ESPECIALMENTE PARA TI

especialmente ti

Nos conocimos en la cafetería del Centro Universitario y, a pesar de estudiar carreras diferentes, el horario del mediodía nos permitía conversar y almorzar juntos. De allí a comenzar algo más íntimo pasó poco tiempo y no pasó mucho más hasta que decidimos vivir juntos. Nada tendría que cambiar, pues aún los dos estudiábamos y trabajábamos, cada uno, en los comienzos de lo que luego serían nuestras respectivas profesiones. Los diplomas recibidos fueron motivo de despegue y mejoras económicas. Junto a ellas decidimos casarnos.

Eran buenos y bellos tiempos de reuniones donde se conocía a personas importantes y el regreso al piso nos permitía los mejores encuentros sexuales. No quedó espacio sin recibir dentro de la casa una doble utilidad: la cocina, los pasillos, el balcón, el lavadero, el escritorio, la mesa del comedor fueron testigos mudos de nuestras caricias y nuestro amor. Decías que estaba loca con esas ideas pero luego disfrutabas muchísimo. Siempre fuiste más racional que yo, de esas personas que jamás demostrarían públicamente su amor por su pareja. Recuerdo la vez que estábamos en una cena y se me ocurrió bajar la mano para acariciarte. ¡Tu mirada me fulminó!. Y, a pesar de ello, yo disfruté plenamente de esa pequeña travesura.

Poco a poco nos fueron absorbiendo nuestros trabajos y tus viajes me hacían sentir sola. Racionalmente me convencía que todo era normal hasta que llegó el día cuando, íntimamente, tomé la decisión de decir: ¡Esto no va más!. Regresé a casa temprano dispuesta a esa conversación que pondría fin a todo lo nuestro, y -para mi sorpresa- estabas recostado en el dormitorio.

Mientras me cambiaba la ropa, te acercaste y, sin decirme nada, comenzaste a besar mi cuello y a abrazarme por detrás. No necesitábamos descubrir lo que al otro le producía placer. Tu lengua avanzó por mi nuca y a tus besos los siguieron tus manos por debajo de mi jersey acariciando mis pechos. Sabías bien que estabas usando intencionalmente artillería pesada porque mis manos buscaban tus cabellos para recorrer con mis yemas tus orejas. Rodeaste mi cuello con besos y me fuiste girando para quedar frente a ti, me quitaste el molesto  para ese entonces- jersey. Comenzaste a abrazar mi boca con tus labios, humedecerlos, aprisionar primero uno con los dos tuyos, luego el otro, para zambullirte en mi boca con deseos y pasión que hacía tiempo no existía entre nosotros. Tomaste todo el tiempo del mundo para besarme y acariciarme, para que quitara tu camisa y aflojara tus pantalones. Sacaste mis zapatos y con caricias desplazaste las p deseado. Me dediqué a prodigar placer a tu polla, a jugar con ella, humedecerla, acariciarla, lamerla desde la punta a la base, a brindarte mil juegos con mi lengua en tu capullo, a sorber y jugar con tus testículos hasta llevarte al límite. Mi lengua y mis manos se turnaban entre tu verga y tus testículos para acariciar y humedecer, sorber y masajear, lamer y recorrer cada milímetro de tu piel. En ese momento decidiste penetrarme, y lo hiciste como nunca, lentamente cubriendo cada espacio de mi vagina, siendo el complemento perfecto para ella. Sentía tus deseos y cada embestida era un buscar más, cada movimiento de mis caderas era un pedir más.

Volviste a ser mi amante y allí -en ese momento- decidí callar. Nunca te enterarías que iba a pedirte el divorcio, porque dejé de lado mi cerebro, mi conveniencia y le di una oportunidad al corazón en el momento en que tuve un orgasmo, que me sacudió hasta la última fibra y me llevó a abrazarte con desesperación mientras me volvías a besar.

Pensé que eran fantasías mías, celos quizá o temores de perderte, los que me llevaron a creer que el divorcio era lo mejor para ambos y, un día decidí sorprenderte: compré sábanas de raso negras ribeteadas con rojo y un camisón corto y casi transparente de jersey negro que sólo llevaba un tanga pequeñito debajo. Acondicioné el dormitorio con velas perfumadas y sahumerios con aroma a rosas. Solté mi largo cabello y me senté en medio de la cama de forma que el cabello cubriera mis pechos sobre el camisón. Cuando entraste, s

ólo dijiste: – ¿¡Estás loca!? ¿¡ Tienes idea del peligro que son esas velas en el dormitorio!?. Nunca recuerdas lo mucho que me molestan esos palitos de aroma.

– Pero…

– Pero nada.¡Ni sueñes que dormiré entre esas sábanas!

Callé. ¡Ya nada tenía sentido! Mi tonta fantasía imaginada para brindarte una sorpresa, que incluía un pequeño baile mientras me quitaría el camisón, la bombilla roja puesta en el velador para difuminar la luz… Todo lo que yo consideraba te llevaría, nos llevaría, a olvidarnos del mundo por unas horas se disipó y se quebró frente a tu tajante realidad. Bajé de la cama, cambié las sábanas, me acosté a dormir de espaldas a ti con mi camisón y, en la mañana siguiente, camisón y sábanas fueron arrojados por el incinerador de residuos. Junto con ellos también arrojé ilusiones y fantasías, sueños rotos y mil ideas románticas para contigo.

Desde ese momento me partí en dos: Laura, la racional, con quién convivirías a tu gusto; y Andrea, mi otra mitad, ésa donde viven mis sentimientos, emociones, sueños fantasías para compartir, deseos de dar y recibir placer… ¡Ésa no te pertenece! Ésa habita dentro de mí y nunca más salió a la luz porque no supiste o no deseaste comprender que, a pesar de la profesión, seguía siendo una mujer que estaba enamorada y quería hacerte feliz: una mujer para la cual el erotismo, la sensualidad y el amor en una pareja tenían que escribirse con mayúsculas y reafirmarse día a día.

Tienes ahora la mejor mujer que un profesional merece a su lado: a Laura, exitosa en su carrera, que sabe organizar reuniones en la casa o en el country, la anfitriona que nunca se equivoca, que está continuamente actualizada y te permite lucirte frente a tus clientes internacionales. Laura, que toma decisiones sin importarle los costos, que día a día se afianza en su trabajo y sabe encontrar la veta donde otros nada ven. Tienes, según dices, la persona que es exacto complemento y hasta horarios de las reuniones del día siguiente, el calendario de vencimientos impositivos, las facturas por pagar y mil cosas más.

Cuarto, cuando se produce mi orgasmo, te recuestas a mi lado y sé que debo ubicarme entre tus piernas para hacerte una fellatio como yo sólo sé hacerla porque – mal que me pese- sé que soy buena para ello. Más que buena: ¡la mejor! Y sigo chupando y recorriendo y dando calor y acariciando tus huevos hasta que me digas: – ¡Basta ya, que me tienes loco!

Quinto, me pides que te cabalgue o me penetras en diversas posiciones hasta derramarte y yo en contadas ocasiones logro un segundo orgasmo. La mayoría de las veces finjo para que te sientas feliz.

Todo esto transcurre en un tiempo casi exacto que oscila entre los veinte y treinta minutos, para luego darte la vuelta y dormirte. Yo voy al baño, me aseo y tranquilamente me fumo el último cigarrillo antes de dormirme. Es cierto, ¡somos la pareja perfecta! Tan perfecta que puedo predecir cada minuto que paso a tu lado. Quizá por eso mi trabajo me resulte fascinante: cada día me brinda la posibilidad de encontrarle un matiz diferente.

En veinte días será tu cumpleaños y, como todos los años, organizaré la reunión. Todo será perfecto (como siempre), sólo que este año el regalo no podré brindártelo delante de todos los invitados. Será algo diferente.

Voy a complacerte con algo que siempre fue tu fantasía: un trío. ¡Dos mujeres para ti! Para poder cumplirlo me he dedicado a estudiar cada detalle de la que será ese novedoso complemento.¡No puede ser cualquiera! Eso nunca…

Acudo a una agencia de acompañantes y le explico al señor que lleva a cabo la entrevista los requisitos que estoy buscando:

A: Entre veinticinco y treinta años. B: Cabellos largos por mitad de la espalda, negros y lacios. C: Ojos verdes y un rostro bonito. D: Piel blanca sin marcas de sol. E: Sus medidas serán lo más cercano a 93-62-90 y su altura no exceder de 1,65m. F: Debe ser educada, dulce, apasionada, imaginativa y le aclaro que le proveeré la lencería a utilizar.

Me promete buscarla y me dice que algo tan específico costará un poco más. Le explico que estoy dispuesta a pagar a la agencia tarifa doble y una buena propina extra para la chica. Dejo mis datos bajo un seudónimo y mi celular para que me mantenga al tanto de la búsqueda y sus resultados.

La he visto y me ha satisfecho. Me he visto a mí misma a su edad, tal y como yo tenía el cabello teñido por aquellos años, y me he dado cuenta que los quince años que han transcurrido desde aquellos días no me han tratado bien y no me he cuidado como merecía. Debería volver a mi peso de entonces y hacer gimnasia para tonificarme. Estoy conforme con la búsqueda y tengo todo arreglado.

Hoy es tu cumpleaños y quieres conocer cuál es tu regalo. Por primera vez no te he preguntado qué deseas, así que la sorpresa te mantiene intrigado. Todo transcurre como estaba previsto, la cena, la diversión, los brindis, las sonrisas y las despedidas. Todo dentro de lo previsible y, al ser día laboral, los invitados a las doce de la noche se han retirado. Todo quedará tal y como está: mañana el personal vendrá a limpiar y recibirá su extra como todos los años. Te propongo un último brindis:

– Por todos tus deseos aún no cumplidos… Que se hagan realidad.

– ¿Qué más puedo desear? Tengo profesión, esposa, somos felices dices .

– Siempre se puede desear algo más  contesto .

– ¡Sí, mi regalo! – Está en el dormitorio, pero debes esperar que te avise para entrar  digo tranquilamente.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

0 votos
Votaciones Votación negativa

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *