En el ascensor.

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Trabajo en un edificio muy alto en un distrito céntrico de la Gran Lima desde hace 2 años. Aunque mi centro de labores se encuentra en el 3er. piso, es muy común que el viejo ascensor te lleve a dar un paseo por los demás pisos. Es así, que comencé a conocer a nuestros vecinos, viendo en dónde tomaban el ascensor. Sin embargo, con todos ellos no pasamos de un simple “Buenos Días”.

Braulio, es un chico muy lindo… como de 1.80, cabello castaño, tez clara y enormes ojos color miel. Recuerdo que la primera vez que nos topamos en el ascensor, sólo nos miramos pero nada más. Siempre coincidíamos en tomar el ascensor juntos o él estaba cuando bajábamos al primero. Nunca nos llegamos a saludar, sin embargo, cada vez que yo bajaba en mi piso decía con voz muy fuerte: “Este chico me tiene loca”.

Recuerdo que era una noche lluviosa. Yo me había quedado trabajando hasta muy tarde en la oficina y como a eso de las 10 de la noche decidí irme… El edificio ya estaba muy callado. Cerré la oficina y apreté el botón del ascensor. Cuando entré me demoré en presionar el botón al primer piso y éste me comenzó a llevar hacia arriba. En el piso 13 (desde ese día mi número de la suerte) sube él, Braulio. Nos saludamos con una media sonrisa y proseguimos nuestro camino… No sé cuántos pisos habríamos bajado, sin embargo para mí fue una eternidad. Pude notar que de reojo miraba mis pechos (como siempre lo hacía). Ese día, llevaba una camiseta algo escotada y pegada que permitía ver el contorno de lo que Dios, muy buenamente me dio… mis pechos.

Me sentí un poco incómoda al principio, pero luego ya no, y es más, traté de pararme lo más derecha que podía para que él pudiera verlos mejor. No es que sea exhibicionista, sin embargo, no sé qué me pasó esa noche…

De repente, las luces comenzaron a oscilar. Obviamente yo no me asusté, sin embargo, nos quedamos mirando… él dijo: “Ahora falta que esto se malogre a esta hora”, a lo que yo respondí: “Y de seguro que el conserje no está, saldremos mañana pues vecinito”. El ascensor prosiguió su camino, pero con algunos sobresaltos, hasta que se detuvo completamente y se apagaron las luces. Mil y una cosas pasaron por mi cabeza, pero nunca el tener entre mis brazos a ese lindo vecinito.

Intercambiamos algunas palabras, gritos para que alguien nos oyera, pero nada tuvo buenos resultados, así que resignada me senté en el piso. Braulio prendió el encendedor que tenía pero esa luz no iba a durar todo el tiempo. De mi celular, llegué a llamar a mi jefe comentándole lo que me había pasado y me dijo que pronto iría a la oficina y que trataría de buscar a alguien que nos saque, dado que el conserje no dormía ahí en las noches.

Braulio se sentó al otro lado del ascensor (éste no era muy grande) y luego de unos minutos de silencio, finalmente se presentó: “Hola, soy Braulio, siempre nos encontramos en el ascensor y nunca nos saludamos siquiera”, a lo que yo respondí: “Tienes razón… qué malos vecinos resultamos… hola, yo soy Ariadna… Ari para los amigos… tú llámame como quieras”… Luego de algunas conversaciones protocolares sobre nuestros trabajos y ya con un poco más de confianza, comenzamos a tocar otros temas.

Para ese entonces, aún a oscuras, y tras notar lo agradable que era, no pude evitar el imaginarme una aventura con él en el ascensor… imaginarme cómo besaría… a qué sabría su boca… cómo se sentiría su pene dentro mio… qué tal lo haría. Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando él me dijo: “Puedo decirte algo?”, a lo que yo contesté que sí, entonces él me dijo: “Por qué siempre que sales del ascensor haces comentarios como que te gusto y cosas así y nunca lo dijiste de frente”. Yo algo sorprendida porque me agarró desprevenida le contesté: “Lo que pasa es que desde la primera vez que te vi, me gustaste mucho, pero como tú ni me mirabas, pues simplemente nunca me atreví a presentarme… además, tú eres el caballero” (simple protocolo porque siempre he sido la que da el primer paso). Más

sorpresiva fue su respuesta cuando me dijo: “Ni te miraba??? No te dabas cuenta que cada vez que nos encontrábamos no podía evitar el mirarte… eres una chica muy linda”.

Yo llegué a sonrojarme, felizmente por la oscuridad no lo vio. Le dije que no debió haber pasado tanto tiempo para habernos presentado y menos en una circunstancia como ésta, pero que al menos ya nos podíamos seguir conociendo. Un rato después, no sé cómo, comenzamos a hablar de temas más íntimos y me comentó que lo que siempre le llamó la atención de mí fueron mis pechos (bastante grandes para el promedio de la mujer peruana), a lo que yo le contesté que sí lo noté alguna vez mirándolos… me hizo el comentario si eran verdaderos y yo, en parte indignada en parte agresiva le dije: “Pues, compruébalo por ti mismo”. Así empezó todo… en la oscuridad del ascensor…

Yo ya me había parado pues el piso del ascensor era muy frío. En un momento, sentí que él se acercó y muy tiernamente tocó mi pecho derecho… con el toque sorpresivo, mi cuerpo dio un sobresalto, a lo que él se alejó… “discúlpame”, me dijo… “No te preocupes, sólo que me sorprendiste… está tan oscuro aquí…” El prosiguió con su trabajo. Sin ver nada aún, sentí un delicioso olor que resultó ser su aliento algo agitado… inmediatamente me di cuenta que su boca estaba cerca de mí. Sus manos ya no tocaban un solo pecho sino, ahora los dos, y no con ternura, sino ya con pasión. Sentía cómo sus manos amazaban mis pechos… las mías se habían perdido en su espalda… nuestra respiración fue cada vez más agitada, hasta que nuestras bocas se unieron en un apasionado beso.

Sentí su lengua entrando en mi boca, jugueteando con mi lengua… mordizqueando mis labios. Su mano metida en mi cabello. Las mías, estaban bajo su polo acariciando fuertemente su espalda, atravesando toda su anatomía hasta llegar a su pecho, jugueteando con su bello y sobando sus tetillas… mientras, su parte baja se mecía con mi pubis, apretando cada vez más fuerte como si quisiéramos poseernos en ese momento con la ropa puesta… A través de mi falda podía sentir su pene muy duro aprentándome. Bajé mi mano y comencé a sobarlo… a sentirlo tan caliente, fuerte… que no aguanté más… bajé su cierre y lo saqué… ooohh, qué suave era… bastante grande… grueso… delicioso… y comencé a pasármelo por encima de mi falda, hasta que poco a poco comencé a subírmela para sentirla cerca de mis bragas.

Mientras, él ya había recorrido su lengua por todo mi cuello, abierto mi blusa lentamente, desabrochado mi brassier y succionado mis pezones… todo lo demás estuvo fuera de lo tierno y lo dulce, nos tomamos muy eufóricamente… sentía el dolor de sus dientes mordiendo mis pezones, sus dedos aprentando mi otro pezón, juntándolos y succionando ambos pezones de una sola vez… ya se imaginarán lo grandes que son para que pueda haber hecho eso…

Bajó una de sus manos y tomó su caliente y duro pene… yo lo sentí algo mojado, no sé si ya había soltado sus primeros flujos o eran los mios que lo habían llegado a mojar… comenzó a frotarse muy rápidamente contra mí, contra mis bragas… con la otra mano me había cogido de entre las nalgas y hacía que me moviera a su ritmo. Yo ya no daba más… necesitaba que me penetrara… sentirlo dentro mio… sin embargo no lo hizo…

Desabotó mi falda y me quedé en bragas, con la blusa abierta… lentamente él bajó y jaló a un lado mis bragas… comenzó a pasar su cara por mi pubis… como queriendo sentir su olor… primero tocó la parte de afuera de mi vagina y se mojó bien los dedos con mis jugos… estaba realmente mojada… creo que chupó sus dedos luego de esta operación porque luego hizo que yo lo hiciera pero no sentí mayor sabor.

Luego sentí cómo levantó mis dos piernas y me sentó en la baranda del ascensor… él seguía de rodillas y comenzó a saborearme… a chupar mi conchita mojada, mis labios vaginales… a sentir su lengua jugueteando con mi clítoris… Sentí cómo lo disfrutaba porque llegué a percibir unos gemidos silenciosos que soltaba y eso me hizo soltar un grito un poco más fuerte… el placer me embargaba. Mis piernas estaban en sus hombros y

sentía cómo hundía su boca en mí. Su lengua entraba y salía de mi vagina, abría mis nalgas y pasaba su lengua hasta mi ano… eso me hizo estallar en mi primer orgasmo… él lo sintió y comenzó a darle preferencia a mi parte de atrás… logró meter uno de sus dedos por ahí, claro, antes ya lo había mojado con mis propios fluidos… No se imaginan cómo lo disfruté…

Luego de un orgasmo más… yo no pude más y lo alejé de mi conchita…, me bajó y comenzó a besarme… sentía el olor y el sabor a mí en su piel, en su boca… Su pecho estaba ya al descubierto… podía mordisquear y chupar sus tetillas como quisiera… sentí su pecho sin embargo, tanto placer debía ser recompensado de alguna manera… así que besándolo, fui yo quien ahora lo puso de espaldas hacia la puerta del ascensor… bajé por completo su pantalón y rocé su algo flácido pene contra mi rostro… acaricié sus nalgas duras con mis dos manos.

Su pene nuevamente se volvió a poner duro como un fierro y caliente… mi lengua comenzó a recorrerlo desde la punta que aún emanaba algún líquido sabroso… hasta la base… Lo tomé con una de mis manos y comencé a pasar mi lengua por todo el tronco… saboreándolo, haciéndolo mio… esto me excitaba de sobremanera ya que él comenzó a soltar esos gemidos que ya me habían excitado cuando me daba placer a mí.

Metí todo su pene a mi boca… lo más adentro que pude… y co mencé un mete y saca primero lento y luego un poco más fuerte… cuidando no lastimarlo con mis dientes. Siempre supe que era muy buena chupando penes… a veces hasta una verdadera maestra así que usé todas mis armas para que él también lo disfrutara… Cuando él tomó mi cabeza y comenzó a moverme al ritmo de sus caderas… yo paré y me alejé… Sabía que ya se le iba a venir y aún no era el momento…

Saqué su pene de mi boca y comencé a lamerlo nuevamente… bajé y me detuve en sus testículos… lamí sus testículos con mucho cuidado pues sé que es una parte muy sensible… los saboreé, los lamí y relamí como niña a un helado. Me metí uno primero a la boca y lo chupé… luego el otro… hice lo propio con cada uno, hasta que me metí los dos a la boca y los chupé a los dos juntos… a él lo sentí un poco tenso al principio, claro por el temor al dolor, pero luego de demostrarle mis habilidades se relajó y comenzó a mover su pubis nuevamente.

Luego de disfrutar de los placeres que le daba mi boca… él me alejó y me paré frente a él… seguimos besándonos… hubiera dado lo que fuera para ver su cara excitada, pero no podía hacerlo… Metió sus dedos en mis cabellos, haló un poco de ellos y eso me hizo soltar un gemido muy profundo… él supo que me gustó, así que se alejó de mí y con un poco de brusquedad me volteó con la cara hacia la puerta del ascensor… sentía su respiración en mi cabello… una mano tocando mi pezón izquierdo y la otra mano manipulando nuevamente en mi conchita, la cual aún estaba muy mojada pero ya algo pegajosa…. Braulio seguía pegando su pene duro contra mí. Ahora contra mi trasero… lo podia sentir muy duro entre mis nalgas… seguía moviéndose.

Nuevamente, sumergidos en el placer… él levantó una pierna mía y la apoyó contra la baranda… acomodó la punta de su pene en la entrada de mi vagina y de un solo empujón me penetró… yo no tenía dónde poder incrustar mis uñas por el placer que me dio sentir ese pene tan grande y grueso en mí… dí un gemido muy fuerte.. esta vez sin importarme que me pudieran escuchar… y empezó un mete y saca increíble… yo sentía que me llegaba a las entrañas… mi pierna estaba apoyada en su antebrazo el cual estaba agarrado a la baranda… Ambas manos estaban agarradas a la baranda… sirviéndole de soporte para seguir penetrándome una y otra vez… fuerte, muy fuerte… apretándome contra la pared del ascensor… éste se movía mucho y sonaba muy fuerte.. por ahí se escuchó la voz de alguien, pero nosotros no le hicimos caso y seguimos poseyéndonos…

El placer se apoderó una y otra vez de mí.. ya no pensaba en dónde estab

a ni que recién conocía a Braulio, sólo quería disfrutarlo… Llegó un momento en el que dejó de penetrarme y yo quedé algo desconcertada… fue ahí que me dijo: “Ari, ya me vengo… ya no puedo más mujercita…” , a lo que yo contesté… “Bueno, vente conmigo… déjame sentir mi último orgasmo contigo”… Así.. el me volvió a voltear y a sentarme entre el ángulo de las dos barandas… me volvió a penetrar… pero esta vez se movía de tal forma que su pubis frotaba mi clítoris y fue muy fácil el que me viniera nuevamente… así… él soltando un gran grito de gloria… él soltó su gran chorro de leche dentro de mí… debió ser mucha porque sentía cómo comenzaba a correrme por las piernas… Yo, lo abracé muy fuertemente, metí mi boca en su cuello para evitar el último gran gemido y finalmente todo acabó… descansamos un poquito sin movernos y lentamente me bajó…

Ambos estábamos rendidos. Ya de vuelta a la realidad, no teníamos qué decirnos. Ambos teníamos mucha vergüenza… así que yo me vestí… asumo que él también, callados… tratando de no hacer bulla… poco a poco me deslicé hacia el suelo… me senté y me quedé dormida… No sé cuánto tiempo habría pasado, hasta que las luces del ascensor se encendieron nuevamente y éste empezó a funcionar….

La luz nos encegueció un poco, así que no pudimos vernos bien… Braulio me tendió su mano para levantarme… arreglamos nuestras ropas y nos quedamos quietos… El se me acercó, me abrazó y me dio un tierno beso en la boca… Cuando llegamos al primer piso, mi jefe estaba con una persona de mantenimiento… Braulio y yo, nos despedimos como amigos y mi jefe me llevó a casa, no sin antes hacer un comentario que me avergonzó… “No me digas nada Ari, pero no me vas a decir que en ese ascensor no pasó nada con el vecino… ese olor es inconfundible”… Ese exquisito olor a sexo.

Ojalá te haya gustado…

Autor: Ariadna

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Escrito por Marqueze

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2 Comentarios

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  1. El mejor relato que he leido de Peru hasta el momento. Vaya fantasia que sin querer te cubriste… ahora solo te falta tener sexo en un contenedor, en una playa y en una discoteca.

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