Entre osos

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Poco a poco mi ano cede, su lengua me penetra, lo ensaliva por dentro, y poco a poco va cediendo, no necesita jugar con ninguno de sus dedos, ya estoy abierto, ya está engrasado y rendido, se incorpora  y en un ligero movimiento se me acopla, el empuje es sabio, continuo, pero imparable. Prácticamente sin darme cuenta me encuentro ensamblado por aquella polla que me llena.

Llevaba toda la tarde de golfeo, incluso a primera hora me pase por una sauna, pero después de dar una vuelta y tomar una cerveza. Tras comprobar el tipo de tíos que por allí pululaba decidí vestirme y salir de allí. Tomé un par de cervezas más en distintos locales por donde se mueve la gente a estas horas de la tarde, pero no sé, si era mi estado de ánimo, o que el día no era el mío para ligar. Comí algo liguero de cena, y decidí encaminarme a mi local favorito.

Al llegar al local, ya se me  alegró el alma y  de la vista ni te cuento, allí en la barra, un plantel de tíos, de los que me ponen, fuertes, peludos, con pelos en la cara, y más de uno muy guapo y con buen cuerpo. Me pido otra cerveza más, y me siento en un rincón en un taburete. A partir de este momento empiezo a lanzar mis telas de araña. Justo en frente de mi, dos osetes, parecían pareja, debían de ser de fuera, nunca los había visto por aquí, me devolvieron las miradas y las insinuaciones. A mi izquierda un tío solo. Rapado, con bigote, delgado y alto más de metro ochenta.

Mis bazas estaban jugadas, mi apuesta eran estas dos opciones y solo tenía que esperar. El tío del bigote no me quitaba la mirada, yo lo retaba y le provocaba. Los osetes, eran dos pedazo tíos, más de metro ochenta ambos, los dos superaban los cien kilos, uno rapado con perilla, el otro la barba y el pelo, vestidos con vaqueros y camisas de cuadros los dos. Me daban la impresión que no tenían prisas, que igual podría salir algo, o se quedaba todo en simples miradas. El bigotes con un peto vaquero, muy amplio y una camiseta negra ajustada, ya junto a la mirada alguna que otra sonrisa. Va al baño al salir se pide una nueva copa, regresa a su sitio y me guiña un ojo. Momentos después viene el camarero con otra cerveza para mí, invitación del señor del peto. Me dice el camarero.

Le miro en señal de gratitud, y levanto la cerveza para brindar en la distancia, el en lugar de hacer lo mismo, se me acerca y chocamos sendas botellas, como gesto de salud. Instantes después nuestros ojos se quedan eclipsado los unos en los otros, somos más o menso de la misma altura, y así, de eso modo, como por un efecto de hipnotismos, nuestras bocas se acercan, se junta, se confunden, nuestras lengua como avanzadillas nos invaden, nos inundan. Una de sus piernas, entre mis piernas, sigo sentado, ahora el cuerpo a cuerpo, es irremediable, me pongo de pie, un brazo me acerca, yo dejo la copa y cogiéndolo de la cintura, lo atraigo y sigo besándolo. Su cuerpo se retuerce ante el mío, mi paquete se frota contra el suyo y aquello al igual que lo mío empieza a crecer y crecer, el roce es más fuerte, más constante, el calentón sube, la gen te nos mira y el ambiente  empieza a se irresistible. Me coge de la cintura y acercándoseme al oído, me dice.

¿Vamos arriba? Claro que si le digo.

Había gente por todos sitios, pero encontramos un hueco, bastante oscuro en un rinconcito de la primera planta. Nada, más acomodarnos un poco, me acorraló contra la pared, y en un descuido, me arrancó prácticamente la camisa. Su comportamiento era como un poseso, me lamía pezones y sobacos, me comía de una forma convulsiva, mientras me desabotonaba el vaquero y poco a poco me liberaba de la presión que desde hacía rato tenía en mis genitales. Yo le fui soltando los tirantes del peto, inmediatamente cayó al suelo, el cabrón, no llevaba nada debajo, solo tuve que sacarle la camiseta y allí ya lo tenía desnudo.

Estaba claro que no debía de disponer de mucho tiempo y quería follar cuanto antes, toques, abrazos, besos, se arrodilla y me la come, más besos, me arrodillo y saboreo también su rabo, lo engraso, lo dejo bien ensalivado. Al agacharme automáticamente me echa las manos a las nalgas y una avanza a mi culo. Mientras nuevamente me besa y juega con su lengua en el interior de mi cabeza.

Me da la vuelta, me pone las manos contra la pared, y suavemente empieza a besarme la nuca, lamerme las orejas, sigue lamiendo mi espalda, me levanta le brazo derecho, también lo lame, se agacha, su lengua como un río de saliva, desde la nuca va marcando mis espalda, se acerca a mi raja, abre mis nalgas y recorre la lengua  de arriba a abajo, lo hace varias veces, se centra en mi culo, lo lame, escupe sobre el, y con la lengua empieza a presionar mi esfínter. Poco a poco mi ano cede, su lengua me penetra, lo ensaliva por dentro, y poco a poco va cediendo, no necesita jugar con ninguno de sus dedos, ya estoy abierto, ya está engrasado y rendido, se incorpora  y en un ligero movimiento se me acopla, el empuje es sabio, continuo, pero imparable. Prácticamente sin darme cuenta me encuentro ensamblado por aquella polla que me llena.

Sigo con mis manos en alto contra la pared, mi polla bamboleándose, cada embestida la sentía en el estómago, mi polla chocaba contra mi barriga, para después volver a descolgarse, un nuevo choque de sus huevos contra los míos y su polla subiendo y chocando con mi ombligo, el tío follaba de vicio, sabía cómo moverse, como colarse, como hacerlo, de manera que sin prácticamente darme cuenta, estoy totalmente en sus manos, ofrecido, entregado. Mi culo era mi punto de placer, ni tan siquiera me había tocado la polla, su aceleración del ritmo me indica el final, el placer que sentía  me volvía loco, pero con esto no llegaría el orgasmo. Unas envestidas mas, me dice que se va a correr, yo le pido que no se preocupe, que termine, yo lo haré más tarde, acelera su ritmo, la velocidad del roce de su polla en el interior de mi culo, me quema, siento como al entrar me abrasa, y al retirase una sensación de vacío, me deja ansioso. Instantes después sale de mi, cae de rodillas entre mis piernas  y suelta su leche en el suelo.

Su nariz en la raja de mi culo, su lengua quiera reconfortarme el ano, de lo abrasado que me lo ha dejado, me parece notar como evapora su saliva al contacto, pero poco a poco, me lo relaja, me lo reconforta, me lo deja tranquilo. Nos vestimos y según bajamos, me dice, por cierto soy Luis y ha sido un auténtico placer. Encantado, soy Curro, le digo. Al llegar a la barra, directamente me lleva donde los dos osetes, y oficialmente hace las presentaciones. Bueno chicos, creo que os interesáis, aquí os dejo a Curro, ellos son Fran y Kiko, yo ya me tengo que marchar.

Este tipo de presentación fue un corte, no sabíamos muy bien que hacer, ni que decir, pero en esas estábamos, cuando el camarero nos volvió a traer una copa de parte de Luis, por lo que se ve, el tío además de  estar buenísimo, era esplendido y en esta ocasión, no tuvimos ni tiempo de darle las gracias  por esta última copa que nos ha invitado, pues cuando nos dimos la vuelta él ya se había esfumado. Fran era el rapado, Kiko el de la barba, el primero rubio, el segundo muy moreno y muy peludo, ojos oscuros que hipnotizaban. Fran de ojos grandes, muy claros, entre azules y grises claros. Pero con una mirada picarona que te llevaba a los pensamientos más morbosos. Kiko, sin embargo, tenia una mirada de duro, de cabroncete, que llegaba a dar miedo.

Entre sorbo y sorbo, la cosa se fue calentando, empezaron ellos con un leve piquito, que tras mirarme compartieron conmigo. Después, manos que me manoseaban el culo, otras, me acariciaban los pezones, y ya casi lo único que faltaba, era quedarnos desnudos allí mismos y follar como locos. Fran era, el que llevaba la voz cantante, dirigiéndose a Kiko, le dijo, que te parece si nos vamos los tres al hotel. Creo que es lo mejor. Me miraron y me hicieron la invitación, claro, le dije.

Lo estaba deseando, los tres en la cama, jugando, sin tapujos, sin miradas, solo los tres. Nada más llegar al hotel, fue un desparrame de ropa inmediato, nos sobraba todo, queríamos esta en pelotas, disfrutar de nuestros cuerpos. Yo les pedí una duchita, ya que no me sentía muy limpio después de  la sesión con Luis, pero me dijeron que ni hablar, les encanta el sexo, y los olores y además ellos también habían estado follando antes con Luis, antes de llegar yo. Me tiraron sobre la cama, uno me comía la boca, el otro me lamia el sexo, polla, huevos, y por fin llegó a mi culo, abierto y dolorido de la follada que minutos antes me había dado Luis.

Aquellos doscientos kilos de carne sobre mi hostigándome disfrutándome, me ponían a mil, Fran ya me estaba lamiendo  los pezones y los sobacos, quería disfrutar de todos los sabores de mi cuerpo, bajo con Kiko y juntos ahora deleitaban  mi sexo, recorrían mi polla al unísono, luego uno se la comía, el otro bajaba a mis huevos, y así hasta volver a coincidir en mi culo. Aquellas dos lenguas tremendamente juguetonas me lo acariciaban, mientras se entrelazaban ellas mismas, me escupían uno, el otro me lo restregaba y trataba de abrir, eran unos instantes deliciosos, sentirlos allí, a los dándome placer.

Fran se puso a horcajadas sobre mi pecho, ahora era su polla la que estaba al alcance de mi boca, y no dejé pasar la oportunidad de disfrutar de aquel pedazo de carne dentro de mi boca, lamerlo, saborearlo, pasar mi lengua por su glande, y deleitarme con la gotita que salía por la punta de su rabo. Kiko seguía allí, entre mis piernas, lamiendo y devorándome, pero se incorpora y es el culo de Fran el que está lamiendo ahora, lo lame, lo escupe juega con su dedo y vuelve a escupir y lamer. Me quita la polla de la boca se hecha, hacia atrás, y según se acerca a mi polla, la coge con la mano se la apuntala y se la clava poco a poco mientras la lengua del barbitas sigue lamiendo mi polla y el culo del rapado, solo de pensar en la situación, esa lengua tratando de colarse con mi polla en aquel agujero, me puso burro total, al notarlo Kiko, pregunta.

¿Te gusta cabrón, como entra mi lengua con tu polla? Joder tío, me pone a mil. No será lo único que entre con tu polla hoy en este culazo.

Acto seguido, empezó a jugar  junto  con mi polla alguno de sus dedos, la presión era tremenda, el culo de Fran trataba de adaptase a la situación, quería  abrirse, dilatarse  para nosotros, pero requería más tiempo, no podía ir tan de prisa, las caricias de la barba, de nuevo en mis bajos y el culo del rapado, me hacían transportarme, sentirme en la gloria, por los gemidos Fran también estaba  pasándolo tremendamente bien, mi polla clavada hasta los huevos y la lengua de su pareja mojándole el borde de su culo, algún dedo tratando de entrar en paralelo con mi rabo. Poco a poco, el culo va cediendo, noto un dedo dentro, luego ya son dos, pone lubricante, que fresquito noto ahora al meterla, woof. El cabrón de Kiko, le acaba de meter tres dedos, y los ojos de Fran están cerrados, su lengua relamiéndose los labios mientras con las manos se agarra la polla como si se  la quisieran quitar, materialmente se la está destrozando, la saca de golpe, vuelve a por crema, y alrededor del culo lo lubrica bien, hace lo mismo con mi polla, y seguidamente lo mismo con la suya.

Tumba a Fran sobre mi,  se clava mi rabo, y Kiko desde atrás, empieza también a meterle el suyo, duro grueso, potente, el comienzo es difícil, noto como me oprime, pero no logra entrar, se inclina ligeramente, ahora la punta va más encaminada, me aprieta  mi polla en la base, se va colando y noto como siguiendo mi polla como autopista perfecta se cuela en ese túnel, sin fondo, ese culo se esta tragando las dos pollas poco a poco, la noto  junto a la mía, como me aprieta, como la presión  más relajada del culo por un lado, pero el otro rabo, duro  y gordo, me hace sentir algo distinto, nuevo, una sensación novedosa, del roce de una polla contra otra, dentro de un culo.

Yo permanecía inmóvil, allí tumbado boca arriba, aplastado por ese osazo de cien kilos y el otro  allí de pie, al borde la cama, dándome envestidas que sentía como si fueran dirigidas a mi, aunque era el culo de Fran el que las recibía, mi polla hacía ligeros vaivenes, pero el placer es tremendo, es como multiplicado por diez. No puedo más, les grito. Kiko sale de Fran, este se saca mi polla, se incorporan, y me dicen. Vamos a tomar algo, luego rematamos la faena.

El mini bar no tenía mucho donde escoger, Fran descolgó el teléfono  y pidió unas cervezas y algo  para picar, además de unos sándwiches. Esto sirvió para tomarnos un tiempo de resuello y relajarnos un poco, también tuve ahora la oportunidad de verlos desnudos, contemplar estos cuerpos fuertes, recios, los culos maravillosos, y sobre todo sus pollas, la de Fran, gorda normal de larga, la de Kiko, negra, larga, y cónica, fina de punta, y muy gruesa de base, de esas que sin darte cuenta se cuelan, y te dejan el culo abierto del grosor final que tiene.

Minutos después llaman a la puerta, es el camarero, Fran abre con una toalla, pero sin caer en la cuenta que traería  un carrito con la demanda y al entrar allí estábamos nosotros en pelotas. El camarero, como que no dio por sorprendido  y desde el mismo momento que atravesó la puerta, todo eran insinuaciones hacerse notar. A Fran no le pasó desapercibido, e inmediatamente, le echó mano a la polla, el camarero le respondió con cogerle de la nuca y darle un fuerte morreo.

Tendría unos 25 años, delgado, fibrado, pelo corto rizado, acara colado, piel morena, nada más soltarle del beso se acercó a nosotros, Kiko le abrió la bragueta y le soltó la polla, ¡Vaya rabo! Estaba morcillota aun, y era tan gorda como la de Fran y tan larga como la de Kiko, este al verla, empezó a dedicarle su exquisita mamada, lenta, suave, húmeda, en cada lamida, se la dejaba toda brillante, ensalivada. Fran seguía morreándose con él, me fui detrás, le abracé y empecé a darle pequeños mordiscos en el cuello. Cogiéndole por la cintura, le enculo de una forma suave, mientras empiezo a desabrocharle el pantalón, Fran le quita la camisa, y en poco momento ya está desnudo con los calzoncillos y los pantalones por los tobillos.

Su polla ya mostraba su máximo esplendor, Fran se agacha también, y así, los dos a dúo, le están haciendo una magnifica mamada a dos bocas. Yo hablándole al oído, le digo: ¿Qué, te gusta tío? Mucho me contesta, pero tú sigue jugando atrás. Joder oírle y como un resorte mi polla saltó, se acopló allí entre sus nalgas y luchaba por atravesar aquel glúteo redondo, elevado, duro, que imploraba por ser taladrado, no tuve que hacer nada, desde delante una mano ensalivada, ponía jugo en el agujero del camarero y mi polla casi auto dirigida se coló sin ningún tipo de esfuerzo. Unos poco movimientos suaves, pero profundos, recreándome allí en el interior de aquella gruta, esas bocas sabias, magistrales haciendo su trabajo, hicieron que en pocos minutos, eso huevos explotaran en la cara de los dos osetes.

El camarero, se vistió, nos deseó buenas noches y salió. Aprovechamos el momento para asearnos un poco y engullir esos bocadillos y esas cervezas, recuperando fuerzas para esa batalla final que nos esperaba. Tardamos, muy poco tiempo en comernos los bocadillos, y estábamos aun degustando las cervezas cuando el juego se reinició

Fran toma un trago de cerveza y con la boca llena del fresco jugo se arrodilla delante de mí y empieza a comerme la polla, la sensación es rara, fría, refrescante, pero muy excitante, mi polla empieza a crecer, a llenarle la boca. Kiko se sube a la cama, sin ningún tipo de contemplación empieza a follarme la boca. Fran deja mi polla y empieza a comerle el culo a Kiko.

Poco tiempo estamos en este juego, el barbas saca su polla de mi boca, se baja de la cama y de un solo golpe el rapado se acopla detrás de él clavándole el rabo hasta los huevos, le cuesta un poco tiempo acomodarse, pero instantes después, es su culo el que está follándose de una forma salvaje la polla de Fran. Se agacha, me agarra la polla y ahora con el culo bien ofrecido es mi polla la que lame, durante unos minutos, en esta posición, tragándose el rabo de su pareja por el culo y el mío por la boca, disfruta como loco de estas dos penetraciones tremendas.

Una vez satisfechos su dos agujeros, se incorpora un poco y me pone a cuatros patas al borde de la cama, bebe cerveza y lentamente  me la va introduciendo por el culo, despacio, a presión, para después  jugar con su lengua, meterla dentro de mi agujero y obligarme a abrir el culo y recuperar su cerveza.

La sensación era desconocida para mi, era algo nuevo, extraño, un liquido frío en contraste con  el caliente interior de mi ano producían una sensación inhabitual, reconfortante a la vez que  excitante. Con sus manos me abría las nalgas y su lengua luchaba por entrar dentro de mí, cada envestida que Fran le daba, cada enculada que él recibía, yo la recibía en mi culo a través de su lengua, lubricándome, dilatándome y preparando el culo, para instantes después rompérmelo con su polla.

Mi culo estaba preparado, abierto y sin darme cuenta esa polla grande, pero fina de punta estaba en mi interior, poco a poco  iba colándose, entraba cada vez más, las embestida de Fran me  llegaba  al principio amortiguadas, después una vez mi culo se hizo a la polla de Kiko, la transmisión era directa, completa.

Yo estaba ya vencido, echado contra la cama, la cabeza mordiendo la almohada, mientras aquel pedazo de carne entraba y salía de mi interior. Fran cuando se aproximaba al orgasmo, cambiaba de ritmo, lo ralentizaba, cuando era Kiko, el que se aproximaba al fénix, sacaba casi totalmente la polla de mi culo y obligaba a Fran a unos movimientos más lentos. Así estuvimos más de diez minutos, disfrutando de ese magnífico tándem, capitaneado en este caso por el rapado de los osetes.

Llevábamos  más de dos horas entre unas cosas y otras desde que llegamos al hotel, ya habíamos calentado motores antes en el bar, y el final se acercaba, yo deseaba que me rompieran allí mismo, que me dejaran empalado mientras mis huevos  se descaraban allí mismo  en las sábanas.

Como si adivinaran mi pensamiento, el ritmo de Fran se aceleró, esta vez Kiko no lo paró y transmitió sus enculadas al mismo ritmo, nuestros jadeos crecían no aguantábamos mucho más, me corro les grité, y como una torre de naipes los dos, una vez desmontado el trencito, vinieron detrás de mi descargando sus huevos sobre mis espalda. Yo suavemente me vacié en la cama encima de las sábanas, al tiempo que  sus descargas se hacían sentir, calientes, abundantes en mi espalda, en mi culo metiéndose por mi raja.

Una vez, realizada esa descarga profunda, se tumba a mi lado, me acarician la espalda, restriegan ese semen, para evitar que corriese descontroladamente por todo mi cuerpo, y en esa posición, el sueño nos venció.

Esta mañana con la claridad del día me he despertado, y sin tan siquiera ducharme me he despedido de ellos  para llegar a casa a tiempo de poder preparar todo lo necesario para el viaje de mañana.

Autor: Curro

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Escrito por Marqueze

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