EL PRIMER INTERCAMBIO

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Mi marido, Tomás, me insistía, cada vez que hacíamos el amor, que teníamos que probar nuevas experiencias. Después de 10 años de casados yo también estaba de acuerdo, pero me daba miedo que aquello afectara a nuestra relación.

Estaba de acuerdo porque pensaba que nuestras relaciones sexuales habían entrado en una fase de estancamiento, realmente lo pasábamos bien, pero sabía que Tomás e incluso yo necesitábamos algo más de excitación.

Pensamos en varias alternativas y ambos llegamos a la conclusión de que lo mejor sería ir a un local de intercambio, miramos algunos por Internet y leímos algunos relatos sobre las experiencias que allí ocurrían, pero nos entró pánico al imaginar que allí nos podríamos encontrar con alguien conocido.

Después de eso decidimos buscar uno fuera de Madrid, ciudad en la que vivimos, y encontramos lo que buscamos en la costa levantina. Decidimos aprovechar un puente de cuatro días y marcharnos allí, a un hotel cerca de la playa, pero algo alejado de dicho local.

Teníamos claro lo que queríamos hacer, nada de sexo con desconocidos, solo mirar y excitarnos viendo lo que allí ocurría. Tomás siempre había tenido una fantasía, hacerme el amor en público, delante de más gente y la verdad es que aunque yo siempre le decía que era una locura me excitaba mucho imaginarme la situación.

Llegamos un miércoles por la noche al hotel y decidimos hacer una rápida visita al local. Nos duchamos y nos vestimos para la ocasión, yo me puse una faldita corta y una blusa con transparencias rematando con unos zapatos negros de tacón muy alto, como le encantan a Tomás. Llevaba una chaqueta preciosa que me protegía de las miradas por la calle.

Cuando llegamos a la puerta y vimos el local nos entraron muchas dudas, pero Tomás me agarró del brazo e insistió en que entráramos de una vez.

Justo antes de entrar le dije:

– Recuerda lo pactado, hemos venido solo a mirar.

Se rió y me dijo que no me preocupara. Al entrar nos recibió una señorita, bastante guapa, nos preguntó si era la primera vez y dijimos que sí. Antes de entrar nos soltó un rollo sobre el funcionamiento de aquel local que coincidía con lo que habíamos leído en Internet.

Nos acompañó hasta una mesita y nos sirvieron las copas que habíamos pedido, la verdad es que yo estaba excitadísima y muy nerviosa.

Cuando nuestros ojos se acostumbraron a la oscuridad de la sala pudimos empezar a ver lo que allí estaba ocurriendo. El local estaba medio vacío, casi todas las mesas estaban desocupadas, pero nos fijamos en una pareja que estaba bailando y metiéndose mano descaradamente. Estaba absorta viendo como aquel tipo acariciaba por debajo de la blusa el pecho de la mujer con la que bailaba hasta que Tomás me pidió que me fijara en lo que ocurría en una mesa al fondo de la sala.

No lo podía creer, había un hombre sentado en un sillón y entre sus piernas se veía la cabeza de una mujer como subía y bajaba, sin duda haciéndole una mamada de campeonato. Las manos del hombre acompañaban los movimientos de la cabeza de la mujer, pero no pude ver el miembro del hombre porque la cabeza de la mujer me lo impedía.

Aquello me excitó bastante, pero nada que ver con la excitación de Tomás, que era visible. Apoyó disimuladamente mi mano en su entrepierna y comprobé que su erección era más que evidente. La acaricié suavemente por encima del pantalón y Tomás me dijo al oído:

– Hazme una paja…

– ¿Aquí? Tú estás loco. -le contesté a la vez que retiré mi mano de su entrepierna.

– Venga, no me dirás que no te excita esta situación.

– Si, pero ya te dije que solo veníamos a mirar.

– Venga mujer, no seas así. Si no nos ve nadie.

Realmente deseaba hacerlo pero me daba un corte horrible pensar que alguien nos podía ver. Le dije que estaba

de acuerdo, pero si nos cambiábamos de mesa a otra que estuviera más apartada y en un rincón.

Lógicamente Tomás no lo dudó ni un segundo y nos cambiamos inmediatamente de mesa. Según se sentó se bajó la cremallera del pantalón y se la sacó del pantalón. Realmente estaba excitadísimo, llevaba la correspondiente gota de líquido en la punta de su rosado capullo y apoyé el dedo para recogerla y llevármela a los labios. Sé que a Tomás le encanta que haga esas cosas:

– Está riquísima -le dije.

Volví a bajar mi mano hasta su miembro y la agarré, estaba ardiendo y muy duro. Empecé a masturbarlo lentamente con mi mano, intentado disimular lo máximo posible para que no nos viera nadie. Estaba tan pendiente de la paja que le estaba haciendo a mi marido que no fije de la pareja que se había sentado en la mesa de enfrente. Cuando levanté los ojos y les vi me quede helada y dejé de masturbar a Tomás.

– ¿Que haces? ¿Por qué paras? -me dijo Tomás.

No le contesté y la chica se levantó y se dirigió hasta nosotros:

– Perdonad, pero si nuestra presencia os ha molestado nos podemos cambiar de mesa, aunque al fin y al cabo creo que estamos aquí para lo mismo, ¿no? – No, -contesté en tono enfadado- nosotros solo hemos venido a mirar.

– Igual que nosotros, a mirar y a lo que salga, porque me ha parecido ver que le estabas haciendo una paja.

Según decía esto señaló con su mano a la polla de Tomás, porque este no sé había cortado lo más mínimo y no había hecho nada por esconderla de la vista de aquella chica. Yo no contesté me quedé un poco cortada y me di cuenta que me estaba poniendo demasiado borde, al fin y al cabo estábamos en un local de intercambio.

Al final reaccioné y le dije que me perdonara que estaba un poco nerviosa por la situación. Tomás se dio cuenta de mi estado de nervios y se guardó su aparato. Mientras la chica nos dijo que no pasaba y que si queríamos nos invitaban a una copa y se sentaban con nosotros a charlar. Le dijimos que si, claro, no era cuestión de volver a soltarle otra bordería.

La chica se fue y habló con el luego sabríamos que era su marido. Se presentaron, sus nombres eran Marta y Luis y debían ser más o menos de nuestra edad, muy correctos y educados en todo momento.

Empezamos a hablar sobre lo típico, que por qué habíamos ido a ese local, para nosotros era la primera vez pero para ellos no, aunque nos confirmaron que todavía no habían hecho ningún intercambio, entre otras cosas porque no habían encontrado la pareja ideal, pero que les excitaba mucho ver y oír lo que allí sucedía. También nos dijeron que si queríamos conocer el resto del local pero les dije que por hoy eran suficientes emociones.

Entonces Luis me dijo:

– Susana, ¿por qué no sigues con lo que estabas haciendo?

Me debí poner bastante colorada porque Marta rápidamente salió en mi defensa.

– No la agobies, no ves lo nerviosa que está. Cariño, no seas tan morboso

Según le decía esto se acercó a Luis y le dio un beso en la boca mientras que este acercó su mano y empezó a tocarle sus tetas por encima de la ropa. Se dieron un buen morreo y la mano de Luis empezó a desabotonar la blusa de Marta para poder tocarla mejor. Sus dedos empezaron a entrar debajo del sujetador y el magreo era espectacular.

Marta agarraba con sus manos la cabeza de Luis mientras le estaba dando el morreo de forma que las manos de Luis tenían absoluta libertad para acariciar y tocar sus tetas. Estuvieron un buen rato así, mientras Tomás y yo mirábamos atónitos y excitadísimos lo que estaban haciendo.

Cuando acabaron con el morreo y el manoseo correspondiente la blusa de Marta estaba desabotonada por completo y las copas del sujetador estaban por encima de sus tetas, de forma que tanto Tomás como yo podíamos ver perfectamente sus pechos, caídos y con los pezones erectos, puntiagudos, mirando hacia arriba, desafiando la gravedad.

Marta comentó que se iba a poner cómoda y se quitó el sujetador delante de nosotros.

– En estas ocasiones es un estorbo -dijo riendo mientras se lo quitaba.

Luego cerró un poco la blusa pero sin llegar a abotonarla y podíamos ver el nacimiento de sus pechos y su ombligo con el piercing correspondiente en la parte de su cuerpo

que la blusa no tapaba.

– Luis, ¿bailamos? -le dijo Marta.

Se levantaron y se pusieron a bailar allí mismo. No se cortaban ni un pelo, Luis abrió la blusa de Marta y le empezó a tocar sus pechos delante de nosotros. Me fijé en la erección de Tomás y decidí lanzarme un poco, apoyé mi mano de nuevo en su entrepierna y no se lo pensó, se sacó la polla y empecé a masturbarle lentamente.

Marta se dio cuenta de lo que hacía, me miró y sonrió, le devolví la sonrisa. A continuación Marta bajó su bajo hasta la entrepierna de Luis y comenzó también a tocar su miembro por encima del pantalón. Desde mi sitio podía apreciar perfectamente el bulto de Luis.

Mientras Tomás me dijo al oído que estaba a punto de correrse, no se porqué lo hice pero lo hice, me agaché igual que la chica que habíamos visto antes, la de la mamada, y me tragué su polla en la boca mientras le seguía masturbando, no tardo ni cinco segundos y Tomás me llenó la boca de su semen. Vaya corrida, tuve serias dificultades para tragarlo todo, pero me lo tragué todo.

Cuando le dejé la polla bien limpia, pero todavía erecta me incorporé y ocurrió algo inesperado. Marta y Luis estaban a nuestro lado de pie. Luis detrás de Marta agarrándola los pechos con sus manos. Marta se acercó a mí y me dio un beso en la boca, aquello me sorprendió tanto que no hice nada para apartarla de mi boca, introdujo su lengua en mi boca y empezó a jugar con ella.

Durante esos breves segundos noté como las manos de Luis acariciaron mis pechos mientras la lengua de Marta seguía jugando en mi boca.

Cuando se retiró me dijo:

– Perdona, pero quería sentir el sabor del semen de Tomás.

Aquello me dejó helada, mi excitación era enorme y le devolví el beso, pegando mi cuerpo al suyo y sintiendo las manos de Luis de nuevo sobre mi pecho.

Duró solo unos segundos y cuando me aparté de ella, miré a Tomás, que seguía sentado con la polla fuera del pantalón, parecía una estaca, no recuerdo haberla visto nunca tan grande y tan dura.

Nos volvimos a sentar y Luis me preguntó:

– ¿Te ha gustado? Parece que se te ha pasado el nerviosismo

Asentí con la cabeza esbozando una amplia sonrisa.

– ¿Por qué no sigues ahora con lo que estabas haciendo antes? -me volvió a preguntar Luis.

Decidí hacerle caso, total ya me había visto chuparle la polla a Tomás.

Volví a agarrarle la polla a Tomás y empecé a masturbarle. No llevaba ni dos minutos cuando Luis volvió a decirme.

– ¿Te apetece masturbar otra polla a la vez?

No dije nada, mire a Tomás que tampoco dijo nada. Supongo que Luis entendió que aquello era una respuesta afirmativa porque se sentó a mi lado y se sacó su polla. Como era de esperar estaba empalmado y pude comprobar su tamaño, su grosos y su temperatura al posar mi mano encima. Estaba temblando, era la primera vez que tocaba otra polla y me gustó. Era suave, estaba caliente y un poco más fina que la de Tomás, aunque parecía más larga. Sinceramente no me dediqué a medirla.

Empecé a menear ambas pollas a la vez sentada entre los dos y giraba la cabeza de vez en cuando para mirarles a los ojos directamente. Tomás estaba en el séptimo cielo y solo tenía ojos para mirar como masturbaba a Luis, mientras que Luis muy al contrario me miraba a los ojos directamente.

Marta se acercó a nosotros y se puso de rodillas entre mis piernas.

– ¿Te gusta tener dos pollas para ti solita? -me preguntó.

Le dije que si, que era delicioso y su contestación fue darme otro beso en la boca. Sentí su lengua jugar con la mía, mientras yo seguía ocupada masturbando aquellas dos pollas. Marta bajó sus suaves labios, hasta mi cuello donde sentí sus calientes besos, me abrió la blusa un poco y siguió bajando con su lengua, me desabotonó otro botón y noté su lengua cerca de mis pechos, sentía como iba acercándose hasta la parte que cubría el minúsculo sujetador. Cuando me di cuenta tenía la blusa completamente desabotonada y uno de mis pechos sobresalía por encima del sujetador.

Yo seguía masturbando aquellas dos pollas, mientras veía como sus miradas estaban ahora clavadas en lo que Marta me estaba haciendo.

Marta empezó a chuparme el pezón que

sobresalía por encima del sujetador y creí morir de gusto, aquella chica sabía muy bien lo que hacía. Sus manos pasaron por detrás de la blusa y cuando me quise dar cuenta el sujetador ya no le impedía hacer lo que quisiera con mis tetas.

Mientras me chupaba y mordía un pezón el otro recibía las caricias y pellizcos de sus suaves y delicados dedos. Yo no dejaba de asombrarme de lo que estaba haciendo, masturbando dos pollas a la vez y al mismo tiempo una chica comiéndome las tetas. Levanté la cabeza y me fijé que había varias parejas mirando el espectáculo que estábamos, recorrí el local con la mirada e incluso lo chica que nos recibió al entrar estaba mirando.

Si no hubiera sido por lo excitada que estaba me hubiera marchado en ese mismo instante, pero me dejé llevar por la situación. Además me fijé que la mayoría de las parejas que nos estaban mirando hace tan solo unos momentos estaban ya haciendo lo mismo que nosotros y no parecía que les importara demasiado lo que hacíamos.

Seguía pendiente de todo lo que allí ocurría cuando sentí las manos de Marta apoyarse en mis piernas por debajo de la falda y arrancarme las bragas, bajándolas hasta los tobillos y dándoselas a Luis, su marido.

Marta se apartó un segundo de mis tetas que rápidamente fueron atrapadas por las manos de Luis y Tomás y me levantó la falda con una mano y con la otra me acarició por encima el coñito:

– ¿Habéis visto que coñito más hermoso?

Luis se incorporó y echoó un vistazo a mi entrepierna para a continuación pasar a chuparme el pezón.

Marta me bajó la falda y nos comentó a los tres:

– Creo que deberíamos ir a un sitio más cómodo, ¿nos vamos a nuestra casa?

Tomás y Luis asintieron y yo no pude decir nada más. Nos arreglamos y nos dirigimos a la salida. Allí dejamos a todas las parejas practicando sexo abiertamente y sin tabúes.

Al salir la chica de la puerta se despidió de todos con dos besos y al dármelos a mí me dio un trozo de papel, la miré a los ojos y me guiñó un ojo a la vez que me dijo al oído:

– Llámame.

Vaya día, primero me como la polla de marido en público y me trago toda su corrida, después me besa una desconocida para saborear el sabor de la leche de marido, luego masturbo a un desconocido y a mi marido a la vez mientras la misma desconocida me comía las tetas y por último otra chica con la que apenas he cruzado dos palabras me pide que la llame.

Aún así no tuve tiempo para pensar mucho en aquello, guardé el número de teléfono en el bolso y nos dirigimos al coche de Marta y de Luis, un BMW precioso. Nosotras nos sentamos atrás y según lo hicimos Marta me subió la falda dejó mi coñito a la vista de todos.

– Mirad chicos, aquí hay más luz.

Marta dijo esto mientras me abría bien las piernas y pasaba una mano por encima de mi vulva agarrándome y tirando un poco de mi vello púbico.

Aquella tía me estaba exhibiendo como un trofeo.

– ¿Os gusta? Vamos a comparar, decirme cual os gusta más…

Y según decía esto se subió su falda y se quitó las bragas mostrándonos a todos su depilado coñito, lo tenía completamente depilado, no tenía ni un pelo.

Me agarró la mano y la llevó a su coñito donde pude acariciar su suavidad.

– ¿Te gustaría tenerlo así?

No le contesté solo me dediqué a acariciarlo suavemente, aunque no me atreví a abrirle sus labios.

Cuando nos dimos cuenta ya estábamos en su casa, un precioso chalet sobre una colina al pie de la playa, paradisíaco.

Al bajar del coche y entrar a casa Marta se abalanzó sobre mi y me quitó la falda y la blusa, quedé completamente desnuda en el centro del salón mientras Marta le dijo a Tomás:

– Siéntate y mira como me follo a tu mujer…

Se acercó a mí y me dijo:

– ¿Alguna vez te lo has montado con una tía?

Y según acabó la pregunta me dio un beso en la boca y empezó a acariciarme todo el cuerpo con sus suaves y sin duda expertas manos. Estaba segura que no era la primera vez que tenía una relación con otra chica.

Se dedicó a comerme las tetas mientras que me hizo abrir bien las piernas para empezar a tocarm

e mejor, yo ya estaba muy mojada y sus dedos encontraron la lubricación necesaria para masturbarme. A medida que me encontraba más excitada Marta aumentaba el ritmo de la masturbación, sus dedos entraban y salían de mi coñito y eso hacía que se escaparan de mi boca gemidos de placer y que mi respiración fuera en aumento.

Miré a Tomás y comprendí que estaba disfrutando de lo lindo viendo como me lo montaba con Marta mientras que Luis se había sacado la polla del pantalón y se estaba masturbando delante de nosotras.

Mientras me fijaba en la polla de Luis, Marta me introdujo en la boca sus dedos mojados por mis flujos para que los saboreara, a continuación me dio un beso y me pidió que me tumbara encima de la mesa del salón.

Así lo hice, apoyé los pies en el borde de la mesa y quedé con mi coñito totalmente expuesto y mi espalda apoyada en la fría madera de la mesa. Marta se situó entre mis piernas y me dio un beso en el coñito, a continuación empezó a comérmelo como nadie lo había hecho, ni siquiera Tomas me lo hacía tan bien, no pude aguantar más y me corrí en la boca de Marta mientras yo misma me encontraba pellizcándome los pezones para aumentar mi placer.

En ese momento Luis le dijo a Tomás:

– Venga, clávasela a Marta ahora mismo.

La visión que debían tener del culito y coñito de Marta tenía que ser espectacular, doblada hacia delante comiéndome el coño y abierta de piernas, según que veían a la perfección sus labios y el agujero de su culito.

Vi como Tomás se desnudaba y se acercaba por detrás a Marta. Mi marido no se lo pensó y se la clavó hasta el fondo.

Marta dio un fuerte gemido de placer y durante un par de segundos se olvidó de mi coñito para volver a él con más ímpetu. Tomás se la estaba follando como él sabe, un ritmo lento pero aumentando poco a poco su velocidad.

Marta estaba excitadísima.

Luis se situó a mi lado y comprendí lo que debía hacer, acercó su erecta polla a mi boca y me la tragué. Saboreé aquel miembro dentro de mi boca con pasión, la pasión que te provoca saber que le estás haciendo una mamada al marido de la mujer que está comiendo el coño y que a su vez se está follando tu marido.

Luis me pidió que me bajara de la mesa y de pie me hizo apoyar las manos en el borde la mesa y me abrió las piernas todo lo que pudo. Sabía que me la iba a clavar y no se hizo esperar mucho.

Me la metió lentamente y cuando estuvo completamente dentro empezó un duro mete y saca que me hizo estremecer de placer.No tardé mucho en correrme, justo después de que lo hiciera Marta con la polla de mi marido dentro.

Después de corrernos Luis nos pidió a Marta y a mí que nos pusiéramos juntas de rodillas en el sofá, para follarnos por turnos. Tomás vio cumplida una de sus fantasías y me folló delante de Marta y de Luis, que a su vez se la estaba clavando a Marta.

Después de unos minutos cambiaron y la polla de Luis me volvió a follar, me corrí de nuevo con la polla de Luis dentro de mí. Marta me agarró la cabeza con una mano y me dio un beso mientras nos follaban a las dos, aquello debió ser muy excitante para los dos chicos porque primero Tomás y luego Luis se corrieron dentro de nosotras entre gemidos de placer y fuertes embestidas que decrecían en intensidad.

Quedamos los cuatro desnudos, sudando, juntos en el sofá, acariciándonos entre los cuatro sin decir ni una palabra. Fue Marta quien rompió el silencio:

– ¿Que os parece si dormís aquí y mañana vais al hotel, canceláis la reserva y pasáis estos días con nosotros?

Tomás y yo estuvimos de acuerdo y quedamos en hacerlo así.

Autor: Susanaytom

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Escrito por Marqueze

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