EL SHOW DE MARTA Y PEDRO

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Esta historia aunque parezca mentira me paso de verdad. Muchas veces la he recordado estando en la cama y no he podido evitar la tentación de masturbarme por la gran excitación que aún hoy siento. Todo empezó un fin de semana de septiembre en uno de esos macro-festivales que se celebran por toda la geografía española.

Todo empezó el viernes cuando llegamos al festival. Yo iba acompañado por mis amigos, éramos un total de nueve personas, repartidas en dos tiendas de campaña, lo cual era muy incómodo pues éramos seis chicos en una y tres chicas en otra. Aún así ese fin de semana prometía. El primer día lo dedicamos a montar las tiendas y empezar a beber y a fumar, y esperar a que llegase la hora de que empezaran los conciertos. A nuestro lado montaron la tienda una pareja de novios.

Ella era alta de un metro ochenta más o menos, con el pelo corto y teñido de rojo, llevaba una camiseta ceñida que dejaba ver la silueta de unos voluminosos senos, y unos pantalones también muy ceñidos que le llegaban hasta la rodilla, la ropa eran tan ceñida que se notaba que no llevaba ropa interior alguna, he de reconocer que eso me excitó. El no era nada del otro mundo alto y muy delgado. Nada más instalarse, la muchacha se nos presentó muy amablemente, ofreciéndose, ya de paso, como nuestro camello de confianza, aunque nosotros ya llevábamos suministros para todo el fin de semana.

Esa noche fue todo muy normal nos pillamos la primera borrachera, y los conciertos estuvieron geniales. Al día siguiente, por la noche regresábamos a las tiendas de un concierto, cuando observamos que en la tienda de esta pareja salían unos gemidos extraños y por lo que se podía divisar de la silueta que se formaba en la tienda por su lámpara, no cabía duda de que estaban follando. Con el pedo que llevábamos, me quedé con otros dos bebiendo y fumando mientras que veíamos el espectáculo, nos pareció más interesante que el grupo al que iban a asistir los demás. Después de una hora viendo como cambiaban de postura, decidimos irnos con los demás. En honor a la verdad debo reconocer que me excité bastante.

En la última tarde del festival yo estaba cuidando unas pocas mochilas mientras mis compañeros se llevaban el resto a los coches, cuando me puse a hablar con Marta (que así se llamaba la chiquita esta) que al igual que yo estaba sola. Empezamos hablando de lo normal de lo que se habla en estos casos, del tiempo, del festival, de música… cuando por un descuido mío le dije lo que había presenciado la noche anterior (aunque tuve la precaución de no mencionar a mis amigos). Para mi sorpresa, se le dibujó una sonrisa en los labios y me preguntó si me había gustado el espectáculo, a lo que respondí que me había encantado, incluso tuve la libertad de decirle medio en serio medio en broma que si en ese momento hubiera tenido una cámara los hubiera grabado.

Ella respondió a eso con una gran sonrisa, y un “¿de verdad?, no me lo creo”, seguimos un buen rato hablando del tema en broma, por lo menos yo creía que estábamos en broma, hasta que vimos a su novio entrar por la puerta de camping, en ese momento me dijo:

– Si eso que me dices es cierto dame tu móvil y podrás grabar todo lo que quieras.

Yo se lo di, pero no podía pensar que unas semanas después, recibiría esa llamada. Quedamos esa tarde en una cafetería del centro de la ciudad (ya que los dos somos de Madrid). A la hora indicada estaba allí ella sola, sin el novio. Por supuesto, yo, lo primero que hice después de saludarla fue preguntarle por él, a lo que ella me contestó que estas cosas las arreglaba ella, que él estaba conforme con todo, cosa que me extrañó muchísimo, ya que comprobé que ciertamente quería que yo les grabase mientras lo hacían. Esa tarde pusimos las condiciones del “jueguecito”.

Yo solo podía grabar, con la cámara que ellos me dieran y la cinta sería de su propiedad, aunque yo dispondría de una copia, sería en su casa y cuando ellos decidieran. Me pareció justo ya que

serían ellos los del numerito. Así que después de dos horas hablando y otras tantas cervezas, quedamos en que recibiría una llamada suya. Cosa que hice unos días después. Yo me tenía que dirigir a un chalet, a las afueras de Madrid y tendría que abrir yo la puerta con la llave que estaría debajo del felpudo.

Era un chalet de dos pisos con un pequeño jardín y garaje para por lo menos dos coches. Al llegar yo, ya había un coche aparcado en el garaje, aparqué y efectivamente la llave estaba donde me indicó Marta. Entré y me encontré con una serie de notas que me iban indicando lo que tenía que hacer. Primero me tuve que desvestir y dejar la ropa en un salón grande donde me encontré la cámara con la cinta ya puesta y dispuesta para grabar. Subí entonces a una habitación muy grande que estaba situada en el segundo piso.

Estaba adornada con una gran cama, una mesita con varios cajones, un trípode (“por si acaso se me movía la cámara al hacer cosa inmorales…” como ponía literalmente en una nota), unos focos y un equipo de música. Encendí los focos para que hubiera buena iluminación y puse el cd a reproducir. Cuando empezó a sonar la primera canción se abrió una puerta que estaba al otro lado de la habitación, yo ya empecé a grabar. Entró Marta sola con un vestido largo, y sin mediar palabra empezó el espectáculo.

Marta se comenzó a desnudar al ritmo de la música, dejando libre esos preciosos, firmes y grandes senos, siguió hasta dejar libre ese culo tan prieto y redondo que tiene, después de haberse desnudado, jugó con la cámara hasta que por fin enseñó su rajita cubierta únicamente por una hilera de pelos.

Una vez desnuda empezó a manosearse todo el cuerpo, pellizcándose los pezones y acariciándose la rajita, mientras se tumbaba en la cama, alargando el brazo hasta abrir un cajón de la mesilla sacando un pene de plástico, al cual empezó a chupar, restregar, e introducirse en todas las cavidades de su cuerpo, primero en el coño, dándose la vuelta y metiéndoselo por el ano. Cuando se terminó la canción paró y se quedó sentada mirando la erección que yo tenía desde que empezó el espectáculo, y chupando el consolador.

El cd pasó a la segunda canción, Marta dio un par de palmas y apareció el novio totalmente desnudo. Debo reconocer que en ese momento mi erección desapareció. Pedro (que es como se llama el novio) se acercó a ella a cuatro patas, que estaba sentada en la cama con las piernas abiertas dejando bien al descubierto sus encantos, y empezó a lamerle el coño, mientras ella gemía de placer y se tocaba las tetas y los pezones. Yo me movía a un lado a otro de la habitación para no perderme detalle y grabar todo lo que allí sucedía.

Marta con un empujón se zafó de Pedro, se puso a cuatro patas en la cama y se empezó a introducir el falo que tenía en su mano, mientras que Pedro le lamia el agujero del ano. Marta empezó a chillar mientras se corría y soltaba sus jugos manchando el consolador. En ese momento cayó tendida en la cama, Pedro se acercó y empezaron a morrearse, parecía que yo no estaba allí. Estuvieron abrazados mientras se besaban poco tiempo ya que ella empezó a bajar la mano hasta la polla de su compañero para acariciarla y seguidamente meneársela, y luego bajó besándole todo su torso hasta llegar a los huevos que se los metió en la boca succionándolos como si fuera una aspiradora, mientras seguía masturbando a su amante, cuando se los sacó de la boca continuó metiéndose su aparato hasta el fondo, mientras se masturbaba suavemente.

Pasado un rato así, el hombre la cogió por los hombros y la llevó hasta él. Ella se sentó a horcajadas mirando de frente a la cámara y dándole la espalda a su amante, metiéndose la polla hasta el fondo. Empezaron un continuo sube y baja. Las tetas de Marta botaban al ritmo de las sacudidas. Yo tenía la cámara en el trípode desde hacía un rato mientras miraba por el visor y no perdía detalle del show.

Pasado un rato Marta se quitó y se metió la polla de Pedro en la boca, tragándose toda la leche que el le echaba, yo también me corrí, pero lo mío cayó al suelo, en ese momento Marta se levantó y ense&nt

ilde;ó orgullosa todo su cuerpo bañado en la lefa de Pedro. En ese momento el cd se acabó terminándose también nuestra función. Me dieron las gracias, nos despedimos y me fui a mi casa, impresionado y a la vez muy excitado del espectáculo que había presenciado.

A la semana siguiente quedé con Marta en el mismo café de la otra vez, me dio la cinta y estuvimos hablando un buen rato sobre el espectáculo que contenía la grabación, lamentándome yo de no haber podido participar, ella propuso ir a su casa a ver la cinta y comentarla entre los dos. Una vez allí y mientras veíamos la cinta hicimos varias veces el amor (quizás esa historia lo cuente otro día). Han pasado varios meses y no he tenido noticias de ellos, quizás no vuelva a tener noticias suyas, lo que sería una lástima…

Autor: RAGNAR

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Escrito por Marqueze

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