En casa de mis Suegros

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Jóvenes y Cachondas. Al principio de salir con mi novia Sara, cualquier momento y lugar libre eran excusas para follar. El verano estaba punto de empezar, y ya hacía bastante calor.

Aquella tarde de domingo no teníamos ningún plan y Sara me propuso ir a casa de sus padres, ya que estos estaban en una excursión. Aquella sorpresa me dejó una sonrisa permanente en la cara. Por el camino, empecé a imaginarme cosas que podríamos hacer a solas en casa de sus padres. En un momento dado nos tuvimos que parar y me abracé a mi novia.

–          ¿Estás empalmado? – preguntó sorprendida.

–          Sí… será cosa del calor que hace.- ambos nos reímos.

Llegamos a casa de sus padres, la cual estaba en completo silencio. Aquello podría acabar bien.

Me senté en el sofá, y Sara lo hizo encima de mí. Deslicé  mis manos por sus suaves piernas mientras nos besábamos hasta esconderlas bajo su minifalda, donde le palpé el culito.

Ella cogió mi cabeza con ambas manos y la llevó hasta sus pechitos, donde me deleité mordisqueándoselos por encima del top ajustado que llevaba.

–          ¿Qué es esto que hay aquí? – preguntó mientras tocaba el bulto hinchado de mi pantalón.

–          ¿Por qué no lo averiguas tú misma? – ella sonrió y empezó a masajearme el paquete por encima de la ropa.

Mi chica me quitó la camiseta y me chupó los pezones con gula, como si estuvieran bañados en miel.

De repente un ruido en la casa nos asustó. Nos quedamos quietos tal y como estábamos  y de repente una puerta se abrió y aparecieron riéndose un chico en calzoncillos y una chica en ropa interior.

Se trataba de César, el hermano de Sara y una chica que más adelante supe que era su novia, de nombre Magda. La chica, de unos 19 añitos, no estaba tan delgada como Sara, pero lucía unas tetas bastante más grandes ocultas bajo un sujetador blanco de encaje. Su carita inocente decorada con unas gafitas le daban un aire muy morboso.

–          Joder, qué susto César. Pensaba que venían unos ladrones.

–          Ja, ja, ja. ¡Y yo me pensaba que de repente habían venido mamá y papá!

–          Bueno, veo que los dos hemos pensado en hacer lo mismo en casa aprovechando que no están.

–          Sí… ¡qué mal rollo! – Magda se tapaba tras el cuerpo de su chico.

–          Pues yo no me voy a ir, que hacer según qué cosas en el coche te deja la espalda hecha polvo.

–          ¡Eh, pues nosotros llegamos aquí antes!

–          Magda, no seas tímida, siéntate. Que no tienes nada que ocultar, que ya te he visto en bikini en la playa, y mi hermano y yo ya nos hemos visto algunas veces en pelotillas.

César y Magda se sentaron en el sofá que formaba una L con el que estábamos sentados. Pusimos la tele, y sin tapujos, Sara empezó a besarme. Entreabrí los ojos y pude ver como la otra pareja nos miraba y conversaba en voz baja. Finalmente ellos también se dieron el lote, y en seguida pude ver como César se puso palote. Magda le besaba con pasión mientras que su chico le tocaba las tetas y el culo.

Sara se restregaba de vez en cuando contra mi bulto. A aquellas alturas debía de estar muy cachonda. Me desabrochó el pantalón y sacó a la luz mi miembro erecto. Me masturbó al tiempo que me besaba como una loca. Miré a nuestros compañeros, y Magda se la estaba chupando sin tapujos a su novio. Se lo dije a Sara, y sin vacilar, me terminó de desnudar y se colocó de rodillas frente al sofá a chupármela. César y yo intercambiamos una mirada acompañada de una sonrisa mientras observábamos como nos la chupaban respectivamente.

Magda se tumbó boca arriba y César empezó a comerle el coño. Ella gemía bastante fuerte, y sorprendidos Sara y yo nos quedamos unos segundos mirándoles. Sara se levantó y se fue a su cuarto a por un condón. Mientras esperaba, me masturbé lentamente viendo a la otra pareja.

Mientras Sara me colocaba el preservativo, César le apartó a su chica el tanga a un lado y empezó a meterle la polla lentamente. ¡A pelo! Un fuerte gemido cuando entró toda hizo que Sara se girara, tras lo cual me dijo:

–          Ahora te voy a follar yo. ¡Ya verás!

Dicho esto, se quitó el tanga, y sin desprenderse de la minifalda se subió encima de mí. Guió mi miembro hasta su coñito y se lo metió de golpe. Empezó a cabalgarme muy excitada y con la respiración entrecortada.

Al rato, Magda y César cambiaron de postura y ella se puso a cuatro patas. El hermano de Sara aprovechó la posición para quitarle el sujetador, liberando dos hermosas tetazas. Mientras se la follaba, aquellos dos senos se movían como dos campanas antes de misa.

Sara se levantó, y sin yo levantarme, se sentó sobre mi polla dándome la espalda. Agarrándola bien del culito la atraía cada vez más rápido hacia mí.

César se estaba follando a su novia otra vez a lo misionero y cada vez ambos gemían más fuerte. De repente, el chico se la sacó y se corrió sobre la tripita de ella. Cayó sobre su chica manchándose con su propio semen.

Sara y yo seguimos follando. Nos pusimos de lado en el sofá y follamos a toda velocidad ante la atenta mirada de aquellos dos. Cuando no aguanté más, avisé a Sara y me corrí dentro de ella.

Mientras me quitaba el condón, oí como Sara regañaba a su hermano por no haber usado uno. Nos fuimos cada pareja a un baño, y al salir vimos una peli. Así nos encontraron sus padres, terminando de ver  la película, como si no hubiera pasado nada.

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Escrito por jovenes_alegres

Somos una pareja joven a la que le encanta el Morbo!!
Comentados que os han parecido los relatos y de qué os gustaría que publicáramos en: [email protected]

Skype: jovenes_alegres

Un comentario

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  1. Nos gustaria conocerlos espero sigan usando el mismo correo

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