FIN DE SEMANA DE RELAJACION

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Como a muchos de los lectores seguramente les sucede, la vida y el trabajo en las grandes ciudades genera una serie de situaciones estresantes las cuales, si no son manejadas mediante el deporte o saliendo al campo los fines de semana, pueden convertir la vida en una verdadera monotonía y aburrimiento.

En nuestros 20 años de matrimonio hemos estado repetidamente en estas situaciones de estrés las cuales han llegado a afectar nuestra vida diaria y por ende la sexual. En varias oportunidades platicábamos que había que ponerle remedio a esto, pero realmente el cansancio y la misma rutina eran más fuertes que nosotros mismos y al final nunca hacíamos nada para solucionarlo. Nuestros encuentros íntimos eran cada vez más distantes entre sí y aunque eran intensos y realmente los disfrutábamos veíamos que esta situación nos estaba afectando seriamente.

Durante los últimos dos, Lucía desarrolló un particular interés por todo lo relacionado con el misticismo como una manera de tratar de ayudarnos a encontrar luchar contra la monotonía y la desidia y fue así como comenzó a leer y documentarse sobre el tema. Llegó a aprender a leer el tarot y comenzó a aplicar el fen-shui en la casa y a utilizar inciensos y aromas que llenaran el ambiente con energía positiva y armonía. Comenzamos a visitar frecuentemente Tepoztlán, minúscula población a 15 minutos de Cuernavaca y la cual es famosa por estar situada al pie del cerro del Tepozteco, fuente de energía y espiritualidad para muchas personas que bajan los fines de semana desde México D.F. a nutrirse de esta energía o simplemente a recorrer sus calles y comprar cualquiera de los innumerables objetos y piedras semi-preciosas que allí se venden.

Hace como tres meses nos platicaron de un lugar en las afueras de Tepoztlán, entre varios, en el cual había un pequeño hotel de no más de 25 habitaciones, el cual está dedicado a la realización de masajes terapéuticos de tipo oriental, con enfoque particularmente de la India. Existe igualmente una alberca de relajación y allí se realizan sesiones de yoga que ayudan a la gente a combatir el estrés entre otras cosas. Pensamos que podría ser una buena experiencia y decidimos hacer una reservación de dos noches y tomar varias de las terapias y masajes ofrecidos con el fin de relajarnos un poco y dar un buen respiro a los problemas cotidianos. Llegamos un viernes a medio día y después de registrarnos entramos en la habitación, la cual era bastante amplia, con una espléndida vista de los cerros circundantes y de un pequeño valle con varias casitas y caminos de terracería. No había televisión ni radio y la iluminación era indirecta.

Había música ambiental del tipo místico lo cual hacía de la habitación un lugar realmente agradable para descansar. Nos dirigimos a reservar nuestras sesiones de masajes y escogiendo unos para ese mismo día y dos para el sábado, siendo el último de ellos uno de total relajación a través del uso de piedras calientes untadas con aceite. La señora que me hizo el masaje y a quien llamaré Ágata es realmente una experta en encontrar los puntos de gatillo los cuales se forman precisamente por el estrés del trabajo principalmente en los hombros y aunque doloroso al comienzo creo fue una buena idea el haber ido allí.

Igual experiencia tuvo mi esposa con su masajista, un joven a quien llamaremos Said, de unos 25 ó 26 años quien aprendió la técnica de la relajación de Ágata. Esa noche cenamos a la luz de las velas y acompañados de música de relajación en vivo y cerramos con una espléndida relación ayudada por los vinos tintos que siempre ayudan. Lucía, tal vez afectada por el vino, comentó que durante su masaje sintió mucho placer cuando su masajista, Said, pasaba sus manos húmedas por el aceite sobre sus hombros, espalda, brazos, piernas y nalgas.

-¿Por tus nalgas? – le pregunté.

-Si – respondió ella. Por qué, ¿te dan celos? -Para nada – le respondí. Simplemente me causa curiosidad que haya sucedido y no te hayas molestado.

-Creo que voy a empezar ha hacer cambios en mi vida y debo comenzar por cambiar mis actitudes pasadas y ser más abierta a nuevas sensaciones.

En ese momento no sospechaba hasta donde podía llegar del alcance de sus palabras.

Al día siguiente nos levantamos como a las 9:00 am y luego de desayunar salimos a caminar y luego a la alberca. Tuvimos nuestro segundo masaje cada uno y no fue sino hasta unos pocos minutos antes del último masaje cuando nos informaron que Said llegaría una hora tarde y que al estar todos los turnos ocupados el masaje de Lucía tendría que ser realizado directamente en la habitación ante lo cual ya nada podíamos hacer sino aceptar. Así que tomé mi sesión mientras ella esperaba en la habitación leyendo revistas.

Cuando terminó mi masaje me dirigí a la habitación y la encontré terminando su frívola lectura. Instantes después tocaron a la puerta… era Said quien llegaba disculpándose por el retraso. Mientras Said preparaba todo lo necesario, Lucía me pidió que me quedara a acompañarla y que para distraerme leyera las revistas que ella ya había leído. Se tendió en la cama boca abajo cubriéndose solamente con una toalla de cuerpo entero. Said preguntó desde el baño si ya estaba lista a lo que ella respondió afirmativamente.

Entonces él se presentó con los aceites y las piedras calientes con las que comenzó a realizar el masaje correspondiente. Yo estaba recostado en una silla grande cerca de la ventana y alternaba mi vista entre las páginas de la revista y el masaje de Lucía. No dejaba de parecerme curioso el hecho que alguien más estuviera colocando sus manos sobre las formas de mi esposa así se tratara de un inocente masaje terapéutico, pero al mismo tiempo comencé a sentir cierto morbo por esta misma situación. Ya estaba bastante oscuro así que prendí la luz tenue de la habitación a solicitud de Said quien seguía muy concentrado en su trabajo.

Dejé de leer las revistas y me concentré en el masaje sin que se notara mi observación fija. Las manos de Said se deslizaban lenta y armoniosamente por los hombros de Lucía; luego seguía por los brazos y el resto del torso el cual estaba totalmente descubierto. Mi esposa tenía una total expresión de tranquilidad y entrega; respiraba profundamente y en forma rítmica sin perder nunca una tímida sonrisa haciendo que la escena pareciera una página del Decameron de Bocaccio.

A medio masaje Said cambió de posición y se colocó de rodillas junto a ella cubriéndole el torso y destapándole la pierna y glúteo izquierdo. Continuó concentrado como si nada, pero fui yo quien comenzó a respirar con mayor dificultad ante lo que tenía frente a mi. Las manos de Said subían y bajaban desde el tobillo hasta la parte superior de las pompas de Lucía quien seguía sin moverse. Mi corazón palpitaba cada vez más rápido y debo reconocer que estaba disfrutando cada vez más del sensual espectáculo. De repente sin previo aviso, Lucía comenzó a dar leves jadeos ante lo cual Said dirigió inmediatamente su mirada hacia mi supongo que para ver mi reacción la cual se limitó a encogerme de hombros y mirarle igualmente sorprendido.

-Que delicia – comenzó a decir ella. Me quedaría así el resto de la vida.

-¿La estás pasando bien? le pregunté.

-Mmmm delicioso – respondió.

Me acerqué para darle un beso en su mejilla al tiempo que Said continuaba concentrado en su labor cuando de repente ella se quitó totalmente la toalla que la cubría dejando completamente su cuerpo al desnudo. Said se detuvo completamente sorprendido y boquiabierto.

-¿Por qué te detienes Said? Replicó Lucía. Sigue por favor.

-Tranquilo, sigue, no te preocupes agregué. Lo importante es que ella se lo está pasando bien: De eso se trata todo esto, ¿verdad? -Si pero nunca me había pasado algo así, dijo él.

Said continuó masajeando las piernas de Lucía, las cuales estaban ligeramente abiertas, no sin tratar de ocultar su rubor. Se notaba que era un buen muchacho y estaba realmente confundido con el espectáculo aunque seguramente también lo estaba disfrutando tanto como yo. Se untó m&a

acute;s aceite en las manos y ahora masajeaba completamente el cuerpo desnudo de Lucía. Yo seguía sentado en la cabecera de la cama tratando de ocultar una incipiente erección que comenzaba tener. Me preguntaba que era lo que ella quería realmente. La respuesta no tardó en llegar cuando Lucía levantó su mirada hacia mi y haciéndome un guiño, comenzó a abrir lentamente sus piernas. Le sonreí susurrándole que esta "loca". Said se detuvo y me miró totalmente sorprendido. Luego dirigiéndose a Lucía le preguntó:

-¿Quieres que me vaya? -Al contrario, quiero que te quedes y que me sigas tocando como lo has venido haciendo Said. ¿Acaso no te gusto? -Sssi tartamudeó Said – volviendo su mirada hacia mí. Como noté que él estaba muy confundido, le tranquilicé haciéndole señas de que todo estaba bien y que podía continuar su masaje. Lucía continuó abriendo las piernas y recostando su cabeza suavemente en la almohada le dijo:

-Puedes tocarme por donde más quieras Said.

El muchacho se detuvo nuevamente y volvió a mirarme como pidiendo mi aprobación a todo esto. Le sonreí diciéndole que él también podía darse su gusto. Se trató de incorporar como para acomodarse un poco mejor y noté que su miembro viril estaba en plena erección.

¿Se atreverá a cogerse a mi esposa? Pensé para mis adentros. ¿Será que Lucía quiere que Said se la coja delante de mí? Si se trataba de hacer cambios en nuestras vidas ¡¡¡este era realmente uno de ellos!!! Lentamente Said la continuó masajeando suavemente subiendo por su espalda y luego bajó a la altura de sus senos hasta tocarlos de lado en forma tímida. Supuse que el quería ver realmente hasta donde podría llegar en esa noche que se presentaba como ardiente y sensual. Para mi sorpresa Lucía, con los ojos cerrados, levantó levemente el torso, pero lo suficiente como para que las manos de Said pasaran por debajo de ellos acariciándole los pezones entre sus dedos con mucha suavidad. A todo esto, yo me acomodé en posición de flor de loto frente a la cabeza de mi esposa y comencé a acariciarle lentamente su cabeza, cosa que ella adora.

Después de que Said se diera gusto acariciándole los senos, volvió nuevamente a su espalda y comenzó a bajar haciendo círculos sobre la misma. Llegó a las nalgas y haciendo el mismo movimiento comenzó a separarlas y unirlas en forma rítmica de forma que pudo ver el pequeño punto interior en donde ellas se unen y un poco más abajo. Si, la vagina de Lucía se abría húmeda y rosada ante los ojos incrédulos de Said quien trataba de que yo no me diera cuenta de ello, lo cual no consiguió.

-Busca en mi bolso algo para Said – me susurró Lucía.

Fui y busqué a ver de que se trataba y encontré una caja de condones. La muy zorrita ya se había preparado con anterioridad para la ocasión. En fin, se la pasé a Said quien nos preguntó si estábamos seguros de lo que hacíamos a lo cual mi esposa y yo respondimos que si. Volví a sentarme frente a la cabeza de Lucía mientras que él ya sin ninguna timidez abría la caja y se colocaba el preservativo. Una vez lo tuvo puesto, ella levantó lentamente sus caderas dejando al frente del miembro erecto de Said su vagina húmeda y caliente. El muchacho pasó nuevamente sus manos de los hombros hacia las caderas por la espalda de Lucía y al llegar a estas las tomó y las trajo hacia si mismo hasta que la penetró totalmente. Ella dio un respiro profundo y largo seguido de un leve quejido y se puso totalmente en cuatro. Said comenzó un lento y suave meneo hacia delante y hacia atrás, una y otra vez.

Lucía me pidió que me desvistiera y seguidamente tomó mi pene erecto y comenzó a masajearlo.

-¿Te gusta? ¿Estás disfrutando la vista? – me dijo.

-Claro que si mi cielo. Es algo que habíamos platicado varias veces y hoy se hizo realidad -le respondí.

Said continuó su trabajo dando gemidos de placer y disfrutando totalmente de la situación.

-Nunca había hecho algo así en mi vida – dijo.

Lucía me pidió que me acercara ella y comenzó pasar su lengua por mi pene hasta que lo introdujo en su boca y continuó chupándolo al mismo ritmo en que Said se la cogía. Continuamos así por algunos minutos más y luego ella, qu

ien comenzaba a cansarse en esa posición se puso de medio lado de modo que levantó su pierna izquierda y la puso en el hombro de Said quien nuevamente la penetró con mucha más fuerza; entraba y salía como un loco al mismo tiempo que tomaba las tetas de Lucía y las apretaba y masajeaba con fuerza, pero sin lastimarla. Definitivamente estaba dispuesto a gozarse a esta mujer que respiraba sexo por todos sus poros. Ella me pidió que la besara en la boca, beso en el cual se notaba todo el amor que sentíamos el uno por el otro.

-Te amo, te amo, te amo – repetía ella.

Luego Lucía dijo que ya se quería venir ante lo cual me aparté de ellos dos; Said la tomó con fuerza de atrás de las rodillas y colocándola boca arriba y con los pies sobre sus hombros volvió a penetrarla con fuerza y más velocidad. Un minuto después Lucía bajó sus pies de los hombros del muchacho y rodeándole la cintura con ellos le pidió que la cogiera con más fuerza.

-Más, más, más…. dale, dale, dale – repetía una y otra vez.

Finalmente ella bajó una pierna de modo que el pene de Said rozara con más fuerza su clítoris instantes después ella comenzó a gritar:

-Me vine, me vine, si, si, si Uuuuhhhhhh, Aaaaaahhhh…..¡puta que deliciaaaaaa!

Una vez terminó ella de venirse le pidió a Said que parara. Lucía continuó jadeando por el esfuerzo aunque no dejaba que Said saliera de ella. Lucía me miró con un poco de preocupación ante lo que yo pudiera estar pensando de todo esto.

-¿Estás bien? – me preguntó.

-Claro que sí mi cielo – respondí. ¿Cómo te sientes tú mi loquita adorada? -Súper bien -dijo, totalmente entregada al placer y lo mejor es que tú has estado aquí conmigo. Nunca lo hubiese hecho sin ti – agregó.

-Te quiero mucho mi vida – le respondí.

Luego mirando a Said dijo:

-Bueno, creo Said se merece ahora su premio por ser tan buen amante – dijo Lucía. ¿Cómo quieres que me ponga? -Me gustó hacértelo por detrás dijo Said.

Entonces Lucía se puso en cuatro nuevamente e invitó a Said a que la penetrara.

-Es tu turno Said. Gózame tú ahora.

Said la tomó nuevamente por la cadera y de un solo empujón la penetró hasta el fondo. Entraba y salía rápidamente y con fuerza hasta cuando instantes después gemía:

-Me vengo, me vengo ¡Aaaaaahhhh!

El muchacho tuvo un fuerte y largo orgasmo. Lucía dejó que se Said se recuperara dejando que fuera él quien decidiera cuando sacar su miembro. Una vez lo sacó, era claro que había sido una fuerte venida por la cantidad de semen que colgaba del preservativo.

-Voy al baño – dijo Said.

-Tómate el tiempo que quieras – le dije.

Luego Lucía volviéndose a acostar boca arriba, me dijo con una gran sonrisa en sus labios.

-Ahora le toca al dueño de mi corazón y de mi vida.

Abriendo bien sus piernas y levantando las rodillas, Lucía me invitó a que me hiciera encima de ella y la cogiera. Sin hacerme de rogar me puse encima de ella y penetrándola lentamente se la metí hasta el fondo. Comencé a cogerla lentamente y poco a poco fui aumentando la intensidad del ritmo. Nos besamos apasionadamente mientras apretaba sus pechos contra el mío. Tocaba sus nalgas, sus tetas… todo su cuerpo pasó por mis manos.

-Vamos, vamos… gózame, gózame – decía ella.

-Estás preciosa le decía al tiempo que la besaba en sus labios.

Minutos después, sentía que me iba a venir:

-Me vengo mi vida, me vengo, me vengo ahhhhhhhhhhhh ¡que delicia!

Definitivamente fue una de mis mejores venidas supongo que por todas las circunstancias de la ocasión. Lucía y yo nos quedamos abrazados vencidos por el cansancio y al rato salió Said del baño y dirigiéndose hasta el borde de la cama nos dijo:

-Ustedes son sensacionales, locos, pero sensacionales. Lo más importante de todo lo que pasó aquí es que se nota que se quieren mucho. Nunca dejen de quererse.

Y enviándonos un abrazo salió de la habitación con todo su equipo de masajes dejándonos a Lucía y a mí durmiendo abrazados y tal vez soñando con la próxima aventura.

Autor: Mujer Hombre

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Escrito por Marqueze

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