EL SARGENTO DEL EJERCITO

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Estaba en mi casa de Madrid, resolviendo unas cuestiones de trabajo cuando sonó el teléfono:

-Don Carlos soy Fernandita le tengo que pedir un favor- qué raro suena cuando una mujer a la que has follado por todos sus agujeros te llama de usted, cosas de pueblo, pensé.

-Dime Fernandita -Mire usted, mi marido tiene que hacer un curso de cuatro días en Madrid y si no tiene allí domicilio tendrá que dormir en el cuartel, me ha pedido que le pida el favor a usted y que le deje alojarse esos días en su casa, aunque sea en el sofá.

-Eso está hecho preciosa -Muchas gracias Don Carlos.

.-Me acuerdo mucho de ti, un beso- colgué.

Tres días después apareció Miguel, sargento del ejercito, un tipo menudo, fibroso y delgado llamando a mi puerta.

-Muy buenas Don Carlos, soy Miguel el marido de Fernandita.- me dijo, tendiéndome su mano que estreché.

-Hola ¿cómo estás? Pasa, pasa- le indiqué su habitación, le dejé que se acomodara y le dejé un juego de llaves de la casa.

Miguel me pareció un fantasma los tres primeros días, apenas le vi, su ultima noche llegó sobre las nueve de la noche, creo que un pelín colocado, entró en mi estudio donde yo estaba enchufado a Internet, en ese momento estaba viendo una página de travestís, cuando le vi entrar, en un principio pensé en minimizar la pantalla para que no se quedara con la copla, pero al final pensé que una mierda, que me importaba un carajo los prejuicios morales del jodido militar, el caso es que tras saludarme y fijarse lo que estaba viendo, se quedó mirando junto a mi silla las imágenes, estuvo en silencio unos minutos, silencio que rompió para comentar: -joder Don Carlos vaya morbo que me dan estas cosas-

-A mí también me gustan Miguel, pero verlas, la verdad que no me seduce vestirme y sentirme mujer, ya se que es un prejuicio pero en cosas de sexo siempre he desempeñados papeles activos y no creo que cambie ya, no me seduce la idea de ser penetrado, ni por un hombre, ni por un travestí, ni siquiera por un consolador, pero he de reconocer que siempre me han gustado los hombres muy femeninos y que en algunos casos, los travestís por ejemplo, me encantaría follármelos.

-Pues a mí don Carlos, y espero que usted no me malinterprete es una cosa que me da no sé qué, es más una de mis fantasías es vestirme de mujer y ser tratado como tal

-Pues la ocasión la pintan calva Miguel, en el ropero de la habitación que ocupas hay ropa y maquillaje de una amiga que se marchó con prisas y sin despedirse, si quieres aprovecha.

-Ya lo he visto Don Carlos, y le confieso que anoche estuve probándome algunas cosas -Vaya, me sorprendes Miguel y me rompes el tópico que tenía establecido de los militares como tipos gañanes y sin sensibilidad, pues por mí no hay problema puedes hacerlo si quieres, además me imagino que la cosa no tiene tanta gracia si no te exhibes, así que venga, anímate y dame un espectáculo que esta noche estoy un poco aburrido, y si antes me pones un buen whisky de malta mejor todavía-le dije sonriendo y animándole.

Él se quedó un poco pensativo, se fue a servirme la copa, me la dejó en la mesa y se fue en silencio a su habitación, la verdad es que me temía un esperpento barato más que un número agradable, pero algo me decía que el brillo en los ojos de Miguel era sospechoso y que me podría llevar una sorpresa en esa noche que esperaba tediosa y monótona.

Pasó casi una hora cuando una voz aguda y forzada detrás de la puerta me dijo:-Ya estoy lista Don Carlos

Y me llevé una sorpresa, Miguel llevaba una mini de cuero, medias con dibujos sin calzado y un top rojo muy excitante, para colmo su maquillaje era fino, nada estridente, juraría que no era la primera vez que ejecutaba este tipo de ejercicios, Había visto a Katy muchas veces con esa misma ropa, verlas ahora en el cuerpo de Miguel me sorprendía y agradaba, era una sensación

extraña, derrochaba feminidad con su aspecto andrógino, además tuvo el buen gusto de no ponerse una peluca azul que había en el ropero, se había quedado con su cabeza casi rapada y tenía un aire Sinead O”Connor, la verdad es que me pareció más sexy que la iconoclasta cantante irlandesa.

-Caray Miguel estás espléndida- le dije -Por favor Don Carlos llámeme Dana, -me dijo con su voz impostada de sugerente putón, mirándome con picardía- ¿quiere que le sirva otra copa? -Sí por favor.

Se alejó contoneándose coqueta y provocadora, tragué saliva y pensé que esta familia es una auténtica caja de sorpresas.

Apareció con una bandeja y dos whiskys, haciendo morritos con sus labios rojísimos, instintivamente acerqué mi mano abierta a su trasero.

-¡Oooooooh!.

Pero no sólo no esquivó mi mano sino que sacó insinuante su culo hacia atrás e hizo un pequeño baile circular sobre mi mano, en ese momento se acercó a mí y me impregnó con la inconfundible fragancia de Chanel 5, yo estaba un poco alucinado, miraba boquiabierta las fotos de travestís enculadas de la pantalla.

-Qué morbo- me susurró al oído.

Le cogí por la cintura y la arrimé a mí, ella se dejó hacer sentía su aliento en el cuello, era como una puta cara y complaciente queriendo quedar bien con un cliente exigente, la verdad es que la situación era absolutamente morbosa.

-Vamos al salón, me apetece ver una peli porno.

-¡Guauuuuuuuuuuuuu!.

Me senté en el sofá, ella a mi lado, play en el mando a distancia y Tracy Lord chupando pollas en el monitor, se recostó sobre mis muslos, yo llevaba unas bermudas amplias, podía sentir su aliento a centímetros de mi verga, la cosa se estaba saliendo de madre pero yo soy de los que deja que las cosas vayan como tienen que ir, no es cuestión de ponerle puertas al campo, mucho menos al placer.

Mi polla estaba dura y ella lo notó, sentí el roce de sus labios a través de mis bermudas, la situación estaba tan clara que yo mismo me las quité dejando mi mástil enhiesto apuntando al techo, sin decir una palabra, ni intercambiar una sola mirada la introdujo en su boca, la lamía y chupaba lánguidamente, lento, masajeando mis huevos y pajeándome a la vez, me gustaba esta zorra, una zorra que era sargento del ejercito y esposo, padre y yerno de mis tres amantes de provincias, la verdad es que alucinaba viendo cómo mi polla se perdía hasta los huevos en el interior de su boca.

-He cumplido otra de mis fantasías, probar la leche de hombre, está rica, es densa y maravillosa, ahora si usted me lo permite quiero realizar otra más.

-¿Cuál?- le pregunté.

-Sentir cómo una polla se endurece y empalma en mi boca-

Dicho esto continuó chupando, con más energía y fuerza, es verdad eso que dicen que nadie le puede comer mejor el coño a una mujer que otra mujer, nadie le puede comer la polla a un hombre como lo hace otro hombre, creía a Miguel, era su primera vez, pero parecía que lo llevaba haciendo toda su vida, sus labios adhiriéndose a mi capullo, su forma de chupar fuerte y con ganas, la forma en la que lamía mi prepucio, mi polla estaba bien dura y gorda de nuevo, cuando lo notó me dijo:

-Es la hora de mi gran fantasía, quiero ser su puta, que me folle toda- dejó de chupar, se incorporó y se puso de rodillas en el sofá, su culo se ofrecía desafiante.

-Me untaré algo de crema.

-No es necesario, algo de saliva bastará, quiero sentirlo a lo bestia.

-Lamí su ojete mientras me seguía pajeando, mi lengua lo recorría, entraba en su interior, me gustaba.

-Me puse una lavativa Don Carlos, estoy limpia y dispuesta para usted, fólleme por favor.

Apunté mi polla a la entrada de su culo, haciendo un poco de presión y movimientos circulares con mi cadera, cuando empezó a mover su culito, su bello culito, empujé y metí mi capullo en aquella oquedad estrecha y deliciosa, sentí cómo se abría y cedía mientras él cómo un buen militar aguantaba el dolor ofreciéndose en sacrificio.

-Sí don Carlos, hasta el fondo, rómpame entera.

El gusto y el morbo me llevaban al más puro delirio, empujé, sin violencia y sin interrupción y noté cómo mi polla se abría paso en su esfínter, c&oacute

;mo lo abría y se iba dilatando, la sensación era maravillosa, espléndida, sentí cómo la raíz de mi polla y mis huevos topaban con sus nalgas y comencé a moverme dentro de él/ella que culeaba ansiosa.

-Fóllame cabrón, rómpeme, destrózame, soy tu puta, trátame como una guarra- me dijo dando por acabado el tratamiento ceremonioso y comenzando el tuteo.

-Siente tu culo de zorra lleno de polla, te lo voy a dejar rojo y escocido, toma toda mi polla puta- grité mientras aceleraba mis movimientos, encontraba dificultades debido a la estrechez de su culo pero esto lejos de desanimarme me daba más placer, sentir cómo se abría ante mi empuje me volvía loco de gusto, por las contracciones de su culo y sus movimientos vi que estaba llegando al paroxismo, eyaculó dejando perdido de leche mi sofá de cuero negro, pero a mí todavía me quedaba leche en mis huevos y no paré de culearle, cada vez más fuerte, sacando casi toda la polla para volver a meterla de un sólo impulso violento, sabía que le tenía que doler y que esto le gustaba y eso me excitaba más y más, él no paraba de decir barbaridades y groserías que cada vez me enervaban más:

-Fóllame, encúlame viva, dale duro a tu zorra, así, así, rómpeme toda cabrón, rómpeme -Te voy a llenar las entrañas de leche, puta, eres mi puta y abres tu culo de zorra, apriétalo ahora que va toda para dentro…aaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh- me corrí copiosamente en su maravilloso culo.

-Mmmmmmmmmmm ¡qué rico! me arde el culo Don Carlos (volvió al protocolo)

Continué con mi polla en su culo, sintiendo cómo su poderío disminuía tras la eyaculación pero continué con el movimiento de vaivén, la verdad es que había tenido uno de los polvos más exquisitos de mi azarosa existencia, pero para qué coño se lo iba a decir, las distancias y la sumisión que me ofrecían me gustaban y me interesaban, pasando un kilo de mostrarme vulnerable y agradecido, seguía moviéndome dentro de él con mi polla morcillona cuando me vinieron ganas de orinar, lo tuve claro, me concentré, me quedé quieto y noté cómo un chorro de orina regaba el culo de este putón que sirve al país como sargento del ejercito.

-Aaaaaahhhhhhhhhhhhhh me escuece, me gustaaaaaaaaaaaaa- la puta volvió a eyacular sobre mi sofá de cuero cuando sintió en su culo violado por voluntad propia, el calor y la acidez de una meada caliente y amarilla que rebosaba mi polla y salía de su culo acompañando a los restos de mi semen.

Autor: luzifer44

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Escrito por Marqueze

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