En el Delta

Aquí os relato algo que pasó hace pocos días, todo y que empezó cómo un sueño gracias a la red, es una pequeña historia que aún no tiene fin…

Ella estaba allí, recostada contra su coche y la mirada perdida en la inmensidad de ese mar, su mar mediterráneo, se la denotaba un aire de felicidad que se podía casi palpar al mirarla, quizá mis ojos la admiraban, la acariciaban en recuerdo de ese momento pasional que habíamos compartido..

Su camisa negra aún desabrochada, era la prueba, hacía unos instantes que había cedido la pasión, y esa camisa dibujaba el perfil de su pecho desnudo, su blanca piel aún poco acariciada por el Sol en estos primeros días de primavera, hacían que la imagen fuera más bella y su cuerpo más deseable.

Estábamos en un playa desértica del Delta, su Delta, y aquel encuentro tan esperado y ansiado había llegado… no hacía más de unas horas que nos habíamos visto por primera vez, mucho habíamos hablado de este instante, compartido la fantasía de un encuentro cómo algo imposible, y al fin, lo habíamos realizado.

Nos habíamos mandado mensajes para llegar hasta este recóndito paraje, yo la esperé, nervioso y aturdido a expensas de que un sueño se hiciera realidad, una playa sin un alma y una duna cómo cómplice de cualquier mirada hacían del lugar un gran paréntesis en el mundo.

Vi llegar su coche, lento y seguro por ese camino de arena, se dirigió hacía mi, y esperé… La vi bajar cómo habíamos hablado, con su camisa negra, sus botones y su escote en V hacían más intenso el momento, unos ajustados pantalones dibujaban sus caderas… que se contonearon ligeramente al venir ha mi encuentro, al tiempo que yo me acercaba. La miré, la sonreí y cómo respuesta a esa ligera y pícara sonrisa que se dibujo en sus labios al verme, y sin más preámbulo que el silencio, deposite un ramo de besos en sus labios, a lo que ella respondió entreabriendo los suyos, y uniendo nuestras lenguas en un húmedo encuentro, después un – ¡Hola!- fueron las primeras palabras que nos dijimos, ahora sí, el uno frente al otro.

Tomando su mano, paseamos por las orillas de ese mar, y charlamos cómo niños nerviosos, hasta que de nuevo nuestros labios, buscaron su fuente de ternura y deseo, se volvieron a unir, en un frenético deseo, desencadenado por las mil y un caricias aún no recibidas pero si deseadas.

Nos levantamos para dirigirnos al coche, y allí, entramos en su asiento de atrás, jugamos como niños, besándonos y acariciándonos, tocando cada centímetro de nuestra piel, buscando y descubriendo el deseo, el placer, lo prohibido…

Ella se sentó sobre mi, aún vestida, cerraba sus ojos entregándose a mis besos, mis manos buscaron por su cintura el tacto de su piel, sacando su camisa y dejando su cuerpo al descubrir de mis manos… Se agitaba, se movía excitada a lo que yo respondía con el acompañar de mis caderas, nuestros sexos unidos se frotaban, aún con el límite de la ropa, comencé a desabrocharla su camisa, y esa respondió con el mismo gesto, abriendo los botones hasta poder ver su sostén negro, cómo a ella la gustaba estar… Deposité mis labios en sus pezones, sobre su sostén, sus gemidos aumentaron de intensidad, su agitación fue el comienzo de una tempestad y mi frenética búsqueda del placer.

Desabroche su sostén, su pecho quedo al aire, entre esa camisa y mi cuerpo, ella en un rápido gesto se deshizo de la mía, dejando mi torso desnudo y pudiendo de esa forma unir nuestra piel, piel contra piel, y sus manos buscaron en mi pantalón aquella parte de mi que delataba mi estado. Sin duda, en unos instantes rápidos y ardientes quedamos semidesnudos, y la única segunda piel que nos cubría, era su camisa negra que mantenía aún puesta, pero completamente desnuda.

La recosté contra un lado del asiento de atrás como pude, para poder arrodillarme ante ella y poder beber de su flor, de sus jugos ahora efervescentes en el instante de la pasión, su manos se enredaron en mis cabellos, sus caderas se movieron sutilmente en un primer instante, y más agitada cuando suspiro, un – ven- y mi boca permanecía pegada a su sexo, a su flor, saboreándolo, alimentándome de él… ella se volvió más agitada, se movía más frenéticamente, buscaba el placer que le proporcionaba mi beso en su sexo… hasta el éxtasis.

Suspiró, y me hizo que la incorporara, ahora era ella la que deseaba regalarme su entrega, y se apresuró a lamer y mordisquear ese tallo erguido, deseoso de ser mimado y acariciado por el sueño de este encuentro, mis jadeos fueron en aumento, mis suspiros en crechendo, mi nerviosismo a punto de estallar, y ella, lo advirtió, se incorporó y me miró, acaricié su rostro, su cabello, y se sentó sobre mi, cómo hacia un instante habíamos estado, rozando nuestros sexos por encima de la ropa, ahora sin ella, en un gestó dulce, mi verga entro en ella y nos tomamos… su pasión se desencadenó, sus caderas se movieron a una dulce y encantadora rapidez que hacían que mis ojos y mis manos no dieran abasto para poder acariciarla toda, …

La miraba mientras nos amábamos, la miraba mientras nos teníamos, la susurré mi deseo, mi felicidad por estar a su vera… a lo que ella respondió con más pasión. El asiento se nos hacia pequeño, quizá era incómodo, pero en este instante era el mejor lugar donde podía estar, la volqué de lado, para poder ponerme sobre ella, y poder amarla, tenerla, cruzó sus piernas por detrás de mis nalgas, acariciando las mismas con sus manos, mis movimientos se hicieron más rápidos, más entregados para poder entrar en la profundidad de su jardín y así casi tocar su alma, cerró los ojos y se dejó ir al son que ambos explotamos en un gran suspiro… de éxtasis.

La recosté, nos sonreímos, y nos besamos, estábamos felices y sabíamos que ese era el principio de un camino…

Salió del coche para vestirse, y al recostarse sobre el mismo, la miraba… la volvía a desear y… Nos volveríamos a encontrar…

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Escrito por Marqueze

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