ENCUENTROS CON CHICAS DEL CHAT

Hace aproximadamente 6 años que chateo, obviamente no de forma continuada, sino por rachas. Al principio me volví muy asiduo a un canal del que incluso fui operador. Después me di cuenta de dos cosas importantes que cambiaron mis objetivos en el chat: 1. hacer la vida por ahí es una pérdida de tiempo, ya que el tiempo que se dedica al ciberespacio se le quita a la vida cotidiana; 2. es un excelente medio para conocer gente en persona que busca "lo mismo" que uno, sin inhibiciones.

Sexo a distancia he hecho en abundancia y me considero bueno, imaginativo, morboso, educado y puedo ir desde lo más sutil hasta lo más guarro, según el gusto de quien esté al otro lado de la pantalla; de los cientos de orgasmos que he leído, escuchado por teléfono o visto por cámara durante estos años.

Muchos caen en el olvido y otros se recuerdan siempre: aquella chica gallega que se corrió 4 veces mientras hablábamos por teléfono; la chica atada de Vigo con la que follé también por teléfono mientras su marido se pajeaba mirándola (él fue quien me contactó por chat, y llamé a pesar de mi escepticismo); aquella amiga asidua de Sevilla, multi orgásmica (diría yo ninfómana) que batió su propio record corriéndose 9 veces mientras me veía por cámara.

Hablábamos por teléfono y se metía su vibrador; aquella mujer casada de Toledo (y de quien hablaré después con más amplitud), cuyo primer contacto con el sexo cibernético lo tuvo conmigo y se sorprendió de la excitación (y posterior orgasmo) a la que llegó simplemente leyendo mis palabras; o aquella mujer de Barcelona, a quien le hice poner por primera vez pinzas de ropa en los pezones mientras hablaba con ella por teléfono y la escuchaba chillar y correrse como loca por esa nueva sensación de mezcla de dolor con placer; aquella madrileña a la que le gustaba ser humillada e insultada, que me envío su foto y me pidió que la imprimiera y me meara y me corriera en ella mientras me veía por cámara; o aquella chica de Santander a quien durante varios meses dirigí en imaginativas sesiones donde le hacía untarse aceite, nata, ponerse pinzas, meterse su vibrador, ponerse hielo en los pezones, acariciarse con una pluma, mojarse la ropa.

Aquella jovencita de Cataluña que me dirigió viéndome por cámara, haciéndome poner hielo en los calzoncillos, tirarme agua en la ropa, finalmente mearme en los pantalones y por supuesto correrme en ellos; o esa mujer casada de Barcelona, que tenía además un amante real, y a quien sin embargo excitaba asiduamente contándole historias reales…

La lista de anécdotas del chat sería larguísima, algunas más dignas de contarse que otras, pero sin duda lo más interesante son los encuentros reales que he tenido con mujeres del chat. El morbo quizás radique en ver hasta donde son capaces de llegar estas mujeres, que en su mayoría conocí fuera de los canales de sexo.

El primer encuentro, no muy afortunado, fue con una jovencita de unos 19 años, a quien convencí inexplicablemente de salirse de la universidad donde estudiaba y estaba conectada, para venir a mi piso, con la promesa de no penetrarla sino de hacerle sólo sexo oral (que se me da bastante bien). Cuando llegó estaba un poco cortada, repitiéndome que no acostumbraba a hacer esas cosas. Hablé con ella mucho rato para relajarnos, y cuando estábamos más distendidos me la llevé a la cama.

Todo iba bastante bien mientras la besaba y la acariciaba, incluso llegué a masturbar un poco su clítoris por debajo de sus braguitas, totalmente húmedas, y su lengua en mi boca respondía bastante bien. Pero cuando decidí bajar a comer su coñito, estaba lamiéndoselo cuando noté que no se encontraba a gusto. Me detuve y le pregunté que si quería que lo dejáramos. Me dijo que sí, que le sabía muy mal pero que no estaba acostumbrada a esto… y lo dejamos. Me agrad

eció haberlo dejado… otro quizás hubiera seguido y hecho lo que le apeteciera con ella, a final de cuentas estaba en mi piso por voluntad propia.

El segundo fue con una mujer casada de Madrid, de 35 años, con quien el encuentro fue afortunado por suerte, ya que ni siquiera nos conocíamos por foto. Yo vivía con una chica e iba a ir a hacer unos trámites solo a Madrid, y cuando hablamos resultó que buscábamos lo mismo. Ella tenía una relación bastante asfixiante, aunque sexualmente se llevaba muy bien con su pareja, ya que hacían de todo (hasta lluvia dorada, sexo anal y no se cuantas cosas más) los sábados por la tarde, según me contaba, pero buscaba aires nuevos.

Quedamos a las 9 de la noche en la Puerta del Sol. Allí vi a una mujer que coincidía con su descripción general y que esperaba a alguien… pero era horrible, así que no le hablé. Pero un rato después vi a otra, de mucho mejor aspecto: rubia, media melena, gafas elegantes y que le daban un aire intelectual. Su cuerpo era normalito y su rostro agradable… afortunadamente era ella.

Nos tomamos un café, y le pregunté que ahora que ya nos habíamos visto, si aun quería que lo hiciéramos. Asintió y nos fuimos a mi hotel. El primer beso lo dio ella, y según hablamos después, ambos teníamos miedo de si aun "sabíamos" hacerlo con un extraño. Hubo varias corridas, aunque no fue un encuentro de sexo salvaje como hubiésemos deseado; hablamos mucho y reímos entre orgasmo y orgasmo, hasta la 4 de la madrugada, hora en la que tuvo que irse a pesar de ambos. Nos hemos vuelto a ver tres veces más, a pesar de que no compaginamos muy bien sexualmente, aunque hemos mejorado notablemente.

El tercer encuentro fue con una chica de 34, de Palma de Mallorca. Le gustó mi forma morbosa pero educada de proponerle sexo telefónico. Lo hicimos así varias veces, su voz era muy sensual (alguna vez le propusieron encargarse de una hotline) y desbordaba erotismo. La vi por foto y era una chica llenita pero no fea, una "belleza Botero", solía decir ella. Sus fantasías me ponían a mil y la forma como las describía… sobre todo una vez en que me hizo imaginar que ella era espectadora de una orgía y una chica le comía el coño. Un día me dijo que tenía que venir a Barcelona para hacer un curso y que quería verme.

Vino, cenamos, fuimos a mi casa y de pie la llené de besos y nos desnudamos. Nos metimos a la cama y como siempre, comencé comiéndole su coño y mientras le metía un dedo… chillaba mucho, la más chillona que había conocido hasta entonces. Lamía y succionaba su clítoris inflamado mientras las masturbaba con un dedo… y se corrió muy pronto. Después me confesó que le había sorprendido que de buenas a primeras le hiciera sexo oral, pues era algo muy íntimo que según ella venía con la confianza, pero para mi es mi carta de presentación…

Lo hicimos muchas veces esa noche, la mañana siguiente y la noche siguiente… Lo que más me gustó fue la forma como me despertó esa mañana; como es natural y muy común en mucha gente, amanecí empalmadísimo.

Entre sueños sentí que una mano me la estaba meneando suavemente, acariciando de arriba a abajo toda la piel de mi dura polla. Medio dormido y medio despierto, sentí su boca succionando mi capullo y su lengua lamiendo mi polla a todo lo largo. Aún no despertaba del todo cuando me puso un condón, se me montó y comenzó a cabalgar, subiendo y bajando despacio, haciendo que prácticamente mi polla saliera del todo para después volver a sentarse clavándosela hasta el fondo.

Aceleró el ritmo de sus caderas y sus gemidos se hicieron cada vez más fuertes; yo ya estaba despierto del todo y la cogía por el culo ayudándola a subir y bajar. Sus uñas se clavaban en mi pecho y en un momento soltó el chillido final, acompañado de contracciones de su sexo que pude sentir en mi polla; en cuanto terminó de correrse, en esa misma postura, comencé a follarla yo, moviendo mi cadera muy rápido y abriendo con mis manos sus nalgas al mismo tiempo que las atraía hacia mi para llegar más profundo en mis clavadas.

No tardó mucho en llegar mi orgasmo de forma muy explosiva, prendiéndome de sus tetas mientras tensaba mi cuerpo y lo arqueaba, levantando su cuerpo con mi cadera. Después de esa ocasión le devo

lví la visita en Palma y en un par de días no salimos de su cama y su casa más que para lo indispensable.

El cuarto encuentro fue con una amiga alemana de 36 años que vive en Sitges, madre de dos niños y separada. Nunca hicimos nada por chat y mucho menos por teléfono. Era una amiga normal. Alguna vez hablamos de sexo, pero así, tal cual, como de cualquier otro tema. Solo hubo dos momentos subidos de tono: una vez me dijo -no sin algo de corte y bastante insistencia de mi parte para que me dijera que pasaba al notarla rara- que esa noche le gustaría que estuviéramos más cerca para vernos.

Por lo que entendí, esa noche estaba calentita… y desee estar cerca también. Otra ocasión la pillé en un canal de lesbianas, cosas que me extrañó mucho. Me confesó que últimamente tenía fantasías con chicas, a raíz de algo que hizo -y que me puso a 100-, que fue verse con una pareja de amigos y montárselo con ambos. También me contó que el chico la venía a "visitar" con permiso de su mujer.

Comenzaba yo a ver lo que había oculto detrás de esa amiga que veía en una foto con dos niños… comenzaba a desearla. Quedamos de vernos un sábado. Era una mujer alta y corpulenta, con formas apetecibles. Estuvimos todo el día juntos tomando café, comiendo, hablando… Nada me decía que podíamos terminar en la cama, era muy seria en persona, así que tampoco le saqué el tema. Pasó todo el día y me dijo que me acercaba a mi casa en su coche.

Cuando paró frente a mi portal, le dije que si quería pasar y aceptó. Preparamos algo informal de cena y nos pusimos a ver la TV… realmente su comportamiento me sorprendía, pues se sentía con confianza pero no daba ninguna pista de que yo le gustara o que quisiera que hiciéramos algo. Estaba allí, cómodamente tirada en el suelo viendo la TV, y yo fraguando como iniciar el acercamiento y el resultado que tendría intentarlo…

Me senté en el sofá en el que ella apoyaba la espalda; después de un rato de indecisión le comencé a hacer un "inocente" masaje en la espalda y en los hombros. Le gustaba… así que acerqué mi boca a su oreja y comencé a besarla… respondió dócilmente, así que comencé a besarle el cuello, la boca y a acariciarle las tetas. A partir de aquí todo subió de tono, nos comenzamos a magrear y a quitarnos la ropa en el suelo; su piel era suave y sus formas exuberantes. Después la llevé a la cama, la abrí de piernas y sumergí mi boca en su sexo… estaba chorreando. Le clavaba mis dedos y chupaba y lamía su clítoris… se corrió chillando, arqueando su cuerpo y sujetando mi cabeza con sus manos. Después me tumbó maternalmente y me hizo una de las más deliciosas mamadas que me han hecho. No quise correrme en su boca, tenía ganas de metérsela ya.

Rápidamente me puse un condón y le clavé mi polla, que para ese momento estaba durísima. La follé cogiéndole sus enormes tetas y entrelazando nuestras lenguas… sus gemidos se convirtieron en palabras en alemán que no entendí y volvió a correrse apretando con fuerza su cadera contra la mía. Bastaron unos cuantos empujones más para que mi leche saliera disparada y yo quedara desvanecido.

Lo hicimos varias veces más antes de dormir, despertándonos en la noche y la mañana siguiente. Nos volvimos a ver en dos ocasiones más… la última fue especial. Tuvimos menos tiempo ese día y de las dos veces que me corrí, ninguna fue en su coñito. La primera fue follándome sus tetas, y me corrí en ellas aunque mi chorro de leche llegó hasta su mejilla. La segunda fue la mejor, ya que la follaba a 4 patas cuando ella desde abajo se movía como una endemoniada, mi verga entraba y salía mientras ella gemía y gemía y bo aguantando más la llené con mi leche.

El quinto encuentro fue cuando comencé a sentir curiosidad por las maduritas. Contacté con una mujer de Toledo, totalmente inexperta en cibersexo. Estaba casada pero pasaba por una etapa de crisis en su matrimonio. La primera noche se lo hice con tanta dedicación que se excitó, se masturbó y se corrió para su propia sorpresa. La convencí de hacerlo por teléfono y quedamos en una especie de "cita", donde ella se preparó para la ocasión. Le gustó mi voz

, suelen decirme que es dulce.

La fui llevando con imaginación y conseguimos un buen orgasmo; me encantó la forma como se corría. Lo hicimos así varias veces y por la distancia, jamás creí que nos fuéramos a conocer en persona; pero un día me dijo que hace mucho que no viajaba, que necesitaba aclarar ideas y que vendría a Barcelona, pero que si no quería verla no pasaba nada. Claro que quería verla, y así lo hicimos. Nos encontramos de noche, cenamos y caminamos charlando largo rato.

Era una mujer seria, bastante atractiva y bien conservada, delgada y con formas, morena y con melena. Nos fuimos a su hotel, nos sentamos en el sofá de su habitación y bebimos cava. Nos comenzamos a besar y a acariciar; le desabotoné la camisa y desnudé sus senos. La puse sobre mi, montada (ella llevaba pantalones) y nos seguimos besando mientras le acariciaba el culo o le comía los senos. De pronto me levanté y la cargué para llevarla a la cama.

Nos terminamos de desnudar ahí y la tumbé sobre la cama con las piernas abiertas y flexionadas; me tumbé yo, pero invertido, con mi cabeza apuntando hacia sus pies. Puse mi torso sobre ella y comencé a comer su coñito, mientras ella acariciaba con su mano mi polla. Con una mano abría sus labios vaginales, con otra exploraba su caliente y húmeda caverna, mientras mi lengua se movía en círculos sobre su clítoris o bajaba para introducirse en su vagina.

El ritmo era suave y lento, y poco a poco se fue volviendo más intenso al igual que sus gemidos, que reconocía como aquellos que escuchaba por teléfono y que tanto me gustaban. En un momento prácticamente la devoraba, metiendo lo más que podía de su coño en mi boca y lamiendo el clítoris hinchado, succionándolo, estirándolo con los dientes, al mismo tiempo que mi dedo se movía con rapidez sacando cada vez más fluidos del interior, tanto que se escuchaba el chasqueo…

Mientras tanto, su mano se aferraba a mi polla a punto de estallar y gemía, apretando los músculos de su cadera, tensando los pies (que me gustaba ver reaccionar al placer desde mi punto de vista). De pronto apretó mi cara con sus piernas, tan fuerte que dolía un poco, y se corrió, chillando y envuelta en una serie de contracciones que sentí con las partes de mi cuerpo que la estaban tocando, sobre todo mi dedo, alrededor de él las paredes húmedas se contraían…

Una vez que se relajó pero no recuperada del todo quiso "corresponder" a mis atenciones. Se puso sobre mí en un 69, y me comenzó a hacer una deliciosa mamada mientras yo volvía a atender su coñito. Pero lo hacía tan bien y yo estaba tan caliente, que la corrida era inminente. Así que la quité de encima, me levanté a ponerme un condón y la comencé a follar de rodillas levantando sus piernas.

Cuando me llegó aquel orgasmo, no tuve más remedio que dejarme caer sobre ella para disfrutarlo sintiendo su cuerpo con todo mi cuerpo y después desvanecerme. Estuvimos haciéndolo durante la noche y la mañana siguiente hasta las 2 de la tarde, descansando a ratos. Me corrí 5 veces en total y ella más. No nos hemos vuelto a ver más.

El sexto encuentro fue con una mujer viuda de Tarragona, de 47 años. Era una persona que no solía hacer nada de cibersexo y tampoco lo hice con ella. Comenzamos a hablar de sexo porque ella escribía historias eróticas, y me encantaron algunas escenas y las comentamos. Le hablé sobre mis gustos sexuales y sobre el morbo que me daba quedar con mujeres desconocidas que contactaba a través del chat sólo para tener sexo sin compromisos.

Vimos nuestras fotos y nos gustamos, ella era delgada, bien conservada para su edad, y en la foto se veía una buena cadera debajo de los tejanos que llevaba. La conversación fue derivando a la idea de quedar. Le gustaba que las cosas que le planteaba fueran así de claras. Así que quedamos y nos vimos fuera de su hotel. Cuando bajé del taxi la reconocí inmediatamente.

Era de estatura regular, pelirroja, con media melena, delgada pero con formas. Más delgada de lo que estaba en la foto. Subimos al bar y bebimos algo. Hablamos mucho para que se relajara (tenía 8 años de viudez y según ella casi ningún contacto físico con ningún otro hombre). Subimos a su habitación y en el sofá seguimos hablando (mucho para mi impaciencia) y poco a poco fui intentando romper el hiel

o. Mientras hablábamos le puse una mano sobre la falda y ella cogía mi mano. Después la abracé y acariciaba su brazo; se acomodó cerca de mí y se veía relajada. Así que por fin la besé y comencé a acariciarla por debajo de la ropa.

Nos fuimos a la cama que estaba al lado y la desvestí del todo. Llevaba ligueros y lencería muy sensual. Como es mi costumbre, comencé comiendo su sexo. Que sorpresa mutua nos llevamos… se puso como loca moviéndose y diciendo cosas poco adecuadas para una viuda tan seria; ella me confesó después que siempre había tenido la teoría de que nadie como una chica podía comerle el coño a otra, pues sabía lo que se sentía… pero que conmigo se le cayó esa teoría.

Se puso fuera de sí mientras mis labios succionaban su clítoris y mi dedo la follaba. Se corrió chillando y agitando la cadera de forma violenta, e inmediatamente quiso más. Me quité los pantalones y los calzoncillos de pie y ella inmediatamente se lanzó sobre mi polla; me la mamó un rato así, gimiendo, y después me tumbé sobre la cama.

Me la siguió devorando bastante bien, chupando al mismo tiempo que pelándola con su mano. Le pedí que se girara y que me pusiera el coñito en la boca para hacer un 69. Me estaba haciendo la que ha sido sin duda la mejor mamada de mi vida una viuda de 47 años… Comí su coñito y ella estaba como loca, subiendo y bajando su cabeza muy rápido para mamarme la polla. Se corrió con gemidos ahogados por tener la boca llena, y unos segundos después consiguió lo que pocas veces han conseguido otras chicas: sacar mi leche sólo con una mamada…

Se tragó todo mi semen y lamía lo que no había caído en su boca, diciendo "no puede quedar ni una gota". Lo hicimos más veces en diferentes posiciones; de nuevo se puso como loca y se corrió cuando daba botes clavada sobre mi polla. Esa noche se corrió cuatro veces y yo dos.

Al despertar estaba empalmado, y sin darle tiempo a nada, la cogí por detrás para despertarla acariciándole el coñito. Respondió moviéndolo y humedeciéndose, así que me puse un condón y la penetré en esa posición y la follé rápido y fuerte. Se corrió de nuevo (la quinta vez en total) y después yo descargué toda mi leche aferrado a sus caderas. No nos hemos vuelto a ver.

El séptimo encuentro y último fue con una mujer también de Tarragona, separada, de 49 años, la mayor de todas con las que he estado. Es una mujer muy guapa, con clase. Es delgada y musculosa, curiosamente por un problema -no serio- que tiene en los músculos, y con unos ojos azules preciosos. Su marido se enganchó al chat de forma alarmante, ya que quedaba con todas las que podía y se gastaba dinero de ambos.

Ella lo dejó y tenía poco tiempo de haberlo hecho cuando la conocí. La primera vez que hablé con ella me quedé convencido de que jamás la conocería, por varios motivos: la aversión que le tenía al chat; porque yo era muy joven para ella según sus principios y gustos, y porque según me contó siempre había tenido muchos pretendientes, aunque el único hombre en su vida había sido su esposo y algún amante que tuvo después (y que me confesó tarde).

Hablábamos de vez en cuando como amigos, yo ya sin esperanzas de llegar a conocerla. Alguna vez vi su foto y me gustó mucho. Una vez estaba hablando con ella y después la dejé porque llegó una chica con la que me lo montaba por chat. Le estaba escribiendo cosas ya bastante subidas de tono, y en medio de esto me equivoqué de ventana varios párrafos. Me di cuenta porque la otra chica no me respondía, y cuando miré donde lo había puesto me sobresalté y le escribí mis disculpas.

De momento no se había dado cuenta porque navegaba por Internet, pero al leerlo me dijo que no me preocupara, que sabía que era un error, que éramos amigos y que siguiera disfrutando. Pero le gustó lo que leyó… Me lo confesó otro día, uno en que curiosamente teníamos mucho tiempo el uno para el otro, porque normalmente cada quien andaba en sus rollos. Esa noche se dejó llevar y terminamos haciendo cibersexo muy sutil y erótico, durante un par de horas. Terminó corriéndose.

La siguiente vez que la vi sentía

mucho corte, pero intenté hacerla sentir bien. Quedó en el aire la fantasía de quedar, yo le haría una cena en mi casa, sin compromiso y llegaríamos a donde ella quisiera. Después pusimos una fecha, varias semanas después, y le dije que no habría problema si se echaba para atrás.

Se sentía cómoda porque yo no presionaba y le hacía saber que contaba conmigo decidiera lo que decidiera… no quería aprovecharme de sus problemas. Después de mucha indecisión de su parte, quedamos. Puse un ambiente romántico en mi piso, hice la cena y fui a por ella al metro. Venía vestida con un conjunto de pantalones y chaqueta de piel rojo, que la hacían verse muy juvenil.

Cenamos en mi piso y hablamos mucho; cuando se ponía de pie no podía yo evitar mirar su cuerpo bien formado que ya quisieran muchas chicas de 30 años. El café lo hicimos en el sofá. El vinito había hecho estragos en ella, que estaba desinhibida y yo la dejaba a su aire. Se sentó apoyando su espalda contra mi, giro la cabeza y dio el primer beso. Yo respondí besando suave y sensualmente su boca y después su mejilla, su cuello, su nuca… mis manos fueron rápidamente a acariciar sus senos por encima de la ropa, y poco a poco se abrieron paso dentro de su camisa.

Su piel era suave, sus pechos pequeños pero firmes. Los desnudé sin quitar aun la camisa y surgieron para mi sorpresa dos grandes y rosados pezones, los más largos que había visto de cerca jamás. Mis dedos jugaron con ellos un rato y después mi boca; su mano buscaba la dureza en mi entrepierna y la masajeaba. Decidimos irnos a la cama; ahí nos desnudamos del todo.

Me encantaba su cuerpo y comencé a besarlo por los acariciaba y besaba, y mientras más se acercaba al orgasmo me preguntaba si me gustaba… hablar la excitaba más. Se movía y jadeaba cada vez más rápido y finalmente estalló sin chillar muy fuerte. La postura me gustó, la seguí follando un poco más y finalmente estallé yo en un buen orgasmo. Esa noche nos corrimos un par de veces en la misma postura. Le gustó mucho y se reía de su indecisión para verme.

Repetimos el encuentro unos meses después, pero ella había vivido en ese inter un romance bastante intenso con un hombre del chat. Por lo que vi en el segundo encuentro, se había soltado bastante el pelo, probado cosas y practicado más. Esa vez si la pude hacer correr con mi boca y me excitó tanto hacerlo que cuando terminó su orgasmo mi polla estaba durísima, me coloqué el condón y se la clavé en la misma postura que tenía, tumbada con las piernas abiertas, pero en vez de colocarme entre ellas, su pierna derecha quedó en medio de las dos mías para que mi polla entrara más profundamente.

Sentía con claridad la curvatura de mi polla entrando en su lubricado coño hasta el tope. Pegué mi boca llena aun de sus fluidos a la de ella y comencé a follarla profundamente desplazando todo mi cuerpo adelante y atrás. Ambos gemíamos al ritmo cada vez más acelerado de mis embestidas. No tardé mucho en correrme empujando hasta el tope mi polla dentro de ella y descargando mi leche…

Esa noche follamos y nos corrimos varias veces más. De momento no nos hemos vuelto a ver aunque mantenemos contacto y ganas de repetir.

Autor: cassiel_68

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

0 votos
Votaciones Votación negativa

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *