ENCUENTRO CON UN AMIGO DE INTERNET

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Estoy enojada. Si yo fuera adicta al sexo estaría "tirando", si fuera adicta al cigarrillo, estaría fumando; pero como soy adicta al internet, estoy navegando. Ahora se me ha ocurrido contar una historia.

Aquí no hay esa exuberancia que he leído en otros relatos, de pasión animal y otras cosas, que algún día también quisiera vivir. Aquí hay una experiencia de sensibilidad, de excitación vivida entre personas comunes, sexo con caballerosidad y buen gusto. Hace 2 años hice un viaje al extranjero. Otro color de cielo, otro color de hierba y muchas aventuras inolvidables. Allí viajé a encontrarme con un amigo del Internet. Lo conocí en el aeropuerto de allá, más serio y apuesto de lo que yo había percibido en sus fotos y en sus cartas.

No teníamos romance… hasta entonces. Yo tenía el corazón roto y con el corazón roto se hacen muchas locuras. Es un tipo grande, robusto; en ese entonces tenía 28 años. Ese fue mi quinto nepe.

Yo pesaba 50k y soy pequeña, 158 cms. Estaba en vacaciones, los primeros 3 días se nos fueron hablando. Después todo comenzó con pedirme que rascara su espalda. Yo estaba un poco incómoda de tocar esa gran espalda, que después se convirtió en mi juguete favorito, después de su nepe, claro. Pero su piel estaba suave y mis dedos sintieron choque eléctrico que me llegó directo a la parte alta de la espalda, que es el sitio donde siento la excitación junto con mi clítoris. Luego empezó a rascarme la mía. Hay que aclarar que eso no fue todo de una vez, que fue un delicioso avanzar cada vez más, hasta llegar adonde había que llegar.

Al quinto día, mientras conversábamos, empezó a rascarme por encima de la camiseta, pero en el estómago, yo me puse nerviosa y me volteé. Luego metió su mano por entre la camiseta y empezó a tocarme la espalda. Yo no tenía bra, porque me lo quito para dormir y él lo notó pues subió casi hasta mis hombros. Ahí empezó mi pensamiento a dejar de funcionar. Sin embargo, le dije que no siguiera. Preguntó "por qué" y su por qué era un juego. Quería realmente que le dijera lo excitada que estaba, aunque ya lo había descubierto. Volví a voltearme y yo le di un beso, el cual no respondió. Estaba cayendo la tarde. Después de ir a comer, volvimos a la casa y a esa maravillosa cama alcahuete que tiene, de colchón blando y resortes sensibles.

Ahí nos besamos con tanta pasión que yo nunca me había sentido tan excitada antes de ese día. Como dije, mi pensamiento no estaba funcionando bien, pero lo que no recuerda mi memoria, lo recuerda bien mi cuerpo que reacciona intensamente a cada palabra que escribo porque está atada a un recuerdo.

La ropa fue cayendo. Es sencillo decir que sus manos me recorrían, pero hay que estar ahí para sentir unas manos que verdaderamente puedan electrizarle a una. Un simple bajar por los hombros hasta los codos y al subir, levemente rozar un pezón con el pulgar, es una maravilla cuando hay tanta "química", tanto entendimiento en la cama. Su lengua pasando por mi cuello y por mi nuca, me hacía temblar como si hiciera frío. Se echó encima de mí y su peso me empujaba al fondo del colchón sin hacerme daño; en un momento metió sus manos por debajo de mí y ¡zúas! me levantó en el aire y me arrojó a otro lado de la cama.

Fue genial y empecé a gemir como condenada, él lo repetía sin previo aviso, como levantando una pluma y luego se arrojaba encima de mí me besaba de arriba a abajo en dos segundos. Yo parecía un pez recién sacado del agua, saltaba sin control y no podía ni abrir los ojos. Yo era una masa humana llena de electricidad y gemidos que se escapaban involuntariamente, cuando lejanamente escuché "quieres llegar al final". Ahí sí abrí los ojos "¿tienes preservativos?" le pregunté. ¡Dijo que no! ¡Alguien puede imaginarse lo que es estar ahí y que le digan a una que no hay condón! Se levantó de ahí, se vistió, sin mirarme dijo, &qu

ot;ya regreso" y salió.

Yo estaba aturdida. Jamás había tenido tantas sensaciones juntas, a pesar de que ya era el quinto. En ese sentido, quizás era el primero en hacerme sentir aunque fuera el quinto hombre en mi vida sexual. Esperé semidesnuda como estaba, sin moverme. Pasaron algo así como 20 minutos. Cuando escuché el auto me sentí aliviada, creí que estaba enojado y se había ido a quedar en otro lado.

Cuando llegó sólo dijo “me tocó ir hasta muy lejos. Es domingo y todo está cerrado, ¿en qué estábamos?” y en dos segundos ya todo estaba como iba, pero ahora yo estaba feliz porque había preservativo. Se lo puso y me dijo: “súbete”. Yo me quedé quieta, mirándolo, su gran cuerpo y su pequeño nepe completamente erecto. Mi primer amante me decía que yo era mala en la cama, que no sabía moverme y que él se excitaba sólo porque me quería, pero no porque yo hiciera algo por ello. Tuve pánico.

Nos quedamos callados. Cuando se le bajó la erección se quitó el preservativo y me lo echó encima. “No te preocupes. Hay más”, me dijo. Eso me animó de nuevo y empecé a besarlo otra vez. El, pacientemente, me abrazó y empezó a tocarme otra vez, pero esta vez con más ternura, y al subir y bajar por todo mi cuerpo, besándome, se quedó en mi rajita y yo apenas pude agarrarme de las sábanas y gritar de placer. Abrí las piernas todo lo que pude y me dije que no iba a dejar que ese estúpido anterior me frustrara y fue lo último que pensé, porque me abandoné a lo que estaba sintiendo con ese maravilloso desconocido.

Yo creí que no se podía sentir más, pero cuando me subí encima de él y me inserté su nepe, la pasión me vino de golpe. No podía controlar mis gestos, ni mis ruidos y sólo podía moverme de arriba abajo, de aquí para allá, a los lados, al frente, atrás, como fuera necesario para sentir adentro lo que estaba sintiendo. Un corrientazo que me subía por todo el vientre y se expandía por mis brazos. No hacían falta posiciones ni piruetas, había tanta sensación con cosas tan sencillas… Lejanamente me hablaba y yo sólo trataba de decir “¿qué, qué?” De veras no podía entenderle lo que decía. Cuando vio que yo estaba cansada me levantó y me acostó con suavidad. Luego se abalanzó encima de mí y me besaba de nuevo en la boca y en el rostro. Me penetró otra vez y graciosamente se disculpó, me dijo “lo siento, se termina tu diversión, yo ya no puedo más” y aceleró un poco y se quedó tendido encima de mí, recuperándonos de semejante faena.

Lo que siguió después de esa noche, fue un tejido de dominación y juegos de palabras, que son muy interesantes, pero no cabe aquí contar. No nos entendimos como pareja sicológica, pero el sexo era maravilloso. Después empecé a estudiar sus gestos y él los míos y a incluir juegos en nuestras sesiones. Una vez me besó húmedamente del cuello a los pies y después se devolvió soplando encima de mí aire tibio; eso fue increíble, toda la sensibilidad que despierta. Otros días, él se acostaba boca arriba y yo me subía de espaldas en él y abría los brazos… como es tan grande y gordo, yo parecía en el aire mientras él se sacudía y me acariciaba los senos, el vientre, el ombligo, las caderas y, obviamente, la rajita.

Yo tenía frenillos (brackets) en los dientes en ese tiempo y tenía miedo de hacerle daño al jugar con su nepe al hacérselo oral, pero aprendí a hacerlo bien… genialmente bien. Cuando me despertaba primero que él empezaba a lamerle delicadamente hasta que despertaba y me halaba suavemente del cabello y me decía: “no duermes” y yo le respondía: “estaba soñando con hacerte esto, entonces mejor lo hacía despierta” y volvía a mi labor. Me gustaba recorrer despacio su gran volumen de cuerpo con mi lengua. Aprendí que la humedad no es desagradable, sino excitante. Y que yo no era mala amante, sino que el primero que había tenido era un mal profesor.

Fueron cinco semanas que duró mi visita y la despedida en el aeropuerto fue un beso en la frente. Luego dos años de email y de recordar los buenos momentos cada vez que podíamos, hace poco me dijo que no podía cumplir su visita que estaba programada para dentro de dos meses. Y

ayer un amigo suyo, que nada sabía de lo nuestro, me contó que se había juntado a vivir con una chica que recién conoció.

Por eso estoy enojada. Un poco de celos, un poco de envidia, un poco de decepción. Me hubiese gustado mucho repetir, ahora que he tenido algunos nepes más y he mejorado mis técnicas y sobre todo ahora que estoy segura de que de mala amante no tengo nada.

Autor: Sofia Habas

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Escrito por Marqueze

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