FOLLANDO CON MI JEFA: Una historia real (Segunda parte)

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Y allí estaba yo, frente a ella, con mi enorme miembro erecto meneándose. Algo confusa todavía, atinó a preguntarme “¿Qué quieres de mí? ¡Lo que sea, solo dímelo!”. “ Seguí mirándola. Para mis adentros quería llevar el juego un poco más adelante, para disfrutar del momento dándole contenido; caso contrario sería simplemente una buena follada….y nada más. “¿Me darás todo?” le pregunté. “Si, si….lo que quieras” murmuró entrecortadamente mientras intentaba llevar mi polla a su boca. Me bajé de la cama y tomé distancia de ella. “Así no-le dije- quiero algo más definido”. Se arrodilló en la cama y mirándome fijo me dijo: “Hijo de puta, quieres que sea tu esclava ¿verdad?”. “Es lo que me ofreciste, dije, y es lo que quiero”. Tomó un sorbo de whisky mientras se acomodaba el pelo, luego se bajó de la cama y se arrodilló ante mi diciendo: “Soy tu esclava total, haré todo lo que digas” y sonriendo me preguntó: “¿Qué quiere mi amo que haga?” Sin decir palabra puse mi miembro en su boca y comenzó a mamarlo con fruición y glotonería. Después la deposité sobre la cama, le abrí las piernas y comencé a lamer y mordisquear su clítoris mientras introducía un dedo en su vagina buscando el punto “G”. Cuando lo encontré, hice un trabajo sincronizado sobre ambos y Nora comenzó a retorcer su cuerpo casi con violencia mientras gritaba estrepitosamente, perdido ya cualquier control. Y con un último grito agónico, acabó copiosamente, de una manera que yo nunca había compartido con una mujer. No fue agua mágica o néctar de los dioses como algunos pseudo poetas gustan definir; no, fue un chorro largo y espeso que brotó de sus entrañas y se esparció por toda la cama; y luego otro y otro más. Cuento estos detalles porque mujeres hay muchas, pero HEMBRAS con todas las letras, bien pocas. Y esta lo era, debo reconocerlo.
Pasado su orgasmo, quedó tendida en la cama con los ojos cerrados, el pelo desparramado sobre su cara mojada por la transpiración y respirando entrecortadamente. Le hice algunos masajes para ayudarla a relajarse. Después abrió lentamente los ojos y mirándome extenuada me murmuró: “Hijo de puta, me hiciste tocar el cielo; ahora dependo de ti”. “¿Por qué? le pregunté, si fue un simple orgasmo, de los muchos que seguramente tendrás con tu marido” “No, no –me dijo- mi marido no me entiende en la cama y llevamos mucho tiempo de frustraciones. De cuando en vez acabo con él, pero te juro que no de esta manera”. Uf! dije para mis adentros, la vieja historia de la esposa insatisfecha, pretexto para encubrir lo zorras que son. Pareció leer mis pensamientos, porque mirándome fijo me dijo: “Se lo que piensas y te equivocas. No soy puta ni ando de cama en cama. Lo creas o no, es la primera vez que pongo cuernos a mi marido”. “¿Y lo volverás a hacer conmigo?” – le pregunté incrédulo. “Todas las veces que lo desees, me dijo, no olvides que soy tu esclava”. Dicho esto, subió a horcajadas sobre mí y lentamente introdujo mi polla en su ajustada vagina. La tenía toda adentro, cuando sonó su celular. “Es mi marido, me dijo, acábame cuando hablo con él”. La puse de nuevo en la posición del misionero y metiendo mi polla profundamente, acabé a chorros dentro de ella, que debió taparse la boca para no gritar y la escuche el marido. Después siguió hablando con él, tras lo cual nos duchamos, nos vestimos y la llevé hasta su casa.
Pero la historia no termina aquí (continuará)

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