ESCUELA DE NATACION

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En mi trabajo, hay un compañero que es relativamente nuevo, para ser exacto 3 meses lleva con nosotros. Es un poco introvertido, poco habla con los compañeros, trabaja en la oficina de contabilidad, es ayudante del querido contador (se acuerdan del señor Ramírez). Bueno cierto día estábamos con otros dos compañeros conversando a la salida de del centro médico, cuando de pronto apareció él, que se llama Mauricio, nos saludó y enseguida nos preguntó si éramos casados, los otros dos contestaron, porque lo son, y enseguida les preguntó si conocían algún lugar donde practicaran natación, que necesitaba encontrar uno para su hijo que desde hace un par de años lo practica. Ah… les quiero contar que Mauricio no es de la capital, es del norte del país, por lo mismo es que no sabe muchas cosas, las que este servidor se encargará de enseñárselas más adelante.

Bueno siguiendo, nadie le supo responder, excepto yo, que enseguida le dije que por el camino que transito todos los días, he visto una piscina donde practican natación. Enseguida Mauricio me pidió que le diera la dirección, pero yo tan amable le dije que si quería le llevaba y así podía consultar enseguida si había cupo para su hijo. Este sonriente me lo agradeció y de inmediato nos fuimos a hasta allá. Tengo que contarles que Mauricio tiene 30 años, cuerpo normal, más bien algo delgado, pero con un culito que promete, 1.75, pelo negro, ojos café claro. Bueno finalmente llegamos a hasta la piscina escolar, y él entró en la oficina y tras unos minutos volvió muy contento, porque había inscrito a su hijo y me agradeció el gesto:¡¡¡¡¡No se como agradecerte esto!!!!¡¡¡¡No te preocupes, algún día me lo pagarás!!!

Se lo dije sonriendo, él también sonrió y bajó la cabeza, para posteriormente salir del recinto sin decir palabra. Ya en la calle nos despedimos y cada uno para su casa. Paso una semana en la cual nos hicimos amigos, cuando podíamos íbamos juntos a colación, incluso un par de veces me invitó a su casa, para que conociera a su esposa e hijo, pero siempre me excusaba que tenía que hacer otras cosas. Cierto día viernes que había una competencia de natación en la cual participaba el hijo de Mauricio, este me invitó para que le acompañara, ya que su esposa había tenido que ir urgente al norte porque su madre estaba muy enferma. Enseguida acepté y fuimos a ver al niño llamado Mauricio, como su padre, de 12 años. Nos sentamos en las graderías para ver el espectáculo que brindarían las diferentes categorías de competencias. Finalmente le tocó al hijo de mi compañero, el cual salió segundo en su serie. Su padre estaba muy contento para ser la primera vez en la capital, donde hay muy buenos competidores. Ambos felicitamos al muchacho y los invité a un restaurante a comer algo antes de irnos a casa. La velada fue muy tranquila y llegada las 23 horas les dije que era hora de irnos, y tomando mi chaqueta que tenía apoyada en la silla, intenté despedirme, pero enseguida Mauricio me invita a su casa para que bebiéramos un trago, le dije que en otra ocasión, a la vez también el niño insistió, diciendo:¡¡¡¡¡Tío, vaya, así le muestro mi colección de autos!!!!La palabra autos, fue la clave, como saben soy coleccionista de autos y enseguida acepté. El niño brincaba de gusto, mientras su padre sonreía y agradecía que les acompañara.

Llegamos hasta su casa que no queda a más de 20 minutos de la mía y entramos presurosos con el niño, para ver su colección, que me pareció fabulosa. Mientras la veíamos su padre fue a preparar unos tragos y los trajo hasta la habitación del niño. Estuvimos bebiendo y admirando los autos del niño por espacio de una media hora, hasta que su padre le dijo que debía acostarse, que ya eran las 12.30, que debía descansar. Me fui al living y Mauricio me llevó otro trago y me dijo que volvía enseguida, que iba a acostar a su hijo. Empecé a escuchar una suave melod&

iacute;a, que provenía del estéreo que estaba encendido, con el volumen muy bajo, como si estuviera en las nubes me dejé llevar, sin darme cuenta que el alcohol y el cansancio del día trabajado, me hicieran relajarme, me quedé dormido, no se cuanto tiempo, hasta que de pronto entre el sueño y embriaguez y cansancio, todo mezclado, sentí que alguien hurgaba en entre mis pantalones.

Muy lentamente fui abriendo mis ojos, encontrándome que entre mis piernas, de rodillas sobre la alfombra estaba Mauricio. Me había bajado el cierre del pantalón y buscaba entre mis calzoncillos mi pene, que al sentir el contacto de sus dedos, comenzó a despertar. Como pudo lo sacó por un lado; de reojo pude ver que puso cara de admiración al ver mis gruesos 21 centímetros. Lo tomó entre sus manos, dando de vez en cuando una mirada a mi cara, yo me hacía el dormido, para ver hasta donde llegaba mi compañero de labores. Jugueteó un rato con mi verga, iniciando una suave masturbación, que a ratos me hacía estremecer de gusto. A lo cual él se detenía, y al ver que yo solamente musitaba alguna mueca y seguía durmiendo, volvía a la carga. Hasta que ya más decidido acercó su boca y comenzó a besarme el glande, pasando su lengua por la abertura del meato, di un gemido que le asustó, soltando rápidamente su presa. Me estiré un poco y él al ver que no despertaba se lanzó de nuevo, pero esta vez empezó a mamármela suavemente. No podía mucho, pero al parecer lograba meterse un buen poco dentro de la boca, incluso le escuché hacer un par de arcadas. Siguió chupando no se cuanto rato hasta que de pronto alejó su boca de mi pene, dejándome con las ganas de seguir sintiendo mi pichula en su cavidad bucal.

Sigiloso abrí mis ojos, para ver que estaba haciendo; se quitaba la ropa lentamente hasta que quedó completamente desnudo, mostrándome entre las penumbras de la habitación su delgado cuerpo, apenas podía verle, por efecto del alcohol y la poca luz. Finalmente Mauricio se arrodilló nuevamente y desabrochó mi cinturón, para posteriormente lento, pero seguro, me fue bajando los pantalones, acompañados de mis calzoncillos, con un poco de ayuda mía, que hacia movimientos ondulatorios, facilitándole la tarea. Hasta que finalmente logró bajármelos hasta los tobillos. Y aprovechando que mi postura era la ideal, porque quedé bien estirado sobre el sofá, este se subió al mismo y lentamente fue bajando hasta mi pene erguido, con evidentes signos de excitación. Se mojó la mano con su saliva y la pasó por la punta de mi aparato y luego un resto por su culo. Sujetó con fuerza mi pene y lo apuntó hasta su prieto agujero, que rebeldemente se resistía a ser penetrado. Y tras varios intentos logró meterse unos cuantos centímetros, le escuché gemir de dolor al parecer, pero muy pronto nuevamente empezó la tarea de comerse el resto de carne que le faltaba por alojar en su ya desvirgado culo. Finalmente sentí sus nalgas chocar con mis testículos; se quedó quieto por unos segundos, solo se escuchaba su respiración algo agitada, tal vez por la emoción de tenerla toda adentro o por el miedo a que yo despertara y reaccionara mal.

Intenté mover mi cadera en señal de que estaba despierto, pero este me tenía bien aprisionado mi pene, con sus esfínteres poderosos. Prontamente inició una cabalgata que me volvió loco y ya no pude resistir más mi inmovilidad y tomándolo de la cintura, le apreté contra mi verga dura. Mauricio se sobresaltó y quiso levantarse:¡¡¡No te asustes, lo estás haciendo muy bien!!!Quiso decir algo, pero no le dejé hablar solo le dije que siguiera, que me encantaba sentir mi verga dentro de su culo apretadito. Esto lo incentivó aún más, porque enseguida empezó a cabalgarme como un loco, gimiendo ante cada clavada que se daba con mi daga caliente:¡¡¡¡Me encanta sentir tu pene en mi culo!!!!¡¡¡¡Es la primera vez que lo hago y no me arrepiento!!!¡¡¡¡Que rico se siente, me partes el culo!!!¡¡¡¡Dame tu leche que ya no aguanto más!!!

Acto seguido sentí en mi cara una de sus descargas de semen, otra en mi pecho y el resto sobre mi abdomen, con gemidos de placer que por un momento pensé podría escuchar su hijo. Por mi parte ante tanta excitación, además de sentir su leche caliente en mi cuerpo, no aguanté más y vacié mi carga de semen en ese hoyito que aún me apretaba por l

as contracciones que tenía mi amante, tras su descarga de semen. Gemí y grité del gusto mientras depositaba mi semen en ese culito tan rico que nunca pensé que podría poseer y en tan semejante circunstancia. Nos quedamos un rato en esa posición hasta que pasado unos minutos, lentamente se levantó Mauricio y se fue al baño. Me levanté y comencé a ordenarme las ropas y cuando ya estaba buscando mi chaqueta llegó Mauricio con una toalla puesta en la cintura y me dijo:¿Ya te vas?¡¡¡¡Me gustaría que me la chuparas!!!¡¡¡¡Es una fantasía que tengo hace años!!!Le miré y le dije:¿Tu mujer nunca?

No alcancé a terminar de preguntar, porque este se sacó la toalla y me mostró su verga erecta, algo delgada, de unos 17 centímetros, con la cabeza grande y enseguida me la metió en la boca, como desesperado por sentirla dentro de mi boca. Me la quité de la boca y le pase mi lengua por todos lados, en especial por la cabeza rosada, haciéndole gemir del gusto, hasta que finalmente me la metí toda en la boca iniciando una de las más cortas mamadas que he hecho. Porque en cosa de un minuto sentí como Mauricio tomaba mi cabeza con fuerza, clavando su pene lo más adentro que pudo descargando su semen en mi boca, quemando mi garganta de su lava caliente. Enseguida la retiró de mi boca y me dijo:¡¡¡¡Nunca pensé que sería tan rica esta experiencia!!!!No le dije nada solo le miraba su cara de satisfacción, hasta que él vio que mi verga nuevamente estaba erguida que brotaba de entre mis pantalones y me dijo:¡¡¡¡Me gustaría que me culearas a lo perrito!!!

En otras palabras en cuatro patas, entonces; le dije que se acomodara en la alfombra, mientras me quitaba nuevamente la ropa. Esta vez me desnudé completamente y sin mediar palabra me coloqué detrás de Mauricio y se la metí de un viaje, haciendo que se quejara, y luego salvajemente le culeé hasta que sin aliento acabé dentro de su culo hambriento de pico. Nos tiramos en la alfombra exhaustos por unos minutos, nos fumamos un cigarrillo (que placentero es hacer eso después de un buen polvo) hasta que finalmente le dije que debía irme, que ya era tarde, miramos el reloj, las 3 de la mañana. Mauricio me hizo prometer que a nadie le contaría lo sucedido, que esta experiencia el la deseaba, pero que no sabía si querría volverla a repetir. En todo caso le dije que yo estaba dispuesto a ayudarle si otro día deseaba repetir la experiencia.

Me dejó en la puerta y me fui para mi casa, donde me tiré en mi cama a dormir hasta las 12 del otro día. De esto hace ya 1 mes, con Mauricio nos seguimos siendo amigos y comemos algunos días en la semana, pero de lo sucedido en su casa nunca más hemos hablado.

Autor: Gustavo

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Escrito por Marqueze

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