Exploracion mutua.

Anteriormente les escribí acerca de cómo tuve una deliciosa sesión de sexo con mi secretaria en un apartado motel en la ciudad de Toluca.

Como les comente, soy médico y trabajo en una institución de la ciudad de México, específicamente en el sur.

Bueno, pues este relato tiene lugar en el citado hospital y todo comenzó hace tres meses.

Me encontraba atendiendo una paciente que tiene 25 años, de aproximadamente 1 metro con 70 centímetros, cabello al hombro, castaño claro, recogido en una pequeña coleta por atrás, ojos grandes (dijeran los conocedores “tapatíos”), de color miel, con unas pestañas rizadas que se movían muy seductoras al parpadear; tez morena clara, probablemente bronceada por las vacaciones de su último semestre en Acapulco; su cuerpo no muy esbelto, pero con unos senos de campeonato, aprisionados por una blusa azul marino pegada tipo halter, ustedes saben, hacen resaltar los encantos de cualquier mujer, con el ombligo descubierto y un piercing en él, todo esto coronado por unas nalgas duritas y respingonas, del tipo que parecen tener forma de corazón por como se veían en sus jeans deslavados. Muy simpática y agradable en su trato. Segura de sí misma y como se veía.

Su único defecto: la nariz. Una nariz un poco grande para su rostro y aguileña.

En fin, una paciente como ella puede ponerte nervioso, al fin y al cabo también los médicos somos humanos, ¿no?

Ya saben, la exploración común.

¿Alejandra, cuando quieres operarte?

¡Lo mas pronto posible! Por que terminando el semestre voy a viajar a Sudamérica a un intercambio con otra universidad.

¿Te parece bien la semana que entra? Además, necesito tener estudios de sangre y rayos X.

¡Me parece perfecto! -contesto ella-. ¡Me da tiempo de arreglar mis asuntos pendientes!

Fijamos la fecha y le di las ordenes para los estudios. Se despidió, no sin antes mirarme a los ojos entre emocionada y divertida, como si acabara de saber el resultado de algún examen y hubiera sacado la mejor calificación.

A los tres días, la recibí nuevamente con sus estudios, solo que esta vez al entrar al consultorio me saludo con un beso en la mejilla, como si fuéramos amigos de mucho tiempo. Note que iba vestida con una minifalda negra y medias del mismo color, zapatillas de tacón alto que hacían ver sus piernas mucho más estilizadas y largas. Maquillaje perfecto y blusa escotada que permitía asomar las medias copas de su sostén de encaje en perfecta armonía con toda su imagen. De verdad me turbo un poco esa imagen y sentí como mi virilidad amenazaba con traicionarme delante de ella. Solo atine a cerrar la bata (bendito el que invento las batas) para disimular un poco y me acomode detrás de mi escritorio.

Se veía muy alegre. Después de revisar los exámenes, decidimos que seria el viernes cuando ingresaría al hospital.

¿Estas nerviosa? –pregunte-

¡No, para nada! Estoy muy emocionada por que va a cambiar la forma de mi nariz.

¡Estaba muy excitada después que salí de tu consultorio!

¡Ah, ahora me tuteas! –pensé para mí-

¡Tan excitada que salí con mi novio e hicimos el amor en el coche! –agregó en un tono pícaro-

¡Ah, que bien! –respondí-

Trate de no pensar en esa imagen (ella sentada encima de su novio, cabalgando su miembro y él deleitándose con ese manjar).

¡Maldita sea! Otra vez la erección tras el escritorio.

¡Bueno, entonces ya sabes las recomendaciones y como tienes que ir! –finalice-

¡Ya me las aprendí de memoria!

Despedida, se acerca y me planta un beso lo mas cerca que puede de mis labios. Sale por el pasillo caminando y la sigo para ver esas piernas en movimiento. ¡Simplemente espléndidas! No puedo evitar pensar en ella todo lo que resta para el viernes.

El viernes llega. Mismo saludo que cuando se despidió, todo se presta para una cirugía perfecta. Se va de alta el mismo día.

Al tercer día, regresa a revisión.

¡Hola Ale! ¿Cómo estas? –pregunto-

¡Perfectamente bien! Y muy contenta. –replica-

¿Te gusta el resultado?

¡Me encanta! –le brillan los ojos de una manera muy especial-

¿Sabes? Mi novio se fue a Cuernavaca con sus amigos. ¡Y estoy muy excitada!

¡Ah,! –mi cabe

za empieza a dar vueltas-

Se levanta del sillón de exploración y se acerca a mí. Me abraza y me susurra al oído:

¡Quiero hacerlo contigo ahora!

¡Pero, estamos en un consultorio! –replico-

La mire a los ojos y supe que lo único que podía hacer era poner el seguro a la puerta.

Se separo y comenzó a desabotonar la blusa holgada que llevaba, apareció el mismo sostén de media copa que llevaba el primer día. Nuevamente se acerco y me quito la bata, dejando al descubierto la tremenda erección que en ese momento tenía, aflojo mi corbata como una experta y comenzó a desabrochar mi camisa. Mil cosas pasaban por mi mente en ese momento, pero ninguna importaba. Me abrazo y pude percibir un aroma delicioso en su cuello, el aroma que emana de una mujer recién bañada, lo bese muy suavemente y deslice mis dedos por su espalda para liberar ese par de tetas firmes, suaves, con unos pezones discretamente obscurecidos y listos a recibir mi boca ansiosa de probarlos. Y así lo hice, mi lengua se paseo por cada uno de ellos recibiendo la aprobación por parte de su dueña, que apretaba mi cabeza contra su pecho. Entre gemidos, fui bajando por su abdomen, besando cada centímetro, deteniéndome en su ombligo, saboreando cada centímetro de esa deliciosa piel morena. Mis manos encontraron su cadera y fui siguiendo el contorno de esas curvas hasta centrarlas en sus nalgas y palpar lo duras que eran. La apreté contra mí, sintió la dureza que chocaba contra su vientre y unió su boca a la mía. Comenzaron a chocar nuestras lenguas sin control. Mis manos seguían acariciando su cuerpo como quien acaricia una diosa, suave y lento, se podría decir que con cierto respeto. Encontré el cierre que se escondía en la parte posterior de su pantalón y lo fui bajando. Deslice mis manos ya sin tela de por medio y palpé una tanga negra que se perdía entre esas nalgas de bronce y resurgía en la parte anterior entre unos labios húmedos que empapaban la parte central. Suavemente la despoje de su pantalón y quedo frente a mí, toda una diosa universitaria, desnuda, únicamente con su tanga negra. Era como regresar a mi pasado cuando hacia cosas locas en el anfiteatro de la facultad. Estaba embriagado por aquella presencia. Solo sentí como hábilmente me despojo de mi cinturón y desapareció el pantalón y la ropa interior que llevaba.

Se acostó como pudo sobre mi escritorio y llevo mi cabeza entre sus piernas.

¡Prueba mi conchita! – susurro-

Pude aspirar ese aroma tan inconfundible de hembra en celo que brotaba de su sexo, únicamente cubierto con una línea de encaje negro. Rompí todo lo que me estorbaba y coloque mi lengua entre esa hendidura roja, caliente, separe un poco los labios y asomo ante mi un pequeño punto rojo descubierto de su capucha. Acerque mi lengua suavemente recorriendo toda la extensión de sus maravillosos labios. Alexandra solo arqueaba el cuerpo gimiendo y levantando su cadera para que con mi lengua penetrara ese pequeño orificio de terciopelo. Describí todo el abecedario sobre esos labios y cuando sentí que llegaría al orgasmo comencé a trabajar sobre su botón, chapándolo, mordisqueándolo. No tuve que esperar mucho, sentí una explosión de liquido sobre mi boca y una serie de contracciones en su vientre que junto con su rostro me anunciaron su deleite y lo que seguía.

¡Siéntate en la silla! –ordeno-

Mi usada silla de exploración iba a ser el tálamo en esta aventura.

¡A ver si aguanta! –pensé para mí-

Me senté y tomo mi pene enhiesto, con su cabeza roja a punto de estallar de tan excitado que estaba con una situación tan erótica que nunca antes había vivido. Sus manos eran suaves, sus uñas largas y el manicuro perfecto me dieron a entender que nunca habían realizado labores domesticas. Comenzó a acariciarlo suavemente, su mano subía y bajaba en forma experta, sabia muy bien lo que ocasionaba, me estaba llevando al limite.

Cuando noto que estaba a mil y a punto de venirme, lo soltó y graciosamente le dio un beso, se volteo y diligentemente guió la punta a la entrada vaginal, lo acomodo, se detuvo como para preparar su entrada y poco a poco comenzó a bajar. ¡Que delicia de paredes! ¡Estrechas y calientes como si fuera núbil! Entro hasta el fondo y pude tocar su cuello, inicio el sube y baja, primero despacio y aumentando el ritmo así como sus gemidos. ¡Estaba muy excitado! El consultorio olí

a a sexo. Sus caderas se levantaban al ir hacia arriba y hacia adelante al descender, verdaderamente sentía como si me estuviera exprimiendo. Mis manos no paraban de tocar esas nalgas de ensueño que chocaban con mis piernas en cada embestida. Abrí sus nalgas y me encontré un ano que pedía a gritos ser atendido. Moje un dedo con saliva y comencé a introducirlo lentamente, acompasado con las subidas y bajadas, cuando se hubo acostumbrado metí el de la otra mano e hice labor de dilatación. Por sus contracciones sobre mi pene y la forma de arquear el cuerpo supe que había llegado a otro orgasmo. Como el mío ya se acercaba, saque mi arma y con la lubricación que llevaba la dirigí al centro de mi atención y de un solo sentón penetro toda. Sentí como sus piernas flaquearon y tuve que abrazarla y detenerla. Estaba atrapado dentro de ella y sin animo de querer salir. Se recupero un poco y nuevamente inicio el vaivén, ocho o diez arremetidas, esta vez ya no pude hacer nada y abrazándola me vine dentro de ella, apretaba sus tetas con mis manos, penetrándola hasta el fondo y bañando hasta el ultimo rincón con mi semen y su esfínter presionando de una manera increíble mi pene, chupando hasta la ultima gota.

Quedamos abrazados disfrutando uno de otro unos tres minutos, besándonos, tomando aliento, recuperándonos. Afortunadamente era temprano y no había gente en la sala de espera. Si no, los gemidos y el ruido de mi silla hubieran delatado que había algo mas que una consulta. El resto se lo imaginan. La sigo programando en mi agenda de consultas.

Les pido me escriban para conocer su opinión y me manden sus relatos.

Autor: Penymagic

Penymagic ( arroba ) aol.com

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Escrito por Marqueze

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