño a lavarse.
Arturo estuvo cogiéndose a mi mujer durante poco más de un año, se la cogió innumerables veces, en todas las posiciones y prácticamente hicimos un ritual del hecho que ella siempre me regresara a casa con la cuquita repleta de leche y yo la montara.
En una ocasión que el carro de ella estaba en servicio y yo tenía que ir al centro de Caracas, me pidió acompañarme para que la pasara un momentico por la compañía de Arturo para encargarle unos materiales y pagar una factura. La espera en el estacionamiento fue más larga de lo normal y cuando finalmente regresó me contó que cuando Arturo supo que yo la esperaba abajo se excitó muchísimo y comenzó a besarla y manosearla desoyendo sus protestas (fingidas) y finalmente la recostó sobre el escritorio, le subió el vestido, le medio bajó la pantaleta y allí mismo se la cogió y ella acabó. Cuando Arturo acabó y se lo sacó le subió la pantaleta y se la frotó por la zona de la cuquita –como para que se impregnara bien – y bajara al encuentro con su marido con la cuquita y la pantaleta bien llenas de leche…..

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