EN TU LUGAR ESTA DANI

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Querido Jaime:

Aún siento cosquilleos en la vagina cuando recuerdo lo que pasó el otro día… con Dani.

Te echo de menos y te necesito como el aire que respiro o como el sol que me ilumina, pero no estás. Nunca estás.

Y Dani si…

Sé que me entrego a él de una forma irracional, pero qué quieres que haga. Cuando estoy con él cierro los ojos y estoy contigo.

Creo que vale la pena, y además yo…

Yo…

¿Por qué no empezamos desde el principio?

Esa noche había quedado con mi amiga Sara, pero me dejó plantada. Y allí estoy yo, sola, de noche, en medio de ninguna parte y relativamente cerca de casa de Dani. Sabes que él y yo nos llevamos bien, y que se comporta conmigo a pesar de que hemos terminado. Así que pensé que quizá podría llevarme a casa. Cuando abrió la puerta y me vio allí se sorprendió, pero antes de que dijese nada le espeté.

-Me he quedado tirada. ¿Puedes llevarme a casa?Esbozó media sonrisa y me dijo -Claro, espera a que me cambie de ropa.

Pasé al salón y me dejé caer sobre el sofá, junto al mando. Dani había estado viendo el fútbol, pero yo lo odio, y empecé a hacer "zapping"…

Fútbol, fútbol, más fútbol…una porno y…más fútbol.

Opté por la porno. Ya sabes como odio el fútbol.

Estaba encantada viendo aquella orgía de sexo y fiesta cuando Dani apareció detrás de mí.

-¿Qué haces?¡¡Menudo susto!! El mando salió disparado y me llevé las manos a la boca para ahogar el grito.

Dani empezó a reírse y dijo: -Pero que guarrilla -Se sentó a mi lado a ver la peli conmigo y preguntó- ¿Qué tal está? -Bueeeeeeno…las he visto mejores- contesté.

Nos quedamos en silencio mirando la pantalla, con todas aquellas imágenes de sexo explícito, mujeres jadeantes y hombres a punto de correrse sobre ellas…

De repente Dani alargó la mano y empezó a acariciarme. Estaba muy cachonda por culpa de aquellas imágenes e inconscientemente separé un poco las piernas, dándole permiso para que hiciese lo que quisiera. Las acariciaba, las recorría de arriba a abajo y yo las abría y las cerraba un poquito para jugar con él.

Pero pronto se dio cuenta del juego y al enterarse tomó mi mano y la llevó a su paquete. Lo tenía hinchado, y por encima de esos vaqueros tan ceñidos podía notar su tamaño, y cómo iba en aumento.

Joder Jaime. Aquello me puso a mil…Cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás, ofreciéndole mi cuello.

Pero él se levantó, me miró y dijo.

-Nos vamos.

– ¿A dónde? ¿A casa?-pregunté.

-No. Nos vamos a la cama.

Y dicho esto tiró de mí y me levantó del sofá. De camino a la habitación se puso detrás de mí, agarrándome de las caderas y acercándome a su paquete. Lo sentía duro y estaba justo en mi culito, y no pude evitar echar mano hacia atrás y palpar. Mmmmmm, que bueno…y es todo para mi, pensé. Dani empezó a empujar para que siguiese andando, y vi que ya estábamos justo delante de la puerta. Esto debió excitarle mucho, porque empezó a sobar mis tetas por encima del jersey y a besarme el cuello mientras yo seguía andando, y así entramos en la habitación.

Encendió una de las lamparitas de la mesilla de noche y se dio la vuelta. Yo le miraba, sonrojada como siempre, y él no paraba de sonreír.

Se acercó a mí y me quitó las gafas suavemente, para después acariciar mi mejilla y fundirnos en un beso con lengua, salvaje, mordiéndonos los labios y peleando por ver cual de los dos llegaba más hondo en la boca del otro.

Aparté la cara medio riéndome.

-No sé que hacer, le dije. Estaba aturdida, me sentía como si fuese virgen otra vez, y me asaltaban las dudas. Pero él si sabía lo que había que hacer. Me quitó el je

rsey y yo me quedé con la camiseta de tirantes y con el sujetador, y él empezó a besarme, a acariciar mi espalda con su mano, bajando hasta mi culo y agarrándolo fuertemente. Sus manos subieron hasta el sujetador y lo desabrocharon y acto seguido se separó de mí para intentar quitarme la camiseta, pero yo no estaba dispuesta.

-No…-susurré, y aparté sus manos de mi cuerpo, desviando la mirada.

Dani se lo tomó con calma.

-¿Te vas a portar bien?Me quedé en silencio, mirándole, y volvió a intentarlo. Esta vez no hice nada y Dani me quitó también el sujetador, creo que por si acaso luego cambiaba de opinión.

Mis tetas quedaron enfrente de su pecho, y él sonrió, me agarró de los hombros y me lanzó sobre la cama.

-Vas a ser mía, dijo.

Fue entonces cuando se echó encima de mí y empezó a besar mis tetas, a acariciarlas, a morder dulcemente los pezones y tirar de ellos, para después soltarlos y darles un par de lametones, como si fuese un perrito. Estaba empezando a ponerme excesivamente cachonda y aún más cuando bajó una de sus manos hasta mi muslo y empezó a acariciarlo, subiendo despacito hasta mi entrepierna y frotándola con toda su mano.

En ese momento decidí que me tocaba a mí.

Le di la vuelta y me puse encima de él, besándole la boca y quitándole la camisa, para después sentarme sobre su paquete y gritar. "Arre caballito"Empecé a montarme a Dani a través de su ropa, y de vez en cuando él cerraba los ojos y suspiraba fuertemente, mientras yo sentía como entre mis piernas su polla iba creciendo más y más hasta casi reventar ese pantalón vaquero ceñido que tanto me gusta.

Pero bueno Jaime, ya sabes cómo es. Nunca me deja divertirme, y cuando se cansó del juego me tumbó en la cama, se puso de pie y me arrancó los pantalones.

Se dio la vuelta para tirarlos por ahí y cuando se giró para mirarme se encontró con un regalito.

-Sorpresa- le dije- llevo un tanga que se desata.

Me miró con cara de vicioso y se acercó a mí, con la boca entreabierta. Mordió suavemente el cordelito y tiró de él, y al instante se desató dejando libre y a la vista mi coñito siempre depilado.

Dani sonrió y antes de que me diese cuenta ya lo tenía entre mis piernas, lamiendo mis muslos y acercándose peligrosamente a mi coño.

Acabó de quitarme el tanga y se quedó parado.

Levantó la vista; sorprendido.

-¿Te has corrido?Aquello SI que fue una sorpresa. Vale, estaba muy excitada y muy cachonda, pero no me había dado tiempo a correrme. Además, es evidente cuando me corro porque me entero yo, se entera mi pareja y se entera toda la finca. Admitámoslo, disfruto del orgasmo como de una buena taza de chocolate.

-No… Sabes que grito pidiendo compasión cuando me corro, respondí avergonzada.

Puso cara de "vale qué le vamos a hacer", y siguió con lo que estaba.

Separó mis piernas suavemente y comenzó de nuevo a jugar con mis muslos, lamiéndolos, pellizcándolos suavemente, haciendo dibujitos con su lengua, y subiendo poco a poco hasta la piel que forma mi chochete. Puso los labios sobre mi rajita y la frotó con ellos.

Ya te puedes imaginar cómo estaba en este momento. Mojada, abierta de piernas y a punto de pedirle a gritos que me follara salvajemente, pero Dani se lo toma todo con calma. Me miró a los ojos y sacó la puntita de la lengua y sin dejar de mirarme la metió entre los pliegues de mi piel. Mmmmmm, casi me corro allí mismo.

Después empezó a mover su lengua de arriba a abajo, por toda mi raja, mientras yo me apretaba las tetas como una descosida, intentando evitar lo que se me venía encima. Fue entonces cuando decidió darme más. Separó los labios con los dedos y buscó mi clítoris con la lengua, pero cuando lo encontró, levanté la pelvis y jadeé.

-Du…Duele.

-Shhhhh…Tranquila.

Aquellas palabras me tranquilizaron y le dejé hacer. Sí, al principio duele un poquito, pero con cada lametón, con cada pasada de su lengua, cada mordisquito, cada vez que lo rodea con sus labios, con cada beso, el dolor desaparece y se convierte en placer. Placer duro y extremo, pues antes de dos minutos ya tenía la pelvis en alto, los ojos cerrados, la mano estrujando la sábana y mi voz suplicando que parase, con la emoción del primer orgasmo.

Jeje… ¿

Te gusta Jaime? Ya sabes lo que pasa cuando tengo un orgasmo. Antes de que me hubiese recuperado ya le había quitado el cinturón y estaba arrodillada delante de Dani, intentando quitarle las botas militares para devolverle el placer que me acababa de dar.

Pero las botas militares no salen fácilmente, y Dani tuvo que sentarse para ayudarme. Se quitó una bota, y después la otra, mientras yo esperaba impaciente.

Cuando trató de quitarse los calcetines le detuve.

-Los calcetines son míos. Y con toda la calma del mundo le quité los calcetines, para después, tomar un pie con mis manos y llevarme el dedo grueso a la boca, dispuesta a hacerle una presentación de lo que pensaba hacer después con su polla.

-No. Dijo él.

-¿No? pregunté, mientras volvía a llevarme el dedo a la boca.

-No -Afirmó él, esta vez muy serio- No me gusta, no puedo soportarlo.

-Bueno-dije yo. Al fin y al cabo, hubiese tenido que hacerle caso, después de lo que acababa de hacer por mí.

Así que me levanté y me acerqué a su paquete, bajando suavemente la cremallera y observando aquel espectáculo. Si hay algo que me gusta y que me excita sobremanera es, sin duda, este momento. El momento de ver una polla enorme intentando salir de ese bóxer tan ceñido que la aprisiona.

-Hola… dije apuntando a su paquete, y acto seguido froté mi mejilla contra él. Mmmmmm podría quedarme horas haciendo eso. Pero Dani no. Se levantó, se acabó de quitar los pantalones y me dijo.

-Siéntate en la cama.

Lo hice y se puso delante de mí. Le miré desde abajo y al ver que sonreía me animé. Acerqué mis manitas hacia la goma y tiré de ella, asomando la cabeza y observando el panorama desde arriba como una niña curiosa.

Ahora la que sonreía era yo y lo hacía como una perra viciosa a punta de caramelo. Mmmmmm, dios, todavía me estremezco cuando lo recuerdo. Podía ver la cabecita de su verga mirándome, casi sonriéndome, esperando para salir a jugar, y no la iba a hacer esperar.

Bajé sus calzoncillos y el acabó de quitárselos para dejarme hacer mi trabajo.

-Primero, se humedecen los labios-dije yo, mirándole para que pudiese ver como me relamía- Después me toma con cuidado y…

Y el resto te lo puedes imaginar. Con una mano le agarraba la polla y con la punta de mi lengua lamía todo el capullo, y después buscaba su agujero y apretaba mi lengua contra él, dándole golpecitos suaves. Después dejé que mi mano empezara el trabajo, arriba y abajo, mientras yo acompañaba con mi boca, apretando, succionando, peleando contra ese pedazo de polla para meterme toda esa carne hasta la garganta.

-Ah… -gimió Dani- Venga, ahora métetela hasta el fondo.

Miré aquella verga un poco asustada, era evidente que no me cabía toda en la boca, pero aún así, me metí la puntita en la boca, agarré las nalgas de Dani y las atraje hacia mí, de forma que el trabajo se hizo solo. Incluso yo me sorprendí. Entro casi toda…19cm. Pero no duré ni dos segundos. Era demasiado, y yo todavía no tenía suficiente experiencia.

A Dani no pareció importarle demasiado. Se apartó, me tumbó sobre la cama y me dijo: -Ahora quiero que la sientas.

Y empezó a metérmela poco a poco, a empujoncitos. El problema era que yo llevaba mucho tiempo sin follar, y me sentía como si fuese mi primera vez. A cada empujón que le daba yo gemía y arqueaba todo el cuerpo, lo que hacía que a él le costase más y tuviese que dar más empujones para metérmela toda. Cuando me relajé y consiguió metérmela hasta los huevos, como a él le gusta, se quedó quieto para que los dos pudiésemos sentirlo. Me gusta esa sensación, es agradable sentirse llena, en todos los sentidos. Pasados unos segundos se retiró y se puso de rodillas a mi lado. Después se tumbó con la cabeza entre mis piernas y empezó otra fantástica sesión come-coños. Fue en ese momento cuando al darme la vuelta vi la polla de Dani justo en mi cara. Jeje… Si quería un 69 sólo tenía que haberlo pedido.

Agarré su aparato con una mano, pajeándole, y con la otra acariciaba sus huevos, despacito, suave, haciéndolos girar en la palma de mi mano, y después empecé a buscar el agujero de su polla. Me encanta ver como se excitan cuando lo chupo y le doy lametones y lo aprieto con

mi lengua.

-Basta- dijo Dani- Si sigues así me voy a correr…

Pero yo no estaba dispuesta a parar, ni aunque él parase. Me encantaba lo que estaba haciendo, me lo paso bien dándole a Dani lo que necesita, sintiendo como jadea y como se estremece, mientras yo succiono todo lo que su verga esté dispuesta a darme.

Quizá por eso no noté que se había cabreado.

Lo primero que percibí fue el sonido, limpio y seco. Después vino el dolor punzante, y por último la sensación de quemazón. Sí, Dani me había pegado una palmada en el culo, y el muy cabrón se había quedado a gusto.

-He dicho que basta… Además, la primera corrida va a ser para tu cara y para tus tetas.

Dicho esto se puso de cuclillas sobre mi pecho y empezó a pajearse frenéticamente, mientras yo le decía que era su putita y que quería ver su leche en mi cara.

Joder Jaime. Ahora sí que estaba cachonda. Tanto como para acercar mis labios a la punta de su polla, justo en el momento en que se corría.

Me pilló desprevenida, y por eso lo recogí todo en la lengua. Ni siquiera fui consciente de lo que había echo hasta que lo sentí bajando por mi garganta.

-Humm, creía recordar que era dulce, y no salado- dije confusa mientras me relamía los labios.

-Jajaja- Dani no paraba de reírse, el muy cabrón. Podía haber avisado.- Ahora vuelvo. No te importará que fume ¿no? Es por no perder las buenas costumbres.

-No, no… Adelante.

Él se marchó y yo me acomodé en la cama, todavía con el gusto de su corrida en la garganta. Caliente, salado… era una sensación extraña. Cuando volvió se sentó a mi lado y se puso a fumar tranquilamente. Yo le miraba, recostada sobre mi cuerpo, y me di cuenta de que a pesar de haberse corrido mantenía una semi-erección.

Me reí bien a gusto. Caray con Dani, siempre tiene ganas de más. Empecé a sentirme mimosa y cansada y cerré los ojos. Necesitaba un pequeño descanso. Dani se dio la vuelta y me dijo.

-No te me vayas a dormir, ¿eh? -No, tranquilo, dije sin abrir los ojos y suspiré profundamente.

Parecía que no acababa nunca de fumar, así que me levanté y empecé a jugar. Le abrazaba desde atrás, le besaba las orejas, los hombros, acariciaba y observaba su espalda como si fuese la primera vez que le veía… Era feliz, después del polvazo que acababa de echar ya me podía morir.

Seguía acariciándole, ahora con más ganas, frotando su polla desde atrás, intentando agarrarla con las manos para ponerla dura, y él se dio la vuelta y empezó a comerme las tetas. Pero ahora yo quería jugar y divertirme, y las tapé con mis manos, poniéndole difícil el acceso a ellas. Me miró con cara amenazante, y me dijo.

-Aparta las manos.

-No quiero.

-He dicho que apartes las manos.

-NO, respondí medio riéndome.

Dani sonrió también, pero empezó con el juego sucio. Se lanzó a por mi cuello, y ya sabes como me excita eso. Mis manos salieron disparadas hacia su nuca y hacia su espalda y así mis tetas quedaron libres para que pudiera comérselas tranquilamente. Parecía que realmente quería comérselas, porque las mordía con ansia, sin darme ni siquiera un mínimo respiro, y yo me excitaba hasta que me daban escalofríos. En apenas unos segundos, mis pezones estaban apuntando a Marte y mi chochete lleno de líquido preparado para lo que fuese. Aún así, y por si acaso, Dani decidió comerme el coño una vez más…

Esta vez, yo estaba relativamente relajada y le miraba a los ojos mientras lo hacía. Él me devolvía la mirada sin dejar de sorber todo lo que salía de mi cuerpo, y yo me excitaba con eso.

-Que cabrón, lo hace mirándome a los ojos el muy cochino, jeje…

No debí decir eso. Se incorporó un poco y me metió dos dedos en el coño, y empezó a moverlos frenéticamente, fuera y a dentro, follándome salvajemente con ellos.

Ahora no podía parar de gemir, cogí su otra mano y me llevé los dedos a la boca, para mamárselos, y se los mordía, y los chupaba, y los rasgaba con mis dientes.

Además, con la mano que me quedaba libre empecé a frotarme el clítoris al mismo ritmo salvaje que estaban marcando sus dedos dentro de mí.

No tardé nada en correrme, esta vez si, gimiendo por favor

que parase, que ya tenía suficiente, e intentaba cerrar las piernas para evitar que tuviese acceso a mi vagina, o al menos, limitar el movimiento de sus dedos dentro de ella. Mmmmmm, me excito sólo con recordarlo.

Bueno, yo ya había tenido más que suficiente, pero Dani no. (Dios mío, es que no se cansa nunca). Se levantó y cogió el preservativo.

-¿Me dejas ponértelo?-pregunté. La verdad es que no quería ponérselo, quería hacerle una paja pero no me dejó hacerlo.

-No, que lo rompes.

Así que se lo puso el mismo y volvió a ponerse encima de mí. Yo separé un poco las piernas y él preguntó.

-¿Cómo lo quieres? ¿Suave o salvaje? -Empieza poquito a poquito, y luego ya veremos

¿Sabes Jaime? No sé por qué se tomó la molestia de preguntar si después siempre hace lo que le sale de los cojones.

La introdujo toda de una vez, pero suave, sin golpes ni empujones, fue abriéndose paso dentro de mí poco a poco, de forma fluida. Pero una vez dentro empezó a follarme salvajemente, casi a la misma velocidad que sus dedos… fascinante.

Después de un rato así le dije que quería cambiar, que quería probar otra cosa. Pero el siguió a lo suyo, y me vi obligada a incorporarme, a apoyar la mano en su hombro y a empujarle hasta que yo quedé encima de él.

-Jejeje….-Dije- Gané. Me miró sin decir nada y yo decidí jugar un poco. Puse morritos de niña pequeña, empecé a pasarme el dedo por el pelo, haciéndome remolinos y le dije con voz de niña mimada.

-¿Me enseñas a montar pollas?

Ahora si que se reía. Levantó mi pelvis, agarró su polla y dejó que yo me la metiese. Después me pidió que me dejase caer sobre él, y él hizo el trabajo. Me bombeaba fuerte, apretándose contra mi cuerpo, y yo creía morirme, hasta el punto de quedarme quieta agarrándome a la sábana y nada más. Ya me daba igual todo.

Pasado un rato se cansó y me hizo desmontar.

-Bueno, ya has probado otra cosa, que era lo que querías. Ahora me toca a mí. A cuatro patas.

-Ni hablar, le dije yo, asustada, casi con un hilito de voz.

-A ver, -dijo con calma.- ¿Quién es el que manda aquí?Ante la amenaza de que volviese a pegarme me di la vuelta, me recosté sobre la cama ofreciéndole mi cuerpo y supliqué.

-Por el culo no, por favor…

Estaba muy tensa y la posición no era precisamente cómoda, y fue él el que me tranquilizó.

-Tendrás que guiarme porque desde aquí no veo.

Le miré por encima del hombro, él acercó su polla y empezó a frotarla por mi culo y fue bajando hasta mi rajita. Cuando sentí que estaba en el sitio adecuado le dije.

-Ahí, empuja.

Dios mío Jaime. Nunca había sentido nada igual. Fue increíble. Estuve a punto de correrme sólo de sentir como entraba hasta el fondo de mi coño, estimulando todas las paredes, rozando el punto "G", el punto "A", el "B",el "C" y todo el puto abecedario, haciéndome gemir de placer, casi me muero allí mismo, después de eso le hubiese dejado darme por el culo y cualquier otra cosa que me hubiese pedido, fue demasiado.

Sentir como él empujaba, sus rodillas en mis muslos, sus huevos contra mi culo, sus manos recorriendo mi espalda, agarrándome del pelo. Pero lo mejor fue cuando se dejó caer sobre mi, mientras seguía dándome y me mordía el hombro.

Mmmmmmmm, estoy a punto de correrme ahora mismo mientras lo recuerdo y lo escribo.

Tuve que parar. Me puse de rodillas, tal y como estaba Dani, me apoyé contra él y tomando una de sus manos lo llevé a mis tetas, después le cogí la otra y la llevé hacia mi rajita para que me masturbara. Además, me aparté el pelo para ofrecerle mi cuello, y giré la cara para verme en el espejo.

Dani empezó a hacer lo que le mis manos le habían pedido, pero se quedó parado al ver que yo no reaccionaba. Giró la cabeza y vio como me miraba en el espejo, mientras él recorría mi cuerpo con sus manos. Nos quedamos mirándonos en el espejo, parados. Yo con el pelo alborotado y la piel sonrojada por la excitación y el tomando mi cuerpo con sus manos.

-¿Sabes? esta era una de mis fantasías eróticas -le confesé- Yo, el espejo, y tu sobándome mientras nos miramos.

Creo que no le hizo

nada de gracia. O eso, o quería acabar lo que había empezado antes. Me empujó tan fuerte que casi me golpeé la cara contra el cabezal de la cama, y empezó a meterme su polla por detrás, sin parar, agarrándome de las caderas y apretando con todo su cuerpo. Parecía que se lo estaba pasando bien, mientras que yo no me atrevía ni a moverme. Sin saber muy bien cómo, me la sacó y me dio la vuelta. Estaba fuera de sí, descontrolado, y aunque al principio me dio miedo, por algún motivo aquella muestra de salvajismo hizo que me excitase muchísimo, y de mi raja salía tanto líquido que aunque empezó a follarme como una bestia ni siquiera me dolía. Es más, levanté las piernas y le rodeé con ellas, apretándole contra mi, mientras le decía que no me hiciese daño, que me había portado muy bien, y que dejase de follarme así que me iba a partir el coño y seguro que alguien se daba cuenta.

Mis manos recorrían su espalda, y las bajé hasta su culo, jugando con él, apretándolo y arañándolo, pero Dani no estaba dispuesto a jugar más. Quería follarme y punto, se acabó. O al menos eso parecía, porque me agarró de las muñecas, las puso al lado de mi cabeza y siguió metiéndomela como si nada. Aquello parecía una violación.

Se quedó quieto, mirándome, y yo no me atrevía a hacer nada. Sólo podía respirar fuertemente, casi jadeante, como las mujeres de la peli porno que acabábamos de ver hacía un rato. Poco a poco, fue aflojando mis muñecas, y volvió al ritmo desenfrenado de antes. Empezamos a besarnos como locos, casi comiéndonos, sus manos agarrándome de los hombros y empujándome hacia abajo cada vez que me la metía, mis manos recorriendo su espalda, mi boca mordiendo su hombro, ahogando los gritos de placer del orgasmo que nos llevaba a los dos. Estábamos como poseídos, follando como bestias, más y más deprisa, hasta que nos corrimos a la vez, mientras él daba sacudidas fuertes y rítmicas para vaciar todo el semen y yo le arañaba la espalda presa de la locura.

Intentó levantarse enseguida, pero mis piernas no se lo permitieron.

-No… -susurré, y le apreté fuertemente contra mi cuerpo. Quería sentirlo dentro, estar con él, que no se acabara nunca.

Al final aflojé un poco las piernas y pudo soltarse. Se retiró con cuidado de no dañar el preservativo y fue al baño a deshacerse de el y a arreglarse un poco.

Cuando volvió me levanté, nos vestimos y me llevó a casa.

Es como si no hubiese pasado nada…o lo sería si no fuese porque olvidé mi tanga en su casa.

Tendré que ir a recogerlo algún día….

Autor: Lady Anorts

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Escrito por Marqueze

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