El trayecto. 1ª parte

trayecto bus

Inés,una joven veinteañera con vida de nómada,había decidido marcharse otra vez. Una vez más en busca de una nueva aventura. Es lo que hacía su vida interesante, haciendo siempre lo que le apetecía. Esta vez se iba de la gran capital en busca de algo más tranquilo, algún pueblecito donde reinara el campo con el esplendor de la naturaleza.
Se encontraba ya subiendo al autobús, cuando se percató de que el conductor la estaba escaneando de arriba a abajo. No le molestó ya que le gustaba que la mirasen y la verdad es que había motivos para mirarla. Y además el parecía no estar del todo mal.
Era una chica de 1m 70cm aproximadamente y unos 65 kilos. Estaba bien,en su punto. Parecía tener el peso ideal en relación a su estatura. O sea, tenía dónde coger.
El pelo lo tenía corto, de color castaño y con mechas rubias. Normalmente se lo engominaba hacia atrás, pero hoy lo llevaba de punta.
Una cara redondita con ojos grandes y de color verde botella. Destacaba sobre todo por su mirada, la cual inspiraba bastante confianza. La nariz y las orejas eran pequeñas igual que sus labios pero estos estaban perfilados casi a la perfección.
Del cuello le colgaba una fina cadena de plata con un colgante que lleva incrustado una piedra de color rosa. Esta hacía juego con la ajustada blusa fucsia que llevaba puesta. Sus pechos de un tamaño aparentemente apetecible, estaban en parte cubiertos por una lencería rosada.
Vestía unas mallas blancas que le llegaban por encima de la rodillas, dejando al descubierto unas piernas atléticas. En el colegio, estuvo en el equipo de atletismo,dejándole como recuerdo unas piernas marcadas y bonitas.
Calzaba unas deportivas blancas y en su tobillo derecho un tatuaje formando una tobillera.
Llegó al conductor con una sonrisa pícara, le saludó a la vez que le mostraba su tíquet y éste le devolvió una tímida sonrisa dejando ver que se había sonrojado.


Se fue casi al fondo del autobús y se sentó al lado de una ventanilla. Cerró los ojos durante un buen rato recordando los mejores momentos de ese lugar de partida.
Mientras, ni se había percatado de que se había sentado una chica justo detrás de ella. Eran las únicas pasajeras y el viaje iba a ser largo.
El ruido del motor hizo que volviera en sí, con lo que aprovechó para despedirse de la gran ciudad, que tanto le había enseñado.
Decidió ponerse a leer un librito que recién compro, justo antes de subir al autobús, titulado “Fantasías húmedas”.
Tras el primer relato, cambio de posición, poniéndose casi de lado y apoyando su pierna izquierda sobre el asiento de al lado. Mientras sostenía el libro con la mano derecha, con la otra mano se desabrochó un par de botones de su blusa, ya que el cuerpo le estaba empezando a hervir. Las palabras del libro estaban haciendo su efecto.
Acto seguido, se sacó el pecho derecho de su fina lencería y empezó a acariciárselo sin miedo, ya que ignoraba que no estaba sola. Aunque fuese de noche, también había corrido la cortina. Y lógicamente el conductor estaba a lo suyo.
Se estaba poniendo a tono, mientras que Yasmina, la chica de atrás, se había dado cuenta de la situación a través de la separación de los asientos.
Yasmina miraba fijamente el escote, procurando no perder detalle de la escena. Sobre todo prestaba mayor atención al pezón que estaba al descubierto, el cual le estaba apeteciendo morder, al verlo tan rosadito y duro. Por eso se había pasado la lengua por los labios varias veces para humedecerlos. Su excitación también se había notado en la dureza de sus propios pezones. Unos pezones oscuros los cuales se apreciaban a través de la corta y blanca camiseta que llevaba encima. No había señal alguna de sujetador.Tenía unos pechos pequeños pero bien firmes. Su ombligo quedaba al descubierto, mostrando un sol que tenía tatuado alrededor de él.
Inés soltó por un momento el libro y Yasmina no podía creer lo que estaba viendo a continuación.
Se estaba quitando la blusa para luego desabrocharse el sujetador y así poder acariciarse con más soltura. Empezó a masajearse los pechos con tal ternura que Yasmina no pudo contenerse, por lo que separó los muslos y tras subirse la corta falda vaquera,empezó a restregarse su parte con ambas manos. Se ve que no le gustaba la ropa interior ya que carecía de ella y le gustaba ir bien aireada. Procuraba estar siempre rasurada. A veces se rasuraba ella misma y en otras ocasiones,iba a una estética simplemente porque le daba morbo y le excitaba que otra chica la dejara sin vello.
Enseguida la humedad se hizo con ella y sintió su poderoso olor, al llevarse los dedos a la boca. Los chupo ardorosamente.
Inés había mostrado poco en comparación a lo tanto que se había descontrolado Yasmina.
Inés se lamía los pezones con tal arte que parecía saber cómo autosatisfacerse perfectamente.
Cada mano acariciaba cada pecho,los agarraba para luego apretujarlos hacia arriba y circularmente. Después agarró los pezones y los retorció. Esto le hizo soltar un ligero gemido de placer.
A la par se oyeron los gemidos de Yasmina.
Yasmina estaba gozando de un espectáculo mientras que Inés había tranferido las palabras del librito a su propio cuerpo.
El chófer seguía concentrado en su labor.

Continurá…

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