Fantasías de inicio (I)

fantasia inicio

Primera vez
… una fantasía

Llevaba unos dias en casa de mis primos de Oriente, eran los años 70 en Cuba y una de las pocas formas de pasar las vacaciones para un adolescente era visitar a su familia de otra provincia.

Yo había ido ese verano con mis padres y hermanos a casa de nuestra familia en las Tunas, donde la vida cerca de los animales y el campo era algo totalmente novedoso e interesante. Para mi, que desde muy pequeño me sentía atraído por los chicos, lo mas interesante eran los animales y mi primo Juanca. Desde que llegamos mi primo y yo éramos inseparables, cada dia me enseñaba algo diferente, y el asociar sexo a su persona se fue convirtiendo poco a poco en algo recurrente.

Una mañana le oigo llamarme desde las cuadras de los caballos, su padre tenía un semental hermoso y una yegua que recientemente había entrado en celo. Cuando me acerqué mi primo con una sonrisa de picaro en el rostro me dice:
– Mira, para que veas algo grande …

En el corral mi tío intentaba que el semental montara a la yegua a la que había atado para facilitarle “el trabajo”. La escena me dejó helado, la pinga del semental era enorme y estaba tan dura que debía dolerle, mis ojos se quedaron fijos en ese bello miembro y mi mente, muy acelerada en esos días, empezó a imaginarme a mi tambien atado para recibir aquel pingón en mi culito virgen. La yegua no ayudaba y con la cola molestaba al macho, mi tío medio enfadado le dice a mi primo:
– Juanca ven acá y ayúdame, coge la cola.

Mi primo me mira serio pero obedece a su padre y coge la cola de la yegua, mientras yo me giro para intentar ver bien cómo la penetraban. Mi tío empezó a reirse de nosotros y el semental empezó a intentar la penetración, pero nada, parecía como si no encontrara la entrada de la hembra, así que a los pocos minutos me dice mi tío con cara de risa:
– Migue como ya has mirado todo bien, ayuda al primerizo …

Le miré sin comprender y me dice:
– Agárrale el rabo y colócaselo, que ni tu primo ni yo podemos …

Al instante me puse febril, no me creía mi suerte, podía tocar aquel pingón erecto al máximo y moverlo para que se singara a la yegua. Con las manos sudadas me acerqué con cuidado y le agarré la pinga por la base, sin embargo casi no podía moverla, tan grande y dura estaba, mi tío viéndolo me dice:
– No, así no puedes, cógesela por la punta y guiala hacia adentro.

Sin soltarla de donde la tenia, deslicé mi mano por toda esa pinga hasta llegar a la punta, la agarre con suavidad y la dirigí a la entrada de la yegua, aunque antes, con mi dedo gordo y cuidando que mi tio no lo notara, le acaricié la cabeza. Mi tio no me vio pero sí mi primo que no apartaba los ojos de mi mano. Al darme cuenta solte aquel rabo que ya estaba casi dentro y me quedé mirando los 20 segundos que duró todo.

Al terminar, mi tio se llevó al semental y mi primo se me acerco por detrás y, mirando mi erección, me susurró:
– Viste que grande? Te gustó tocarla … eh?

Yo, aún en shock, lo miré y no contesté pero mi cara debía ser un libro abierto porque mi primo sonrió y deslizando su mano por mi espalda hasta llegar al culo me dijo:
– Sé que te gustó.

… continuará

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