Encuentro Fortuito (y II)

encuentro fortuito 2

Lee la primera parte deEncuentro Fortuito

Yo en ese momento estaba cerca de correrme, por un lado quería que botase un poco más para darle toda mi leche, pero por otro sabía que esta ocasión no se iba a repetir en la vida y tenía que aprovechar

-Quiero chupártela

-Seguro que sí, cariño. Tienes ganas de metértela en la boca desde que la has tocado

Se puso de rodillas delante de mí y me ordenó

-Chúpala, mariconcete. Muéstrame la putita que llevas dentro

Como himnotizado seguí sus órdenes. Me tumbé en la cama y me acerqué a su miembro. Su erección ya era considerable. Debía tener unos 12 centímetros. Era muy bonita. Completamente depilada y sin venas. Tenía un poco de líquido pre-seminal en la punta.

Con la mano acerqué la punta a mi boca, saqué la lengua todo lo que pude y le limpié el líquido de un lenguetazo. Ella tuvo un leve escalofrío.

Me metí la cabeza en la boca y empecé a succionar. Ella emitió un leve quejido. Decidí esmerarse. Era la primera polla que chupaba y le iba a hacer gozar a lo bestia. Ensalivé bien la cabeza del glande y la empecé a sacar para darle lenguetazos. Ella empezó a gemir más.

-Qué ganas tenías de comértela, mamón. Cómetela con ganas

Empecé a engullirla más, metiéndomela dentro todo lo que podía y sacándola. Estaba haciendo que me follase la boca.

-Ahhh, cómo te gustan las pollas maricón. Eres toda una putita. No pares, cabrón

Empecé a aumentar la velocidad, viendo como ya tenía una dureza considerable. Yo estaba excitadísimo. Me estaba acariciando mi propia polla, sin masturbarme porque sabía que de un momento a otro me podía correr

-Cuidado con el frenillo!!! Tienes que tener más cuidado, putita

Suavemente me alejó la cabeza y se sacó la polla. Me miró a los ojos y me agarró la barbilla con delicadeza, pero apretando un poco con sus uñas

-¿Quieres pasarlo bien de verdad?

Yo sabía a qué se refería. A algo que temía y deseaba a la vez desde el primer instante en que se la toqué

-Me da un poco de miedo (dije con un hilo de voz)

-Tranquila, putita. Lo voy a hacer muy suave y vas a gozar como la zorra que eres. Me vas a pedir más, te lo prometo. Date la vuelta

Me di la vuelta y me puse a cuatro patas, ofreciéndole mi culo virgen a lo que quisiera.

Ella separó las nalgas con las manos y empezó a lamerme el ano. Me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo y empezaron a temblarme brazos y piernas. Mi erección no bajaba y además ella empezó a acariciarme pene y testículos mientras trabajaba mi ano. Estaba sintiendo más placer que en toda mi vida, creo que hasta estaba saliéndoseme la baba por los labios. Jadeaba para que supiera que me gustaba, porque la cabeza no me daba lugar para mucho más

-Hummm, tienes el culito muy estrecho amor. Hay que hacer un poquito de hueco

Sentí cómo introducía un dedo por mi ano. Supuse que estaba ensalibado por lo frío y húmero del mismo. Siguió acariciando mi pene y de vez en cuando me masturbaba un par de segundos para que no bajase la escitación. Me retorcía de placer.

-Tienes ganas de que te la meta, ¿verdad?

Me moría de ganas, pero no me atrevía a decirlo

-Dilo, mariconazo. Di que lo quieres

-Métemela

-Di que quieres ser mi putita

-Quiero que me la metas, quiero ser tu putita. Quiero que me partas en dos para demostrarte lo puta que soy

-Bien, cariño. Te voy a dar lo que quieres

Se acercó a la mesilla y cogió un bote de lubricante. Me echo entre los cachetes un buen chorro que fue deslizándose por mi ano, perineo y testículos hasta manchar la cama. Estaba muy frío y de nuevo me dió un escalofrío

-No tengas miedo putita, que te va a gustar

Con el culo lubricado introdujo sin problemas los dos dedos y empezó a hacer la tijera para dilatarlo. Me dolía y yo sabía que cuando me la metiese me iba a doler mucho más, pero la excitación hacía que me diese igual. Quería que me la metiese

-Ahora debería meterte un tercer dedo, pero quiero que la notes bien. Hoy va a ser el día que te hagan mujer, y a tí te va a encantar

Sacó los dedos de mi culo. Se puso detrás de mí y me agarró de las caderas con sus manos. Noté la punta de su pene en mi ano y con un suave golpe de cadera me la metió.

Sentí mucho dolor. Pensé que me la abría metido de golpe. Intenté aguantar sin quejarme. No dolía para gritar, pero era bastante doloroso.

-Sácala! (dije lloriqueando) la has metido muy de golpe

-Cariño, solo he metido un poco la puntita. Ni siquiera ha entrado la cabeza

-Joderrrr, ya no quiero esto… sácala por favor

-Las putitas no dan órdenes. Las putitas obedecen (dijo en un tono seco y serio que me asustó un poco).

Y dicho esto, empujó un poco más y descubrí que decía la verdad y que me había metido ahora la cabeza

Sacó la cabeza y la volvió a meter varias veces. Tras cinco minutos (que me parecieron eternos) empezó a dilatar y dejó de dolerme. Empezó a gustarme cada vez que la metía y la sacaba. Ella empezó a llegar más hondo

-Veo que ya te empieza a entrar bien. Di que eres mi putita (y acompañó su frase con una fuerte palmada en mi culo)

-SOY TU PUTA! Por favor no pares ahora

-Ya sabes quien es la jefa aquí. Voy a darte la vuelta para ver esa cara de guarra que tienes.

Me sacó su polla (y me dió la impresión de que mi culo estaba completamente abierto) y me tumbé de espaldas. Volví a ver lo guapa que era y sus ojos himnóticos. Me abrazó y sentí sus tetas perfectas. Me la fue metiéndo de nuevo léntamente. Sentir a la vez sus tetas y mi polla contra su barriga fue acariciar el cielo.

Ella se incorporó me cogió las piernas y las elevó hasta su cuello.

-Ahora te voy a follar bien

Empezó a bombear con fuerza mientras me miraba fíjamente. Mi polla empezó a temblar como si tuviera convulsiones. Cada vez me la metía más a fondo. Era tan a fondo y tan deprisa que me volvía a doler pero no quería que parase. Ella estaba como poseida

-Agggg, te gusta ¿verdad puta? Estás gozando como la zorra maricona que eres

-Siii, métemela hasta el fondo, quiero que me partas en dos

Finalmente mi polla no pudo más y me empecé a correr como un surtidor. Toda la lefa caía sobre mi barriga. Estaba siendo largo y seguía corriéndome

-Toma tu propia leche (y mojándose la mano en mi semen, me la pasó por la cara para que yo la lamiera, cosa que hice)

Tras unos segundos puso los ojos en blanco y miró hacia arriba y aminoró la marcha para parar unos segundos después. Entendí que se había corrido. Estábamos los dos jadeando y sin fuerzas. Pasados unos instantes, retiró su pene de mi culo y cayó derrumbada a mi lado. Me miró de nuevo a los ojos y empezó a sonreirme

-Te has portado muy bien, cariño. Me ha encantado

Yo sólo podía sonreir. Empezó a resbalar el semen de mi culo y note cómo manchaba la sábana. Empecé a recordar todas las humillaciones que me había dicho y cómo las había aceptado, pero no tenía remordimientos, sino una sensación de liberación y felicidad como he tenido pocas veces

-Has tenido suerte de que yo la tenga pequeña. Creo que no habrías podido con mi amiga Marina

Me dolía bastante el culo en ese momento y pensé que no sería capaz de aguantar otro embite con ella, mucho menos con otra mejor dotada… quien me iba a decir que acabaría conociendo a Marina.

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