EN LA NIEVE

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No había visto a Fran desde el fin de semana en la casa de campo, estaba ansiosa por volverme a perder entre sus brazos, dejar que ese deseo, nos envolviera, hasta consumirnos

Llevaba meses anhelando sus caricias, aquel fin de semana había marcado mi vida y para bien, por fin había superado la ruptura con mi novio, y tenía un futuro lleno de ilusiones. Fran y yo nos íbamos viendo a través del msn, pero eso no nos era suficiente así que decidimos pasar las navidades juntos en una estación de ski, invitamos a mi prima Laura y a Juanjo a que pasaran la navidad con nosotros perdidos en la montaña, en un pequeño albergue, alejado a unos pocos kilómetros de la estación de ski para que la multitud no nos molestara.

El día 24 Laura y Juanjo me pasaron a buscar con el coche, yo estaba preparadísima, mi prima se rió al verme bajar las escaleras con semejante maleta enorme, estaba llenísima sobretodo de ropa interior preciosa que había adquirido de tiendas on-line asesorándome de los gustos de Fran, quería estar perfecta, la verdad es que mi vestimenta que había elegido no era del todo cómoda para ir a una estación de ski una minifalda de cuero con un conjunto con liguero también de cuero negro, muy provocadora toda de negro, Laura no me quitaba los ojos de encima, ella se sentó conmigo en la parte trasera del coche, mientras Juanjo nos llevaba hacia la estación de ski era un trayecto bastante largo, era una estación situada en la sierra de Madrid, así que teníamos de 6 a 7 horas de trayecto largo y tenso.

Yo estaba excitadísima por poder volver a ver a Fran, Laura no me quitaba los ojos de encima, parecía que me desnudara con la vista, la verdad es que a ella tampoco la había olvidado, pero era mi prima, conforme pasaban las horas en el coche no podíamos apartar los ojos de nuestros cuerpos, al final las manos se nos acabaron escapando, nos empezamos a besar apasionadamente en la parte trasera del coche mientras que Juanjo nos miraba desde el espejo del retrovisor, el coche tenía la calefacción puesta e íbamos por carreteras secundarias, así que era difícil que nos observara alguien, nos despojamos de nuestras ropas, y dejamos que nuestros cuerpos hablaran por nosotras, nos devorábamos la una a la otra con mucha pasión saboreando nuestros flujos, dejándonos llevar por esa pasión casi animal que no nos dejaba estar quietas.

De repente Juanjo dijo: -Chicas no quiero alarmaros pero hay un policía y me hace señales para que detenga el coche, nosotras no le hicimos ni caso y seguimos en lo nuestro, el policía le llamaba la atención por ir demasiado rápido, y le dijo como quiere que vaya con este par de leonas que llevo detrás, nosotras seguíamos con lo nuestro y el policía nos picó a la ventanilla, Laura y yo volteamos la cabeza para ver al policía, el cual sonreía con una cara de deseo descomunal cosa que nos dio morbo a las dos, así que le abrimos la puerta del coche y le dijimos las dos, con voz muy sensual señor agente no tiene usted frío, ¿quiere pasar dentro?.

El policía no se lo pensó dos veces, se sentó entre las dos y nos sacó su enorme verga, Laura y yo nos abalanzamos sobre ella, nuestras lenguas se buscaban ansiosamente, el policía empezó a gemir de placer y Juanjo no nos quitaba el ojo de encima desde el retrovisor, nosotras no parábamos quietas, una le mordía los huevecillos y la otra le comía la verga, Laura y yo estábamos bien compenetradas aunque evitábamos tener sexo por pudor, a las dos nos resultaba violento, pero en el fondo nos atraía mucho, solo nos dejábamos llevar en situaciones, pero ahí estábamos regalándole una buena mamada al señor policía que estaba apunto de estallar, dentro de la boca de Laura, le metí el dedo en el culo y el policía estalló en un santiamén Laura me dejó probar el gusto del policía de sus labios besándonos apasionadamente, saboreando aquel sabor nuevo para las dos, el poli sabía muy bien, él se quedó exhausto en el coche.

Cuando se repuso, sonrió a Juanjo y le dijo menudas leonas, si me descuido me dejan seco, Laura y yo nos dirigimos al policía, invitándolo a que viniera con nosotras, él no acababa el turno hasta las 8 de la tarde, así que le dimos las indicaciones para que se reuniera con nosotras a la noche, ambas nos quedamos con las ganas de saborear suculenta verga de otra forma. Él aceptó y nos pidió los números de móvil por si no encontraba el lugar, ya que no estaba ciertamente en la estación de ski.

Retomamos el camino, Juanjo seguía al volante, mientras que nosotras seguíamos jugueteando con nuestros cuerpos, empecé a lamer los pezones de Laura, siempre me sabían tan bien, me encantaba tenerlos entre mis labios mordisquearlos y notar como poco a poco se iban endureciendo, igual que los míos al notar como las manos de Laura los acariciaban suavemente, la verdad es que Laura y yo nos habíamos encontrado en alguna que otra fiesta con amigos, pero en el coche nos deseábamos más que nunca, no se si era el calentón del momento, o el calentón de la emoción de reencontrar a Fran, las horas fueron pasando y Juanjo nos pidió que nos vistiéramos que íbamos a bajar para comer, sin darnos cuenta había pasado medio trayecto entre caricia y caricia.

Nos vestimos y paramos a comer en Teruel, fuimos a un bar situado en la plaza del pueblo, Laura y yo después de tanto ejercicio teníamos muchísimo apetito, nos comimos un par de bocadillos de jamón de Teruel enormes, Juanjo nos observaba sonriente, como devorábamos los bocadillos, con la misma pasión que instantes atrás ambas devorábamos la verga del policía. Después de comer nos pusimos nuevamente en ruta pero al llevar el estómago lleno a ambas nos entró el sueño y nos quedamos dormidas apoyada la una en la otra.

Cuando abrí los ojos ya estábamos llegando a la estación de ski, estaba nerviosa, tenía tantas ganas de ver a Fran, le había anhelado tanto que no podía dejar de imaginar todo lo que íbamos ha hacer, me moría de ganas de estar con él en la cama, ya eran las 7 de la tarde la hora que más o menos habíamos quedado con el en el bar de la estación de ski, al entrar al bar estaba allí apoyado en la barra, tan guapo como siempre, me abalancé sobre sus brazos dándole un cálido beso, Laura y Juanjo sacaban las maletas del coche, salimos del bar, cargamos los trastos en unas motos de nieve y Fran nos guió hacia el refugio, era prácticamente de noche, el frío se hacía notar en mis piernas, quien me mandaría meterme la minifalda de cuero, aunque valía la pena Fran no paraba de mirar hacia mi, como la mini era tan corta al estar subida en la moto nieve dejaba entrever la goma de las medias y las cintas del liguero.

En diez minutos llegamos al albergue era una pequeña casita con dos habitaciones y un salón, con una gran chimenea con el fuego ya encendido, Fran había ido antes a preparar la casa, estaba preciosa, había una habitación para cada pareja preparada a todo detalle, Fran cogió mi maleta y la llevó a nuestra habitación, entre con él en la habitación, me acostó sobre la cama y con su dulce voz me dijo me haría entrar en calor, empezó a acariciar mis piernas heladas como si fuera la primer vez que las tocaba, con una delicadeza con la que nadie las había tocado antes, desató las medias del liguero, me sacó las botas, y empezó a sacarme las medias mojadas por la nieve que saltaba de la moto hacia mis piernas, besaba con sus cálidos labios cada milímetro de piel que iba descubriendo con una dulzura indescriptible, mis flujos empezaban a fluir gracias a sus expertas manos.

Mi prima asomó la cabeza en la habitación, pero desapareció para no molestar, yo me dejé guiar por las manos expertas de Fran, que me iba despojando de toda mi ropa, me cogió en brazos, abrió las sábanas y me colocó dentro, se sacó su ropa y se metió entre las sábanas desnudo, me abrazaba con ganas, me besaba con pasión, estábamos sedientos el uno del otro, él se colocó sobre mi penetrándome suavemente, había soñado tantas noches tenerlo sobre mi que ya no sabía separar la realidad de mis sueños, acariciaba su espalda mientras que su cálida verga entraba dentro de mi, cada vez más adentro sacándome el frío del cuerpo y dándome calor, sus manos empezaban a

acariciar mis pechos y yo acariciaba sus duros glúteos, como le había echado de menos, me habían parecido eternos estos meses sin él.

Esto no era un encuentro simplemente sexual, no estábamos follando ni dejando ir nuestros instintos, nos estábamos haciendo el amor, cosa que nunca antes había diferenciado el amor del sexo, esto era casi un encuentro cósmico, cada caricia parecía un regalo de los dioses, nos acariciábamos como si nunca lo hubiéramos hecho, como si fuera la primera y única vez que lo hacíamos, Fran empezó a mordisquearme el cuello, y mil escalofríos recorrían mi cuerpo dándome placer, sentía su verga cálida dentro de mi como se iba abriendo camino en mi, suavemente sin apresurarse, teníamos todo el tiempo que queríamos, para gozarnos y disfrutarnos.

Fran intentaba alargar al máximo su orgasmo mientras que yo era incapaz de contenerlos mi cuerpo se iba contorsionado a cada movimiento de su verga dentro de mi, al final un chorro de leche cálida me invadió, llenándome de calor. Nos quedamos en la cama abrazados, notando las convulsiones de nuestros cuerpos unidos.

Fran me sacó la ropa de la maleta para que me vistiera, nos vestimos y salimos fuera de la habitación, mi prima no estaba en el albergue con Juanjo habrían ido a dar una vuelta, Fran y yo nos fuimos a la cocina a preparar la cena para todos, habían botes de caldo ya preparado y pasta así que preparemos una sopa, y pollo al horno, preparamos la mesa y al ratito entró mi prima y Juanjo con el poli que habíamos invitado, preparé un plato más ya que comida había de sobra, cenamos todos juntos, charlando, el poli contaba anécdotas de sus patrullas en las travesías solitarias, pero ninguna como la que le había sucedido aquella mañana, a Fran no le hizo mucha gracia lo de tener al poli dentro de la cabaña, más que nada por que no tenía ganas de compartirme, llevaba mucho tiempo sin tenerme.

Después de cenar Fran y yo salimos a dar una vuelta, mientras que mi prima jugueteaba con el poli y Juanjo, Fran me había regalado un abrigo de plumas muy cálido allí donde estábamos el frío era casi glacial, empezamos a pasear a la luz de la luna alejándonos cada vez más de la casa, se veía pequeña, estábamos sentados en un tronco helado por la nieve que lo cubría Fran sacó una manta que llevaba en la maleta para que no estuviéramos tan helados y la tiró sobre el tronco y el suelo, nos acomodamos en el suelo con la manta no se notaba tanto el frío, la verdad es que el paisaje tenía su encanto, ver como la blanca nieve brillante por la luz de la luna, las estrellas del firmamento eran maravillosas, Fran empezó a besarme apasionadamente.

El lugar era un buen lugar para dejar volar nuestros instintos, Fran abrió mi abrigo cuidadosamente mientras me besaba y me despojó de él sin que me diera cuenta, la verdad es que empezaba a tener mucho calor, la pasión iba saliendo a flote, empezamos a quitarnos la ropa que en aquel momento nos estorbaba besándonos acariciándonos, deseándonos, sintiendo el frío de la nieve que se derretía bajo nuestros cuerpos, el frío no nos impedía saborear nuestros cuerpos con deseo, la verga de Fran no perdía consistencia con el frío estaba enorme, espléndida totalmente erecta, no pude reprimir mis deseos por saborearla, la acerqué a mi boca la saboreé durante unos instantes gozando de ese sabor característico que anhelaba, era realmente deliciosa, incluso más de lo que recordaba mi piel se estremecía por el frío.

Fran me cobijó entre sus brazos mientras que su verga buscaba donde cobijarse, me penetró, con ansias notando su cuerpo junto al mío contrastando la calidez del cuerpo de Fran y la del gélido clima que hacía, la nieve derretida se mezclaba con mis flujos, el frío se hacía notar, pero no podíamos dejarlo a medias así que nos apresuramos por terminar, el frío era casi insoportable a esas horas, Fran se corrió. Nos vestimos apresuradamente y nos volvimos a la casa tiritando, del frío que habíamos cogido. Al llegar a la casa todo estaba en calma, así que decidimos acostarnos, no teníamos prisa pasaríamos varios días en aquella casa. Fran me abrazó casi toda la noche me sentía tan bien refugiada entre sus brazos que todo era especial esa noche para mi.

Fran se levantó antes y me llevó el

desayuno a la cama, un chocolate deshecho calientito, con galletas, la verdad es que era la mejor forma de despertarse. Al levantarme estaba todo el árbol lleno de regalos con tarjetas, parecía que había pasado Papa Noel, mi prima tenía muy buena cara seguro que se lo había pasado genial con el poli, aunque no sabía donde se había metido el poli no lo había visto desde que me levanté, pero tampoco me preocupaba mucho. Fran empezó a repartir los regalos, mi prima se había encargado de colocar los regalos que yo había traído así que estaba tranquila. Fran me acercó un regalo enorme era como una caja dura, era difícil averiguar lo que era, lo abrí con tranquilidad, era como un maletín metálico, al abrir el maletín me encontré con un conjunto de vibradores de todo tipo, mi cara debía pagar estaba verdaderamente sorprendida, a mi prima Fran le regaló otro conjunto de vibradores más sencillo que el mío, había de todo entre los regalos arneses, conjuntos de ropa interior, parecía que entre Fran y Juanjo se habían puesto de acuerdo para traer medio sex-shop si en cambio los regalos que habíamos traído Laura eran más normales, colonias, ropa vamos lo típico.

Laura y yo nos mirábamos ansiosas de probar esos juguetes, nos abalanzamos la una sobre la otra, Juanjo y Fran nos miraban asombrados, nosotras nos devorábamos con ansias mordiéndonos los pezones, besándonos apasionadamente, nos pusimos a hacer un 69 la una a la otra saboreándonos lentamente, observábamos a nuestros chicos como nos miraban con cara de perros degollados y eso aún nos excitaba más, procedí a insertar uno de los vibradores dentro de mi prima, ella empezó a gemir levemente y empezó a penetrarme a mi con uno, la verdad es que era una sensación muy agradable, ambas empezábamos a gemir al unísono, gozando de los regalos que nos habían hecho, ellos nos observaban anonadados sin perdernos de vista, al final caímos rendidas de un orgasmo fulminante, quien nos iba a decir que esas pollas de plástico iban a tener ese efecto tan real sobre nuestros cuerpos

Cuando nos recuperamos Juanjo se abalanzó sobre mi prima, impaciente, estaba hecho un toro, la puso en 4 patas y empezó a embestirla a lo bestia, vi uno de los arneses, y Fran me lo acercó, me ayudó a ponérmelo, y penetré a Juanjo por detrás, con la misma brutalidad que él penetraba a mi prima, Fran no pudo resistir la tentación de verme a 4 patas y también me penetró por detrás, nuestros gemidos se mezclaban con los ruidos de la naturaleza que nos rodeaba, no se como lo conseguimos pero todos llegamos al orgasmo a la vez, acabamos tendidos sobre la alfombra temblorosos, abrazados unos a los otros.

Preparamos la comida, recogimos un poco el salón…. Aquel día fue un día muy largo, jugamos como críos, disfrutando de nuestros cuerpos al máximo, fue la navidad más blanca y más cálida de toda mi vida, decidimos volver a la casa de campo para fin de año, y montar una buena fiesta para entrar el nuevo año con buen pie así que no desesperéis, muy pronto volveréis a leer, cosas sobre Fran, Juanjo, mi prima y yo así que a tener paciencia…

Autor: NaXa^_^

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Escrito por Marqueze

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