ENTRE MAS PRIMO, MAS ME ARRIMO

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Hola, soy Alejo, tanto trabajo me tenía alejado del mundo de los relatos, pero ahora regreso para contarles lo que me pasó con mi primo Daniel Guevara hace algunos años…

Iba a ser el típico paseo familiar que se hace a última hora, cuando el abuelo se está muriendo y todos quieren resarcir su ingratitud para con el en un fin de semana en la finca. Mi papá tiene 8 hermanos, todos los cuales están casados, por lo que yo tengo 11 primos. En aquel entonces yo estaba en décimo grado, el mayor de mis primos tenía 21 años y el menor tenia 5. De mi misma edad estaban Daniel y Sara, por lo que los tres nos hemos entendido mucho toda la vida. Sara estaba especialmente aburrida, pues aquel puente no estaría con su recién adquirido noviete.

En fin que llegamos a la finca el sábado muy de mañana, pues la familia de mi papá es de las que se levanta con las gallinas. Inmediatamente llegamos, casi todos los primos nos acostamos a dormir. Incluso estaban 3 de mis tíos que viven en el exterior con sus familias. Hasta los perros y los pájaros los habían llevado. La casa principal, donde habían crecido todos mis tíos, es de tres plantas, tiene 7 habitaciones y amplios balcones en el 2 piso, típica casa de campo montañera. El día transcurrió con normalidad. Luego de un almuerzo bien trancado, hecho en leña, jugamos un rato, hablamos, nos desatrasamos de chismes, y Daniel y yo pegados como garrapatas. Sara hablaba cada 5 minutos con su noviete, tanto que mi tío la regañó.

-Ojo con esa llamadera, mira que acá las llamadas salen más caras-.

Ella más aburrida todavía quedó.

Yo estaba ya dándome a la idea de que me gustaban los muchachos, y mi primo Carlos Andrés, el mayor de todos, de 21 años, estaba de rechupete. Pero era un completo machito, como nuestro abuelo y todos nuestros tíos. Mi familia es machista a morir, y prueba de ello es que mis tías fueron las que trabajaron y estudiaron, mientras que los hombres de la casa tuvieron universidad y todas las comodidades. La idea de siquiera poderlo tocar me asustaba, pues eran bien conocidas sus pataletas. Sin embargo, al bañarnos todos con la manguera y quedar mojados, no podía evitar mirarlo con cara de lujuria. Aunque estaba más bien rellenito, esa pancita incipiente lo hacía ver súper sexy. Yo tenía que hacer mil maromas para ocultar mi erección. Solo nos estábamos mojando los hombres, pues las niñas, según todos, no podían hacer eso, esos no son juegos para damitas. Que porquería…

Por la noche, resultó que faltaban algunas cosas del mercado, entonces Carlos Andrés se ofreció a ir a Venecia, el pueblo más cercano, a comprar las cosas. Enseguida, estábamos trepados en el carro su papá el, Daniel, Sara, Laura, Camila y yo. Laura tenia 20 años, es la segunda en edad y Camila, su hermana, tenía 17. Íbamos los 6 mayores, claro, pues sabíamos que el pueblo estaba a reventar por las fiestas de Cerro Tuza. Yo siempre había sido muy indiferente con las mujeres, por lo que no me daba ni cinco de nervio acercarme a alguna para presentársela a mis primos. Carlos Andrés lo sabía y por eso me llevó.

-Pilas pues Alejo para que nos levantemos unas viejas bien buenas para venir mañana a los tablados-.

-Tenemos que estar bien seditas hoy para que mañana no nos digan: "pero como se van a ir, estamos en familia"- dijo Camila.

Yo sonreí. Miraba insistentemente el paquete de Carlos Andrés. Entonces, no se por qué miré a Daniel, y el me estaba mirando fijamente. Daniel se reía por todo, a todo le sacaba chiste, y cuando se ponía serio, algo andaba mal.

-"Mierda seguro me pilló mirándole el pito a Caliche. La cagué"-.

Sobra decir que no volví a dar ese visaje con Carlos Andrés. Caminamos por el parque mirando gente. Carlos compró un pack de 6 cervezas, una para cada uno. Ya Camila y Laura estaban

haciéndose ojitos con un grupo de pendejos que daban vueltas por el parque encaramados en una Toyota Land Cruiser 4.5. Les alabo el gusto porque de los 3 manes, 2 tenían caras preciosas. Entonces, Carlos Andrés se dio cuenta de que había extraviado la lista de lo que faltaba. Tendría que llamar a la casa, y ello conllevaría a que nos acosaran para volver. Enojado por su torpeza, Caliche llamó y le oímos decir varias veces: "Si abuela, no nos demoramos más de media hora".

-Caliche vos si sos la patada- le regaño Laura.

Él le sacó la lengua. Fuimos al supermercado, compramos las cosas, y yo me tomé disimuladamente media botella de aguardiente. Afuera, Laura y Camila intercambiaban números telefónicos con los bobos de la Toyota. El pueblo estaba lleno de caballos y camionetas. Casi no salimos. Carlos iba frustrado porque no había logrado conocer ninguna niña.

-Mañana si me levanto pues aunque sea una montañera pues- decía. Yo iba tenso. Quería mirar su paquete pero me acordaba de Daniel. Miraba de reojo y Daniel venía secreteándose con Sara. Al llegar a la casa, había música y todos estaban muy animados. El abuelo, aunque enfermo, estaba bien sentadito en su silla mecedora, enredado en su ruana, y con su pipa encendida. Cantaba animadamente las canciones de música de cuerda que lo habían acompañado toda la vida. Daniel era el más expresivo de todos. En el pueblo, nadie se percató de que había comprado una cajita de bocadillos rellenos de arequipe, el delirio del abuelo. Se fue y lo abrazó y se los entregó. Todas las tías casi lloran. Fue un detalle encantador.

En ese momento, lo vi con unos ojos totalmente diferentes. Daniel siempre fue el hermano que nunca tuve, pero ahora, me inspiraba cierto cosquilleo al ver sus bellos sentimientos. Además, Daniel también estaba rellenito, y tenía una cara completamente lisita, sin señales de barba aún. Entonces, me di cuenta de que lo estaba mirando con cara de baboso, y lo peor, él me estaba mirando también a mi. Creo que se me estalló la cara de lo rojo que me puse. Me levanté y me fui a pasar la pena al balcón. Saqué la media de bebida y me tomé un sorbo (que alcohólico). Cuando sentí una mano en la cintura.

-Que bien, tomando solo-.

Era Daniel. Yo me sobresalté.

-¡Huy Daniel, me asustaste!- creo que ahora me puse fue pálido. Me sudaban las manos.

Daniel se acomodó al pie mío, muy cerca, de manera que si volteábamos nuestras cabezas al mismo tiempo, quedaríamos a milímetros. Yo temblaba, pero no me moví. Comenzamos a hablar de pavadas, él a hacerme reír como siempre. Entonces, cuando llevábamos de a dos tragos, ya algo desinhibidos, Daniel me empieza a contar una historia de cómo se había hecho una paja con un compañero del colegio. Me estaba calentando bastante. Sentía mi pene palpitando bajo mi bóxer. Pero el comentario que disparó la calentura estaba por venir.

-Y lo malo es que… me gustó bastante, y quedé antojado, de eso y hasta de más, jeje-.

Yo me atraganté. Y no se de donde, respondí igual de descaradamente.

-Pues viejo, no es mala idea… hasta de pronto me animo a probar por ahí-.

Daniel soltó la carcajada. Olía a chicharrón y él se dispuso a bajar a comer. Yo me quedé impávido, y luego me estremecí cuando sentí un fuerte apretón en mi culo.

-Eso quería que me contestaras primito- me dijo.

Yo ni miré ni me moví ni respiré. Mi primo del alma, mi casi hermano, ahora estaba a punto de convertirse en mi amante también.

Comimos chicharrón con arepa frita y papitas todo el que pudimos. Carlos Andrés se hallaba deliciosamente bebido, al igual que casi todos mis tíos. Mis tías en la cocina hablando y cocinando y riéndose, mis primas hablando como loras, las 8 juntitas, desde Laura hasta Maria Clara. El único que ya estaba dormido era Samuel, mi primito de 5 años. Subí a mi habitación por otro trago, y mientras me lo tomaba, la puerta se cerró. Era Daniel.

-Que hubo, querés otro trago- le dije.

-Sisas- me contestó.

Se lo di. El sorbió y se lo guardó en la boca. Me miro fijamente. Tuve un atisbo de lo que vendría, pero no me lo creí.

-No te pasa o que sopenco- me burlé.

Él sonrió y se me acercó. Yo estaba inmóvil, hasta que sus labios se pegaron a los míos. Recibí aquel trago directamente de su boca. Me iba a morir. Sin más, me guiñó el ojo y volvió a salir de la habitación.

Yo me quedé ahí, empalmado hasta más no poder, y con la cabeza dándome vueltas. El resto del tiempo pasó entre miradas furtivas y roces descarados. Todo el mundo se fue acostando, íbamos quedando solos. A eso de las 11.30, solo estábamos Carlos Andrés, Camila, Daniel y yo. Carlos Andrés estaba casi borracho, y Camila estaba como prendida. Entonces, Daniel me dijo:

-Alejo, acompáñame afuera que está haciendo una noche hermosa- y en su mirada había un toque de maldad.

-Vayan pues a hablar mierda por allá- dijo Camila. No se por que pero yo creo que ese día entre ella y Carlos hubo algo… en fin, de buenas, ella.

Nos echamos en la hierba en un morrito a cierta distancia de la casa. Había un cachito de luna y un lucero bastante cerca. La brisa del cañón del río Cauca se mezclaba con la niebla que bajaba de las montañas. Yo tenía mi cabeza apoyada en mi brazo. No me di cuenta que el adoptó la misma posición sino hasta que su mano tomó mi mano. Yo me sobresalté.

-Hey viejo…-.

Él me calmó.

-Te pillé mirando el morro de Caliche, y te pillé mirándome también. Además, te he pillado mirando a ese pelaito que vive en tu unidad, el tal Chino, y mirando a muchos chicos más. No te hagas Alejandro, todo el mundo sospecha que vos sos mariquita-.

Yo lo solté y me incorporé.

-Y quien es todo el mundo?-.

-Los tíos, los primos, la gente… te lo digo porque me ha tocado más de una vez defenderte… me debes más de una… y te las quiero cobrar hoy todas juntas-.

Yo levanté una ceja.

-Como así-.

Él rió.

-Tengo curiosidad… pues de saber qué se siente estar con otro man… y quien mejor que mi primo preferido-.

Cuando dijo esto, me solté. Ya no importaba nada. Solo caí sobre él y lo besé. Él no se movía. Nuestras lenguas se entrelazaban deliciosamente, haciéndome ver más estrellas de las que teníamos en el cielo. Acaricié su cara suavecita y pulida, luego sus brazos, y sentía complacido la respiración agitada de Daniel. Me quedé mirándolo unos segundos.

-Tenés experiencia, gran puto- me dijo.

-Para que veas- -Y que más sabes hacer? Mostrámelo todo-Yo torcí una sonrisa -Todo? -Todo-

Entonces comencé a sobar su rabo con el mío, ambos completamente parados. Deslicé mis manos por debajo de su saco, y le acaricié los pezones, erectos y con ganas de ser tocados. Él solo gemía. Levanté su saco y comencé a recorrer con mi lengua su pecho, bajando hasta su ombligo y luego por un caminito riquísimo de pelitos incipientes que se internaba en su pantaloneta.

-¡Huy! Viejo que rica sensación. Esto no lo había sentido nunca, ni cuando me comí a la puta de novia esa que tuve-.

Sonreía como indicándome que lo estaba pasando fenomenal. -Y esto apenas comienza- le dije pasando mi mano por su paquete.

Él iba a quitarse la pantaloneta, pero yo lo detuve, ese era mi trabajo. Lentamente bajé la pantaloneta hasta los tobillos, regalándome la vista ante aquel morro, escondido por un encantador bóxer con un huevo frito dibujado justo en aquel lugar de mis afectos. Besé suavemente la punta, y Daniel se contorsionó.

-Ah, dale primo, metétela en la boca y en todas partes donde te quepa, yo sabía que eras puto, pero no sabía que eras tan bueno-.

Aquellas palabras me calentaban más.

-No tenés idea viejo..- le dije.

-Y te comes a tus primos y todo-.

-Entre más primo, más me arrimo- le contesté.

-Porque no tenés hermanos, o si no, "entre más hermano, más me encaramo"-.

-Epa, y como vos sos como mi hermano- le dije.

Él levanto una ceja.

-¿Y te vas a encaramar?-

Yo no le contesté, seguía besando su verga por entre la ropa. Estaba mojadita, y yo más todavía. Entonces, le bajé el bóxer y vi el objeto de mi deseo: un hermoso pene adolescente, mojado, en forma de pica, que pulsaba pidiendo a gritos un agujero cálido donde alojarse.

Le lamí los huevitos, y él abrió las piernas. Llevé mi lengua por toda su pija hasta el capullo, y la besé tiernamente. Daniel jadeaba de placer.

Yo me liberé mi cipote y comencé a pajearme. Le daba lengüetazos a su pene, y él se saboreaba. Entonces me lo introduje en la boca y Daniel se convulsionó. Era demasiado para un púber. Dos movimientos y sin previo aviso depositó un chorro de semen en mi garganta. Me lo tragué todito. Su sabor dulce me encantó. Lo miré y tenía los ojos casi dando vueltas. Yo seguía pajeándome.

-¡Esto es lo más rico que me ha pasado. Mamas del carajo primo, que pena, no me pude contener y me vine en tu boca, pero veo que tampoco te disgustó del todo-.

Yo sonreí. Tras aquello, no me importaba pajearme solo, pero Daniel, tiernamente, tomó mi polla en sus manos.

-Lo menos que puedo hacer es corresponderte-.

Comenzó a hacerme una paja riquísima, más por yo estar viéndolo ahí desnudito y satisfecho, que por su experiencia al mover las manos. Yo cerré los ojos y me abandoné al placer, cuando sentí que sus labios rozaron mi cabecita húmeda. Miré hacia abajo, y allí estaba mi primo, preparándose para meterse mi "six shut" en su boca. No lo podía creer.

-Te la voy a chupar, pero me avisas para que no te vengas en mi boca… al menos no hoy..-.

¡¡WOW!! Sus labios suaves comenzaron a recorrer toda la longitud de mi verga. Me acariciaba el pecho con una mano, y con la otra la tenía firmemente agarrada de una de mis manos.

-Lubricas bastante- me dijo levantando la cabeza y saboreando algo de mi liquido seminal. Yo lo halé hacia mi y le di un beso.

-Viejo, pero no vas a pensar que me gustan los manes, es solo… curiosidad normal de mi edad-.

Yo me sonreí. Sabía perfectamente de aquellas excusas. También se que tenía razón, solo el hecho de que un tipo se de la oportunidad de probar no quiere decir que ya sea gay, y me consta que mi primo Daniel solo lo ha hecho (je, y lo sigue haciendo) conmigo.

-Tranquilo primito… esto no sale de entre nosotros… porque si me llego a enterar que te comes otro tipo, te muelo a golpes- le contesté, obviamente esperando la reacción burlesca de Daniel.

-¡Ja! Vos molerme a mi… pobre bobo. Te muelo yo mil veces a vos primero hombre-.

-Me dejo moler, pero a punta de verga- en ese momento me sentí como una completa golfa pidiendo a gritos que le dieran polla. Él se saboreó.

-Te voy a moler a verga maldito puto de mierda, pero no hoy… eso si, no pasa de este puente- dicho esto se volvió a meter mi bombón en su boquita.

Yo me sentí exquisitamente satisfecho, tanto que apenas pude retirarlo de mi pene cuando sendos chorros de semen brotaron hacia la hierba.

-Estabas llenito… ¿hacia cuanto que no te pajeabas?, preguntó sonriente mientras se vestía.

-Hace por ahí 8 días-.

Regresamos a la casa, eran casi la 1 AM. La puerta seguía ajustada, pero las luces estaban apagadas. -Entremos despacio, a ver si no nos pillan-Antes de irnos a nuestras habitaciones, Daniel volvió a apretarme el culo.

-Ese culito me espera, ¿si o no?-.

-Claro primo- contesté.

-Todo bien- me dijo antes de entrar a su alcoba.

Yo me dirigí al baño a mear, con una enorme y estúpida sonrisa dibujada en mi cara…

Ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, y más sabiendo que hay tanto sentimiento de por medio entre mi primo y yo. Actualmente ambos tenemos 24 años, y aunque nuestros encuentros han menguado, aún seguimos saludándonos con "ósculo santo", pero en la boca… cuando se puede… Ojalá les guste…

Autor: ALEJO valekvdl (arroba) gmail.com

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Escrito por Marqueze

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