Empezó en la discoteca

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Mayra estaba comiéndose el falo de Carlo como si fuera una auténtica posesa, le lamía los huevos, los engullía y se comía toda la polla como si fuera el más rico de los helados, mientras Fede la penetraba por detrás a un ritmo desenfrenado ¡ohhh! El flujo empezó a bajar otra vez por mi vagina, no podía parar de mirar mientras me iba tocando los pechos, lamiendo mis dedos y frotando mi sexo, ¡cómo me estaba poniendo.

Esta la historia más excitante que me ha pasado nunca, empezó en una noche calurosa de verano después de salir con los pocos amigos que quedábamos en pleno mes de agosto en Barcelona. Era sábado y quedamos para cenar como de costumbre en casa de Mayra, fuimos Carlo, Fede y yo.

Después de la cena y con unas cuantas copas de más decidimos ir a la discoteca. Al llegar nos percatamos que la ciudad no estaba tan vacía y que lo íbamos a pasar en grande, la disco estaba llena de gente, hacía tanto calor ahí dentro que la gente iba más destapada que vestida, en medio del ambiente, la música, el humo, el alcohol y algo más que llevábamos metido en el cuerpo, el sofoco y el sudor cada vez eran más acentuados. Lo estábamos pasando genial, en plena madrugada le pedí a Mayra que me acompañase al lavabo porque no aguantaba las ganas de beber agua y mojarme el cuello. Mientras me lo mojaba, me dijo – ¿te ayudo?

Empezó a mojarme por la parte de las cervicales y la espalda y la cara con sus manos de una manera muy sensual, sentí como me estaba calentando, pero no sabía si ella lo hacía con alguna intención o era yo que no sabía qué me estaba pasando, ella era mi mejor amiga, yo no soy lesbiana y nunca antes me había excitado con ella!

Volvimos al centro de la pista y empezamos a bailar, yo empecé a hacerlo cada vez más sensual y animaba a Mayra y Carlo que siguieran a mí son, él se puso en medio y Mayra y yo lo acorralamos tipo sándwich, yo estaba delante y noté perfectamente como se iba poniendo duro su bulto, él me cogía por la cintura y me fregaba con sus manos hasta tocar el bajo de mis tetas con los dedos pulgares apretando. -Carlo no me hagas esto que esta noche estoy muy sensible…ufffff. – Siempre me han gustado tus pechos, ¡eres tan sexy!  No me sorprendió ese comentario ya que siempre me tiraba piropos, pero lo que me sorprendió era cómo se me estaba mojando el tanga cada vez que me tocaba y me susurraba -mmm..Me encanta tu olor, lo que daría por oler tu conchita…

Mayra lo tenía cogido por detrás y le rozaba sus inmensas tetas por la espalda, ¡qué gozo! Fede vino, nos separó y empezó a bailar conmigo, me rodeó con sus brazos y me dio un morreo que me quedé tiesa, se apartó y le dio otro a Mayra, empezamos a besarnos entre todos, sin cortarme cogí a Mayra y le metí la lengua sin pensar- ¡me estás poniendo muy caliente chica! ¿Estás excitada?- siempre he soñado con poder besarte y poseerte. Eres mmmm… – Estuvimos pegadas un buen rato, el ambiente se estaba calentando, notaba caricias de varias manos por mis muslos, mis tetas y mi culo.

Al salir de la discoteca y con la salida del sol como testigo, nos dirigimos al coche y fuimos de nuevo a casa de Mayra a terminar lo que habíamos empezado. -¿Queréis que prepare unos cubatas?- Me dirigí a la cocina a prepararlos, en ese momento entró Carlo -¿Te ayudo?- Sí, coge el hielo, le dije. Sacó una gran bolsa de hielo del congelador, la abrió y empezó a poner cubitos en los vasos, también cogió uno y empezó a fregárselo por el pecho por debajo la camiseta – ¡Que calor tengo se me deshace en un periquete! Le vi allí con su pecho todo húmedo y la camiseta mojada y me empecé a mojar de nuevo- ¿Quieres que te ponga hielo por la espalda?- Me acerqué a él, le saqué la camiseta, cogí un par de cubitos y empecé a acariciarle todo el tronco empezando por los pezones y masajeando por todo el resto, ¡cómo me estaba calentando! Notaba mis pezones que se estaban endureciendo y los líquidos no cesaban de bajar por mi vagina.

Acerqué mi pubis a su aparato y noté que él también se estaba excitando porque sentía su bulto, y sólo podía imaginar su palo reparador metido entre mis piernas, sentía la necesidad de desabrocharle el pantalón y de lamérsela, le bajé la bragueta y su inmensa polla salió disparada y se puso erecta frente a mí. -Cómeme la cosita mi niña, házmelo gatita caliente- Me agaché impaciente saqué mi lengua y empecé a chuparle el glande suavecito entresacando la lengua, primero pasé mi lengua jugueteando por el alrededor mmmmhhh… que bien lo haces, me estoy poniendo cachondísimo, chúpamela hasta el fondo, cométela entera, sí, sí, sí, sigue, ¡ohhh! Que bien lo haces mi niña sigue mi niña aghhhhh… no pares lengüita mía…

Estaba mamando ese palo inmenso y duro, que lo cogí con mi mano y al mismo ritmo que entraba a mi boca, bajaba mi mano, subía y bajaba, subía y bajaba – Mmm… Que rica está esta pollita dura, ¿te gusta como te lo hace tu gatita mojada? – ¡Ohhh! – Saqué el pene erecto hinchado con sus venas sobresalidas y toda su leche caliente se esparció por mis tetas, fue la primera corrida de la noche. Noté una mano que me frotaba y esparcía el líquido por todo mi cuerpo por debajo la ropa, una mano fría me acariciaba los muslos por debajo de la falda, no me giré, solamente me dejaba llevar.

Apartó mi tanga para dejar la raja al descubierto, agachada cara al suelo con el culito levantado empezó a frotar la zona del clítoris haciendo hincapié en tocar el botoncito de mi chochito hinchado…

– Gírate…

Al girarme vi a Mayra desnuda con ojos codiciosos, mis piernas se abrieron solas mientras estaba sentada en el suelo, acercó su cabeza y sacó su lengua viciosa, suavemente me lamía la zona de los abductores…

– Déjame entrar en tu cueva… ¡que rica estás, dame de tu jugo! ¡Necesito de él!

¡Como estaba gozando! Lamía mi clítoris como nadie, para después pasar a morder mis labios enrojecidos e hinchados, estaba lamiendo todo mi coño y tragaba engullendo mi flujo, lo estaba pasando en grande, jamás me habían masturbado así, se levantó y cogió un calabacín que había encima la repisa de la cocina.

– No te asustes, te va a encantar, te voy a meter esto hasta el fondo, sentirás que te estás rompiendo por dentro…

Suavemente metió dos de sus dedos en mi coñito mojado y con la otra mano metió la puntita del calabacín, que fácilmente acabó de entrar casi entero…

Empezó el mete saca suave agachándose y lamiéndome mientras tanto, yo creía que iba a morir de gusto. Mmmmm… no pares… Levanté la mirada y vi una escena que me hizo llegar al clímax casi al momento, vi a Carlo penetrándola, íbamos todos al mismo ritmo y cada uno gemía poseso,…

Parecíamos animales en celo…las piernas empezaron a temblarme, no podía creer aquello aquel inmenso calabacín era el mejor falo que me habían metido nunca -¡ Ahhh! ¡Ah, ahahah! ¡Me corro! ¡Me corrrooooo! ¡Me estoy corriendoooooo! Me quedé tendida en el suelo gozando de aquél orgasmo, me palpitaban los labios cada vez más suavemente, qué sensación tan rica me sentía perversa, pero gocé sin pudor alguno.

Mayra y Carlo siguieron con lo suyo y yo aproveché para ir a darme una ducha. Al salir del cuarto de baño, me dirigí a la habitación de Mayra a buscar una camiseta limpia y vi cómo entre Fede y Carlo se la estaban trabajando encima de la cama, me quedé perpleja ante tal escena y la calentura empezó de nuevo a subir.

Ella estaba comiéndose el falo de Carlo como si fuera una auténtica posesa, le lamía los huevos, los engullía y se comía toda la polla como si fuera el más rico de los helados, mientras Fede la penetraba por detrás a un ritmo desenfrenado ¡ohhh!

El flujo empezó a bajar otra vez por mi vagina, no podía parar de mirar mientras me iba tocando los pechos, lamiendo mis dedos y frotando mi sexo, ¡cómo me estaba poniendo!

¡A mí ni Carlo ni Fede me habían follado todavía! Fede vio cómo me tocaba desnuda delante de ellos y me invitó a pasar – Hay sitio para ti, ven mi niña que estás riquísima y tengo ganas de probarte. Me acerqué más mojada que nunca, Fede salió de Mayra y me dijo:

– ¿Qué quieres que te haga mi vida? – ¡Quiero que me penetres y me folles cómo nunca!

Tenía una boca carnosa, me besaba con sus labios y su lengua gordita. Me sentó encima de él y empecé a fóllarmelo como si estuviera montando a caballo, subía y bajaba subía y bajaba, su palo hinchado rasgaba las paredes de mi vagina mejor que el calabacín que me masturbaba antes. ¡Ahhh! ¡Ohhh! Mmmmmm… me perdía entre tanto gemido no sabía quién gritaba quien gemía… -No pares mi niña, ¡qué conchita tan juguetona! Cómo te mueves… shhhshhh… ¡Aghhhh!

Estaba llegando al clímax otra vez, sentía el orgasmo que iba viniendo impaciente ahhhh… uffffff… ¡Siiiiiiii! Al mismo tiempo que me corría sentí su lechita entrando en mí. Al otro lado vi a Carlo y Mayra tumbados, también habían tenido su corrida.

Autor: Laura

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Escrito por Marqueze

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